Este viernes se estrena la nueva de los Hermanos Coen, y eso para los que amamos el cine artesanalmente bien hecho, sea del palo que sea, siempre es una buenísima noticia. Si encima, el producto resultante de dicha nueva es de la calidad de ¡Ave, César!, entonces ya… Porque voy a decirlo así, antes que otra cosa y sin «peros», ¡Ave, César! es una buena película, una muy buena película. Artesanalmente, y en «lo otro».

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Josh Brolin interpreta a Eddie Mannix, único personaje del filme que existió en la vida real, y protagonista absoluto de esta historia tan coral. © Touchstone Pictures, Mike Zoss Productions, Working Title Films

La cinta -siempre las llamo “cintas” y ya no lo son; aunque ésta sí, amigos, 35 mm– en realidad se estrenó, fuera de concurso, como película inaugural del Festival de Berlín, el jueves de la semana pasada. Pero llega a salas comerciales hoy, en estreno internacional.

Y su argumento se cuenta rápido, como todo buen argumento: En el Hollywood de 1951, la major Capitol Studios rueda una superproducción en la que se lo juega todo. Se trata de un peplum sobre la vida de Cristo, protagonizado por Baird Whitlock (Clooney), la estrella más grande con la que cuenta la plantilla de la compañía. Eddie Mannix (Brolin), que trabaja para Capitol como mediador, velando por proteger los escándalos de los artistas de los estudios de cara a los medios, tendrá que solucionar un enorme embrollo, una vez que Whitlock sea secuestrado durante una pausa del rodaje por una organización secreta llamada El Futuro.

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El secuestro de George Clooney desata el frega’o en el que se ven envueltos los personajes de ¡Ave, César! (Hail, Caesar! Joel & Ethan Coen, 2016) © Touchstone Pictures, Mike Zoss Productions, Working Title Films

Espolvoreados sobre esta trama principal, los acontecimientos del resto de tramas secundarias nos irán presentando a la habitual patulea de personajes Made in Coen, cargaditos de abulia, desdén y excentricidad cotidiana. Un catálogo de caricaturas que incluirán a Burt Gurney, una emergente y nada viril estrella del music-hall, suerte de Gene Kelly, interpretada por el últimamente muy requerido Channing Tatum; DeeAnna Moran, el joven mito sexual de los musicales acuáticos tipo Esther Williams, pura dulzura en la pantalla, densa irascibilidad en la vida real, impecablemente interpretado por Scarlett Johansson; o Hobie Doyle, el mal actor de westerns con voz de ángel, que se casca polkas entre disparos, en plan Roy Rodgers. A éste último ingenuo y cándido son of the pionners lo interpreta el actor Alden Ehrenreich, cuyo trabajo ha supuesto para mí ha sido la mayor sorpresa de un filme cargado de ellas.

Háganse cargo de que 1951 todavía está dentro de lo que muchas veces se ha dado en llamar el Hollywood de Los Grandes Estudios. Esta tesitura, da pie para hacer un buen repaso de los géneros troncales que se tocaban en el cine de los USA del buenrollismo del american way of life en su máximo esplendor. Y también a que los dadaístas ordenados de Joel y Ethan puedan hacer eso que hacen tan bien, que es rendir homenaje al mismo tiempo que se parodia y pisotea.

Los Coen son escritores rigurosos, que han reconocido en más de una ocasión que primero establecen una estructura sólida, y luego ya se ponen con el guión propiamente dicho, obligándose a cumplirla a rajatabla. De esta manera, la diégesis de ¡Ave, César! teje una trama de secuestros con lavado de cerebro, paranoia política, chantajes a la dignidad, dialéctica de andar por casa y noire puro y duro; una trama férrea al tiempo que prístina, mezclada con comedia de la fina y de la gruesa, de la leve y la rotunda, en un juego que podría tomar como elemento de inspiración El Juego de Hollywood (The Player. Robert Altman, 1992), para llevar la idea tres pueblos más allá.

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La presentación de cada personaje importante del filme, se lleva a cabo mediante un fragmento, entre el homenaje y la parodia, en la clave de los géneros más punteros del Hollywood de Los Grandes Estudios © Touchstone Pictures, Mike Zoss Productions, Working Title Films

En Hail, Caesar! -que se llama en V.O.- Los Coen no optan por la fórmula detectivesca elegida en El Gran Lebowski (The Big Lebowski, 1998), calcada estructuralmente de El Sueño Eterno (The Big Sleep. Howard Hawks, 1946), donde los voluntarios laberintos en los que se mete el guión jamás llegan a despejarse con claridad, por mor del lucimiento del atractivo de los personajes. No optan por esa fórmula, pero sí aprovechan –amén de dedicar guiños en toda regla– todo ese atractivo referido, siendo cada personaje de ¡Ave, César! un mundo entero, aunque no hable.

Tampoco es un crimen resuelto, con final feliz o fatal, que narre con explicitud milimétrica el devenir de los acontecimientos, a la par que los pensamientos del espectador en un preciso mecanismo de tenso suspense, tal como lo era No es país para viejos (No country for old men, 2007). Aquí se opta por la fórmula de la sencillez y la concreción, estirando una trama que podría despacharse en diez minutos, para luego deleitarse en la locura y el desparrame propio de sus comedias más locas –con la eterna excepción de su astracanada cartooniana Arizona Baby (Raising Arizona, 1987), que a locurón no hay quien la gane–.

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De izqda. a drcha. y de arriba a abajo: la estrella de «lentejuela western», venido del pueblo, Hobie Doyle (interpretado por Alden Ehrenreich), charlando con el talentoso director de cine, venido de Europa, Laurence Laurentz (Ralph Fiennes); Scarlett Johansson como la virginal starlette de musicales acuáticos DeeAnna Moran, femme-fatale en su vida privada; Burt Gurney (Channing Tatum) y sus muchachos, rodando una escena; y la periodista de sociedad, experta en cotilleos, Thessaly Thacker (Tilda Swinton). Personajes peculiares made in Coen para dar y tomar © Touchstone Pictures, Mike Zoss Productions, Working Title Films

Vamos que, en su formalidad parece algo sui generis dentro de la filmografía de los brodas, pero en un desglose sin pormenorizar demasiado se descubre un compendio de prácticamente todos sus filmes. No toma el mismo carril de ningún título anterior, y al mismo tiempo tiene un poco de todo. Desde luego tiene mucho de Barton Fink (Barton Fink, 1991), aunque sin duda los personajes pertenecen más al ambiente vital de El Gran Salto (The Hudsucker Proxy. Co-dirigida con Sam Raimi uncredited, 1994), y el tono sea sin duda el de Crueldad Intolerable (Intolerable Cruelty, 2003), mezclado puntualmente con los paroxismos de El hombre que nunca estuvo allí (The Man Who Wasn’t There, 2001) y O Brother! (O Brother, Where Art Thou?, 2000).

Y voy a parar ya, que parece mentira que sea uno quien ande, diciendo por ahí, que es de mala gente comparar a los directores consigo mismos a la hora de valorar una peli. Eso sí, zanjando ya, voy a echarle valor y decirlo de una vez, así públicamente y dejándolo por escrito: Los Coen no tienen ninguna película que pueda ser considerada como “menor”; y de tener alguna, irrebatiblemente sería Ladykillers (2004). ¡Puffff, qué de «cinefilucho arrogante» que me he puesto!, casi a la altura del fútbol.

FRANCES MCDORMAND is film editor C.C. Calhoun in "Hail, Caesar!." Four-time Oscar?-winning filmmakers Joel and Ethan Coen produce and direct the all-star comedy set during the latter years of Hollywood?s Golden Age.
¡No podía faltar! La excepcional Frances McDormand interpreta en ¡Ave, César! a la montadora C.C. Calhoun © Touchstone Pictures, Mike Zoss Productions, Working Title Films

Volviendo a este plano astral, nuestros queridos hermanos vuelven a desarrollar con soltura y eficacia, haciendo cine del bueno, del que es mejor que el pladur, para poder hacer su “poco de todo” que siempre habrán querido, al tiempo que se cascan una comedia fresquísima y clásica al mismo tiempo, lo justo enrevesada, tan ágil como siempre, donde el éxito como estrella tiene que ver con el futuro (nuestro presente), donde la típica paranoia anticomunista de la Guerra Fría queda echada por tierra sin cascos con pelliza ni bayonetas, y donde el tema a desarrollar –el encubrimiento de los vicios públicos para preservar la dignidad, ante la misma gente que nos la otorga- sigue, desgraciadamente, muy vigente en nuestros días de Dios. Guión de acero, permeable al recreo, apostando con secuencias de contemplación y ganando la mano. Los Hermanos de risa bucofaríngea montan tanganas de boda gitana, pero agarrándosela con pulso firme y sin mear en ningún momento fuera de la tabla.

¡Ave, César! sitúa al espectador en un universo donde los estudios Capitol representan a los Estados Unidos de un mundo moderno y futurible (nuestro 2015). Igual que en los USA, en Capitol se fabrican y venden sueños, entre naves industriales y decorados de arpillera y corchopán, y además se preserva el ideal. Y Eddie Mannix es el policía insobornable en esta novela negra, que siempre y protege a tiempo, al tiempo que se protege a sí mismo de no ser devorado por su degenerado mundo. Por supuesto, todas las metáforas y semiologías de rigor, están llevadas a cabo con plena hilaridad y desenfado, no se me vaya a espantar nadie.

No se me la pierdan, por lo que más quieran. En ¡Ave, César! hay cabida para todos los gustos. Se encontrará usted con un elenco riquísimo, todos en estado de gracia, los referidos en texto y pies de foto con la suma de espontáneas gracias del nivel de Clancy Brown, exquisitos episódicos como el de la habitual de la casa Frances McDormand, el inconmensurable Jonah Hill o el -ya verán- sorprendente Christopher Lambert, y cameos imperceptibles como el que se marca Dolph Lundgren. También hallará ante usted, por momentos incluso a modo de aparición mariana, el que posiblemente sea el trabajo más complejo del maestro Roger Deakins, habitual dire de foto de los hermanos.

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Tanto por lo lucido de las localizaciones, como por la libertad que otorgan los distintos planos de realidad del planteamiento, la fotografía de Roger Deakins es, una vez más, un trabajo del que fardar © Touchstone Pictures, Mike Zoss Productions, Working Title Films

Un film en la mejor línea del frenetismo felliniano de sus autores, con muchas secuencias de recreo y ningún momento muerto; con sus múltiples capas de lectura, su mucho de descacharre visual e impacto óptico; con su muchísimo de ja-já a costa de lo que sea y su puntito de honda y púber ternura. Una comedia de enredo, trufada con pequeñas comedias de situación; un musical espectacular, un ingenuo melodrama, una película de espías con romanos, de detectives con cowboys, Richard Burton, Frank Sinatra, Esther Williams, Roy Rodgers, Carmen Miranda… ¿qué más quiere?

Una peli de la que sólo tengo una cosa que gañir, n’a más que por sacarle punta mire usted: por momentos, de los que no daré ejemplos porque estaría feo, se divisan rastros de cercenamiento. Secuencias que se han quedado fuera han dejado su pequeño vestigio, que se vislumbra bajo un visionado –o tras una reflexión– de absoluto cinéfago. Pero, explíquenme «lo de Jonah Hill» tras el visionado (¡ahí va!, acabo de sorprenderme intentando poner el emoticono que guiña un ojo. Igual he cenado demasiado).

Por lo demás, para éste que la da a la tecla, ¡Ave, César! (Hail, Caesar! Joel & Ethan Coen, 2016) es un clásico moderno desde ya. Así se lo digo, sin anestesia ni nada. Y, si no, pregúntenme a ver dentro de diez o quince años.

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¡Ave, César! (Hail, Caesar! Joel & Ethan Coen, 2016) es una película que todo actor que se quiera dedicar al cine debería ver (en serio) © Touchstone Pictures, Mike Zoss Productions, Working Title Films

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