La reciente introducción de la Leica M-D Typ 262, la primera Leica digital de gran serie en la que la simplicidad de operación llega al extremo de haber eliminado pantalla posterior, menús y otros ajustes que no sean tiempo de obturación, abertura de diafragma, valores ISO y compensación de exposición –incluso solo graba en RAW / DNG– ha creado una atención inusitada, acompañada de comentarios de todo tipo. Me ha parecido un buen momento para hablar de la que hace tiempo es mi Leica preferida de entre las analógicas o “para película”: una M4-P. Y sí, es cierto: también en eso me salgo del “pensamiento único”, porque cualquiera preferiría otro modelo, como por ejemplo una M6.

Una Leica M4-P dotada de un Voigtländer Nokton 35 mm f/1,4 Classic, en montura nativa Leica M
Una Leica M4-P dotada de un Voigtländer Nokton 35 mm f/1,4 Classic, en montura nativa Leica M

Leica M4-P: profesional

Producida en Canadá entre 1981 y 1987, la Leica M4-P se proponía como una herramienta profesional –de ahí la “P”– ideal, merced a su fiabilidad, silencio de operación, claridad de enfoque de su telémetro y posibilidad de emplear el nuevo Leica Summilux-M 75 mm f/1,4 recién presentado en 1980, al incorporar marcos de encuadre para esa focal, algo que no ofrecían los modelos anteriores, incluyendo las M4, aunque si la M4-2. Así, la selección de marcos de encuadre en el visor no puede ser más completa –salvando las limitaciones lógicas del visor telemétrico– ofreciendo las parejas: 28 mm / 90 mm, 50 mm / 75 mm y 35 mm / 135 mm.

Leica M4-P con un Carl Zeiss Biogon 28 mm f/2,8 ZM
¿Emplear un 28 mm sobre la Leica M4-P? Ningún problema –o casi– pues la cámara ofrece marco de encuadre para esa focal. Aquí con un bello un Carl Zeiss Biogon T* 28 mm f/2,8 ZM, en montura nativa Leica M

Ello hace que no se sienta uno limitado a la hora de seleccionar qué objetivos –Leica o de otros fabricantes– montar sobre una Leica M4-P. Para los que no estén familiarizados con el concepto Leica M, está bien saber que la pareja de cuadros se introduce automáticamente al acoplar uno de los objetivos correspondientes, y que podemos emular un encuadre –sin necesidad de cambiar el objetivo– actuando en una dirección u otra la palanca situada a la izquierda de la montura para el objetivo (a la derecha según la imagen de más arriba).

Leica M4-P: mandos y ajustes

En la introducción he comentado que la nueva Leica M-D se presenta como la máxima simplificación –en cámara digital– por los escasos ajustes necesarios para hacerla “correr”, pero la Leica M4-P la supera en mucho. En la parte superior encontramos el dial de ajustes de tiempos de obturación, con ajustes de 1/1.000 de segundo a 1 segundo más “B”, además de un ajuste especial –intermedio entre 1/30s y 1/60 s, para la sincronización de flash a 1/40 s aproximadamente.

Leica M4-P, vista del fotógrafo
Leica M4-P: todo lo esencial a la vista del fotógrafo: dial de tiempos de obturación, anillo de ajuste de aberturas de diafragma y anillo de enfoque con generosa y precisa escala de profundidad de campo

El diafragma, se ajusta sobre cada objetivo mediante el aro correspondiente y la distancia se ajusta, bien por el telémetro de coincidencia a través del visor, bien por estimación y profundidad de campo, gracias a las escalas de generoso tamaño y por tanto muy buena precisión grabadas sobre los barriletes de los objetivos de enfoque manual. El arrastre de la película, es manual mediante la palanca de “un solo golpe”, y el disparo del obturador mecánico, de recorrido horizontal y seda engomada, virtualmente insonoro y libre de vibraciones, en esta cámara…”sin espejo”.

Leica M4-P: medición de la luz

¿Y la medición de la luz, cara a la exposición?…me preguntaréis, quizá. Muy sencillo: no tiene. Y es precisamente la razón por la que la Leica M4-P es mi Leica M favorita. Por un lado, al ser el obturador mecánico, la carencia de un exposímetro incorporado hace que la Leica M4-P sea de un funcionamiento absolutamente libre de toda dependencia de baterías; salir a la calle de esa forma es algo que deberíais experimentar. Y por otro lado, gracias a no llevar exposímetro o fotómetro podemos recuperar –para el que lo haya vivido, claro– el placer de estimar la luz “a ojo”. Con ello aprendemos a “ver” la luz, a estimar los contrastes, las luces las sombras, el paso del día e incluso, “the turn of the seasons” como sugiere la canción de “The Birds”. Personalmente, cuando me inicié en fotografía –hace algo más de 60 años– no dispuse de exposímetro durante muchos años y me bandeé gracias a los cartoncillos de las cajas de película, las indicaciones de los empleados de las tiendas (gracias, Foto Maturana de san Sebastián) y… prueba, error, y descubrimiento.

Tabla de sugerencias de exposición que formaban parte del interior de los embalajes de cartón de las películas de 35 mm
Ya casi extintas… las tablas de sugerencias de exposición que formaban parte del interior de los embalajes de cartón de las películas de 35 mm: lo que muestran es en realidad la famosa regla “Sunny f/16”

Así pues, para fotografiar con la Leica M4-P: película, ganas de ver y fotografiar, y ninguna batería. Un placer a experimentar o recuperar.

Leica M4-P: fotografiando

No todo son ventajas, y en mi opinión a las Leica M hay que mirarlas sin pasión, pues son bastante carismáticas para bien y para mal. Dicen que, para la película, son fáciles de cargar… pero desde mi punto de vista “hay que hacer cursillo”, y la tapa esa inferior que hay que dejar por algún sitio mientras enhebramos la película…una antigualla que se conserva desde las Leica de rosca hasta las M digitales actuales. De la rosca para trípode desplazada a un extremo…mejor no hablamos, que se supone que una Leica M no es para amarrarla a un trípode.

Leica M4-P, carga de la película
El sistema para la carga de la película requiere “cursillo”. En las primeras aproximaciones hay que estar preparado para sucesivas frustraciones. La Ilford Pan-F Plus, con sus 50 ISO, puede ser una buena elección, como veremos más adelante

La clave es asegurarse –vía la tapa posterior abisagrada– de que ambas tiras de perforaciones de la película de 35 mm han quedado bien posicionadas, antes de darle a la palanca de avance. A partir de ahí, la suavidad de manejo de la misma y su ingeniosa solución de la punta basculante hacen que preparar la M4-P para cada nuevo disparo sea un placer en sí. Un disparo sobre cuya suavidad ya os he hablado.

Leica M4-P, palanca de avance de la película, retraída
Palanca de avance de la película en posición de transporte: al ir pegada al cuerpo, el conjunto no solo se hace compacto sino también a prueba de “enganchones”
Leica M4-P, segunda posición de la palanca de avance de la película
Un primer toque sobre la punta de la palanca para el avance de la película hace que ésta gire ligeramente hacia afuera, otorgándole más agarre…
Leica M4-P, palanca de avance de la película ya plenamente operativa
…y el siguiente movimiento la separa ya para poderla accionar rápidamente con el pulgar. Los más expertos son capaces de avanzar rápidamente sin separar el ojo derecho del visor de la cámara. El cuentafotos aditivo, con lupa, ofrece muy buena legibilidad
Leica M4-P, acoplamiento para motor
Los mas inquietos, podían –y pueden– realizar el avance motorizado sustituyendo la placa inferior por el motor eléctrico Leica Winder M4-2

Y por alusiones, ya que hablamos de la tapa posterior, en el centro lleva un disco con indicaciones para sensibilidades desde 6 ASA/9 DIN a 6.4K ASA/39 DIN… si, aunque parezca mentira, ahora todavía quedan películas que deban exponerse a 6 ISO (el valor ISO/ASA es el mismo) y ya en 1981 exponíamos a IE 4.000 sin necesidad de sensores retroiluminados, quizá con una Kodak Recording 2475, por ejemplo… pero eso es otra historia.

Leica M4-P, dorso
En el dorso de la Leica M4-P podemos ver el disco recordatorio de la sensibilidad de la película cargada –¡de 6 a 6.400 ISO!– que da origen al disco operativo de ajuste de sensibilidades de la nueva Leica M-D Typ 262. Podemos ver también los dos zócalos de sincronización para flash, X y M, que se suman a la zapata de contacto central

Pero ese disco no es mecánicamente operativo: es un simple recordatorio sobre el que podemos marcar con lápiz graso o rotulador de alcohol el índice de sensibilidad o forzado del rollo con el que estamos trabajando. En la nueva Leica M-D Typ 262, en el dorso se ha incorporado un disco similar, pero de mayor tamaño y operativo como selector de ajuste ISO, una –en mi opinión– elegante solución que algunos “detractores instantáneos de Leica” no han vacilado en describir como “espantosa”…

Leica M-D Typ 262, vista del dorso
La nueva Leica M-D Typ 262 no incorpora monitor alguno y su lugar en el dorso viene ocupado por un selector manual mecánico de ajustes de sensibilidad ISO

El dial de tiempos de obturación encaja con “clics” precisos, leica-like, que permiten, por un lado cambiar los ajustes con facilidad y por otro con la seguridad de que su firmeza impedirá alteraciones involuntarias. El diámetro de este dial es más reducido que el de las modernas Leica digitales, y ello por dos buenas razones: de ser mayor no permitiría llevar la palanca de avance de la película de forma tan compacta, enrasada con el cuerpo de la cámara en posición recogida –lamentablemente alguien decidió eliminar esa palanca para el armado del obturador en los cuerpos digitales– y además, al tener la Leica M4-P menos ajustes de tiempos de obturación…las indicaciones caben en ese diámetro. Lo que me lleva a otro tema.

De 1 segundo a 1/1.000 de segundo: ¿nos basta?

En las modernas cámaras digitales nos hemos acostumbrado a tiempos de obturación de 1/4.000s, 1/8.000s e incluso –con las nuevas obturaciones totalmente electrónicas– a tiempos de hasta 1/32.000s, lo cual representa una ventaja a la hora de emplear grandes aberturas de diafragma a pleno sol, para alcanzar fondos desenfocados.

Leica M4-P, dial de tiempos de obturación
Leica M4-P: tiempos de obturación de 1/1.000 de segundo a 1 segundo, ajuste para flash y “B”

Veamos qué ocurre con nuestra Leica M4-P con esa limitación de 1/1.000s para el tiempo más breve de obturación. Según la regla “Sunny f/16” con una película de 100 ISO, al sol, nuestra exposición debería ser de aproximadamente 1/100s a f/16, por proximidad, 1/125 s a f/16 o su equivalente de 1/1.000s a f/5,6. Tendremos por tanto una cierta limitación en el “territorio bokeh” a pleno sol, pero no en las sombras, en las que podríamos trabajar en el entorno de 1/1.000s a f/ o f/1,4. Igualmente en días nublados, muy nublados y por supuesto en interiores, escenas nocturnas, etc.

Puesto que las Leica M se ven mucho como cámaras de reportaje, el problema viene si –como parece coherente– cargamos la cámara con película para 400 ISO, pues a pleno sol estaríamos hablando del entorno de 1/1.000s a f/11…pocas posibilidades de foco selectivo, en principio. Nuestra solución particular pasa por emplear sobre la Leica M4-P objetivos lo más luminosos posible –f/1,4 o f/2– con película de 100 ISO (no olvidemos que las hay de 50 y 25 ISO, pero eso es otro tema) y si la llevamos cargada con película de 400 ISO, añadir al de por si muy ligero equipo un filtro ND que reste tres pasos, que nos será muy útil también para nuestra aproximación con 100 ISO. Y si estáis pensando en los diámetros, al fin y al cabo raro será que –con una Leica M– empleemos más de dos o tres objetivos de alta calidad…y todos ellos suelen requerir diámetros pequeños y por tanto relativamente económicos. Ya puestos… podíais “echar” uno amarillo Nº12 y un rojo Nº25 si estamos hablando de B/N. Pero no queremos hacer nuestro equipo “Leica M4-P” muy complejo, ¿eh?

Leica M4-P: los objetivos

Y de nuevo, “por alusiones”, los objetivos. La Leica M4-P es uno de los más importantes monumentos contra la obsolescencia programada. Aparte de que al ser totalmente mecánica, sin circuito eléctrico alguno, es reparable (suponiendo que hiciese falta) puede emplear prácticamente todos los objetivos Leica M desde 1954 hasta ahora mismo sin adaptación alguna y lo mismo para los de rosca L39 –con adaptador, y no solo de Leica– desde al menos 1925.

Leica M4-P con Elmar 90 mm f/4 de 1932
¿Querrías recuperar la estética de imagen producida por un Ernst Leitz Wetzlar Elmar 9 cm f/4 sin revestir, de 1932? Ningún problema con el adaptador Leica correspondiente. Muy delgado, no solo ofrece acoplamiento telemétrico, sino que además acciona el marco de encuadre correspondiente a la focal
Leica M4-P con Leitz Elmar 3,5 cm f/3,5, sin revestir
¿O quizá un discretísimo Leitz Elmar 3,5 cm f/3,5 de 1930, también sin revestir, perfectamente acoplado a telémetro y marcos de encuadre merced a su adaptador ad-hoc?

Y además, tenemos los de montura “tipo Leica M”, de Carl Zeiss, Konica, Voigtländer, etc. Por tanto, si podéis pagaros un objetivo Leica M para vuestra Leica M4-P, genial, y de lo contrario…no os faltarán excelentes, bellas y más económicas alternativas.

Leica M4-P y el visor telemétrico: ¿es para todos?

En mi opinión, no: no es para todos. Si analizas bien este tipo de visor, entenderás mejor por qué se desarrollaron las cámaras réflex. El sistema de marcos luminosos es menos preciso para el encuadre, siempre con algo de paralaje y diferencias de cobertura, al tiempo que el reducido tamaño de los mismos para las focales “largas” los hace bastante poco prácticos. En mi opinión –reconozco que muy personal– lo más lógico sería usar una Leica M con focales de 35 mm, 50 mm y 75 mm. ¿Noventa milímetros? Quizá. ¿Veintiocho milímetros? También, pero tendrás que mover el ojo de un lado al otro del ocular para ver el marco completo.

Leica M4-P, montura y objetivo
Enfoque por telémetro y/o por profundidad de campo: la elección es del fotógrafo. En este caso, la escala de distancias (no la de aberturas de diafragma) está ajustada para “hiperfocal para f/16”. En esta imagen podemos apreciar también detalles tales como el generoso diámetro de la montura, la leva para el telémetro en su parte superior, las cortinillas del obturador a medio recorrido, y las palancas para rebobinado –embrague y acción– en posición de trabajo

Pero con estos objetivos de enfoque manual, podemos hacer algo incomparable: no solo enfocar por zonas, con control absoluto de la profundidad de campo, sino también llevarlos “preenfocados” para acción. De esa manera podemos combinar la rapidez de operación con la precisión del enfoque telemétrico –cuando la necesitemos y podamos ejecutarla–no más lenta que una manual en una réflex, pero si más que un buen AF.

Ernst Leitz Canada Ltd.

A más de uno –aunque no le sea ajena la marca de Leica– le puede sorprender encontrar en la parte posterior de una Leica M el grabado “MADE BY LEITZ CANADA”. Y sin embargo, no solo todas las Leica M4-P sino muchísimos otros modelos y productos Leica se fabricaron en ese país, y además probablemente esa producción coincide en el tiempo con la época más brillante de Leica. En el año 1952, y para atender mejor a su clientela principal, radicada en más de un 50% en U.S.A., Centroamérica y América del Sur, y también debido a una Alemania dividida tras la posguerra, Leitz abrió una nueva factoría en Midland, Ontario/Canadá. Familias enteras de la plantilla de Leitz en Alemania cambiaron sus vidas para siempre para crear esa “cabeza de puente”. Entre esas personas, figuró el mítico ingeniero Walter Mandler, responsable –junto a su equipo– de creaciones que marcaron historia. Según una lista compilada por el propio Walter Mandler, entre él y su equipo desarrollaron al menos 49 objetivos, entre los de montura de rosca Leica L39, bayoneta Leica M y bayoneta Leica R, y ello sin incluir objetivos para aplicaciones no directamente fotográficas. Entre esas ópticas, destacaríamos, por citar solo uno, el Leica Noctilux-M 50 mm f/1,0.

El Dr. Mandler (a la izquierda), charlando en la antigua planta de Midalnd, con Otto Geier, un supervisor del departamento de óptica.
El Dr. Mandler (a la izquierda), charlando en la antigua planta de Midalnd, con Otto Geier, un supervisor del departamento de óptica. © Photographic Historical Society of Canada y su autor original

Y no llegaron de cualquier manera, sino acompañando a la mejor maquinaria y tecnología disponible a la sazón, y entre ellas, el primer ordenador para diseño que de ópticas, que se puso en operación en 1955. Desde la Leica IIIf las telemétricas de la firma se montaron en Midland a partir de piezas producidas en Wetzlar (Alemania) y ya los modelos M4-2 y M4-P se produjeron íntegramente en Canadá. Desde la M6 (1984), toda la producción volvió a Alemania, vendiéndose la planta de Midland a Hughes Aircraft Company en 1990.

Leica M4-P: ¿y por qué no una M6?

Hay dos razones fundamentales: una racional, y otra menos racional, aunque razonable. Primero veamos las diferencias fundamentales: una Leica M6 es una suerte de Leica M4-P pero con exposímetro integrado TTL. Salvo en lo que respecta al “fotómetro” (y los acabados y grabados externos) es idéntica a una M4-P, totalmente mecánica y con los mismos marcos de visor. Muchos dicen que es la mejor Leica-M jamás fabricada. Por lo tanto tiene todas las ventajas de una Leica M4-P con la añadida de la medición de la exposición. Si se agotan las pilas, la cámara sigue funcionando. Por tanto, sería una decisión bastante lógica y racional optar por una M6 en lugar de por una Leica M4-P. Pero hay al menos una pega: os va a costar bastante más dinero una M6 que una Leica M4-P. Donde una M6 puede aligeraros el bolsillo de promedio entre 1.500 y 2.000 € según estado (siempre dentro de lo bueno) una Leica M4-P en similares condiciones lo hará del orden de entre 800 y 1.300 €. Eso para mi ya es importante, pero además, lo de andar haciendo coincidir lucecitas –LEDs rojos– en el interior de un visor de una Leica M…ya “no me pone”; si al menos fuese una aguja de galvanómetro… Prefiero “oler” la luz, aunque a veces me equivoque. Y salir al campo sin pilas, solo con cámara y película, como en los años cincuenta, cuando me inicié en fotografía.

Exposímetro Sekonic Studio Deluxe
El Sekonic Studio Deluxe –aquí el modelo original– no necesita baterías al ser de célula de selenio y es de indicaciones totalmente analógicas

Y si, lo reconozco: siguiendo el refrán aquel de “para las cuestas arriba quiero mi burro que las cuestas abajo yo me las subo”, por si la cosa se pone fea llevo mi exposímetro de selenio –libre de baterías– Sekonic Studio Deluxe. Si me entran dudas en una situación complicada, primero estimo a ojo, luego mido (luz incidente) y después veo la desviación…una forma de aprender.

Leica M4-P: coleccionismo

Según Dennis Laney, la Leica M4-P se fabricó entre 1981 y 1987 en aproximadamente las siguientes tandas:

  • 1981: 6.735 unidades
  • 1982: 6.160 unidades
  • 1983: 5.340 unidades
  • 1984: 3.277 unidades
  • 1985: 306 unidades
  • 1986: 557 unidades
  • 1987: 69 unidades; la introducción de la M6 en 1984 fue claramente la muerte de la M4-P, aunque resulta interesante observar el repunte de 1986 respecto a 1985…
  • De ellas, aproximadamente 18.057 fueron en acabado negro y 4.334 en cromo.

¡Es historia amigos!

Nota: salvo indicación en contra, todas las imágenes © Valentin Sama / Albedo Media

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