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¿Qué sentido puede tener hablar en 2018 sobre una película discontinuada en 2012, como es el caso de la Kodak T-Max P3200? Quizá no ya buscar la verdad, sino reencontrarla, especialmente para los que no conocieron la etapa de esplendor de la fotografía analógica.

Un tiempo en el que no existía la fotografía digital, donde la película era reina y todavía se producían grandes avances en la tecnología fotoquímica. Pero –tal como veremos– no milagros. Nuestro reciente artículo acerca del cambio de las sensibilidades de las películas ha despertado –por alusiones– este “caso” de la T-Max P3200.

Portada del Nº 1 de la Revista FV, con una fotografía de Rafael Roa. En ella se hace referencia al artículo sobre la que sería pronto la película Kodak T-Max P3200
Portada del Nº 1 de la Revista FV, con una fotografía de Rafael Roa. En ella se hace referencia al artículo sobre la que sería pronto la película Kodak T-Max P3200

Para mí, personalmente, el contexto era muy apasionante. Corrían los primeros días de la primavera de 1988, y mis socios y yo, estábamos listos para lanzar el primer número de una nueva revista impresa de fotografía, “FV” o Foto-Video Actualidad. Como podéis imaginar, se trata de uno de los proyectos más ilusionantes que uno pueda echarse a la espalda –más que “a la cara”– y mi responsabilidad era fundamentalmente crear los contenidos técnicos.

Yo ya llevaba décadas haciendo pruebas técnicas, tanto para mí mismo –desde 1963– como para la revista Foto Profesional –con la que había colaborado como freelance hasta unos meses antes– y también, aunque se trata de algo menos conocido, haciendo pruebas “beta” de películas y otros productos para diversas firmas del sector fotográfico (1).

Y en ese momento, llegó a nuestra –entonces muy modesta– redacción un paquete remitido desde la entonces casi todopoderosa Kodak España, S.A. El paquete contenía unas cajas amarillas, lisas, con la inscripción “SO675-3  B/W H/S 135-36”, y los chasis de película eran igual de espartanos, negros, con una simple pegatina con indicaciones equivalentes.

La denominación y la presentación no me supuso sorpresa, ya que estaba acostumbrado desde hace años a utilizar algunas películas “SO” de Kodak, acrónimo de special order o pedido especial, denominación que la firma asignaba a películas especiales de laboratorio, no comercializadas de forma regular (2). Evidentemente “B/W” se refería a “Blanco y Negro” y “H/S” a High Speed o Alta Sensibilidad.

La película para blanco y negro de alta sensibilidad "Special Order 675-3" todavía no se llamaba Kodak T-Max 3200 ni mucho menos T-Max p3200 o T-max P3200, pero a primeros de marzo de 1988, ya estábamos probándola © Valentín Sama para la revista FV
La película para blanco y negro de alta sensibilidad “Special Order 675-3” todavía no se llamaba Kodak T-Max 3200 ni mucho menos T-Max p3200 o T-max P3200, pero a primeros de marzo de 1988, ya estábamos probándola © Valentín Sama para la revista FV

Pero desde Kodak, si bien no existía todavía hoja técnica oficial alguna (3) al tratarse de unas muestras “SO”, no se nos dejaba por completo a oscuras: se indicaba que se trataba de… “una película en blanco y negro de sensibilidad variable, con un punto de partida de ISO 3.200 con la posibilidad de exponerla entre ISO 400 y 25.000”. ¡Ahí es nada, en un mundo en el que “lo más”, eran las películas de ISO 400! (4)

Se adjuntaba, eso sí, una tabla de tiempos de revelado para tres reveladores “de la casa”: D-76 (índices posibles de 400 a 6.400), HC-110-B (índices posibles de 400 a 6.400) y –el más recomendado– el T-Max (índices posibles de 400 a 25.000). Insisto: no hablamos de la situación actual –30 años después– con cámaras digitales para las que ISO 25.000 no es algo tan raro, aunque en mi opinión todavía deja que desear en cuanto a calidad, sino en una época en la que el techo nativo, salvo maniobras de forzado, estaba en los ISO 400.

Raymond H. De Moulin, a la sazón Vicepresidente y Director de la División de Fotografía Profesional de la Eastman Kodak Company comentaba entre otras cosas: …”A diferencia de lo que ocurre con las películas negativas de blanco y negro forzadas [que se caracterizan por falta de detalle en las sombras y ‘encegamiento’ (sic) de las altas luces] la película T-Max p3200, expuesta a un índice de 3.200 o 6.400 permite obtener positivos iguales a los de un negativo de ISO 400 expuesto y revelado normalmente”… “La nueva película, que puede llegar a exponerse hasta índices de ISO 50.000, proporciona negativos óptimos cuando se la impresiona a 3.200 y 6.400”.

Desde Kodak España se esperaba nuestra retroalimentación. El tema parecía apasionante, así que decidimos realizar una prueba a fondo a fin de poder publicarla en el ya citado primer número de nuestra revista FV, que salió a los kioscos a primeros de junio de 1988, con un precio de 395 pesetas. Y así, aproximadamente en febrero o marzo de 1988 –recuerdo que hacía un frío endiablado en el estudio– decidimos hacer la prueba de este nuevo material con el máximo rigor, por un lado, como correspondía ya a mis propios métodos de prueba –ya muy elaborados– y, por otro, a la gran experiencia práctica profesional de mis apreciados colegas Roa y Zambrana.

De la fotografía de esta doble página del citado Nº1 de nuestra revista FV se deduce el "making of" de la toma –incluyendo el radiador para la modelo– así como el hecho de se tomaron muestras de referencia con película Kodak Tri-X © Rafael Roa y Manolo Zambrana para la revista FV (1988)
De la fotografía de esta doble página del citado Nº1 de nuestra revista FV se deduce el “making of” de la toma –incluyendo el radiador para la modelo– así como el hecho de se tomaron muestras de referencia con película Kodak Tri-X © Rafael Roa y Manuel Zambrana para la revista FV (1988)

Si pudieseis conseguir un ejemplar de ese FV Nº1 –una joya ya agotada– os sería posible leer la prueba entera, pero os resumo lo más importante.

Conté con la colaboración de los fotógrafos Rafael Roa y Manuel Zambrana, en su estudio, y de la magnífica modelo Jacqueline de la Vega, entonces en los inicios de su carrera. Tal como figura en el texto del artículo: …”creamos una situación perfectamente controlada y constante: nuestra modelo Jacqueline, en un traje negro mate, sobre un fondo de dos densidades distintas de grises, e iluminada por una luz continua, de ventana [softbox] de 1 x 1,5 metros”.

“La distribución de la luz se determinó en función de la utilización previsible de la película, con luces laterales que pueden llegar a ser de tipo teatral, con un cierto contraste y desde luego con niveles bajos. El punto medio de la exposición se situó sobre el rostro de la modelo, quedando el traje, con sus plisados, medio punto por debajo y el extremo izquierdo, un punto por debajo. El extremo derecho hacia la cámara un punto por encima, y dos puntos en la dirección de la luz”. 

A partir de ahí, contamos con la profesionalidad absoluta de Jacqueline de la Vega, que mantuvo la pose de forma constante, con medio rostro iluminado y medio en sombra parcial, con los pliegues del traje inamovibles mientras disparábamos rollo tras rollo de SO675-3  B/W H/S 135-36 a valores de ISO 400, 800, 1.600, 3.200, 6.400, 12.500, 25.000 y 50.000, con cada uno de los valores lado a lado en la misma tira de película. Y remarco en negrita el valor de ISO 3.200, porque era el que se citaba por parte de Kodak como punto de partida.

El procesado

Los rollos de película se procesaron siguiendo estrictamente las instrucciones de Kodak para el revelador Kodak T-Max el más recomendado para la gama más amplia de índices de exposición: 7 minutos para ISO 400; 7,5 minutos para ISO 800; 8 minutos para ISO 1.600; 11 minutos para ISO 3.200; 13 minutos para ISO 6.400; 15,5 minutos para ISO 12.500 ISO y 17,5 minutos para ISO 25.000, siempre a 21ºC.

Los resultados: una caída de ISO 50.000 ISO a ISO 800/1.000 ISO en una sola prueba

Aquí es donde se concreta el motivo de este artículo. Los resultados obtenidos fueron evidente y dramáticamente alejados de lo anunciado por Kodak. Desde nuestros planteamientos, para dar como válido un índice o ajuste de exposición eran necesarias dos condiciones: a) que el traje de la modelo mostrase algo de textura, es decir, registro –aunque fuese mínimo– de los pliegues, y b) que el lado de las luces, la parte más iluminada del rostro de la modelo y el brazo dirigido hacia la luz, no quedasen totalmente empastados.

Pues bien: bajo esos requerimientos, el fotograma correspondiente al ajuste de ISO 3.200 sobre la tira procesada al tiempo preconizado de 11 minutos no mostró textura alguna sobre el traje de la modelo, al tiempo que se producía empastado de las luces y ganancia casi inapreciable de los tonos medios. Resumiendo: nos encontrábamos ante la estética característica de un “procesado forzado”. Por otra parte, el examen cuidadoso de las otras tiras, arrojaba un buen resultado para la exposición y procesado para ISO 400 y 800, con resultados justamente aprovechables –jugando ya con el grado de contraste del papel– para el ajuste y procesado para ISO 1.600.

Mi “veredicto” fue claro: de ninguna manera esta película ofrecía una sensibilidad aprovechable de ISO 3.200; estábamos ante una película con una sensibilidad del entorno de ISO 800/1.000. De los índices de hasta ISO 50.000 que se habían publicado muy recientemente en alguna otra revista… mejor no hablar.

Unos resultados evidentes...y decepcionantes, tanto para Kodak como para los que habían publicado otras pruebas nada rigurosas. Para hacernos una idea: cada fotograma correspondiente a los valores ISO y de revelado preconizados, debería mostrar una densidad al menos aproximadamente similar al primero de arriba a la derecha © Valentin Sama, Rafael Roa y Manolo Zambrana para revista FV (1988)
Unos resultados evidentes…y decepcionantes, tanto para Kodak como para los que habían publicado otras pruebas nada rigurosas. Para hacernos una idea: cada fotograma correspondiente a los valores ISO y de revelado preconizados, debería mostrar una densidad al menos aproximadamente similar al primero de arriba a la derecha © Valentin Sama, Rafael Roa y Manuel Zambrana para revista FV (1988)

Y aquí es donde entra una parte que, hoy en día –estábamos en 1988– resulta difícil de entender: me consta que mis aseveraciones no solo no gustaron a la dirección de Kodak España (5), sino que se nos transmitió por conductos oficiales algo así como que “se comentaría en Kodak Europa/USA”, dicho esto –para entendernos– en tono no precisamente “a nivel de consulta”.

¡Cómo iba a contradecir a la entonces muy encumbrada Kodak un simple profesor radicado en España! Y además, claro, “a nadie le gusta que le digan que su niño es feo”…aunque lo sea. Por si eso era poco, en ese mismo año Kodak celebraba el centenario de la famosa cámara Kodak Nº1 –la que inició la era de “la fotografía de aficionado”– y por su parte, Kodak España celebraba su 75 aniversario con lluvia de diamantes…

Me mantuve firme, y el tiempo –si bien no recuerdo cuanto, pero no fue mucho– me dio la razón: un contacto en la firma, me hizo llegar bajo mano un documento interno en el que se especificaba que la SO675-3, luego llamada Kodak T-Max p3200, tenía una sensibilidad real de ISO 800/1.000. Más tarde, se haría público.

Fragmento de una hoja técnica de Kodak del año 2007, en el que se reconoce la sensibilidad real de la T-Max P3200 © Kodak
Fragmento de una hoja técnica de Kodak del año 2007, en el que se reconoce la sensibilidad real de la T-Max P3200 © Kodak

Poco después, para cuando el primer número de nuestra revista FV estaba listo para ir a imprenta, se presentó la película en versión definitiva para su comercialización como “Kodak T-Max p3200”. La “p” significaba –aunque en un principio no se reconoció explícita y oficialmente así– que ese famoso índice de ISO 3.200 se alcanzaba ya bajo condiciones de forzado, no de forma nativa (p = Push/forzado) como se había afirmado en un principio. En el momento de realizar la prueba, no existía, naturalmente hoja técnica alguna. En mi opinión, la “p” en minúscula tenía un cierto toque vergonzante. Posteriormente pasaría a ser “P” mayúscula.

La película Kodak T-Max P3200 en una de sus últimas presentaciones. Solo estuvo disponible en formato 135-36. Imagen creada por "ML5", uso libre
La película Kodak T-Max P3200 en una de sus últimas presentaciones. Solo estuvo disponible en formato 135-36. Imagen creada por “ML5”, uso libre

En 1998, diez años después, Ilford Introdujo su Delta 3200; realicé la prueba correspondiente y comprobé y publiqué (FV Nº 139 / marzo de 2.000) que su sensibilidad nativa era de ISO 800/1000, esto es, aproximadamente igual que la Kodak T-Max P3200, solo que ilford hablaba de “EI” (Exposure Index o Índice de Exposición) y no de ISO: se había “tomado nota”.

Simultánea y comparativamente, realicé una prueba de la Kodak T-Max p3200 obteniendo los mismos resultados que en la prueba original. A diferencia del material de Kodak, la Delta 3200 se sigue fabricando e igualmente a diferencia en su momento de la T-Max P3200, no solo en 135-36 sino también en formato 120.

Razones para una cierta buena disposición al forzado

No obstante, la Kodak T-Max P3200 era una buena película para forzados. El secreto, desde mi punto de vista, radicaba en su curva característica, con bastante poca pendiente, lo que hacía que el contraste no se disparase con el procesado forzado.

Curvas características para la película Kodak T-Max P3200 © Kodak
Curvas características para la película Kodak T-Max P3200 © Kodak

Para los que no estén familiarizados con estas curvas: el extremo inferior izquierdo –”talón”– corresponde a las sombras en la escena, el derecho –”hombro”– a las luces al tiempo que el eje vertical refleja la densidad. Partiendo del tiempo de 8 minutos, puede verse que sí se produce un ligero aumento de la densidad en las sombras con el incremento del tiempo de revelado, con solo un discreto aumento del contraste –incremento de la “pendiente” de la curva–.

No obstante, según mi propia experiencia y la de otros experimentados fotógrafos, también los tiempos de procesado preconizados por Kodak eran muy poco aconsejables: era conveniente dar al menos un “salto”; por ejemplo, para exponer a IE 3.200, emplear el tiempo aconsejado para IE 6.400 y para “atreverse” a exponer a IE 6.400 mejor “darle caña” con el tiempo para IE 12.500.

Pero donde –desde mi punto de vista– brillaba la T-Max P3200 era exponiéndola a IE 1.250 y procesando con el tiempo sugerido para IE 1.600.

Las películas Kodak T-Max y la tecnología del “grano T” (tabular)

Las películas negativas en blanco y negro Kodak T-Max 100 y T-Max 400, introducidas en 1986, fueron las primeras de su clase –negativas en B/N– en usar la tecnología de “grano tabular” o “T-Grain”, pero –en contra de lo que se cree– no fueron las primeras en grado absoluto en hacerlo, pues esa tecnología se introdujo antes en unas series de sus películas negativas en color Kodacolor (6).

El grano tabular T-Grain de Kodak no se empleó por primera vez en las películas T-Max sino en la Kodak Disc. Aquí mostramos un embalaje con dos discos de 15 exposiciones cada uno © Valentín Sama
El grano tabular T-Grain de Kodak no se empleó por primera vez en las películas T-Max sino en la Kodak Disc. Aquí mostramos un embalaje con dos discos de 15 exposiciones cada uno (caducados en 1984) © Valentín Sama

Dicho de forma simplificada, dejando otros factores de composición química a un lado, puede decirse que la sensibilidad de una película depende fundamentalmente de la mayor o menor superficie que es capaz de presentar hacia la luz cada uno de los “granos” de sales de plata de una emulsión. Expresado de otra manera: si cada “grano” de sales de plata ofrece una gran superficie útil, tendremos una emulsión de mayor sensibilidad (7).

En una emulsión de tecnología clásica, como la que os muestro más abajo, ello supone la existencia de granos bastante “gordos”, de distintos tamaños y formas, que no encajan muy bien entre sí –lo que conllevará una imagen más “granulada– y además con una considerable masa de plata que se “perderá” con el fijado.

Una emulsión clásica. Los espacios aparentemente "vacíos" entre los granos de sales de plata están ocupados en realidad por la gelatina transparente. Solo la parte de cada grano que recibe la luz –desde arriba– es aprovechada para la imagen
Una emulsión clásica. Los espacios aparentemente “vacíos” entre los granos de sales de plata están ocupados en realidad por la gelatina transparente. Solo la parte de cada grano que recibe la luz –desde arriba– es aprovechada para la imagen

En el momento en el que los fabricantes acceden a una tecnología superior y pueden controlar –entre otros factores– la concentración del ion plata Ag+ durante la producción, consiguen por fin controlar la forma y tamaño de los granos de sales de plata: ha nacido el grano tabular, las películas de alta tecnología, y entre ellas las Kodak T-Max y las Ilford Delta.

En las películas T-Max el grano tabular –T-Grain– es de forma controlada, lo que permite combinar alta sensibilidad relativa y cobertura muy tupida
En las películas T-Max el grano tabular –T-Grain– es de forma controlada, lo que permite combinar alta sensibilidad relativa y cobertura muy tupida

Controlar la forma del grano de las sales de plata y hacerlo en “losetas”, permite el desideratum de ofrecer al tiempo una estructura muy tupida –poca granularidad visible– con una gran superficie por unidad para captar fotones. Y hay una ventaja añadida: la cantidad de plata perdida en el fijado por no haber sido expuesta, es menor y el ahorro nada despreciable. Estas emulsiones de alta tecnología son más críticas con las variables de exposición y procesado, pero eso es…otra historia.

Conclusión

En cuestión de películas fotográficas en B/N no hay que dejarse engañar por aquellos que hablan de alcanzar sensibilidades altísimas quizá con combinaciones casi mágicas de película y revelador (8), ni siquiera –o especialmente– … ¡si se trata de un vicepresidente de Kodak!

Una cosa es el forzado y la estética asociada –alto contraste, ausencia de detalle en las sombras, luces empastadas– y otra una gama tonal suficientemente amplia, aquella que nos habla de la sensibilidad real utilizable. Donde unos publicaron “Rotas las barreras de la sensibilidad” y otros “El ojo del ángel”, nosotros, en el primer número de una nueva revista, en una aventura en la que nos jugábamos el patrimonio personal, nos atrevimos a publicar la verdad, en una línea que mantiene ahora el equipo actual de Albedo Media.

Una “historia” curiosa más, del bagaje que hemos ido acumulando a lo largo de una vida de experimentación en fotografía.

Nota: Composición y diseño de la imagen de portada © Elena Arroyo y Belén López González.


(1) Entre ellas Kodak, Mamiya y Polaroid.

(2) Entre otras, la película SO-132 que –con revelado normal– ofrecía imagen positiva directa y la usábamos para duplicar negativos originales.

(3) Las más recientes que al parecer pueden localizarse en internet son las F-4016 revisada en 10/2017 y la J86, revisada en 10/2002. Estamos abiertos a cualquier adición en este sentido.

(4) No me olvido de la Kodak Recording 2475, una película para “vigilancia” que se podía exponer hasta IE 4.000 con grano “como patatas”.

(5) En aquel momento era Presidente de Kodak España Robert J. Keegan, siendo Eduardo Paramio responsable de Marketing y Publicidad y Ramón López Director de la División Fotográfica y muy probablemente –aunque no me consta–  la persona encargada de hacernos llegar “el malestar”.

(6) Por primera vez en 1982, en formato “Disc”, como Kodacolor HR; poco después, en formato 135, como Kodacolor VR 100, VR 200 y VR 400, y en 1983 como Kodacolor VR 1000.

(7) Resulta interesante constatar que este principio cuántico es válido –como no podía ser de otra forma– para los sensores o captores digitales, en los que, si cada pixel o fotodiodo tiene una superficie útil amplia, se alcanza mayor sensibilidad nativa.

(8) Excluyo aquí técnicas de hipersensibilización previa por determinados gases a presión.

13 Comentarios

  1. ¡Valentín, en su día hiciste historia con este artículo y hoy lo haces de nuevo recordándolo!
    Los que tuvimos el placer de utilizar en profusión esta película –en mi caso para todo el trabajo escénico– nos ahorraste un largo y tortuoso camino de pruebas, errores y decepciones.
    Como bien dices, hablar hoy en día de 25.000 ISO parece una banalidad, pero para los que lo utilizábamos hace años era casi una proeza alcanzar, no ya buenos resultados, sino simplemente ‘resultados´.
    Felicidades y gracias de nuevo por ofrecernos tu conocimiento y experiencia.

    • ¡Ah!… no sabes lo que me alegran tus palabras, Fernando. Lo del “largo y tortuoso camino de pruebas, errores y decepciones” es bonito… ¡sí señor!

    • Tienes razón, Fernando. “Del lobo, un pelo”. Más valía una imagen no trepidada –aún con estética de forzado– que ninguna imagen utilizable. Creo que puedes aceptar el –cariñoso– “guante lanzado”, para hablarnos algún día de tus experiencias de forzados –¿quizá con bebidas energéticas dopadas con Tabasco?– si no ya con esta película extinta, quizá con la todavía disponible Ilford Delta 3200… ¿Te animas?

  2. Valentín, deberías escribir un libro con todas estas anécdotas y situaciones. Más que nada para que las nuevas generaciones tomen nota de lo que es una trayectoria sólida y “peinar canas” como Dios manda…
    Un fuerte abrazo.

    • Ja, ja, ja… No eres el único que me hace las recomendación, ya que recibo “presiones” al respecto desde mi entorno privado… Tendré que pensarlo, pues es una cuestión de tiempo disponible más que otra cosa. Un abrazo. Valentín

  3. Valentin, tu prueba fue muy útil, aun así para los que trabajábamos en prensa, ese salto de sensibilidad que suponía romper la barrera de los 400 ASA, era una bendición, nos abría infinitas posibilidades, en el Congreso de los Diputados, en los estadios de noche, teatros, aeropuertos, etc etc. LA verdad que nos conformábamos con ver algo, aunque las sombras y las luces perdieran detalle, sencillamente, nos parecía tocar el cielo.
    Lo que estaba claro es que las sensibilidades anunciadas de las películas siempre estaban hinchadas, si uno exponía según especificaciones, en el mejor de los casos obtenía fotos densas o directamente subexpuestas y eso pasaba con casi todas las películas y sensibilidades, aunque especialmente critico con las diapositivas.

    • La verdad, ZAS, es que me ha sorprendido –gratamente– leer varios comentarios en los que se recuerda la utilidad en su momento de aquella prueba, de hace ya casi 30 años. En aquel sistema, sin internet, no nos llegaba esa retroalimentación. Pero pensar que para profesionales como tu, y como Fernando Marcos, nuestras pruebas supusieron un atajo para conseguir mejores resultados de forma más rápida, a pesar de la mala información inicial por parte del fabricante, me llena de satisfacción, aún ahora, después de pasar tanto tiempo.

      Y desde luego tienes razón: aún con la estética típica del forzado, poder ganar hasta dos puntos en relación al límite de ISO 400, era tocar el cielo, aunque entonces nadie presumía de “tomarlo por asalto”… Un saludo muy cordial.

  4. Para los que aprendimos fotografía con la revista FV y que, como es mi caso, disparamos en película más que con la digital es una suerte y un placer contar a día de hoy con artículos tan interesantes como éste y seguir aprendiendo…

    Gracias por compartir tu sabiduría y experiencia. Seguiré visitando esta estupenda web y siempre con especial atención la pestaña dedicada al analógico.

  5. Guardo como una joya la colección «casi» completa de Foto Profesional, a excepción de sus últimos números, cuando ya la deriva de la publicación era penosa… Lo poco que sé de fotografía lo aprendí todo de esta revista, especialmente de los magníficos artículos del donostiarra. La primera cámara “seria” que tuve, la EOS 650, la compré tras leer su test en FP. Qué recuerdos…

    • La revista Foto Profesional, bajo la dirección del carismático Manuel López (ya fallecido), tuvo épocas buenas. Colaboré con ellos como freelance no se cuanto tiempo, quizá unos cinco años. Coincidió con la época de “La Movida” bajo Tierno Galván, y aunque ese movimiento ha sido sobrevalorado –como casi todos– para mí eran momentos muy ilusionantes en todos los sentidos, lo cual no quiere decir que fuesen “fáciles”…

  6. Los granos tabulares parecían la solución perfecta y casi todos nos pasamos a esta tecnología, pero ahora parece haber pasado la moda y vuelven las películas con mucha “plata”. ¿Qué opina D. Valentín?
    Easman Kodak Co. que “inventó “ la fotografía digital, perdió el rumbo hace muchos años y desgraciadamente cuando estuvo al mando un compatriota nuestro. ! Menudo invento el Kodakcoin y no digo nada de la máquina de minar……!
    Saludos

    • En efecto, Justo: las películas de grano tabular llevan menos plata relativamente, y eso supone por un lado un cierto ahorro colateral para el fabricante, pero además un comportamiento distinto, sobre todo durante el revelado.

      La mayoría de los reveladores –con excepción del Rodinal– llevan una cantidad bastante respetable de sulfito sódico en su composición (1). Esta sustancia tiene una misión antioxidante, pero en cantidades elevadas actúa también como solvente de la plata. Esa argucia se emplea para ofrecer “grano fino”, o dicho de forma algo malintencionada… “grano emborronado”.

      Pero esa plata disuelta, “en circulación” durante el revelado, actúa también como moderadora del mismo, haciendo más dulce su acción. A falta de ella, estas películas no admiten bromas de un revelado descuidado en tiempo, temperatura y agitación. Igualmente, tienen tendencia a empastar las altas luces si no somos cuidadosos con la exposición o el obturador de nuestra cámara es algo errático. De ahí que los “profes” no las aconsejemos a nuestros estudiantes principiantes.

      Todas esas cuestiones hacen que la mayoría de los fabricantes mantengan su línea de películas de grano convencional además del de alta tecnología. Pero no todas las de alta tecnología con control de la forma y tamaño de los granos han de ser tabulares…y por eso le brindamos una imagen de lo que considero una “belleza” de emulsión.

      (1) Es habitual emplear 100 gramos/litro de sulfito sódico anhidro.

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