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En nuestro artículo anterior, cuya lectura previa os recomiendo, ya reflejamos la historia y las características principales de una Mamiya C330s. En este segundo artículo sobre la Mamiya C330s, me voy a extender un poco más sobre su manejo y las sensaciones de uso. Cuando un fotógrafo se enfrenta por primera vez a la utilización de una réflex binocular o TLR, a los que ya hace tiempo que superamos esa fase inicial (1), la verdad es que nos entra un poco de ternura al observar sus primeros intentos de nivelar una cámara al tiempo que tratan de componer la escena con un visor al nivel de la cintura en el que la imagen se ve invertida lateralmente…

Mamiya C330s. con Sekor 180 mm f/4,5.
Mamiya C330s, con Sekor 180 mm f/4,5. © Albedo Media

Independientemente del modelo, las TLR tienen al menos dos cosas en común, y es –salvo el uso de visores accesorios– por un lado la particular forma de “dialogar” con ese visor” y por otro, el hecho de que –en distancias muy próximas– tendremos algo de error de paralaje, debido a la separación entre los dos objetivos. Pero, al margen de ello, hay numerosas ventajas derivadas de su peculiar arquitectura y de ahí que muchos fotógrafos famosos utilizasen este tipo de cámara, algo sobre lo que quizá os hable un poco más adelante.

Lógicamente, la Mamiya C330s sigue esa pauta general de las TLR, pero debido a su diseño en particular –con objetivos intercambiables– y al hecho de que es el centro de un sistema profesional, tiene una serie de “tics” que la hacen única y exigen un nivel de compenetración mayor entre fotógrafo y aparato. No deja de tener su gracia –un poco irritante– el hecho de que algunos medios generalistas –incluso muy prestigiosos– cuando ven una TLR, con sus dos objetivos superpuestos, automáticamente dicen… ¡ajá, Rolleiflex! Y no todas las TLR son Rolleiflex, no…

Una advertencia previa: este artículo no es un manual de usuario, sino una suerte de rosario de mis experiencias con la cámara y con otras TLR anteriores, pero esta Mamiya C330s es algo especial.

TLR: ventajas claras

Las réflex binoculares son famosas por sus claras ventajas en varios aspectos:

  • Ofrecen la precisión de la visión réflex –encuadre, perspectiva, foco, etc.– pero sin golpe de espejo… casi como una “sin espejo” moderna… ironías del diseño.
  • A diferencia de las SLR –y de las mirrorless, en cierta medida– no hay blackout, es decir, pérdida de la imagen del visor durante el disparo.
  • Con sus obturadores centrales, el disparo es suave y silencioso, además de sincronizar el flash a todos los tiempos de obturación.
  • El fotógrafo no oculta su cara tras la cámara, lo que permite una mejor comunicación con las personas retratadas.
  • El formato medio, y cuadrado de la mayoría –pero no todas (2)– de las TLR ofrece gran calidad de imagen y un formato –el cuadrado– con bastante personalidad.

 

Un filtro rojo intenso 8x, no dificulta para nada el encuadre y enfoque, a diferencia de lo que ocurriría con una SLR.
Un filtro rojo intenso 8x, no dificulta para nada el encuadre y enfoque, a diferencia de lo que ocurriría con una SLR. © Albedo Media

Personalmente, les encuentro alguna más, como es –por ejemplo– a la hora de utilizar filtros y más concretamente para fotografía con película infrarroja. El hecho de que objetivo de toma y objetivo de encuadre sean independientes, nos permite, por ejemplo, colocar un filtro muy denso sobre el de toma y seguir gozando de una visión réflex sin impedimento alguno; de hecho podría ser un filtro visualmente opaco, para fotografía infrarroja “profunda”; algo similar a lo que podríamos hacer con una telemétrica, pero con visión réflex. Pero… vamos a entrar a la Mamiya C330s.

Carga de la película y disparo

Como todas las TLR, la carga de la película, siendo fácil, “tiene su aquel”. Lo más habitual es terminar haciéndolo apoyando la cámara con la óptica hacia abajo, quizá presentada sobre una mesa o cualquier otra superficie menos noble. Esa es una de las razones por las que en bastantes ocasiones encontramos ciertas rozaduras en las partes frontales de las monturas de esas ópticas. En la Mamiya C330s tenemos, además, la peculiaridad de la cremallera de enfoque y el fuelle… y es por eso que recomiendo cargar la película con la cámara ajustada a infinito y siempre con la tapa doble para los objetivos cubriéndolos.

A partir de ahí, la cosa –para el que ha cargado alguna vez un rollo 120 (3)– la cosa no puede ser más sencilla: usamos la palanca de avance de la película hasta que la flecha negra del papel con el punto rojo del plano focal, cerramos la tapa y avanzamos hasta que la palanca se detiene en el fotograma Nº1. Un detalle importante: esta palanca –a diferencia de alguna que otra TLR– no gira hacia atrás y, por tanto, no debemos forzarla en ese sentido.

Paquetes de película en rollos 120. Cinco por paquete a 12 tomas por rollo. Ya solo pensar en esa "limitación" comparado con el "disparo loco" en digital, impone responsabilidad.
Paquetes de película en rollos 120. Cinco por paquete a 12 tomas por rollo. Ya solo pensar en esa “limitación” comparado con el “disparo loco” en digital, impone responsabilidad. (4) © Albedo Media

Aunque podríamos caer en la tentación de decir que en la Mamiya C330s casi todo es “primitivo”, la realidad es que es más justo decir “simple y efectivo”. Y así es el sistema de armado del obturador al avanzar la película: una palanca empuja “por las buenas” la propia de armado del obturador sobre cada par de objetivos –salvo el Sekor 250 mm f/6,3–: la misma palanca que podemos accionar nosotros si, por ejemplo, deseamos hacer exposiciones múltiples. ¿Qué es lo que ocurre si la Mamiya C330s se niega a disparar? Pues generalmente algo sencillo:

  • No hemos avanzado la película y armado el obturador
  • No hemos colocado el selector “multiexposición” en la posición adecuada
  • Tenemos ajustado el bloqueo de disparo en el lado derecho del marco portaobjetivos

Un aspecto muy positivo que ya avancé en la primera entrega acerca de la C330s es el hecho de que la película sufre el menor curvado posible antes de ser presentada al plano focal, algo que redunda en imágenes más nítidas en general y en particular en el “segundo fotograma” disparado tras un periodo de inactividad relativamente largo. Solo conozco otra cámara de formato medio que supere en planeidad de la película a la C330s, y es… otra Mamiya, de la cual os hablaré en algún momento.

Cambio de objetivos y ajuste de la focal

Ya en la entrega anterior, expliqué el sencillo sistema que ofrece la C330s para el cambio de objetivos, pero en la práctica, para hacerlo bien con todas sus garantías, se debe seguir un cuidadoso protocolo. Así, ya sabemos que si no colocamos el selector para la protección de la película contra veladuras en la posición “UNLOCK”, no podremos liberar la palanca que permite separar / fijar los objetivos.

A la hora de acoplar los objetivos –y especialmente con el Sekor 180 mm f/4,5– debemos tener cuidado de no “pisar” con la palanca de armado del objetivo la propia sobre el cuerpo de la cámara: hacerlo así dejará el objetivo mal sujeto, dejará paso a la luz por los bordes y bloqueará disparo y avance de la película. Resulta clave para ello cargar previamente a mano el obturador del objetivo.

Lo siguiente, y no menos importante, está relacionado justamente con la rueda selectora “LOCK / UNLOCK”. La dichosa rueda tiene a su vez distintos mandos para ajuste: por un lado, el recordatorio del tipo de película –color o B/N– y el de su sensibilidad, pero, por otro lado, uno mucho más importante, que es el del valor de la focal del objetivo que vamos a utilizar.

El dial para bloqueo / desbloqueo cara al cambio de objetivos, incorpora algunos recordatorios y una función clave: el ajuste de la focal del objetivo en empleo.
El dial para bloqueo / desbloqueo cara al cambio de objetivos, incorpora algunos recordatorios y una función clave: el ajuste de la focal del objetivo en empleo. © Albedo Media

Este último ajuste –a diferencia de los anteriores que son meramente orientativos– sí que tiene acción mecánica interna: regula el indicador acerca de la corrección de paralaje y compensación de exposición para las distancias tan cortas que permite el fuelle de enfoque de la C330s. Recordemos que, en el visor, conforme enfocamos, un índice mecánico situado justo bajo la pantalla de enfoque nos indica cuánto se recortará por arriba el encuadre debido al paralaje producido por la separación entre el objetivo de toma y el de visionado; también nos indica el factor de prolongación del tiempo de exposición. Si no ajustamos la focal del objetivo en uso en el dial, podremos llamarnos a engaño en distancias cortas.

Encuadrando y enfocando

En este territorio existen temas comunes a las réflex binoculares o TLR y temas específicos de la C330s. Empezando por lo primero: tratar de hacer tomas desde un punto de vista relativamente alto –por ejemplo, sobre trípode– con una TLR y visor de capuchón es un tormento. Los norteamericanos dirían “a pain in the ass”. Puesto que tenemos que mirar “hacia abajo” la altura útil se nos queda muy limitada, lo qué, en según que casos, puede llevar a líneas en fuga. No siempre es cuestión de llevar una escalerilla, aunque en el estudio podemos hacerlo. No es menos cierto que la ventaja radica en que podemos usar un trípode más compacto y ligero, pues no nos va a ser de utilidad que “suba muy alto”.

Una Mamiya C330s con el impresionante Sekor 250 mm f/6,3. Aquí está enfocada a infinito. Obsérvese la máscara para el visor deportivo.
Una Mamiya C330s con el impresionante Sekor 250 mm f/6,3, equivalente a aproximadamente un 156 mm. Aquí está enfocada a infinito. Obsérvese la máscara para el visor deportivo. © Albedo Media

Por supuesto que podemos disparar estilo “paparazzi” con la cámara invertida por encima de nuestra cabeza y mirando hacia arriba… pero no es cuestión. Disparar a mano con una TLR y visor de capuchón impone una cierta estética, de tomas con un punto de vista relativamente bajo… os hablaré algo más acerca de ello. Quizá por lo más arriba comentado, para estas Mamiya hay visores de pentaprisma y de porroprisma, que además de permitirnos mirar a la altura del ojo, nos ofrecen una imagen no invertida lateralmente.

Quede claro que, por el contrario, para tomas desde un punto bajo, ese visor de capuchón de las TLR resulta muy cómodo. Para un extremo, para tomas elevadas, siempre podemos enfocar sobre el vidrio esmerilado y luego “encuadrar” mediante el visor deportivo (arriba), pensado para fotografiar sujetos en movimiento… Y entrecomillo lo de encuadrar porque la precisión es poco aproximada.

La pantalla de enfoque intercambiable Tipo B, aparece junto al visor de capuchón, también intercambiable.
La pantalla de enfoque intercambiable Tipo B aparece junto al visor de capuchón, también intercambiable. Las marcas de la izquierda son los factores de prolongación de tiempo de exposición a los que apuntará un índice mecánico, si ajustamos bien sobre el dial, la focal del objetivo en uso. © Albedo Media

Con el visor a nivel de cintura, aún con la lupa para el enfoque fino, la luz parásita que se cuela por los laterales nos incordia bastante, si bien quizá se lo tengamos que perdonar gracias a que esa lente es intercambiable para –si lo deseamos– usar una aproximada a nuestras dioptrías. Esa lupa, carece de una cobertura adecuada como para llegar a apreciar claramente el foco en las esquinas del fotograma… una lástima: hoy día, quizá una lupa aesférica hubiese hecho maravillas. El enfoque en sí, con la pantalla mate y el telémetro de imagen partida es bastante bueno, sobre todo porque podemos enfocar en cualquier punto del encuadre, al ser la pantalla esmerilada en su totalidad.

No la he probado, pero pienso que la pantalla con anillo de microprismas tiene que ser mejor. El hecho de disponer de mandos dobles para el enfoque es un plus manifiestamente claro. A la hora de encuadrar, y sobre todo para los menos iniciados, la zapata portaaccesorios del lado izquierdo viene muy bien para acoplar un nivel de burbuja.

Nivel de burbuja
Un nivel de burbuja, aparatoso, pero práctico: sobre todo para comenzar con las TLR y su encuadre con imagen invertida lateralmente. © Albedo Media
El carril de enfoque ofrece escalas de distancias para todos los objetivos: basta acoplar la deseada girando la ruedecilla moleteada.
El carril de enfoque ofrece escalas de distancias para todos los objetivos: basta acoplar la deseada girando la ruedecilla moleteada. © Albedo Media

En la entrega anterior ya os hablé de la particular escala de distancias de enfoque –giratoria y ajustable para cada focal– pero ahora os puedo ofrecer además una imagen del sencillo “librillo” de profundidad de campo para cada focal y ajuste de distancia y diafragma.

Mamiya C330s, escala de profundidad de campo
Una vez conocida la distancia de enfoque en cada caso y para cada focal –según la imagen inmediatamente superior– la “chuleta” nos permite calcular la profundidad de campo. © Albedo Media

Disparo y avance de la película

Poco más se puede pedir a la C330s en este terreno: los obturadores centrales que dotan los objetivos son casi inaudibles y disponemos de dos disparadores: uno frontal, con rosca para cable disparador, y otro en el costado derecho, que se acciona hacia abajo mediante una tecla: muy cómodo y suave de usar sin trepidaciones. El avance de la película, mediante la palanca “de avance rápido”, es muy suave: también aquí ayuda el que el paso de la película sea muy recto, al no tener que vencer la resistencia de la curvatura de rodillos de guiado. Tal como ya comenté, salvo con el Sekor 250 mm f/6,3, el avance de la película arma el obturador, pero también lo podemos hacer a mano. Ello es necesario –entre otras razones– para poder hacer dobles exposiciones –selector “SINGLE / MULTI”– y también porque es muy frecuente que al guardar un objetivo suelto en la bolsa se nos dispare el obturador…

Ergonomía

Al evaluar este aspecto, entraría en cierta forma todo lo citado, ya en los apartados de carga de la película, encuadre / enfoque, avance de la película y disparo… pero hay algo más: el equilibrio de masas o centro de gravedad. Con las focales más cortas –55 mm, 65 mm, 80 mm– no hay gran problema, pero con las más largas y sobre todo con las de 180 mm y 250 mm el centro de gravedad se desplaza mucho hacia delante y tanto más debido a que podemos extender de forma notable el fuelle para tomas próximas. Con esas combinaciones y circunstancias, la C330s se hace cabezona y sobre todo al inclinarnos hacia abajo parece que se nos vaya a ir de las manos. Se impone emplear una de las empuñaduras disponibles –mejor la lateral que la de “pistola”– y ahí entenderemos aún mejor la lógica de disponer de una rueda de enfoque a cada lado.

Otra peculiaridad es el tema de los filtros. El sistema de objetivos está bastante bien pensado pues solo necesita de dos tamaños de filtro: Ø 46 mm –objetivos de 55 mm, 80 mm, 105 mm y 135 mm– y Ø 49 mm –objetivos de 65 mm, 180 mm y 250 mm–. Ahora bien, las distancias entre objetivo de toma y de visión están tan aquilatadas, que para acoplar los filtros, por ejemplo,  en los objetivos de 180 mm y 250 mm… ¡tenemos que desenroscar antes los aros cromados embellecedores! Los parasoles son otra historia aparte y son raros de forma, más raros de encontrar y nada baratos aún llenos de “mataduras”.

Accesorios

La Mamiya C330s es una parte integrante del sistema profesional que se configura en torno a estas cámaras TLR de la serie “C” de la firma japonesa, así que no faltan objetivos, parasoles, visores, pantallas, máscaras, empuñaduras, etc. Pero no puedo dejar de hablar de uno de mis favoritos: el Paramender (de “to mend”, arreglar, solucionar y “paralax”). Se trata de un accesorio que nos permite compensar el paralaje, cuando estamos trabajando con la cámara sobre trípode. El Paramender se acopla entre la cámara y la rótula del trípode. Para explicar su funcionamiento, mejor una pequeña secuencia de imágenes.

Un "Paramender" de Mamiya acoplado entre la cámara y una rótula micrométrica. Para ver el funcionamiento, hacer clic sobre el GIF animado. © Albedo Media
Un “Paramender” de Mamiya acoplado entre la cámara y una rótula micrométrica. Para ver el funcionamiento, hacer clic sobre la imagen para ver el GIF animado. © Albedo Media

Primeramente, encuadramos y enfocamos con el Paramender en posición contraída o si se prefiere, en posición neutra, tal como aparece en la imagen de más arriba. Una vez conseguido el encuadre deseado –siempre, claro está a través del objetivo de visionado– actuamos sobre la palanca del Paramender y la cámara entera subirá una distancia igual a la separación entre los dos objetivos de esta TLR.

Una muestra de lo que ocurriría a corta distancia: arriba con el Paramender activado –el encuadre buscado que se corresponde a lo observado por el visor, y abajo, lo que saldría –sin el Paramender– por el paralaje debido a la separación entre los dos dos objetivos. © Albedo Media
Una muestra de lo que ocurriría a corta distancia: arriba con el Paramender activado –el encuadre buscado que se corresponde a lo observado por el visor, y abajo, lo que saldría –sin el Paramender– por el paralaje debido a la separación entre los dos dos objetivos. © Albedo Media

Dicho de otra forma: el objetivo de toma pasa a ocupar la posición que ocupaba el de visionado… y ya no hay paralaje que valga para la toma. Un pestillo automático de bloqueo evita la bajada extemporánea de la cámara, al tiempo que un botón de bloqueo adicional permite asegurar el conjunto a fin de evitar pequeños movimientos indeseados atribuibles a juegos mecánicos de la cremallera. Primitivo, si se quiere ver así, pero sencillo y eficaz.

Diane Arbus

Si tuviésemos que buscar a una persona cuya estética fotográfica hubiese estado profundamente influenciada por el tipo y modelo de cámara utilizada, entre ellas –sin olvidar a Robert Frank, Ansel Adams, Irving Penn, etc.– estaría Diane Arbus, que si bien coqueteó durante un tiempo con una Pentax 6×7, realizó la mayor parte de sus trabajos con cámaras Mamiya de la serie C, más concreta y probablemente con unas C3 y C33.

Diane Arbus. Autorretrato con su equipo habitual: una C220 y el flash electrónico que le servía además de sujeción para la cámara.
Diane Arbus. Autorretrato con su equipo habitual: una C3 (probablemente, de 1962) y el flash electrónico que le servía además de sujeción para la cámara. Ese parasol torcido le podía crear algunos problemas… © Estate of Diane Arbus

Sus tomas –muchas de ellas en ligero contrapicado– se deben en buena parte a la contenida estatura de la genial autora, relacionada con el visor a nivel de cintura que utilizaba. Arbus favorecía las focales cortas –ignoro si el 55 mm o el 65 mm– para poder estar más cerca de sus sujetos, pero no lo hacía en exclusiva, pues también “le daba juego” al 80 mm. El flash electrónico, con parábola, que utilizaba muchas veces acoplado junto a la cámara, y un buen control de la ratio de esa luz de flash respecto a la ambiente merced a la obturación central, hacían el resto.

Una tragadora de espadas –albina– en un circo
© Estate of Diane Arbus El viñeteo es debido probablemente al uso de un parasol inadecuado para la focal en uso

Todo ello al servicio del carisma asociado a su personalidad, dramática hasta el mismo final en 1971. Si os manejáis bien con el inglés, creo que encontraréis muy interesante el artículo del New Yorker, donde además aparece un estupendo retrato de Diane Arbus –por Dan Budnik–, con una de sus Mamiyas C3 y C33, ya que parece evidente que no solo tuvo varias, sino que a veces llevaba consigo dos. Si os interesa el tema, todavía podéis profundizar más –con nuevas revelaciones sorprendentes– con el artículo correspondiente del diario The Telegraph.

Miguel de la Quadra-Salcedo

En esta magnífica fotografía el gran Miguel de la Quadra-Salcedo, Miguel aparece no solo con una cámara cinematográfica de 16 mm, sino también con una Mamiya TLR, probablemente con una C2. Eso eran otros tiempos, fotografiando con película, en formato medio en lo que ahora se viene en llamar “conflictos”, cuando son…guerras de toda la vida.

Miguel de la Quadra-Salcedo, sobre el terreno, con una Mamiya réflex binocular. ¿Se puede tener más estilo?
Miguel de la Quadra-Salcedo, sobre el terreno, con una Mamiya réflex binocular. ¿Se puede tener más estilo?

Muestras

Con el fin de ofreceros alguna sensación más de lo que se puede hacer con una Mamiya C330s, os propongo unas pocas imágenes tomadas con la misma. Entre paréntesis, la focal “equivalente” aproximada.

Sekor 55 mm f/4,5 (34 mm) – 1/8 s a f/8 – Trípode – Fujichrome Velvia 100. © Albedo Media
Sekor 55 mm f/4,5 (34 mm) – 1/8 s a f/8 – Trípode – Fujichrome Velvia 100. © Albedo Media
Bóveda con parra y valla amarilla, Jardín Botánico de Madrid
Sekor 180 mm f/4,5 (112 mm) – 1/30 s a f/11 – Trípode – Fujichrome Velvia 100. © Albedo Media
Estanque con árboles y reflejos de otoño, jardín El Capricho, de Madrid
Sekor 55 mm f/4,5 (34 mm) – 1/8 s a f/8-11 – Trípode– Kodak Ektar 100. © Albedo Media
Sekor 180 mm f/4,5 (112 mm) – 1/15 s a f/4-5,6 – Trípode– Kodak Ektar 100. © Albedo Media
Sekor 180 mm f/4,5 (112 mm) – 1/15 s a f/4-5,6 – Trípode– Kodak Ektar 100. © Albedo Media
Hojas de otoño, Jardín Botánico de Madrid
Sekor 180 mm f/4,5 (112 mm) – 1/60s a f/4-5,6 – Trípode – Fujichrome Velvia 100. © Albedo Media
Setas, Sekor 55 mm f/4,5 – 1/30 s a f/4,5 – Fujichrome Velvia 100. Esta toma está realizada a unos 15 cm de distancia, utilizando el tiro máximo del fuelle de la Mamiya C330s. © Albedo Media
Sekor 55 mm f/4,5 (34 mm) – 1/30 s a f/4,5 – Kodak Ektar 100. Esta toma está realizada a unos 15 cm de distancia, utilizando el tiro máximo del fuelle de la Mamiya C330s. © Albedo Media
Calabazas, Sekor 80 mm f/4,5 – 1/60 s a f/5,6 – Kodak Ektar 100. © Albedo Media
Sekor 80 mm f/4,5 (50 mm) – 1/60 s a f/5,6 – Kodak Ektar 100. © Albedo Media

Conclusiones

Para aquellos a los que les tiente el formato medio fotoquímico y que consideren entrar en el mismo, pero a nivel de sistema, con sus múltiples posibilidades, la Mamiya C330s puede resultar una opción no solo tentadora, sino además muy viable económicamente. Cámaras y objetivos se encuentran a precios asumibles y en muy buen estado. Los resultados, a nivel de calidad de imagen, son impresionantes. Para estudio –por ejemplo, para retrato– y en exteriores –por ejemplo, para paisajes– nos puede ofrecer grandes satisfacciones.

Los objetivos, pese a no ser multirrevestidos, muestran una más que razonable resistencia el flare si bien el hecho de ir emparejados –visión y toma– supone una clara dificultad a la hora de dotarles de lentes frontales de un diámetro que permita superar la luminosidad de f/4,5; ello supone que –con películas de 100 ISO o inferiores– nos podemos ver en algún apuro para disparar a mano en sombra profunda y/o en días nublados. Su carácter de TLR hace este tipo de cámara algo especial, pues exige mayor control de muchos parámetros que en digital se dan por hecho, sobre todo debido a su visor con imagen invertida lateralmente. Y contar solo con 12 tomas por rollo se convierte en un gran desafío: nos enseña a medir y “colocar” bien la exposición, para no desperdiciar fotogramas y rollos. (4)

Pegas, las hay, siendo quizá la más importante –dependiendo del físico de cada uno– el considerable peso si llevamos la cámara y tres objetivos… pero no más que si llevamos un equipo de DSLR 24×36 mm profesional. La Mamiya C330s no es, desde luego, para pusilánimes, y no es de extrañar que un aparato con tanto carisma y un ser de una personalidad tan compleja como Diane Arbus hiciesen equipo.


(1) Mi primera TLR de formato medio fue una Yashica Mat LM, de aproximadamente 1963.

(2) Ha habido cámaras TLR para 35 mm e incluso subminiatura

(3) Ya que estamos en ello: un rollo en formato 120, no es un rollo “de 120 mm”, como veo publicado en más de un medio supuestamente especializado en fotografía. Es el número que le asignó Kodak cuando creo el formato. Y sí: hubo un 118, y un 119 y un 121, y un 122 y…

(4) A día de hoy, cada toma sobre Fujichrome Velvia 100 “os sale” a 1,08 € y con Ektar 100 a 0,86 €, revelado incluido.

5 Comentarios

  1. Buenas tardes, D.Valentín.
    Hace años que tengo “puesto un ojo” en la C330 y después de sus dos magníficos artículos, con tan detallados comentarios sobre su uso, me he puesto en “modo ahorro” de cara a la carta a sus Majestades los Magos de Oriente.
    Muchas gracias.
    Nota: Superlativas las fotos que acompañan el reportaje.
    J.Redondo

  2. Aún conservo mis 645 y 654 Súper, pero no sé por qué oiga, estas cámaras con sus ópticas intercambiables siempre me han parecido las más sexis del sector.
    Un placer seguirle D. Valentín.

    • Hola Andrés, la Mamiya 645 Super siempre estará en mi corazoncito al menos por dos razones. La primera es que tuve el honor de participar en las pruebas beta para su diseño, antes de lanzarse al mercado. De hecho, una de las modificaciones que sugerí, no apareció en el primer modelo y hubo de implementarse –con un pelín de elegante sonrisa por mi parte– en la segunda serie. La otra razón, es que me acompañó como cámara de trabajo para mi época de fotógrafo industrial y comercial, junto con equipos de 4×5″ y de 35 mm. Nunca la consideré inferior, antes al contrario, que las Hassel que empleaban mis compañeros de trabajo. En mi opinión, la 645 a secas es mucho más bonita que la Super, aunque no lleve respaldos intercambiables. Y yo creo que ese 80 mm f/1,9 que había era casi único en su género, pero nunca lo tuve. Gracias por sus amables palabras. Saludos.

  3. ¿Qué tal una próxima prueba de la m645J, pero con el 80mm. f/1,9?
    Está a su disposición, con pentaprisma y en perfecto funcionamiento.
    Saludos.

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