La comercialización en 1925 de la primera Leica producida en serie, la Leica I, Model A (1), supuso el pistoletazo de salida para la popularización del empleo de la película cinematográfica de 35 mm en cámaras fotográficas, en lo que pronto se llamó Kleinbildfotografie”, algo así como “fotografía con negativos de formato miniatura” o –dicho de otra forma– en formato original Leica o “KB”. Mientras la Leica evolucionaba hacia el primer modelo con óptica intercambiable en montura de rosca normalizada –la Leica I Model C de 1931–, un joven relojero de profesión había estado desarrollando, por su cuenta y riesgo, el prototipo de una cámara para esa barata y ya popular película de 35 mm, un aparato más osado, que aportase algo distinto a las Leica. Una pequeña pero valiente cámara que iniciaría la saga de las “Robot”: la Robot I, comercializada en 1934.

Robot I de 1934, dotada de un Carl Zeiss Tessar 3 cm f/3,5 © Albedo Media
Robot I de 1934, dotada de un Carl Zeiss Tessar 3 cm f/3,5 © Albedo Media

Hacia 1934, cuando se concibió la cámara, nadie pensaba que los robots fuesen las máquinas-herramienta que han llegado a ser ahora, sino artefactos antropomórficos, realizados en sólidos metales, más al estilo de “Robby”, de “Forbidden Planet”. La precampaña de lanzamiento de la cámara Robot fue probablemente una de las primeras de tipo “teaser”, ya que durante un tiempo apareció en los medios –impresos, naturalmente– ese robot en distintas poses, al tiempo que se anunciaba “la pronta llegada de un robot”, hasta que se desveló el secreto. La leyenda en la parte inferior reza: “La cámara [hecha] en acero”, y en la parte superior “El nuevo Robot”…

El Robot que simbolizó la marca durante muchos años. © Berning & Co.
El Robot que simbolizó la marca durante muchos años © Berning & Co.

Un inquieto y genial relojero

Si ya os estabais preguntando acerca de quién sería ese joven relojero que con 30 años se atrevía a retar al “concepto Leica” en su pleno esplendor, os puedo dar la primera pista: había nacido en Hungría en 1898. La segunda –y que debiera ser casi definitiva–, es que ya es un “viejo conocido” de los lectores de nuestro medio.

Frente al concepto original de Leica, basado en la película de 35 mm, que supuso un “antes y un después” en la fotografía de reportaje debido a la portabilidad de la cámara y al elevado número de fotogramas por carga, la cámara Robot añadió elementos clave muy determinantes: rápido avance de la película mediante un motor a resorte, menor tamaño y mayor número de fotogramas por carga: hasta 50. Esto último se conseguía debido a que se descartaba seguir tanto el tamaño de fotograma cinematográfico de 18 x 24 mm, como el 24 x 36 mm de la Leica: se optaba por un hoy en día aún muy insólito “full frame” de 24 x 24 mm (2), un formato cuadrado sobre película de 35 mm.

Heinz Kilfitt, en un posado oficial de cuando mantenía relaciones con Metz, si observamos bien los gemelos de los puños de la camisa. © Kilfitt
Heinz Kilfitt, en un posado oficial de cuando mantenía relaciones con Metz, si observamos bien los gemelos de los puños de la camisa © Kilfitt

Antes de seguir con la descripción detallada de la Robot I, conviene saber que Heinz Kilfitt –ése es nuestro relojero– no lo tuvo fácil para conseguir poner en el mercado su Robot –hasta el nombre era muy atrevido en esos años– y pienso que la historia es bonita, pues os puedo adelantar que la puesta en producción de la cámara se consiguió –en parte– merced a la ayuda de… ¡un fabricante de lavadoras! (3)

Anuncio de época de las lavadoras "Ronde" de Berning © Berning
Anuncio de época de las lavadoras “Ronde” de Berning © Berning

Tras emplear cinco años en el desarrollo de su prototipo, Kilfitt se acercó –hacia 1931– a firmas tan poderosas entonces como Agfa y la división germana de Kodak –tendréis que entender que no se pasase por Leitz– a fin de ofrecerles su prototipo para una eventual producción en serie, ya que el joven Heinz carecía de capital. La respuesta fue negativa (4), y lo que no he podido conocer es la historia de cómo se encontraron Heinz Kilfitt y Hans Heinrich Berning, un hombre de negocios, si bien aún más joven que Heinz, ya que solo tenía, a la sazón, 23 años.

“Un pequeño capital”

A ese encuentro, se sumaba una afortunada circunstancia: al terminar sus estudios en la Universidad, Hans Heinrich Berning había recibido de su padre “un pequeño capital” para que iniciase su propia vida. El padre de Hans H. no era otro que Otto Berning, un importante industrial alemán especializado en aparatos domésticos y entre ellos unas lavadoras, muy avanzadas para la época (5). Así, a los dos Berning les atrae el proyecto de Kilfitt, y para 1932 la decisión se ha tomado: por cuestiones legales germanas de la época, se estima conveniente crear la nueva sociedad como una filial, bajo el manto de la matriz de Otto Berning, y así será la compañía “Otto Berning & Co” la que emprenderá la producción de la Robot. Y parece importante hacer constar que Hans H. Berning no fue un mero socio capitalista, pues fue de él de quien partió la ida de que la Robot fuese una cámara motorizada, ya que el prototipo inicial no lo era (6), si bien ya incorporaba la novedad del tamaño de fotograma de 24 x 24 mm y el pequeño tamaño de su cuerpo, un original visor y otros avances.

Totalmente construida en acero, la Robot es compacta y muy densa. La sensación de solidez se corresponde con la robustez, y la estética es ciertamente atractiva © Albedo Media
Totalmente construida en acero, la Robot es compacta y muy densa. La sensación de solidez se corresponde con la robustez, y la estética es ciertamente atractiva © Albedo Media

El taller y las oficinas de diseño se montan en Düsseldorf, con Heinz Kilfitt, Hans H. Berning y Franz Horth –mecánico– a los mandos. No mucho después se les suma el hijo de este último, un ingeniero que trabajó para la firma largos años… quizá más que Kilfitt, que era más bien inquieto y pronto emprendió nuevos proyectos personales.

Robot I: una genial mecánica de relojería

La mecánica y el concepto general de la Robot eran rompedores en la época y siguen siendo atrevidos hoy día, y si tenemos la paciencia de estudiar la patente, veremos que todo estaba dirigido a crear una cámara más pequeña, más rápida, más eficaz y elaborada con mejores materiales que los empleados por la “competencia en 35 mm” de la época. Y además, el tipo de construcción –derivado del propio diseño– permitía hacerla más barata. Así, por ejemplo, una Robot costaba 175 RM frente a los 275 RM de una Leica del mismo año (7). Y todo giraba… en torno a un obturador circular. Y era esa misma clase de obturador la que hacía que la Robot pudiese ser una cámara motorizada –de hasta 4 fps– (8) y de alguna manera demandaba que el fotograma fuese cuadrado, otra de las virtudes de la Robot… siempre que se quiera ver así.

Los obturadores circulares “heredan” su tecnología de los de las cámaras cinematográficas, y tienen la enorme virtud de que –en principio– no tienen por qué seguir un movimiento alternativo de “va y ven” para cada exposición –no tienen que ser remontados– sino que estrían listos para un nuevo disparo tan pronto han realizado el anterior, y se entiende claramente que ello es clave para cámaras cinematográficas, que tradicionalmente –al menos– deben alcanzar 18 o 24 fps. En los obturadores circulares, una suerte de “pizza” a la que faltan ya unas raciones, gira frente al fotograma a exponer: cada vez que “los bocados” que faltan pasa por delante de la ventanilla del fotograma se produce la exposición, cuya duración dependerá del tiempo que el mecanismo correspondiente “entretenga” frente al fotograma la porción de disco faltante. Sencillo, ¿no es eso? Ese tipo de movimiento circular permite operar a altas secuencias de fps.

Esquema del obturador circular de la SLR para medio formato Olympus PEN-FT original © Albedo Media
Esquema del obturador circular de la SLR para medio formato Olympus PEN-FT original © Albedo Media

En el esquema de arriba, podemos ver el principio de operación del obturador circular de la réflex monocular Olympus PEN-FT original para fotogramas de 18 x 24 mm. Pronto se intuye que existe una relación física inexcusable entre el tamaño del fotograma a “descubrir” en cada exposición y el diámetro del disco del obturador… y, por ende, del tamaño de la cámara. Dicho de otra forma: una cámara con obturador circular para el fotograma “KB” original Leica, de 24 x 36 mm, obedecería a unas dimensiones muy grandes, y por tanto… ¡ya sabemos por qué para la Robot se optó por el rompedor formato de 24 x 24 mm! Y, además, puesto que Heinz Kilffit buscaba velocidad, algo que no ofrecía la Leica, también era necesario avanzar la película con rapidez, y se tarda menos en arrastrar un fotograma de 24 x 24 mm que uno de 24 x 36 mm.

En este esquema, se aprecia el disco obturador, con un "recorte" que tiene casi la misma forma y tamaño del fotograma. Atención a las flechas que indican la dirección de giro... © Berning & Co
En este esquema, se aprecia el disco obturador, con un “recorte” que tiene casi la misma forma y tamaño del fotograma. Atención a las flechas que indican la dirección de giro… © Berning & Co

Ahora bien, si estudiamos muy de cerca el funcionamiento del obturador de la Robot I, veremos que este es muy atípico para uno circular: tras el disparo, y a través de la misma acción mecánica del avance de la película, el disco del obturador gira hacia atrás. Es de suponer que solo Kilfitt y quizá Franz Horth conocieran las razones para ello. Leyendo todo el texto de la patente –aparte de dejarnos los ojos en la tarea– se puede llegar a entenderlas –desde la marca nº 35–, pero pienso que todo tiene que ver con ahorrar espacio y ofrecer fiabilidad a buen precio.

Un cuentafotos propio… de un relojero

El cuentafotos de la Robot I no tiene nada que ver con cualquier otro cuentafotos que podamos haber conocido y ello por su particular mecánica. A fin de reflejarlo de una forma muy visual, hemos creado la siguiente animación, que corre desde el fotograma Nº1 al Nº24, que es el límite del resorte de la Robot I. Al principio hemos disparado a un ritmo no muy rápido para pasar a 2 fps a mitad de recorrido y ralentizar un poco al final: ¡disfrutad!

Atentos al "juego de relojería" del cuentafotos de la Robot I. © Albedo Media
Atentos al “juego de relojería” del cuentafotos de la Robot I. © Albedo Media

Robot I: a los mandos

La Robot I era intencionadamente muy sencilla en lo que a mandos se refiere, y así, en la parte frontal encontramos el selector de tiempos de obturación, con los valores de 1/500 s, 1/300 s, 1/100 s, 1/50 s, 1/20 s, 1/10 s, 1/5 s, 1/2 s, 1 s y “T”. Junto este selector, se sitúa una misteriosa palanquita, cuya función pronto desvelaré. En la parte superior, además del cuentafotos, a la derecha, la parte central del panel la ocupa el gran mando para “dar cuerda” al sistema de avance y disparo, así como el disparador, dotado de un original sistema de bloqueo, por medio de un aro en cuña, concéntrico al mando de armado. Y al extremo izquierdo, el visor, que –por su parte y como veremos– exhibe algunas habilidades especiales. El ajuste de valores de abertura de diafragma era solidario de cada objetivo. ¿Y la palanca de rebobinado? Muy sencillo: no hay rebobinado.

Con el Hugo Meyer-Görlitz Primotar 3 cm f/3,5, la Robot I es el conjunto más compacto. Podemos observar el dial para tiempos de obturación sobre el cuerpo de la cámara y el sistema de codificación por colores de la escala de distancias, © Albedo Media
Con el Hugo Meyer-Görlitz Primotar 3 cm f/3,5, la Robot I es el conjunto más compacto. Podemos observar el dial para tiempos de obturación sobre el cuerpo de la cámara y el sistema de codificación por colores de la escala de distancias © Albedo Media

De chasis a chasis

En los primeros años del empleo de la película cinematográfica de 35 mm en las nuevas cámaras de formato miniatura –Leica, Contax, Robot, etc.– los fabricantes de película todavía no habían desarrollado el chasis precargado de fábrica, lo que haría Kodak algo más tarde con su formato 135. Por tanto, los usuarios debían cargar en la oscuridad los chasis de modelo propietario de cada fabricante de cámaras. Y Heinz Kilfitt optó por un sistema de dos chasis gemelos: uno “emisor” y otro “receptor”. Al eliminar el rebobinado, se prescindía de delicados embragues, al tiempo que se ahorraban espacio y piezas. En esta Robot inicial, los chasis son del modelo “K” y muy cotizados por su escasez. Y ojo: la cámara no puede funcionar sin ellos.

Los chasis "K" son –en cierta forma– parte integrante de la cámara. © Albedo Media
Los chasis “K” son –en cierta forma– parte integrante de la cámara © Albedo Media
Los chasis "K" para película de 35 mm a granel, son –en cierta forma– parte integrante de la cámara. Una vez retirados, podemos ver las pestañas para al apertura una vez cerrado el dorso © Albedo Media
Los chasis “K” para película de 35 mm a granel, son –en cierta forma– parte integrante de la cámara. Una vez retirados, podemos ver las pestañas para la apertura una vez cerrado el dorso © Albedo Media

Los chasis “K”, son bastante sofisticados, ya que incorporan unas pestañas que –al cerrarse el dorso de la cámara– se presionan, y abren los labios por los que discurre la película, haciendo que ésta discurra sin roces, y además con mucha menor resistencia: de nuevo aquí la palabra clave es ¡velocidad! Por su parte, como podemos ver por la animación de más abajo, la rueda dentada para el avance de la película es también realmente original: con una de sus caras plana, en la posición de reposo, eleva su parte redondeada para una mejor tracción durante el arrastre.

Original rueda de arrastre de la película en la Robot I. Si somos observadores, veremos que los "dientes" tienen un perfil distinto en la parte redondeada y en la parte plana © Albedo Media
Original rueda de arrastre de la película en la Robot I. Si somos observadores, veremos que los “dientes” tienen un perfil distinto en la parte redondeada y en la parte plana © Albedo Media

Dispositivos ingeniosos

En los años de los que hablamos –en torno a 1934– las películas en blanco y negro disponibles no se caracterizaban por ofrecer un pancromatismo tan fiel como el de la actuales (9), por lo que, para una buena separación tonal, sobre todo para la reproducción correcta de cielos azules con nubes, follaje o tonos de piel resultaba casi imprescindible emplear sobre el objetivo un filtro amarillo o amarillo-verdoso. Pero, tal como figuraba en los folletos de las Robot, el filtro se podía perder u olvidar y por tanto Kilfitt pensó: ¿por qué no incorporarlo en el cuerpo de la cámara y que valga para todos los objetivos? Dicho y hecho: bajando la palanquita ubicada junto al selector de tiempos de obturación, ¡se intercala automáticamente un filtro amarillo verdoso ubicado justo tras el obturador!

Claro que habrá que tener en cuenta el factor de prolongación de la exposición por la absorción del filtro. ¿Y si se nos olvida? Ningún problema: al actuar sobre la palanquita de inserción del filtro, se cambia automáticamente un paso el tiempo de obturación. El amigo Kilfitt –que para eso era relojero– lo tenía todo previsto y “todo realizado mecánicamente”.

El visor, por su parte, es óptico, ajustado para la focal base suministrada, de 30 mm, equivalente aproximadamente a un 35 mm “para paso universal”. Pero su particularidad es que podemos girarlo 90 grados y de esa forma fotografiar en ángulo recto, “de forma disimulada”, para mayor espontaneidad en determinados sujetos, como por ejemplo niños jugando (10). Una vez girado, la imagen se tiñe de un bonito tono azulado, según la firma, “para un mayor contraste”.

Las ópticas

Los objetivos previstos inicialmente eran los siguientes –entre paréntesis, las focales “equivalentes” aproximadas para el formato de fotograma de 24 x 24 mm–:

  • Carl Zeiss Jena Tessar 3 cm f/3,5 (35 mm)
  • Carl Zeiss Jena Tessar 3 cm f/2,8 (35 mm)
  • Hugo Meyer Görlitz Primotar 3 cm f/3,5 (35 mm)
  • Hugo Meyer Görlitz Trioplan 30 mm f/2,8 (35 mm)
  • Hugo Meyer Görlitz Tele-Megor 5 cm f/5,5 (75 mm)
  • Hugo Meyer Görlitz Tele-Megor 60 mm f/5,5 (90 mm)
  • Schneider Tele-Xenar 5 cm f/5,5 (75 mm)

Lógicamente había diferencias de precio, según fabricante y luminosidad. Puesto que los visores no eran intercambiables en este modelo y tampoco se dispone de zapata portaaccesorios, es de suponer que existió una mascarilla reductora para el visor, a fin de poder emplear los “teles” miniatura de 5 cm o 6 cm de focal.

La Robot I junto con las ópticas más populares presentadas simultáneamente al inicio: de izquierda a derecha: Hugo Meyer-Görlitz Primotar 3 cm f/3,5; Carl Zeiss Tessar 3 cm f/2,8; sobre la cámara Carl Zeiss Tessar 3 cm f/3,5 y a la derecha el tele –sí un tele!– Schneider-Kreuznach Tele-Xenar 5,5 cm f/5,5 © Albedo Media
La Robot I junto con las ópticas más populares presentadas simultáneamente al inicio: de izquierda a derecha: Hugo Meyer-Görlitz Primotar 3 cm f/3,5; Carl Zeiss Tessar 3 cm f/2,8; sobre la cámara Carl Zeiss Tessar 3 cm f/3,5 y a la derecha el tele –¡sí, un tele!– Schneider-Kreuznach Tele-Xenar 5,5 cm f/5,5 © Albedo Media

Puede considerarse un handicap de las Robot respecto a las Leica el que careciesen de telémetro –hasta 1953–. Pero el concepto original era ofrecer la máxima rapidez de operación, y así las Robot confiaban el enfoque a dos argumentos: por un lado, la gran profundidad de campo inherente a las cortas focales necesarias para la diagonal de su formato 24 x 24 mm, y por otro un original sistema de codificación por colores de las marcas para valores de diafragma y distancia de enfoque, que nos permite ajustar rápidamente los objetivos “a hiperfocal”.

Si ajustamos el diafragma –por ejemplo– a f/5,6, observaremos que el valor está marcado en amarillo...
Si ajustamos el diafragma –por ejemplo– a f/5,6, observaremos que el valor está marcado en amarillo… © Albedo Media
Si ajustamos la distancia para el valor de metros en amarillo, tendremos la hiperfocal para esa abertura. Para mayor facilidad de uso, todas las distancias tienen encaje por "clic" © Albedo Media
Si ajustamos la distancia para el valor de metros en amarillo, tendremos la hiperfocal para esa abertura. En este caso con profundidad de campo de 3 m a infinito. Para mayor facilidad de uso, todas las distancias tienen encaje por “clic” © Albedo Media
La Robot I era una valiente alternativa a la Leica III: mas pequeña, más rápida, mejor construida, más económica... y motorizada. El tono cálido de las partes metálicas de la Leica III se debe a su acabado en níquel © Albedo Media
La Robot I era una valiente alternativa a la Leica III: más pequeña, más rápida, mejor construida, más económica… y motorizada. El tono cálido de las partes metálicas de la Leica III se debe a su acabado en níquel © Albedo Media

Construcción y técnica

Desde un principio, los responsables del desarrollo de la primera Robot pusieron énfasis no solo en sus características únicas, sino en que su construcción estuviese bastante por encima en calidad de la de las Leica de época con las que –de una forma u otra– competía. Así, se optó por un cuerpo en acero inoxidable, frente al latón de las Leica (11), y con las partes externas, bien cromadas en lugar de niqueladas, bien, en su caso, en un fino acero bruñido en lugar de simplemente pintadas de negro. Todas las partes y mecanismos internos son especialmente robustos y –se dice– de más fácil acceso de cara a su mantenimiento. Todo ello repercute en que cuando tomamos una Robot I en nuestras manos su densidad nos resulta altísima: para unas muy reducidas dimensiones de 108 x 65 x 47 mm, el peso, lista para el uso, cargada con película, es de 600 g. Lejos de ser un inconveniente, ofrece una sensación de enorme robustez.

Pienso que a Karel Capek, creador de la palabra "robot" en su obra de teatro R.U.R. de 1920, le hubiese gustado... ¡la Robot I! © Valentin Sama
Pienso que a Karel Capek, creador de la palabra “robot” en su obra de teatro R.U.R. de 1920, le hubiese gustado… ¡la Robot I! © Valentín Sama

El resto de la historia

Como veremos en próximos artículos, la Robot I fue el origen de una larga y muy interesante saga de modelos, pero Heinz Kilfitt –tras dejar lista para su comercialización la Robot II en 1938– siguió su propio camino, desarrollando los primeros objetivos macro –los Makro Kilar– así como la original réflex monocular “Mecaflex”. A partir de ese momento, la compañía pasó a llamarse “Robot-Berning & Co.”

Los más observadores notarán que en el logotipo de ROBOT dos ojos de robot les vigilan... © Albedo Media
Los más observadores notarán que en el logotipo de ROBOT dos ojos de robot les vigilan… © Albedo Media

(1) Sigo la nomenclatura de Dennis Laney en su “Leica Collectors Guide” (ISBN 1-874707-00-6)

(2) Como podéis imaginar empleo aquí lo de “full frame” como pequeña provocación. Para mí, referirme al 24 x 36 mm como full frame sería como referirme a las albóndigas como “almóndigas”

(3) No puedo dejar de pensar si Hans Heinrich Berning no se volcaría en apoyar financieramente el proyecto de Kilfitt al asociar subliminalmente el obturador rotativo del obturador de la Robot con los sistemas rotativos de sus lavadoras.

(4) Hay que tener en cuenta que por esas fechas Zeiss Ikon estaba ya “liada” con su Contax (1932), Kodak estaba a punto de lanzar sus Retina (1934) y Agfa desarrollando sus Karat (1937)

(5) Desde luego, en España, no todo el mundo tuvo tan pronto acceso a una lavadora automática en su casa. En la nuestra no entró hasta 1962 aproximadamente.

(6) Coexistieron, por breve tiempo, el modelo sin arrastre motorizado y el dotado del mismo, y de hecho durante un tiempo se habló de Robot I y Robot II, si bien con el tiempo la denominación de Robot I quedó para el modelo al que hace referencia este artículo.

(7) Como referencia, el sueldo por hora de un trabajador se situaba en el entorno de aproximadamente 0,60 RM –291 horas y 458 horas de trabajo, por tanto, respectivamente–. Uno de los primeros rollos 135-36 de película Perutz, costaba 2,10 RM. Se entiende también, que el mayor número de fotogramas por largo de película que ofrecía la Robot podía suponer una ventaja económica adicional.

(8) Las Robot I no hacen fotografías en secuencia: tras apretar el disparador –al liberarlo– el mecanismo de resorte avanza un fotograma y arma el obturador. La cámara queda lista para el siguiente disparo y por tanto el número de fotogramas por segundo depende de… la agilidad de nuestro dedo.

(9) Aún hoy en día, las mejores películas pancromáticas siguen adoleciendo de una cierta excesiva sensibilidad al azul, y se benefician –también– del uso de un filtro amarillo (Wratten Nº12)

(10) Naturalmente, también para otros planteamientos menos ingenuos, entre los que figura el uso de cámaras en combate fotografiando en esquinas.

(11) El “cuerpo” de las Leica de la época es –básicamente– un tubo de latón aplastado en una prensa para darle la forma oblonga. Hasta el modelo Leica IIIC (1940) no se empleó un cuerpo más sólido, de aleación fundida, lo que resolvió el problema –con determinados objetivos– de falta de rigidez del cuerpo.

11 Comentarios

  1. Si llega a tener fotómetro (al menos de selenio), es que ya sería la repera. ¡Y sin pilas! Como las Olympus Pen EE -hasta la 3- y Trip 35. Pero permitiendo csmbio de objetivos y controlar abertura, velocidad… y con arrastre completamente mecánico y automático… ¡y sin pilas!

    Vamos, rizando el rizo. Y apareciendo como unos 40-50 años antes que las Olympus. Casi nada.

    • Vemos que parece ser que le ha gustado la pequeña Robot I. La próxima semana podrá leer la segunda parte de esta saga de las Robot. Gran cámara, la Trip-35 de Olympus, ahora cámara casi de culto. No obstante, los diseñadores y fabricantes tenían una dificultad a la hora de incorporar a sus cámaras exposímetros de selenio: para ser operativos necesitaban poder presentar a la luz una superficie considerable, que permitiese generar un efecto fotovoltaico suficiente. Por eso, alguno fabricantes encontraron la panacea de colocar la célula de selenio en torno al objetivo, tras el ya tradicional panel de lentículas condensadoras. Quizá por mucho que se hubiese empeñado nuestro amigo Kilfitt en “buscarle sitio” en la Robot I no lo hubiese conseguido…¡o quizá sí!

      • Me ha encantado la Robot, la verdad es que sí. Un poco compleja por el tema de sus chasis, pero eso también era de todas las cámaras hasta la estandarización de formatos de carrete como el 135.

        Lo que explica de los captores fotovoltaicos de los fotómetros de selenio no lo había leído ni pensado. En estas Olympus y algunas otras cámaras van en torno al objetivo. Pero por lo que dice, así me explico la ventana de tamaño considerable para el fotómetro que llevan otras cámaras. Algunas, creo recordar de Agfa, hasta con una trampilla metálica más o menos integrada en el diseño para evitar el desgaste del selenio por exposición a la luz mientras la cámara no se usa.

        • En efecto, Alejandro. Y además, esas trampillas en ocasiones incorporaban unas muy pequeñas ventanas, que permitían ofrecer dos rangos distintos de medición, uno para sol fuerte y otro para baja intensidad, tal como días muy nublados, interiores, etc. El doble rango se indicaba, bien mediante escalas de colores, bien se ajustaba mediante un pequeño conmutador en la misma tapa, según la sofisticación de modelo.

  2. Estupendo y completísimo artículo sobre estas cámaras bastante desconocidas en nuestro país, no sé si se comercializaron en los 50/60. !Lástima!
    Espero conocer más sobre los distintos modelos en las próximas entregas. Tengo una curiosidad añadida, ¿Andan los pequeños Robots?
    Muchas gracias D. Valentín.

    • Hola Justo, ignoro si las Robot se comercializaron en España en los años que dices, pero más tarde desde luego sí, pues me consta que la Guardia Civil las empleó, y en una ocasión, hace unos 25 años, un mayorista –no recuerdo ahora su nombre– se encargó de dar servicio técnico a dos unidades mías, a un precio, todo sea dicho, escandalosamente caro. El próximo lunes 03/07 tendrás la próxima entrega y el 10/07 la siguiente. Espero que te gusten y agradezco tus amables palabras hacia este primer artículo. Y puedo satisfacer tu curiosidad: los pequeños Robot caminan gracias a su motor de resorte. De hecho, “ajusté” en varios de sus ciclos de caminar el agotamiento del resorte hasta provocar esa pequeña inclinación “de interés” de cada uno. Ahora bien, caminan por muy corto recorrido y de forma tan…patética, que resulta casi entrañable. Saludos.

    • Hola de nuevo, Justo. Hemos investigado un poco, y personas expertas nos han comentado que las cámaras Robot fueron distribuidas inicialmente en España por Pablo Wehrli, y más tarde por “Carril” (Casa Carril), especializada en concursos para Ministerios, Fuerzas Armadas, DGT, etc. Saludos

  3. Hola Valentín, curioso que tuviera tan cerca las Robot y no me hubiera enterado. Resulta, que Casa Carril tenía sus almacenes en la calle Raimundo Lulio y la tienda principal en la calle Luchana 23/25. Yo vivía a menos de 50 m. en la calle Garcilaso, pero en aquella época mi interés por las cámaras no era tan fuerte, además de tener recursos económicos limitados.
    Saludos

    • Es cierto, Justo. Casa Carril, aunque con tienda física, estaba especializada en “concursos” para compra de material. El tema de los “concursos” es uno de los más particulares que he vivido como profesor de Universidad. La cosa más o menos, muy simplificada, es así: con el fin de evitar compras a dedo y posibles comisiones a favor del propietario del “dedo”, solo se podía comprar material de cierta entidad, a través de un concurso. Por supuesto, hecha la ley hecha la trampa: el secreto estaba en describir el material de forma general, pero por otra, de tal manera que solo un tipo de material encajase en la descripción. Por ejemplo: “ampliadora con columna en arco, con sistema de condensación ajustable para formatos entre película de 35 mm y formato 6×9 cm”. Vamos dicho de otra forma: Besseler 23 CII que es la única que encaja en la descripción. Algunos –no todos– de los astutos proveedores que se presentaban a concursos hacían ingeniería inversa, y así por ejemplo, si ponías simplemente “cámara réflex para formato medio en 6×6 cm”, pues cuando se llevaban el concurso, te llegaba la cámara, sí, pero sin visor, chasis para película ni objetivo. Y la cosa te salía finalmente por un ojo de la cara. Lo más curioso es que ese sistema tan “inteligente” –además de existir mecanismos para saber perfectamente quien se iba a llevar el concurso– te salía carísimo. Pongo un ejemplo: para comprar los equipos de iluminación –flashes, luz continua, etc.– para una nueva asignatura, la cosa tuvo que salir a concurso, cuando por negociación directa con un famoso fabricante de equipos suizo, hubiese costado algo menos de la mitad, ya que tenían esas ofertas para centros de enseñanza. Nada de qué asombrarnos si vemos el día a día actual y cómo se dilapida o roba directamente el dinero de los contribuyentes.

  4. ROBOT EN EL COSMO CAIXA:

    Buenas Valentín acabo de estar en el Museo del Cosmo Caixa BCN y hay una exposición sobre los ROBOTS, su historia , desarrollo y ahí tienes en una vitrina una Robot, la cual me fue presentada por un ROBOT (CHARLES por nombre); el mensaje de voz dice que la misma “es una cámara de fotos, con autoavance de la película y auto enfoque”.

    Según el ROBOT la cámara Robot era en términos de marqueting un ROBOT en toda ley. Compartiendo mesa y mantel con los ROBOTS de las fuerzas de seguridad o con el enviado a Marte (curiosity). Si estas interesado en el video grabado házmelo saber.

    Felices Fiestas Valentín.

    • Muy interesante lo de la Robot, Luís… supongo que con lo de “auto enfoque” se referirían al enfoque manual –a hiperfocal– por codificación de colores Objetivo Roboten relación a los que figuran en el aro de ajustes de abertura de diafragma.
      Estaría encantado de recibir ese vídeo por privado…
      Felices y robóticas fiestas, Luís

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