Cuando, a la hora de revelar un negativo en blanco y negro cuyo tiempo de revelado adecuado se desconoce, le sugieres a alguien -sea este un alumno novel o un fotógrafo más o menos reconocido- que utilice “La Prueba de la Gota”…

La Auténtica y Original

La Prueba de la Gota

…lo normal es que te mire con una expresión a medio camino entre la que adquiere aquel al que le haces una proposición que estima como vagamente deshonesta y la del que piensas que le estás vacilando poco elegantemente y mandando de forma indirecta a tejer delicados adornos de puntilla para las bocamangas…

Y sin embargo, se trata de una solución muy fiable, extremadamente antigua (más de 100 años), y con sólido fundamento científico. Mediante esa prueba podríamos, llegado el caso extremo, poder determinar el tiempo de revelado correcto para una película de marca y tipo desconocido, con un revelador igualmente desconocido, y cuyo estado de agotamiento y temperatura exacta ignoramos… ¿no está mal, no?

Pipetas © Albedo Media
Pipetas © Albedo Media

Gran utilidad

Sin llegar a los extremos arriba citados, en más de una ocasión no conocemos el tiempo de revelado para una combinación de película y revelador, o bien tenemos dudas razonables acerca del estado de conservación de este último, y en ese tipo de situación, la Prueba de la Gota nos será de gran utilidad. Personalmente la realizo rutinariamente, como medida de seguridad, aunque conozca con certeza el tiempo preconizado de revelado para la combinación en uso, y ello a fin de comprobar si ese tiempo “coincide”, dentro de límites aceptables, con el valor obtenido experimentalmente. Así por ejemplo, si el tiempo obtenido experimentalmente a través de la prueba, fuese mucho más largo del preconizado, o que el obtenido experimentalmente, por la prueba de la gota, en ocasiones anteriores, podríamos pensar que el revelador puede estar en mal estado, y ahorrarnos un buen susto, preparando uno nuevo, fresco. Pero vayamos al procedimiento.

Más sencillo de hacer que de explicar

Para hacer la prueba de la gota necesitamos un pequeño trozo de la misma película que vamos a revelar, esto es, de ese rollo concreto. Lo más interesante es que no solo no importa que ese trozo esté velado, sino que debe estar velado, lo que no nos costará mucho trabajo, puesto que la prueba la vamos a llevar a cabo a plena luz, con la película ya en el tanque, y el revelador preparado, listo para verterlo en dicho tanque.

Fase primera

Bajo una luz intensa o al menos suficiente, con una varilla de vidrio, o con el mismo termómetro si tenemos el lujo de disponer de el, tomamos una gota (lo más “gorda” posible) y la depositamos sobre la emulsión de nuestro trozo de película velada de prueba. Si la gota es demasiado pequeña, podemos añadir otra siempre que lo hagamos de inmediato. Tan pronto depositamos la gota, arrancamos nuestro cronómetro, comprobamos la posición del segundero de nuestro reloj… o en el peor de los casos, comenzamos a contar de cabeza: “mil-uno”, “mil-dos”, “mil-tres”…

Fase segunda

Observamos atentamente la gota y pronto comprobaremos que el tono, la densidad de la zona de la emulsión donde hemos depositado la gota, se aclara bajo la acción del revelador, sin que importe el color propio de la emulsión, que como sabemos, varía de unos tipos y marcas de película a otras. Si deseamos, a lo largo de la prueba, abstraernos del tono de la emulsión, vale “el truco” de guiñar ligeramente el ojo durante la observación.

Si seguimos nuestra atenta observación, mientras la aguja del reloj o nuestro contador digital va sumando segundos, comprobaremos que, pronto, la “mancha” de la gota de revelador comienza a recuperar, progresivamente, la densidad “perdida” tras iniciar el revelador su acción química sobre la emulsión.

Reveladores Kodak HC-110 y Rodinal © Albedo Media
Reveladores Kodak HC-110 y Rodinal © Albedo Media

Fase tercera

No pasarán muchos segundos adicionales, sin que lleguemos a la fase más crítica de nuestra prueba, y aproximadamente nos encontraremos en una banda de tiempos (segundos transcurridos) de entre 25 y 70 segundos. El punto crítico consta en realidad de dos fases: por un lado, aquella en la que la mancha de la gota alcanza la misma densidad que el resto de la emulsión, no afectada por la acción de la gota de revelador, y por otro, dos o tres segundos después, cuando la mancha de la gota de revelador supera en densidad al resto, en grado mínimo pero a la vez perfectamente diferenciable. En ese mismo momento, con mirada de halcón, comprobaremos el segundero de nuestro reloj y tomaremos nota mental de los segundos transcurridos desde el depósito de la gota de revelador sobre la emulsión.

Fase final

Pues bien: si dividimos por cuatro el tiempo en segundos transcurrido desde el momento en que depositamos la gota de revelador sobre la emulsión hasta que hemos percibido que la densidad de la mancha de emulsión revelada supera ligeramente a la zona colindante y resto de la emulsión no alterada por la acción del revelador, obtendremos… ¡el tiempo de revelado en minutos adecuado para esa combinación de película y revelador!

Pongamos varios ejemplos:

  • Si el tiempo transcurrido es de 40 segundos, 40/4 = 10 minutos de tiempo de revelado
  • Si el tiempo transcurrido es de 24 segundos, 24/4 = 6 minutos de revelado
  • Si el tiempo transcurrido es de 60 segundos, 60/4 = 15 minutos de revelado

Fase triunfal

Cuando, quizá con el corazón en un puño, transcurren los minutos determinados por nuestra “Prueba de la Gota”, abrimos el tanque de revelado, y comprobamos que hemos obtenido uno de los negativos mejor revelados de toda nuestra experiencia como fotógrafos, con bellas densidades en luces y en sombras, llega nuestro momento triunfal, el de la “Prueba de la Gota” y el de todos aquellos fotógrafos pioneros que nos transmitieron su saber.

Fundamento científico

La prueba de la gota no constituye una “leyenda urbana” de la fotografía, sino que está cimentada en aspectos fotográficos perfectamente sólidos. De hecho, lo que estamos más o menos haciendo es determinar el tiempo mínimo de revelado necesario para “las luces”, esto es, para las partes totalmente expuestas de la película.
La belleza del sistema es que toma en consideración variables que incluso el sistema de “tiempo/temperatura” ofrecido por los fabricantes de películas y reveladores es incapaz de ofrecer. Entre esas variantes estaría el estado de envejecimiento de la emulsión y su sensibilidad real, calidad del agua empleada, estado del revelador, concentración real de la dilución, temperatura real del revelador en el momento del uso, etc.

Consejos prácticos

  • La prueba hay que realizarla con el tanque ya cargado y el revelador listo para el uso, pues la propia prueba toma en consideración los factores de temperatura y estado del revelador.
  • Conviene evitar manosear excesivamente la muestra de película antes de la prueba: los depósitos grasos sobre la emulsión podrían influir sobre la capacidad de acción del revelador, al impermeabilizarla.
  • Sobre una misma muestra de película podemos repetir la prueba de la gota más de una vez si dudamos de nuestra capacidad de percepción del punto crítico de ennegrecimiento.
  • Con reveladores muy diluidos la prueba de la gota puede ser menos fiable, por agotamiento rápido del producto activo presente en el reducido volumen de la gota. En esos casos la variación de densidad se aprecia mejor en los bordes de la gota.
  • En las películas de 35 mm resulta fácil utilizar para la prueba la punta de la película. En el caso de los rollos 120, 220, o 127, es necesario cortar en la oscuridad, al cargar el rollo en el tanque una fina tira. Existe un cierto riesgo de cortar un fotograma útil, pero con un poco de práctica el peligro queda conjurado.
       

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