Ya tuvimos ocasión de hablar del primer objetivo zoom para cámaras SLR de 35 mm, el Voigtländer Zoomar, fabricado en Alemania, pero hoy vamos a hacerlo acerca de los que son considerados como los primeros objetivos macro para cámaras de 35 mm, y esperamos que a más de uno le sorprenda descubrir no ya que el primero no fuese el famoso Micro-Nikkor 55 mm f/3,5 de Nikon (1), sino los Kilfitt Makro Kilar, y que además estuviesen fabricados nada menos que… en Liechtenstein. En la curiosa historia de estos Makro Kilar podemos encontrar –en un largo y azaroso recorrido– los vínculos entre un relojero húngaro y la cerveza bávara, pasando por el castillo de Vaduz en el Principado de Liechtenstein, por Mónaco –otro Principado–, y por las multas de la Guardia Civil de carretera… pero la vamos a dejar para el final.

Dos objetivos Kilfitt Makro Kilar
Los primeros objetivos macro para cámaras réflex de 35 mm –los Kilfitt Makro Kilar– fueron fabricados en el Principado de Liechtenstein. La historia –única– merece la pena conocerse. © Albedo Media

Para entrar en materia baste decir que esos primeros «macro» fueron –en 1955– los Makro Kilar D 4 cm f/3,5, y Makro Kilar E 4cm f/3,5, fabricados en monturas fijas para diversas cámaras, y entre ellas, como es lógico, la Exakta, pues en la época, el 95% de las SLR de 35 mm en uso, eran Exakta. La diferencia entre uno y otro es que la versión «E» llega desde infinito a una escala de reproducción de 1:2, al tiempo que la versión «D» llega a una escala de reproducción de 1:1. Les separa el tipo de helicoidal, siendo del tipo doble en el Makro Kilar D 4 cm f/3,5, un invento –el de la doble helicoidal– que se atribuye a Kilfitt.

Mecánica y óptica

Ópticamente son idénticos –con un ángulo de toma de 55º– y obedecen a un diseño tipo Tessar, de 4 lentes en tres grupos (4/3), con sendos diafragmas de 10 palas, que mantienen una abertura muy circular desde f/3,5 hasta la apertura mínima de f/22. El ajuste de los valores de abertura es sin solución de continuidad –no hay marcas por «clics»– y además carece de todo automatismo: para fotografiar, deberemos enfocar a diafragma abierto y luego cerrar hasta el valor de abertura deseado; hablaremos más sobre esto más adelante.

Una Exakta con un Kilfitt Makro Kilar 4 cm f/2,8. Las especiales formas de estos primeros macro para cámaras SLR de 35 mm fueron seguidas por todos los fabricantes hasta muy recientemente.
Una Exakta con un Kilfitt Makro Kilar D 4 cm f/2,8. Las especiales formas de estos primeros macro para cámaras SLR de 35 mm fueron seguidas por todos los fabricantes hasta muy recientemente. © Albedo Media

Los Makro Kilar de Kilfitt adoptaron unas formas que posteriormente –al igual que el propio concepto de «macro»– sirvió de clara «inspiración» a otros fabricantes: a fin de albergar las largas helicoidales de enfoque –dobles o sencillas– a pesar de la relativa corta focal elegida inicialmente de 4 cm, el barrilete debía ser relativamente largo en relación a la posición de las lentes respecto al plano focal, y lo que se hizo es prolongar hacia delante las partes mecánicas del barrilete, y aprovechar esa configuración para que éste, con las lentes «hundidas» en su fondo, sirviese de parasol natural. De ahí el origen de las formas de la mayoría de los macro, hasta que han llegado las cámaras sin espejo, los enfoques internos, el AF, las lentes aesféricas, etc. y esa configuración clásica ha podido, y debido cambiar.

Otros modelos

Conforme aparecían los nuevos vidrios a base de «tierras raras», algunos esquemas ópticos se podían mejorar sin necesidad de grandes gastos de rediseño, y así, hacia 1957, se presentaron los Kilfitt Makro Kilar D 4 cm f/2,8 y Kilfitt Makro Kilar E 4 cm f/2,8, con muy similares características mecánicas –idénticas a las de las versiones f/3,5 en lo que concierne al enfoque– pero con una diferencia clave: los diafragmas pasan a ser de preselección.

A la izquierda un Makro Kilar 4 cm f/2,8 Tipo D extendido hasta su límite de 1:1. En el centro un Makro Kilar 4 cm f/3,5 Tipo E extrendido a su límite de 1:2, acompañado a su derecha por otra unidad igual, ajustada a infinito.
A la izquierda un Makro Kilar 4 cm f/2,8 Tipo D extendido hasta su límite de 1:1 merced a la doble helicoidal. En el centro un Makro Kilar 4 cm f/3,5 Tipo E extendido a su límite de 1:2, acompañado a su derecha por otra unidad igual, ajustada a infinito. © Albedo Media

Mediante un aro de control elegimos el valor de abertura –ahora con clics– y al girar uno contiguo podemos pasar rápidamente de la máxima apertura al valor de abertura preseleccionado, Un gran avance, aunque más tarde –también– hablaremos de lo que en Kilfitt entendían por «contiguo».

Por motivos que veremos en breve, un año antes se había presentado el Makro Kilar 90 mm f/2,8, que –tal como estarán adivinando– «inspiró» todos los macro de 90 mm –y focales afines– que aparecieron después a manos de otras marcas. La necesidad de la creación de esta óptica venía dada en parte por la muy corta distancia de trabajo que imponía la focal de 40 mm del resto de ópticas Makro Kilar: 10 cm para la versión «E» y tan solo 5 cm para la versión «D». Ello hacía difícil abordar según qué sujetos tridimensionales. Una de las características del Makro Kilar 90 mm f/2,8 es que era de montura intercambiable. Con un esquema igualmente tipo Tessar y un ángulo de toma de 28º llegaba de infinito a escala 1:1 a una distancia de 13 cm merced a una impresionante doble helicoidal.

Pesos y medidas

Para hacernos una idea de lo relativamente compactos de estos primeros objetivos macro, aportamos algunos datos: las versiones 4 cm f/3,5 obedecen a unas dimensiones de Ø 61,5 mm x 49 mm de largo, para un peso de 145 g. Por su parte, las alternativas 4 cm f/2,8 pesan 157 g, con las mismas dimensiones. En unos objetivos con enfoque directo por doble helicoidal resulta conveniente conocer sus dimensiones extendidos a la distancia mínima de enfoque: 60 mm a 1:2 para la versión E y 74 mm para la versión D. El Makro Kilar 90 mm f/2,8 «juega en una liga distinta» con sus 650 g de peso y un largo de 107 mm a infinito.

Detalle de uno de los tres botones cargados a resorte, que permiten acoplar los peculiares portafiltros cónicos.
Detalle de uno de los tres botones cargados a resorte, que permiten acoplar los peculiares portafiltros cónicos. © Albedo Media

Un detalle muy curioso de los Makro Kilar es la solución adoptada para los filtros. Puesto que acoplar los filtros en la parte frontal del barrilete no es la mejor idea desde el punto de vista óptico en un objetivo con las lentes «hundidas» mucho más abajo, estos objetivos utilizan filtros de las «Series V», de Ø 30 mm que se acoplan «al fondo» mediante un portafiltros cónico –Series VI Ø 41,3 mm en el 90 mm f/2,8–. A notar que, dependiendo del año de producción, no todos llevan el sistema de acoplamiento y que los que lo llevan, sacrifican para ello el acabado ranurado mate contra los reflejos del interior del «parasol» natural configurado por la especial forma del barrilete antes mencionada.

En la práctica

Disponibles en dos clases de acabado según fechas de producción –bien todo negro, bien aro de enfoque en cromo satinado con barrilete negro– nuestros preferidos estéticamente son estos últimos: nos parecen bonitos y con unas formas originales, de suave cono curvado. Casi no haría falta decirlo, pero el enfoque es suave y sedoso a lo largo del todo el recorrido, con la resistencia justa; casi nada para objetivos a los que nunca se les ha cambiado la grasa en sus más de 50 años de vida. Y ello es válido para las dos versiones –1:2 y 1:1– para las que no se detecta ningún juego ni a la máxima extensión. Tal como hemos comentado, el diafragma de 10 palas es una pequeña maravilla por lo circular de su abertura incluso a f/22.

Obsérvense las diferencias entre los aros de ajuste de diafragma de las dos versiones. En la de la derecha, más antigua, el diafragma es directo, al tiempo que en la de la izquierda es de preselección: mediante un aro elegimos la abertura de trabajo, y mediante el segundo podemos pasar de la máxima apertura –para enfocar– a la de trabajo, con un simple giro hasta su tope. En todo caso, algo que pone a prueba la habilidad y tesón de cualquier fotógrafo en el ámbito macro.
Obsérvense las diferencias entre los aros de ajuste de diafragma de las dos versiones. En la de la derecha, más antigua (f/3,5), el diafragma es directo, al tiempo que en la de la izquierda (f/2,8) es de preselección: mediante un aro elegimos la abertura de trabajo, y mediante el segundo podemos pasar de la máxima apertura –para enfocar– a la abertura de trabajo, con un simple giro hasta su tope. En todo caso, algo que pone a prueba la habilidad y tesón de cualquier fotógrafo en el ámbito macro. © Albedo Media

Ahora bien, el manejo del mismo… es otra cosa. En las versiones f/3,5 es directo, no de preselección y la rutina de enfoque sería hacerlo primero a f/3,5 y luego cerrar a la abertura deseada. En sujetos críticos a pulso y para qué vamos a hablar de en movimiento… mejor llamar a Tom Cruise. Además, por lo estrecho del aro de ajustes de diafragma y su proximidad al de enfoque, resulta fácil desajustar este al cerrar el diafragma.

En las versiones posteriores, las f/2,8, la cosa cambia, pues el diafragma es de preselección: podemos ajustarlo –por ejemplo a f/8, con clics– y girando un aro por debajo del selector, podemos pasar de la plena apertura a la abertura elegida sin pasarnos de ese punto y con notable rapidez. Persiste, eso sí, la excesiva proximidad de los aros de diafragma en relación al mando de enfoque. Se percibe con cierta claridad, que –en su origen– estos primeros objetivos macro estaban concebidos más para tareas de reproducción y científicas que para el trabajo en la naturaleza, en campo abierto.

La cámara Topcon es una de las que compartían montura con las Exakta, aunque perfeccionada. Pero no todos los objetivos en montura Exakta pueden usarse con la misma... uno de ellos el Makro Kilar 4 cm f/2,8 Tipo D que aparece a la derecha.
La cámara Topcon RE Super es una de las que compartían montura con las Exakta, aunque perfeccionada. Pero no todos los objetivos en montura Exakta pueden usarse con la misma… uno de ellos el Makro Kilar 4 cm f/2,8 Tipo D que aparece a la derecha. © Albedo Media

Tal como hemos avanzado, los Makro Kilar de 4 cm de focal se fabricaban en multitud de monturas fijas, pero debemos ser muy prudentes a la hora de escoger y acoplar estos objetivos sobre una cámara réflex (2). Ello se debe a que la parte posterior de las lentes es ligeramente más protuberante a infinito en las versiones f/2,8 y el espejo, en sus carreras de movimiento puede colisionar con esa parte del esquema óptico, con consecuencias potencialmente catastróficas. Un ejemplo es la Topcon RE Super, que puede usar las versiones f/3,5 pero no las f/2,8.

Rampa "anticolisión" para el espejo en el Makro Kilar 4 cm f/2,8 Tipo D
Obsérvese la rampa «anticolisión» para el espejo en el Makro Kilar 4 cm f/2,8 Tipo D de la izquierda: a pesar de ella, en determinadas cámaras réflex puede producirse choque con el espejo. Se impone una cuidadosa elección. © Albedo Media

Para evitarlo en lo posible, los Makro Kilar 4 cm f/2,8 Tipo D y Tipo E suelen incorporar un rebaje en la montura de las lentes posteriores, pero ello no siempre es garantía de que no se produzca colisión con el espejo de determinadas cámaras réflex, ya que la longitud de su espejo y la geometría del movimiento del mismo es variable (3).

Un Makro Kilar acoplado sobre una Olympus OM-D E-M5 mediante un adaptador Kipon.
Un Makro Kilar en montura nativa Exakta, acoplado sobre una Olympus OM-D E-M5 mediante un adaptador Kipon. © Albedo Media

Hoy en día, podemos emplear estos objetivos mediante adaptadores sobre las cámaras sin espejo, sean de 24×36 mm o de otros formatos, como por ejemplo los de las cámaras Micro Cuatro Tercios. Las ventajas del visor electrónico nos permiten incluso enfocar a aberturas de trabajo razonables –por ejemplo f/8 o f/5,6– aprovechando las ayudas de enfoque tipo «focus peaking» o de aumento, sin necesidad para todos los casos –aunque sí para algunos– de enfocar a plena apertura y luego pasar al valor de trabajo.

Resultados

En los resultados sobre el terreno de los Makro Kilar de 4 cm ahora probados, influyen como es natural, el diseño Tessar de cuatro lentes en tres grupos –que ofrece muy bajo viñeteo– así como los tipos de vidrio y tratamientos antirreflejos más bien sencillos de la época, pero también el diafragma. Con diez palas, mantiene una forma muy redondeada en prácticamente todo el recorrido, desde f/2,8 o f/3,5 –según versiones– hasta f/22.

En esta época, todavía no se habían desarrollado tratamientos de superficie para hacer las palas en un acabado más mate, y de hecho ello estaba reñido con la ligera capa de lubricante que podían incorporar para evitar la aparición de óxido. Ello les aporta un cierto brillo, que no podemos evitar pensar influye –a través de ciertos reflejos internos– en las características de imagen de estas ópticas clásicas, como son los Makro Kilar de Kilfitt.

Diez palas para un brillante mecanismo de precisión, que aquí se muestra a f/8. La forma de la abertura se mantiene muy redondeada hasta f/22.
Diez palas para un brillante mecanismo de precisión, que aquí se muestra a f/8. La forma de la abertura se mantiene muy redondeada hasta f/22. Obsérvese la robustez de los ejes de cada pala. © Albedo Media
Flores blancas con luces en el fondo desenfocado con bello bokeh.
Kilfitt Makro Kilar D 4 cm f/2,8 – 1/125 s a f/2,8 – 1.250 ISO. Olympus OM-D E-M5 – El enfoque –sobre el borde anterior del pétalo, crítico. El bokeh… ¡ah el bokeh! © Albedo Media
Fotografía macro de una pequeña planta rosa
Kilfitt Makro Kilar D 4 cm f/2,8 – 1/60 s a f/2,8 – 800 ISO. Olympus OM-D E-M5 © Albedo Media
Kilfitt Makro Kilar D 4 cm f/2,8 a f/4. Combinar alta nitidez y bello bokeh no es imposible.
Kilfitt Makro Kilar D 4 cm f/2,8 – 1/800 s a f/4 – 800 ISO. Olympus OM-D E-M5 –Combinar alta nitidez y bello bokeh no es imposible. © Albedo Media
Bajo luz controlada, de flash, poco más se puede pedir en lo que se refiere a contraste, resolución y calidad de color.
Kilfitt Makro Kilar D 4 cm f/2,8 – 1/160 s a f/11 – 200 ISO – flash. Olympus OM-D E-M5. Bajo luz controlada, de flash, poco más se puede pedir en lo que se refiere a contraste, resolución y calidad de color. © Albedo Media
Hoja de anturio, en blanco y negro
Kilfitt Makro Kilar D 4 cm f/2,8 – 1/5 s a f/2,8 – 200 ISO. Olympus OM-D E-M5 – modo monocromo. © Albedo Media

Disparar en 24×36 mm, con película

Algunos, quizá más puristas, prefiriesen emplear los Makro Kilar de Kilfitt sobre un cuerpo «analógico» de 24×36 mm –para lo que están concebidos originalmente– y para ello, y sin ningún interés en establecerlo como una discusión a favor o en contra de un medio o de otro, les brindamos algunas tomas realizadas con el Kilfitt Makro Kilar D 4 cm f/2,8 montado en una cámara Exakta RTL 1000. Y no solo eso, sino que ofrecemos una toma comparativa…

Hoja de Anturio, fotografiada con película
Kilfitt Makro Kilar D 4 cm f/2,8 – 1/2 s a f/2,8 – Rollei RPX 100. Exakta RTL 1000. © Albedo Media

Lógicamente la perspectiva cambia, ya que aquí estamos empleando todo el ángulo de cobertura sobre el formato 24×36 mm y la distancia al sujeto debe ser más corta a fin de mantener un encuadre aproximado, ya que exacto no es posible al 100%. El bokeh es distinto, y el grano de la película crea una atmósfera distinta… ¡gran tema de discusión!

Flores en blanco y negro, con película
Kilfitt Makro Kilar D 4 cm f/2,8 – 2 s a f/2,8 –Rollei RPX 100. Exakta RTL 1000. © Albedo Media

Al explotar por completo –sobre 24×36 mm– el campo ofrecido por el Makro Kilar, da la impresión de que el bokeh, hacia la periferia se ve afectado ligeramente por las aberraciones de coma y cromáticas inevitables al 100% con la técnica de época… y aún con la de ahora.

Puesto que los Kilfitt Makro Kilar no disponen de lentes flotantes y al estar calculados para trabajo macro, cabría preguntarse cómo rendirían con sujetos a distancias largas y debiendo cubrir el fotograma de 24×36 mm…

Pues bien, en las tomas realizadas, apreciamos un rendimiento que consideramos muy bueno a la plena abertura de f/2,8, que mejora ligeramente a f/4 y progresivamente, aunque no de forma llamativa, hasta f/8. El viñeteo es bajo, como corresponde a un Tessar y la resolución y contraste, más que satisfactorios.

Otros objetivos Kilar

Los Makro Kilar no fueron los primeros objetivos de Kilfitt. Anteriores a ellos fueron los Kilar 135 mm f/3,8; Kilar 150 mm f/3,5; Fern Kilar 400 mm f/5,6 y Fern Kilar 600 mm f/5,6. Coetáneo fue el Tele Kilar 300 mm f/5,6 y posteriores los Pan Tele Kilar 300 mm f/4 –con palanca de cremallera para enfoque rápido–; Sport Fern Kilar 400 mm f/4 (*), y ya en 1967, el Makro Zoomar 50-125 mm f/4. Sin fecha conocida por nuestra parte, existen objetivos que harían palidecer de envidia a algunos fabricantes actuales: Super-Zoomatar 240 mm f/1,2; Zoomatar 180 mm f/1,3 y Zoomatar 75 mm f/1,3. También tenían unos objetivos «soft-focus», el Pansoft 110 mm f/2,8.

La historia detrás del «Made in Liechtenstein»

Heinz Kilfitt era húngaro de nacimiento (1898) y mecánico de precisión así como relojero, de profesión… y eso se notó a lo largo de su vida y carrera. Ya en 1933, cuando todavía estaba cursando estudios, diseñó una pequeña cámara para formato 24×24 mm sobre película estándar de 35 mm. Tal como veremos algún día, no una cámara cualquiera, sino aquella que daría origen a una larga serie de modelos, pero no bajo el nombre y producción de Kilfitt, sino bajo el de Robot, y ello por la firma germana Berning. La razón no es otra que Heinz Kilfitt carecía de los recursos económicos para sacar adelante su pequeña cámara fotográfica motorizada a resorte, y vendió planos y prototipos a Otto Berning. Una variante de esas cámaras Robot, incorporada en el dispositivo «Trafipax» ha sido la empleada durante muchos años por la Benemérita para cazar a los que circulaban a velocidades por encima de las permitidas.

Heinz Kilfitt, con una pipa en la mano, en un posado oficial
© Kilfitt

Hacia 1941, Heinz Kilfitt creó su propia compañía, siendo sucesora de Nedo-Optik AG, iniciando la producción de objetivos hacia 1947. Heinz Kilfitt era un hombre ingenioso e inquieto, y ¿qué no podrá hacer un hombre capaz de fabricar relojes? Así, siguió diseñando y fabricando prototipos de cámaras, pero éstas se parecían demasiado a su propio diseño empleado para la Robot, y desde Berning se le dio un toque de atención. Incansable, Heinz Kilfitt diseño una cámara extremadamente original, y se puso en contacto con Metz, que la fabricaría bajo el nombre de Mecaflex. Afortunadamente para Kilfitt, el compromiso inicial firmado declaraba que Metz produciría los cuerpos de la cámara y Kilfitt los objetivos para la misma.

Una Mecaflex
La Mecaflex de Kilfitt. Una SLR de diseño muy particular. © CC Adamantis

Y decimos «afortunadamente» porque Metz se echó para atrás en la producción de los cuerpos, y en ese momento Kilfitt se encontró con nada menos que 20.000 objetivos encargados, a los que había que dar salida. Inmune al desánimo, Heiz Kilfitt se puso en contacto con la firma S.E.R.O.A., en Mónaco, que produjo, desde 1953 los cuerpos de cámara Mecaflex para Kilfitt (3).

Al parecer, la doble helicoidal fue un invento de Kilfitt, que luego sería utilizado en otros muchos objetivos macro.
Al parecer, la doble helicoidal fue un invento de Kilfitt, que luego sería utilizado en otros muchos objetivos macro. © Albedo Media

¿Dónde y cuándo entran nuestros Makro Kilar en escena? Pues bien, la compañía creada por Heiz Kilfitt en 1947 para la producción de objetivos, no fue en Alemania, ni en Hungría, sino en Vaduz, en el Principado de Liechtenstein –el sexto país más pequeño del mundo, ubicado en las montañas entre Suiza y Austria– sin que podamos saber las razones para ello, pero viendo la trayectoria personal de Kilfitt seguro que las había… ¿quizá fábricas de relojes reconvertibles?  Y por ello, los Makro Kilar y algunos otros objetivos de Kilfitt son los únicos –que conozcamos– de gran serie para fotografía que hayan sido producidos en ese pequeño país.

Más tarde, la factoría de Liechtenstein se trasladó a Munich, el estado de Baviera/Alemania. ¿Hasta dónde llegaba la capacidad de diseño e ingeniería óptica de Heinz Kilfitt? Hasta la de calcular el primer objetivo zoom de la historia para cámaras SLR de 35 mm, diseño que vendió a Voigtländer para su Zoomar. También está Kilfitt tras el diseño de la Kowa Six (1968), una SLR para 6×6 cm así como del de una cámara de alta velocidad para el ejército de EEUU. Cuando se jubiló en 1968, Kilfitt vendió su compañía al Dr. Franz Back que produjo objetivos bajo la marca Zoomar en Long Island (New York) hasta 1971.

Un Voigtländer Zoomar 36-82 mm f/2,8 montado sobre una Exakta.
Un Voigtländer Zoomar 36-82 mm f/2,8 –un diseño de Kilfitt– montado sobre una Exakta. © Albedo Media

En la actualidad, hablamos en ocasiones por ejemplo de genios japoneses tales como Maitani y Watanabe, los creadores de las Olympus, pero Heinz Kilfitt, junto con su tocayo Heinz Waaske, creador de las Rollei 35, probablemente les superaron, al menos bajo el concepto de «genialidad».


(1) El primer Micro-Nikkor 55 mm f/3,5 data de 1961

(2) Un ejemplo sería la utilización de los objetivos con montura Exakta mediante adaptador –finísimo– sobre las DSLR Canon EOS.

(3) En algunas réflex muy refinadas, el espejo, además de subir «se echa hacia atrás».

(4) La Mecaflex era una SLR de muy alta calidad que exponía 50 fotogramas de 24×24 mm sobre un rollo estándar 135-36. Con una cubierta superior plana, ésta se abre hacia delante entera para ofrecer el visor réflex a nivel de la cintura. En sus formas, recuerda a una Exakta a la que se hubiese «serrado» –elegantemente– toda la parte superior. Se fabricaron muy pocas unidades y hoy se cotizan por encima de los 2.000 €.

Nota: en las imágenes realizadas con la cámara OM-D E-M5 mediante adaptador –una Micro Cuatro Tercios– no deberían extraerse conclusiones acerca de viñeteo y rendimiento periférico, ya que no se está empleando el círculo de cobertura completo de las ópticas. Sobre estas cámaras los Makro Kilar de 4 cm de focal se comportan –en ángulo de toma– como objetivos de 80 mm de focal.

En las tomas realizadas con película, debe entenderse que se trata de escaneos, y por lo tanto se produce una cierta interpretación digital del original fílmico.

6 Comentarios

  1. Otro magnífico artículo sobre los clásicos, esta vez los abueletes de los macro. Sólo añadir que un Makro Kilar fue utilizado, el 1964, para el rodaje de los planos de aproximación en la magnífica película de Carlos Saura, La Caza, estrenada en 1966. La calidad de este objetivo en esos planos, maravilló a unos cuantos directores de fotografía españoles, de la época y posteriores. José Luis Garci, en el programa televisivo ¡Qué grande es el cine!, programó un pase de este largometraje y, en la posterior tertulia, menciona y alaba varias veces la calidad de imagen y el nivel de detalle de los planos rodados con este objetivo. Una película que ningún adorador del buen cine debe perderse, por otro lado.
    Por cierto, el zoomar 36-82 f2.8 tampoco roza en las Topcon RE Super… Un abrazo.

    • ¡Muy interesante lo que nos cuentas en relación a «La Caza», Óscar! Personalmente lo ignoraba. Muy impresionado debió de quedar José Luis Garci con esta óptica hasta el punto de mencionarlo en el programa que citas. Tienes razón en lo del Zoomar. Pero el espejo pasa realmente cerca. Gracias por tu aportación y amables palabras. Un abrazo.

  2. ¡ Magnifico articulo para aprender más sobre fotografía y sus protagonistas ¡
    En la comparativa entre digital y fílmica, aparentemente gana lo moderno. Para ser justos, habría que comparar las copias en papel químico y digital, quizás entonces sería lo contrario.
    Tengo una pregunta que hacerle. ¿Qué tipo de grasa debería utilizar para sustituir la que usaban los objetivos «rusos» y que sin duda era de inferior calidad, ya que en la mayoría de los casos se ha endurecido y no cumple su cometido? Supongo que influirá sin duda la mecanización no tan cuidada en comparación con la «alemana».
    Muchas gracias.

    • En tema de grasas –no de aceites– puede que los mejores reparadores tengan sus preferidas y que las cosas hayan cambiado mucho, pero yo hace tiempo que utilizo para los menesteres que citas, justo, grasa de disulfuro de molibdeno, de Kraft, también llamada Molykote. En algunos casos consigo «revitalizar» algunos objetivos sin llegar a desmontarlos, siempre que al menos una parte de la helicoidal «se vea» desde la parte posterior. para ello cargo con grasa una pequeña parte de una jeringuilla de las llamadas «insulinas», con su aguja correspondiente. La grasa es muy viscosa y con una presión bastante fuerte del émbolo conseguirás dar unas puntitas de grasa –la menor cantidad necesaria– en la helicoidal. Unos bonitos juegos de muñeca de infinito hasta la distancia mínima de enfoque harán que probablemente tus objetivos corran como nuevos. Puede que tengas un poco de razón: una forma de disimular helicoidales con muchas tolerancias es empaquetarlas bien con grasa gruesa y basta… que con el tiempo se seca y crea el problema. Una solución temporal es –mediante una punta de destornillador muy fina– depositar en las helicoidales antes mencionadas, dos o tres gotas de gasolina de mechero. La solución es solo temporal. La gasolina de mechero debe usarse siempre con todo el respecto debido a su carácter inflamable y tóxico, incluso los meros vapores. Lógicamente, nada como que un mecánico experto desmonte el objetivo, elimine toda la grasa vieja y la sustituya por la nueva…
      En lo que respecta a lo digital vs químico… la copia, el positivo, sería la prueba. Quizá algún día tengamos tiempo de hacerlo. Saludos cordiales.

  3. Por si le sirve a alguien la información, ahora el disulfuro de molibdeno del Molikote ha sido sustituido por el litio con silicona y se comercializa bajo el mismo nombre. El más adecuado parece ser el Molikote 33 light. Comentaré los resultados.
    Gracias y un saludo.

    • ¡Fichado queda! Y suena más limpio. Las grasas de litio tienen la ventaja de que al parecer no se fluidifican con altas temperaturas. Saludos

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