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Tras mi artículo acerca de la cámara FOCA PF2B y la particular querencia de los responsables de la marca por los acabados cromados –que se extendieron hasta su uso en la placa de presión para la película– en cierta forma me parecía lógico hablaros de otra cámara “tipo Leica”, que incorporó soluciones técnicas quizá aún más originales y sorprendentes: la Corfield Periflex. Veremos las conexiones que existieron entre conceptos o “factores” tales como los submarinos, el vidrio plano pulido, el Maharajah de Mysore y las famosas cervezas Guinness.

Corfield Periflex: probablemente uno de los más peculiares sistemas de enfoque réflex. © Albedo Media
Corfield Periflex: probablemente uno de los más peculiares sistemas de enfoque réflex. © Albedo Media

Una cámara deseable y asequible

En la mayor parte de los países europeos y desde luego en Inglaterra, a principios de los años cincuenta del siglo XX, se daba una circunstancia en cierta forma paradójica: las cámaras Leica para el relativamente nuevo formato de 24×36 mm eran no solo muy deseables, sino además muy escasas y caras y, por tanto, difícil acceder a ellas; y, sin embargo, existían muchos accesorios para las mismas, incluyendo objetivos de segunda mano, de Leica y otros fabricantes. Por eso, a Sir Kenneth Corfield se le ocurrió la idea de pasar de ser un productor de accesorios para cuarto oscuro, a uno de cámaras fotográficas… compatibles con Leica, o más bien con la montura Leica de rosca L39 o LTM (Leica Thread Mount).

La nueva cámara debía ser compatible con las ópticas Leica a rosca, y lo fue. Aquí aparece con un Leitz Summar 5 cm f/2. Lo que no debemos hacer en este caso es hacer uso de su capacidad retráctil. Hay que resaltar que no todos los objetivos de rosca Leica son físicamente compatibles.
La nueva cámara debía ser compatible con las ópticas Leica a rosca, y lo fue. Aquí aparece con un Ernst Leitz Wetzlar Summar 5 cm f/2. Lo que no debemos hacer en este caso es hacer uso de su capacidad retráctil. Hay que resaltar que no todos los objetivos de rosca Leica son físicamente compatibles con las Periflex por la estructura interna de la misma. © Albedo Media

El desiderátum era claro: además de la montura compatible, la nueva cámara debía ser mucho más barata que una Leica y sin embargo, de alta calidad, a ser posible combinado soluciones avanzadas para el enfoque, alternativas al costoso sistema telemétrico… si las hubiese. La idea general era ofrecer, bien un segundo cuerpo a los afortunados poseedores de una Leica, bien un primer cuerpo barato, para dar uso a algún objetivo en montura Leica, de ocasión. Más adelante, examinando ya con satisfacción los primeros prototipos funcionales, se llegó a la conclusión de que ofrecer un cuerpo sin objetivo podría resultar muy poco comercial… y surgió la necesidad de crear con urgencia uno ad-hoc.

En busca de un objetivo

Ninguno de los fabricantes británicos de objetivos contactados se avino a producir un objetivo de la calidad deseada al precio posible para el proyecto de Sir Kenneth –ya entonces parece que lo peor del espíritu “solidario” británico apuntaba– y la alternativa no era muy halagüeña: producir el objetivo en el “aislado Continente”. Pero entró en escena un tal Frederick Archenhold, de la British Optical Lens Co., que encontró una solución “de cajón”: puesto que en la pequeña factoría de producción de Corfield en Merridale Street de Wolverhampton, a pesar de su pequeña superficie, ya disponían de buen utillaje para la fabricación de partes metálicas… ¿por qué no dejar a la British Optical Lens Co. la producción de las lentes y a la propia Corfield la de los barriletes, anillos, monturas y otras partes metálicas?

El Corfield Lumar-X 50 mm f/3,5 obedece a una concepción bastante original, pues carece de escala de aberturas de diafragma propia: el lado derecho de la escala de profundidad de campo hace sus funciones. Aquí, por tanto, el objetivo está ajustado a f/5,6 y la distancia a 30 pies.
El Corfield Lumar-X 50 mm f/3,5 obedece a una concepción bastante original, pues carece de escala de aberturas de diafragma propia: el lado derecho de la escala de profundidad de campo hace sus funciones. Aquí, por tanto, el objetivo está ajustado a f/5,6 y la distancia a 30 pies. © Albedo Media
La montura es compatible con la rosca de Leica, pero no existe acoplamiento de leva telemétrica... ¿cómo haremos para enfocar? © Albedo Media
La montura es compatible con la rosca de Leica, pero no existe acoplamiento de leva telemétrica… ¿cómo haremos para enfocar? © Albedo Media

Pronto, la Corfield Periflex ya tenía su propio objetivo, el Lumar-X 50 mm f/3,5, que se ofrecía en dos versiones, sin o con revestimientos antirreflejos. Aunque ahora parezca impensable, en esos años cincuenta no todos los objetivos incorporaban lo que se venía en llamar “óptica azul”. Más adelante, para otros modelos de Periflex, estuvieron disponibles –con la colaboración de Enna Werk de Alemania– objetivos tales como el Lumar 45 mm f/2,8, el 45 mm f/1,9 y el 35 mm f/3,5, que se sumaban al Lumar-X 50 mm f/3,5 y al Lumar 100 mm f/4.

Un sistema de enfoque único

Tal como ya os he avanzado, Sir Kenneth Corfield deseaba poder producir una cámara de calidad y, al mismo tiempo, económica… Pero, ¿cómo conseguir la precisión de enfoque que exigirían las distintas focales utilizables sobre este cuerpo –estaban disponibles, entre otras, las de 28 mm, 35 mm, 50 mm, 90 mm y 135 mm, algunas con luminosidad f/2– para ofrecer la calidad de imagen ampliable exigible al pequeño formato de 24×36 mm? Un telémetro incorporado como el de la Leica era totalmente “out of the question” por… cuestión de costes. Y ahí es donde la solución adoptada para la Corfield Periflex no solo es única, sino de la que además se deriva el carácter y nombre de la cámara: un periscopio invertido.

Entre el visor óptico y el selector de tiempos de obturación, el dispositivo periscópico para el enfoque réflex. Pueden apreciarse las marcas de uso frecuente. © Albedo Media
Entre el visor óptico y el selector de tiempos de obturación, el dispositivo periscópico para el enfoque réflex. Pueden apreciarse las marcas de uso frecuente. © Albedo Media

La operación resulta especialmente singular y efectiva. En la parte superior de la cámara, junto al visor óptico intercambiable, encontramos un visor a 90º del eje óptico del objetivo y centrado con el mismo. Si pulsamos hacia abajo la palanca lateral, desciende un periscopio interno que intercepta una parte de la imagen captada por el objetivo y la vuelca hacia un pequeño vidrio esmerilado que podemos “leer” a través del ocular del visor a 90º. La imagen es solo de una pequeña parte de lo cubierto por el objetivo, pero casi sorprendentemente luminosa –la imagen que muestro más abajo, captada a través del ocular no hace justicia a la realidad– y nos deja enfocar con toda precisión sobre el esmerilado, a través de lo que no deja de ser un peculiar “visor réflex”.

De esta escena, captada con el Lumar-X 50 mm f/3,5 a f/8, el periscopio "roba" solo una pequeña parte del encuadre... © Albedo Media
De esta escena, captada con el Lumar-X 50 mm f/3,5 a f/8, el periscopio “roba” solo una muy pequeña parte del encuadre… © Albedo Media

Una vez realizado el enfoque, liberamos la palanca, el periscopio sube dejando libre el paso total de la imagen hacia la película, encuadramos y disparamos. De hecho, el sistema es más preciso que el telemétrico y –con un poco de experiencia– solo algo más lento que el mismo. Para uso sobre trípode y para ángulos bajos de toma, el funcionamiento a 90º resulta incluso práctico, pero aún hay algo mejor: un accesorio de espejo –abajo– nos permite enfocar en la misma dirección del encuadre y la toma.

El cuerpo y otros detalles

Ya por el detalle del sistema de enfoque podemos intuir que la Corfield Periflex no era “una cámara cualquiera”, pero las soluciones ingeniosas se extienden al propio cuerpo y los componentes internos. Así, el cuerpo es en aleación de aluminio y las cubiertas superior e inferior en chapa de aluminio. Aún para película perforada de 35 mm, el sistema de avance la película es “sprocketless“, sin ruedas dentadas para las perforaciones. ¿Se os ocurre una buena solución para poder ofrecer una placa de presión para la película, altamente pulida a inmune a la oxidación por el húmedo clima inglés? Al equipo de Sir Kenneth Corfield, sí: ¡hacerla en vidrio! Así pues, esa placa de presión para la Corfield Periflex es quizá una de las más originales de la industria y para evitar toda duda técnica está realizada en… ¡vidrio negro! Un sistema patentado.

Cuerpo en aleación de aluminio con sistema de avance de la película distinto al de ruedas dentadas y dorso con placa de presión en vidrio pulido.
Cuerpo en aleación de aluminio con sistema de avance de la película distinto al de ruedas dentadas y dorso con placa de presión en vidrio pulido. © Albedo Media
Detalle de la placa de presión en vidrio negro pulido. © Albedo Media
Detalle de la placa de presión en vidrio negro pulido. © Albedo Media

Por su parte, el obturador planofocal no tiene nada de extraordinario, ofreciendo tiempos de obturación de 1/1.000 s, 1/500 s, 1/250 s, 1/125 s, 1/60 s, 1/30 s y “B”. El armado del obturador se realiza “al modo FOCA“, esto es, girando el propio mando selector de los tiempos, si bien el avance la película se realiza por separado, con el botón de la derecha.

El armado del obturador –mediante giro del propio selector de tiempos de obturación– es separado del del avance del fotograma, a su derecha. © Albedo Media
El armado del obturador –mediante giro del propio selector de tiempos de obturación– está separado del avance del fotograma, a su derecha. El accesorio para visión directa –no a 90º– aparece acoplado sobre el botón de rebobinado. © Albedo Media
El acoplamiento para el cable disparador utilizaba el mismo sistema de las Leica telemétricas de la época, y de las primeras TLR Yashica Mat LM. © Albedo Media
El acoplamiento para el cable disparador utilizaba el mismo sistema de las Leica telemétricas de la época, y de las primeras TLR Yashica Mat LM. © Albedo Media

Pero la Periflex ofrecía bloqueo contra dobles exposiciones y sincronización para flash, junto con un sistema de cable disparador compatible con los destinados a las Leica de la época. Comparativamente con otras cámaras, las Periflex eran bastante sencillas de construcción: tan solo 175 piezas, pero de gran precisión. Para lo que se refiere a la montura cámara/objetivo, las tolerancias permitidas eran de solo ± 0,01 mm. En lo que respecta al visor, es intercambiable, por zapata, para poder acoplar los correspondientes a otras focales. De la propia Corfield estuvieron disponibles para focales de 35 mm, 50 mm, 85 mm, 90 mm, 105 mm, 135 mm y 150 mm.

El éxito y sus razones

Además de estar bien diseñada y ofrecerse a un precio asumible, la Periflex recibió en sus inicios dos importantes espaldarazos. El primero fue por parte de la prensa –ahora medios– independiente. En su número del 28 de enero de 1953, la revista Amateur Photographer, se publicaron por adelantado detalles sobre la nueva cámara, lo que ahora se llamaría una preview, y el resultado es que tan pronto estuvieron los ejemplares de la revista en los newstands… comenzaron a llegar pedidos. El primer modelo tenía las cubiertas superior e inferior esmaltadas en negro y el cuerpo recubierto en cuero marrón (pigskin). Año y medio después, apareció la versión que os muestro aquí, ya con cuero negro y cubiertas plateadas. No cabe duda de que el apoyo de la prensa fue clave para el arranque de ventas de la cámara que debía competir con los productos germanos. Algo que hoy en día deberían tomar en cuenta algunas firmas que tienden a olvidar la importancia de los medios independientes.

La firma Corfield siempre irá unida al original concepto Periflex. © Albedo Media
La firma Corfield siempre irá unida al original concepto Periflex. © Albedo Media

Pero hubo un detalle más, realmente curioso: en 1954, el Maharajah de Mysore adquirió por encargo una gran cantidad de cámaras Corfield Periflex. La cláusula de confidencialidad nos impide conocer cuántas, pero seguro que esa compra influyó en el éxito de la Periflex, directa o indirectamente, por prestigio. Además de todo ello, los objetivos, bien el Lumar-X 50 mm f/3,5 original de Corfield o los posteriores elaborados con la colaboración de Enna Werk München, eran de rendimiento bastante más que decente, tal como podéis ver a través de unas muestras tomadas con el primero.

Tomada con Corfield Lumar-X 50 mm f/3,5 a f/8
Imagen tomada con Corfield Lumar-X 50 mm f/3,5 – 1/160 s – f/8. © Albedo Media
Tomada con Corfield Lumar-X 50 mm f/3,5 – 1/1250 s – f/3,5. © Albedo Media
Imagen tomada con Corfield Lumar-X 50 mm f/3,5 – 1/1250 s – f/3,5. © Albedo Media
Tomada con Corfield Lumar-X 50 mm f/3,5 – 1/1250 s – f/3,5. El bokeh, quizá no sea tan dulce como el "tuneado por ordenador" de algunos objetivos modernos, pero no está mal para un objetivo 4/3 tipo Tessar © Albedo Media
Imagen tomada con Corfield Lumar-X 50 mm f/3,5 – 1/1250 s – f/3,5. El bokeh, quizá no sea tan dulce como el “tuneado por ordenador” de algunos objetivos modernos, pero no está mal para un objetivo 4/3 tipo Tessar © Albedo Media
Tomada con Corfield Lumar-X 50 mm f/3,5 – 1/8.000 s – f/3,5. Para tratarse de un objetivo con algo más de medio siglo sobre sus lentes de revestimiento simple, la resistencia al "flare" es francamente buena. © Albedo Media
Imagen tomada con Corfield Lumar-X 50 mm f/3,5 – 1/8.000 s – f/3,5. Para tratarse de un objetivo con algo más de medio siglo sobre sus lentes de revestimiento simple, la resistencia al “flare” es francamente buena. © Albedo Media

La evolución

En Corfield, no se durmieron en los laureles, y puesto que las barreras aduaneras se iban dulcificando y las importaciones germanas iban siendo ya más regulares, pensaron que debían mejorar su producto. ¡Y vaya si lo hicieron! Lanzaron las Periflex 3 y 2, por ese orden… En las nuevas cámaras –con una línea de cuerpo enteramente nueva y muy original– el periscopio entraba en acción tan pronto se avanzaba el fotograma y se retiraba al comenzar a pulsar el disparador. La Periflex 3, disponible desde 1957, estaba dotada ahora de tres oculares: uno para el enfoque por el periscopio, otro para el encuadre y un tercero nos permitía ver el ajuste ASA de la película. Un sistema de lentes supletorias permitía adaptar el visor a los ángulos de toma de los distintos objetivos.

Las Corfield Periflex 3, aunque mantenían el sistema de enfoque réflex periscópico, habían evolucionado óptica, mecánica y estéticamente. © Wikipedia
Las Corfield Periflex 3, aunque mantenían el sistema de enfoque réflex periscópico, habían evolucionado óptica, mecánica y estéticamente. © Wikipedia

El dial de tiempos de obturación pasaba al extremo izquierdo superior. La diferencia principal entre la Periflex 3 (80 libras) y la Periflex 2 (23 libras), es que la primera ofrecía tiempos de obturación de 1/1.000 s a 1 s y “B” y la segunda se conformaba con 1/500 s en el extremo de la misma escala. Otros “recortes” afectaban al visor, al ajuste ASA, etc. La Periflex 2 –otro gran éxito de ventas– sustituyó al primer modelo o Periflex I. Posteriormente –ya desde Irlanda, como os contaré en el próximo apartado– se produjo la Periflex Gold Star, una versión más barata, con tiempos de obturación solo hasta 1/300 s, junto con un nuevo objetivo Lumax 50 mm f/2,4. A las Gold Star siguieron –en el mismo año 1961– las económicas “Interplan”, ya sin visor periscópico. Para los coleccionistas, quizá lo más curioso es recodar que de las Interplan existieron las versiones Interplan A –montura Leica de rosca–, Interplan B (montura de rosca Praktica/Pentax) y la Interplan C… ¡con montura de bayoneta Exakta!

Corfield y Periflex, la historia

Los orígenes de la marca Corfield se remontan a cuando Keneeth Corfield –un muchacho 10 años, que lógicamente todavía no había sido nombrado “Sir”– adquiere su primera cámara, una Kodak Brownie. Seis años después, ganó su primer premio por una fotografía presentada a concurso en la Walsall Photogaphic Society y, a esa misma edad, entra como aprendiz en “Fisher Bearings”, una empresa de fabricación de cojinetes. Picado por el gusanillo de la mecánica, consigue diplomaturas en “Mechanical Engineering” en Wolverhampton y el Staffordshire College of Technology. En 1947, el joven Keneeth lee –en la revista “Miniature Camera Magazine– un artículo acerca de cómo construir un exposímetro de ampliadora… y su destino queda marcado.

Construye un prototipo funcional, dedica seis meses a perfeccionarlo, y en un pequeño taller en su casa y con la ayuda de su hermano John, “tirando” de los contactos creados durante su época en Fisher Bearings fabrica doce unidades finales. Muy inteligentemente, envían las 12 muestras a los 12 distribuidores más significativos del sector fotográfico británico… y pronto, uno de ellos –R.G. Lewis–, encarga 250 unidades del que se decidió llamar “The Corfield Lumimeter”. La venta comenzó en 1948, a un precio por unidad de 4,10 libras.

La segunda versión del exposímetro Lumimeter para cuarto oscuro, era ya de prestaciones muy avanzadas para la época. © K.G. Corfield
La segunda versión del exposímetro Lumimeter para cuarto oscuro, era ya de prestaciones muy avanzadas para la época. © K.G. Corfield

La demanda es tan alta que Keneeth, su esposa Betty y John, que trabajan día y noche en la producción, deciden alquilar –a un precio muy bajo– un espacio de aproximadamente 4,65 x 8,40 m, en unos edificios fabriles en “Merridale Works” de la calle Meridale de Wolverhampton, edificios que hoy todavía existen. En ese momento se constituye la sociedad K.G. Corfield Ltd: Keneeth como Managing Director, John como Technical Director y Betty como Company Secretary. ¿Los primeros empleados? Mrs. Florence Abbis –Almacén– y Mr. Reg Simmons –Taller Mecánico–. Solo durante 1949 vendieron 5.000 unidades del The Corfield Lumimeter.

Explotando el éxito, pronto siguieron productos tales como telémetros accesorios, exposímetros de extinción, una versión muy mejorada del exposímetro para ampliadora… del cual se llegaron a vender en unos pocos años 200.000 unidades. Siguieron copiadoras por contacto y proyectores para diapositivas. La buena fama de Corfield hizo que se convirtiesen además en distribuidores para U.K de firmas tales como Stag –temporizadores–, Omnica –bolsos fotográficos–, Leidox –cámaras– y nada más y nada menos que las cámaras Exakta. Y es en ese punto donde –tal como os he comentado al principio– surge la idea de fabricar su propia cámara, y se crea la Periflex I (1953) y crece la saga hasta las Interplan de 1961.

Nuevos horizontes

En 1958, la pequeña nave de Merridale Street se había quedado pequeña pero cualquier otro espacio en Wolverhampton se les ofrecía a precios inasumibles; tras unas encuestas a los empleados, y tras una muy proactiva campaña para ubicar localmente a aquellos que no deseaban seguir la nueva aventura, se decide migrar K.G. Corfield Ltd. a Irlanda, aprovechando las generosas subvenciones allí ofrecidas para el desarrollo industrial, cerrándose las instalaciones fabriles de Wolverhampton el 30 de enero de 1959. Las nuevas instalaciones de Ballymore en el condado de Antrim, pronto fabricaban las Periflex 3 y Periflex 2.

Llegan los japoneses

A principios de los años sesenta, una amenaza se cernía sobre la industria fotográfica europea: comenzaban a llegar las cámaras japonesas. Relativamente baratas y de una calidad entre más que aceptable y excelente, comenzaron a comer ventas a las cámaras germanas, y de las inglesas y francesas… mejor no hablar. Por eso, en la nueva fábrica, con más posibilidades de desarrollo, se decidió crear otros productos, siendo el más interesante, a mi juicio, la cámara de formato medio “Corfield 66”.

La Corfield 66, tal como podéis imaginar, generaba fotogramas de 6 x 6 cm sobre película 120. Se trataba de una réflex monocular con espejo de retorno instantáneo, óptica y respaldos intercambiables y visor de capuchón. El objetivo estándar era un Lumax 95 mm f/3,5; al parecer de muy buena calidad. El obturador planofocal de seda engomada llegaba a 1/500 s. Una cámara muy interesante de la que solo se vendió una tanda de 300 unidades, y además con mucho éxito… ¿por qué?

Corfield Periflex y Guinness, una extraña asociación
K.G. Corfield y Guinness: un matrimonio de conveniencia. © Albedo Media

Debido a la competencia nipona citada más arriba, en K.G. Corfield Ltd. llegaron a la conclusión de que para ser competitivos en un futuro inmediato necesitaban fuertes inversiones, si bien lamentablemente en los años de la primera oleada japonesa de cámaras no abundaban precisamente, por lo menos en el sector fotográfico que estaba en crisis. Y la ayuda llegó, sorprendentemente o quizá no tanto, de una “mano negra” pero al principio amistosa… ¡la cervecera irlandesa Guinness! Había eso sí un quid pro quo: la mayoría de las acciones de K.G. Corfield Ltd. pasaba a ser propiedad de Guinness y Sir Keneeth pasaba de CEO a Managing Director, al tiempo que K.G. Corfield Ltd. fabricaría componentes para los entonces nuevos barriles metálicos para la cerveza o “stout”, ya que es lo que ese brebaje negro en Guinness se considera.

La WA67 de la segunda época de K.G. Corfield, tras la separación de Guinness, empleaba el respaldo de las Mamiya RB 67 y el concepto, como cámara de arquitectura fue tomado por otros fabricantes, tales como Silvestri y Alpa. @Westlicht
La WA67 o “Architect” de la segunda época de K.G. Corfield, tras la separación de Guinness, empleaba el respaldo de las Mamiya RB 67, y el concepto, como cámara de arquitectura fue tomado por otros fabricantes, tales como Silvestri y Alpa. © Westlicht

Sir Keneeth pronto abandona la compañía cediendo el puesto a John, no sin antes indicar a la Dirección que la inversión realizada es insuficiente para mantener competitiva la producción de productos fotográficos. Al final, K.G. Corfield Ltd. abandona la producción de productos fotográficos y pasa a fabricar alternadores para automoción, de excelente calidad. John dejó la compañía siete años después y tanto el como su hermano Keneeth siguieron exitosas carreras profesionales en distintos campos – automoción e I.T.T.– y de hecho este último diseñó y fabricó posteriormente la “Architect”, una cámara angular para la fotografía arquitectónica sobre formato 6 x 7 cm.

4 Comentarios

    • Gracias por su amable comentario. Procuraremos mantener esta sección, tan querida a nuestro medio, poniendo en lo posible ese pequeño “plus” de detalle en las historias de las firmas y las personas que hicieron posibles esos avances. Muchos de ellos son ahora el bagaje heredado por las firmas actuales, apoyadas por poderosas herramientas informáticas que no tuvieron a su disposición aquellos pioneros. Saludos.

  1. No parecen ingleses Sir Kenneth Corfield y su cuadrilla…no habría un español entre ellos? Tanto ingenio y espabilamiento no es propio de los hijos de la Gran Bretaña en esos años 50, más propensos al talonario que a la solución de problemas mediante “discurrimiento” cerebral… Seguro que no había un español o italiano entre ellos? Je, je… Estupendo artículo, Valentín, como el que en su día dedicaste al mismo artefacto en FV, igual de técnico pero más soso, sin estas pequeñas anécdotas de la historia de Corfield. Un abrazo.

    • Desde luego, Óscar. Espabilados eran, y lo demostraron a través de su evolución personal tras romper con los cerveceros. Creo que para el artículo de la revista FV original empleé el mismo título. Lo comento porque para escribir el actual, para Albedo Media, decidí no consultar para nada del antiguo, para mayor frescura. Ahora, he dispuesto de más medios para elaborarlo, para investigar un poco mas, y de ahí probablemente ese contenido más rico al que haces referencia. Como siempre, gracias por seguirnos y por tus amables comentarios.

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