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Cuando en la feria de primavera de Leipzig de 1936, Ihagee presentó la Kine Exakta, la primera cámara réflex monocular para película de doble perforación –”de cine” o “Kine”– en 35 mm, comenzó una revolución de un calado quizá mayor que la propia presentación por parte de Leitz del formato original Leica de 24×36 mm, o formato KB, ahora popularmente conocido como “formato completo”.

Una Exakta VX IIa (1956-1963). A primera vista puede llamar la atención el muy raro pentaprisma del "Jubileo", pero, espera...¿qué es ese objetivo? © Valentín Sama
Una Exakta VX IIa (1956-1963). A primera vista puede llamar la atención el muy raro pentaprisma del “Jubileo”, pero, espera… ¿qué es ese objetivo? © Valentín Sama

Aunque desde al menos 1889 ya existían cámaras réflex monoculares (SLR) para gran formato, y desde 1921 para formato medio, la combinación de ese modo de visión con la película de 35 mm, abrió el campo a aplicaciones de fotografía deportiva, científica, industrial, etc., anteriormente inalcanzables; la visión a través del objetivo posibilitaba el empleo de focales largas, así como con dispositivos para macro y microfotografía, y ello con enfoque y encuadres precisos. La posterior aparición del pentaprisma aceleró aún más la evolución.

En esta imagen –aunque de difícil lectura– se puede apreciar lo cerca que pasa el el borde anterior de una réflex de los primeros años de la lente posterior de un objetivo: todavía no se habían inventado los objetivos "retrofoco" © Valentín Sama
En esta imagen –aunque de difícil lectura– se puede apreciar lo cerca que pasa el el borde anterior de una réflex de los primeros años de la lente posterior de un objetivo: todavía no se habían inventado los objetivos “retrofoco” © Valentín Sama

Pero la incorporación de ese espejo móvil, basculante, impuso algunas nuevas tiranías: unas directamente mecánicas –golpe de espejo, vibraciones, alto nivel sonoro– y otras de carácter optomecánico: el arco descrito por el recorrido del espejo en su movimiento imponía un importante límite en la distancia del borde anterior del espejo con relación a la lente posterior de los objetivos.

Y ello, con la tecnología disponible en el momento supuso un cierto retroceso respecto a las telemétricas en la capacidad para utilizar focales cortas; de hecho, la barrera se situó en el entorno de los 40 mm, cuando ya en 1935, en el año de la introducción de la Kine Exakta, Leitz ofrecía para sus Leica el Hektor 28 mm f/6,3, que se sumaba al Elmar 35 mm f/3,5 disponible desde 1930. Por su parte, Zeiss-Ikon, para sus telemétricas Contax ofrecía el Tessar 2,8 cm f/8 desde 1933, aunque no acoplado telemétricamente.

Olympus Zuiko C. 1:3,5 f = 4 cm para Exakta: un muy raro objetivo en lo más "corto" de focal disponible para las primeras réflex de la época. Aquí aparece ajustado a hiperfocal para f/8 © Valentín Sama
Olympus Zuiko C. 1:3,5 f = 4 cm para Exakta: un muy raro objetivo en lo más “corto” de focal disponible para las primeras réflex de la época. Aquí aparece ajustado a hiperfocal para f/8 © Valentín Sama

Faltaban 73 años para la aparición de las primeras mirrorless de visor electrónico y con óptica intercambiable así como aproximadamente 15 años para que Pierre Angenieux inventase los objetivos “retrofoco”, que permitieron por primera vez el empleo de focales más cortas sobre las SLR. Los objetivos de los que os hablo en esta primera entrega son aquellos angulares “pre-retrofoco” que existieron para la primera SLR para 35 mm, la antes citada Kine Exakta y de la que se derivan todas las SLR analógicas y digitales en esa configuración de 24×36 mm hasta la llegada de las “mirrorless”.

Olympus Zuiko 4 cm f/3,5 para Exakta

En efecto, aunque se trata de un hecho no muy conocido, Olympus no solo fabricó objetivos para sus propias cámaras, sino también para otros –muy pocos– fabricantes, y entre ellos no podía faltar Ihagee, el de la –a la sazón– primera y única SLR para 35 mm. Ningún fabricante reputado, como fue el caso de Nikon, podía permitirse el atrevimiento de no ofrecer al menos un objetivo para la Exakta.

Olympus Zuiko C. 1:3,5 f = 4 cm de las primeras series. Puede verse la protuberancia de la lente posterior © Valentín Sama
Olympus Zuiko C. 1:3,5 f = 4 cm de las primeras series. Puede verse la protuberancia de la lente posterior © Valentín Sama

Con la ya comentada focal y luminosidad, estamos ante un esquema tipo Tessar de 4 lentes en 3 grupos, dotado de un diafragma de 8 palas que cierra hasta f/16. Estuvo disponible aproximadamente desde 1950 a 1953, y aunque la información es muy escasa, se ha podido constatar que existió en tres versiones en montura para Exakta.

He probado para vosotros la unidad Olympus Zuiko C. 1:3,5 f = 4 cm No. 62337. Esta unidad está montada sobre un barrilete de latón cromado. La forma del barrilete hace que la lente frontal quede muy bien protegida frente a la luz parásita, muy al estilo de los primeros objetivos macro. El diafragma de 8 palas es enteramente manual, sin clics hasta f/16, y los ajustes se controlan mediante un aro moleteado frontal.

El diafragma, aún de ocho palas, no se caracteriza por la forma redondeada de la abertura...estamos en 1950 y no se pensaba tanto en el bokeh como ahora © Valentín Sama
El diafragma, aún de ocho palas, no se caracteriza por la forma redondeada de la abertura…estamos en 1950 y no se pensaba tanto en el bokeh como ahora © Valentín Sama

La helicoidal de enfoque permite bajar hasta tres pies –aprox. 90 cm–, y se dispone de una detallada escala de profundidad de campo con indicaciones para todos los valores de abertura de diafragma. Para identificar esta versión podemos hacer una verificación en cuatro pasos:

  • Presencia de la letra “C.” en la parte frontal.
  • El número “1” de 1:3,5, se caracteriza por aparecer como “palo liso”, sin el “arponcillo” en la parte superior; por su parte, el número “4” referido a la focal, está “abierto” en la parte superior.
  • La lente posterior sobresale sin protección mecánica del barrilete –¡atención a la manipulación!–.
  • El barrilete no gira durante el enfoque.

Las dimensiones son de Ø máximo 47 mm para un largo de 25,6 mm hasta la montura y 34 mm en total excluyendo la protuberancia de la lente posterior, siendo el peso de 153 g y el Ø para filtro de 40,5 mm. Como puede verse, se trata de un objetivo muy compacto. La letra “C.” en la denominación significa “Coated”, esto es, que se ofrece un cierto nivel de revestimientos antirreflejos… aunque como luego veremos no el máximo.

El Olympus Zuiko C. 4 cm f/3,5 es uno de los más raros de la firma japonesa, tanto en montura para Exakta como en sentido general, y compartiría su exclusividad con la versión coetánea Olympus Zuiko 4 cm f/2,8 en montura de rosca para Leica (1). Se supone que esta óptica era la misma que montaba la Olympus 35 de 1948-1949, que era para el formato 24×32 mm sobre película de 35 mm.

Otras versiones

La rareza de este Zuiko se multiplica al combinar el bajo número de unidades producidas con la existencia de tres versiones del mismo. He aquí una segunda versión y cuando digo segunda debo hacer constar que la cronología de las tres versiones no está clara, si bien tecnológicamente este parece más avanzado.

Dos versiones del Olympus Zuiko 4 cm f/3,5 lado a lado: la de la izquierda es más moderna e incorpora diafragma de preselección © Valentín Sama
Dos versiones del Olympus Zuiko 4 cm f/3,5 lado a lado: la de la izquierda es más moderna e incorpora diafragma de preselección © Valentín Sama

Así, lo más llamativo es su diafragma de preselección: presionando hacia abajo una tecla moleteada podemos elegir la abertura de trabajo deseada, para –acto seguido– mediante la misma tecla, ya sin presionar, desplazar la abertura desde su valor máximo –para enfocar– al de trabajo, en un rápido movimiento. Ello otorga a esta variante una operatividad mucho mayor.

Pero hay un detalle aparentemente menor que no creo que se os haya escapado: la descripción “F.C.” en el aro frontal en lugar de la simple “C.” significa que este objetivo es “Fully Coated” en lugar de simplemente “Coated”. Por tanto, gozaría de revestimientos antirreflejos en al menos las superficies externas si no todas, si bien de tipo siempre bastante sencillo.

Los más observadores percibirán ahora que el “1” no está “capado” al tiempo que el “4” ya es “cerrado”. Pero ya en una segunda variante del primer modelo esto era así. La distancia mínima de enfoque baja a 2 pies –aprox. 60 cm–, y ello mediante un aro de enfoque de mejor agarre, de buen dimensionado, conservándose la escala de profundidad de campo completa. El diafragma, también de ocho palas cierra hasta f/16, aunque en este caso con encajes por clics.

Físicamente, el barrilete de esta versión es de aluminio, siendo las dimensiones de Ø máximo 51,3 mm para un largo de 29,6 mm desde el borde frontal –ahora negro– hasta la montura y 37 mm en total, siendo el peso de 121 g –el aluminio se nota– y el Ø para filtro de 40,5 mm. La lente posterior está –en esta versión– protegida por la propia estructura del barrilete. Como puede verse, se trata de un objetivo también muy compacto.

Encontrar un Olympus Zuiko C. 1:3,5 f = 4 cm para Exakta, es raro. Hacerlo con las dos tapas y el estuche original de cuero... ¡es para nota! © Valentín Sama
Encontrar un Olympus Zuiko C. 1:3,5 f = 4 cm para Exakta, es raro. Hacerlo con las dos tapas y el estuche original de cuero… ¡es para nota! © Valentín Sama

Existe una tercera versión, que se caracteriza por su barrilete en latón y diafragma manual –al estilo de la primera versión que cito– pero se distingue del mismo por el hecho de que la parte frontal del objetivo gira durante la operación de enfoque que llega hasta 3,5 pies –aprox. 105 cm–. Se supone que este objetivo se ofreció como versión más económica, y su revestimiento es simple “C”. No puedo ofreceros imágenes propias de esta unidad, debido a que, si ya para conseguir las dos primeras tuve que enfrentarme en combate de subasta con temibles samurái, para este último –aparte de ser técnicamente inferior– el combate era claramente a muerte, y… deseaba poder escribir el artículo.

El manejo y los resultados

La experiencia de manejo es muy distinta entre la primera versión –con diafragma enteramente manual– o la segunda, con diafragma de preselección, siendo esta última una clara evolución, probablemente a partir de las sugerencias de los usuarios. En la primera, los aros de enfoque y de ajustes de diafragma, no solo son muy delgados y de tacto muy parecido, sino que además se encuentran muy próximos.

Ello, unido a la gran suavidad de acción del aro de ajuste de aberturas, hace el manejo bastante incómodo. Sin olvidar, naturalmente, que tendremos que enfocar a diafragma abierto, y luego, apartar la cara, perder el encuadre y proceder a cerrar el diafragma al valor deseado, puesto que no hay “clics” que nos orienten. Con la segunda versión, por el contrario, resulta fácil llevar una preselección –por ejemplo, a f/5,6 o f/8– y pasar con un leve giro de plena apertura a esa abertura preseleccionada.

En lo que se refiere a los resultados, os invitamos primero a visitar la galería siguiente.

Olympus Zuiko C. 1:3,5 f = 4 cm a f/3,5 © Valentín Sama
Olympus Zuiko C. 1:3,5 f = 4 cm a f/3,5 © Valentín Sama
Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/3,5 © Valentín Sama
Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/3,5 © Valentín Sama

A la plena apertura de f/3,5 se aprecia un discreto viñeteo que no resulta muy molesto e incluso se deja utilizar para dar un cierto dramatismo.

Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/8 © Valentín Sama
Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/8 © Valentín Sama

A valores de abertura de diafragma de entre f/8 y f/11 alcanzamos ya un rendimiento francamente decente y la respuesta cromática de este Zuiko resulta agradable sin que el cielo produzca flare excesivo que invada las sombras.

Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/11 © Valentín Sama
Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/11 © Valentín Sama

Para un objetivo “de época” no parece que pueda pedirse mucho más… lástima no haberlo podido probar sobre algún Kodachrome…

Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/5,6 Reencuadre © Valentín Sama
Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/5,6 Reencuadre © Valentín Sama

Tal como reflexionamos al final, el Zuiko 4 cm f/3,5 para Exakta se beneficia de un cierto recorte en el extremo horizontal, ya que estaba calculado inicialmente para 24×32 mm y no para 24×36 mm.

Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/3,5 © Valentín Sama
Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/3,5 © Valentín Sama

Sin ser ni mucho menos como “para tirar cohetes”, a f/3,5 todavía podemos jugar con un cierto enfoque selectivo, en este caso sobre los”nudos” de la parte inferior del árbol central.

Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/5,6 © Valentín Sama
Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/5,6 © Valentín Sama

La distancia mínima de enfoque, sin ser muy favorable, nos permite una cierta aproximación y la focal de 4 cm –lo más angular posible para las SLR de la época– nos ofrece una perspectiva interesante.

Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/11 © Valentín Sama
Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/11 © Valentín Sama

¿Cómo resistirse a esta suerte de “bodegón” ofrecido al natural por el Real Jardín Botánico de Madrid?

Olympus Zuiko C. 1:3,5 f = 4 cm a f/8 © Valentín Sama
Olympus Zuiko C. 1:3,5 f = 4 cm a f/8 © Valentín Sama

Para esta toma, “provocamos” intencionadamente a los sencillos revestimientos del Olympus Zuiko C. 4 cm a fin de hacer una clara aparición del flare. Pero nada dramático para encontrarnos en el entorno del año 1950.

Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/5,6 © Valentín Sama
Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/5,6 © Valentín Sama
Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/5,6, con recorte equivalente al formato 24 x 32 mm © Valentín Sama
Olympus Zuiko F.C. 1:3,5 f = 4 cm a f/5,6, con recorte equivalente al formato 24 x 32 mm © Valentín Sama

Una situación muy “chivata”, que nos permite ver lo ajustado de la cobertura de este objetivo para 24×36 mm, al estar calculado originalmente para 24×32 mm.

En conjunto, partiendo de la base de que estamos ante un objetivo de hace más de medio siglo y con un revestimiento antirreflejos muy sencillo, me atrevería a decir que ofrece un rendimiento más que satisfactorio. A su plena apertura de f/3,5 se aprecia un viñeteo muy discreto y progresivo, que puede utilizarse para acentuar determinadas tomas, mientras que ya para f/5,6 el rendimiento es bueno, siendo óptimo para f/8-11. El bokeh, no es extraordinario, pero tampoco espantoso…

Debido a los revestimientos mencionados, puede aparecer flare con luces en contra, pero rara vez reflejos internos múltiples, eso que ahora viene en llamarse “imágenes fantasma”. A ello ayuda el que se trata de un esquema clásico de tan solo cuatro lentes en tres grupos. Por su parte, la distorsión, en ligero barrilete, no es nada exagerada.

No es menos cierto que este raro Zuiko sufre un poco de lo que yo llamaría “La Maldición MacArthur”, por el general que supervisó la ocupación de Japón tras su derrota. El Olympus Zuiko C. –o F.C.– 4 cm f/3,5 estaba originalmente calculado para el formato de 24×32 mm que adoptaron varios fabricantes japoneses tras la guerra, una interesante proporción 4/3 que además permitía “sacar” 40 fotogramas de un rollo 135-36.

Pero muchos de los soldados norteamericanos de las fuerzas de ocupación, que compraban cámaras y películas en las tiendas de las bases se quejaban de que ese formato era incompatible con los marquitos Kodachrome… así que el General MacArthur tomó cartas en el asunto y “sugirió” a los fabricantes que cesasen en el empeño del formato 24×32 mm y se pasasen al 24×36 mm. Lástima, pues en mi opinión el 24×32 mm es de proporciones más armónicas.

Así, si observamos el rendimiento en las esquinas de estas imágenes y “recortamos” a una proporción de 1:1,33 o 3:4 (24×32 mm), veremos que la calidad de la imagen resultante…lo agradece.

En suma, un bello objetivo, más para coleccionar –por su rareza– que para utilizar, si bien con un cierto grado de aplicación por parte dle fotógrafo podemos sacar un buen partido a la estética “años cincuenta” que genera. Mediante adaptadores (2), puede emplearse sobre una buena parte de las cámaras mirrorless actuales, y por supuesto sobre las Exakta a las que iba destinado y también sobre la Topcon RE Super.


(1) Al parecer solo se fabricaron 500 unidades y debido a esa rareza figura en el libro “Exakta Obscurities”, un libro dedicado exclusivamente a las rarezas extremas de Exakta. ISBN 0-9689868-03 –tapas rígidas– y 0-9689868-1-1 –rústica–. La versión f/2,8 en montura de rosca para Leica, era de cinco lentes en lugar de cuatro.

(2) Para la prueba se ha utilizado una cámara digital full frame (24×36 mm) mediante adaptador puramente mecánico –sin lentes intermedias– y sin postproducción –salvo pixelado en una imagen–.

2 Comentarios

  1. No puedo estar más de acuerdo con tu apreciación sobre formatos y proporciones. 3:2 es una proporción, desde mi punto de vista, muy puñetera.

    Me cuesta mucho entender que en plena era del sensor digital, no existan cámaras orientadas a aprovechar el círculo de proyección en otros formatos, por ejemplo, cuadrado. O tal vez de 36×28, y que permitan diferentes recortes sin perder tanto círculo como sucede actualmente. Y esto es aplicable también para APS-C.

    Saludos

    • En los primeros tiempos del protocolo Cuatro Tercios, traté “de convencer” a los ingenieros creadores del mismo para desarrollar una cámara con sensor de formato cuadrado, ya que el citado protocolo fija la diagonal, pero no las proporciones del sensor. Ello hubiese permitido crear una cámara con una ergonomía única, ya que el paso a las distintas proporciones, así como al encuadre vertical u horizontal en su caso, se haría por botonería, sin tener que girar la cámara. Ello, tal como comento, hubiese permitido mucha creatividad en el diseño y accesibilidad de la cámara, siendo mucho más estable en la sujeción y más rápida en la operación, sobre todo, ahora, para aplicaciones de vídeo.

      La –cortés– respuesta de los responsables de diseño y marketing fue parecida a cuando les daba mi opinión acerca de que un sistema que se las diese de profesional debía incluir al menos un objetivo “Tilt & Shift” en su catálogo: mirar como se debe mirar a un marciano calvo cuando te dice “take me to your leader”.

      Hoy en día, con el casi monopolio en sensores por parte de Sony se entiende mejor: los fabricantes dependen enteramente de lo que decida fabricar Sony, y difícilmente pueden pedirle algo muy personalizado…salvo que se hable de volumen de producción y precio.

      Bien mirado, la situación no es tan distinta de cuando Kodak imponía sus formatos de película en rollo, con la salvedad de que –como el soporte era flexible y limitado fundamentalmente en el ancho más que en el largo– los fabricantes de cámaras podían crear sobre esos rollos “sus” formatos. Ello hizo posible, sobre los rollos 120 (¡no “120 mm”!), formatos desde el 6×6 cm hasta el 6×17 cm, incluyendo el bastante menos conocido 6×8 cm (Fuji y Mamiya). Otro ejemplo, y bien notable, sería el de la Hasselblad XPan, de doble formato sobre película para 35 mm.

      Por otro lado queda el –a mi modo de ver– casi ridículo empeño de los fabricantes de ofrecer los mismos tamaños / proporciones de sensor que los empleados en la fotografía fotoquímica tradicional –como el famoso “full frame” de 24x 36 mm– sin pensar que, por ejemplo en ese caso concreto, la “lógica” de la proporciones es más fruto del azar de tener que lidiar con lo disponible (2 x 18×24 mm) que de algo meditado desde cero. Saludos.

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