El pasado 15 julio se estrenó en los USA. Y el viernes 12 del mes presente Cazafantasmas (Ghostbusters. Paul Feig, 2016) se estrenará en España. La película ya contaba con hordas y hordas de odiadores y fans resentidos mucho antes de estrenarse. Gente que la odiaba sin haberla visto y que ha venido a poner en tela de juicio ante el mundo, gracias a “la interné” esa donde están leyendo esto, la actualización de las facultades mentales de los consumidores de cine mayores de edad del mundo entero. La puesta en salas de Cazafantasmas, independientemente de su valor cinematográfico y de su éxito como producto de entertaiment, es desde el pasado julio un evento de capital importancia dentro de la historia de la cultura popular. Ha sacado a la palestra del análisis sociológico (en lo que a audiencias se refiere) un par de temas muy importantes.

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El póster que terminó de enfurecer a la «no audiencia» © Columbia Pictures, Feigco Entertainment, Ghostcorps, LStar Capital, Montecito Picture Company, The Pascal Pictures, Village Roadshow Pictures

Ha sacado a la palestra dos problemas de acuciante actualidad en nuestra cultura general, poniendo de manifiesto dos carencias educacionales nuestras, del público: el proceso de irremediable infantilización al que las clases consumientes de ficción estamos sucumbiendo, y la constatación de la permanencia de esa falta básica consistente en confundir arte con cultura popular –que aquí, en España, que mezclamos al debatir la pasión con la razón completamente al tún-tún, viene siendo un problema de mayor raíz–. Estas taras pueden llevar a medir un pimiento de los verdes con la propia polla de uno mismo (valga la metáfora fálica ante la pueril misoginia derrochada en las redes sociales ante el estreno de la cinta), pero como también conducen a una existencia feliz y al confort pleno, bien sazonada de espectación adrenalínica, me temo que, lejos de desaparecer, van a venir a incrementarse –¿han visto que esperanza tengo en las nuevas generaciones, los niños-otaku estos de ahora?–. Es por eso que, como decía más arriba, valoraciones y comparaciones aparte, que esas vendrán más abajo, el mero suceso que supone el estreno de Cazafantasmas (Ghostbusters. Paul Feig, 2016) la dota desde ya, de una mayor importancia en el devenir histórico de los héroes de acción en el cine. Mucha más importancia que cualquiera de las dos originales de Ivan Reitman.

Permítanme entonces, antes de entrar en análisis alguno, echar por tierra las fantasías trollescas y demás connivencias de personas humanas que, bien por carencias afectivas, bien por pobreza, creen ser adultos de plena facultad; cuando, en realidad, la pequeña porción de intelecto creativo –esa que no tiene utilidad práctica directa, pero que nos sirve también para valorar el trabajo creativo de los demás con más o menos objetividad– que tenemos todos junto al resto de porciones, en el caso de estos villanos de la red, se ha quedado varada en una edad anterior a la adultez. A la adultez, y a 1958.

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«-¿Podemos cruzar los rayos? -¡Da igual! Eso era cosa de tíos, que son unos caga’os» © Columbia Pictures, Feigco Entertainment, Ghostcorps, LStar Capital, Montecito Picture Company, The Pascal Pictures, Village Roadshow Pictures

Lo de querer hacer Cazafantasmas III ya viene de largo. No les voy a aburrir con fechas y datos buscados en google. Se dieron muchas vueltas con varios guiones y presupuestos, se habló de una peli de animación, se murió Harold Ramis y se volvió a replantear todo… todo posible fan de la franquicia sabe que, si la tercera entrega de los cazafantasmas no se llegó a hacer, fue porque a Bill Murray en ningún momento le salió del pepino (lo cual es respetable, aunque cargaran contra él y su casta entera en su momento). Hasta que llegó el anuncio de que Paul Feig se haría cargo del proyecto y comenzaron a leerse los primeros rumores de casting, mucho antes incluso de que pudiéramos ver a las actrices enfundadas en sus monos de monster squad. Entonces comenzó a llover sanies, bilis y muchísimas babas. Cuando, lo cierto, es que se hizo lo mismo que hicieran Dan Aykroyd, Ivan Reitman y Bernie Brillstein en los ochenta, el mismíto proceso de producción.

Los dos filmes, el primero de 1984 y éste que tratamos hoy, desempolvaban un viejo espacio de un programa infantil para crear un filme de humor, terror y aventuras, con un reparto constituido por grandes figuras del humorismo del momento –a ser posible, las mejores–, recurriendo a ese sacrosanto programa que ha cumplido hace poco los 40 años de emisión, que el Saturday Nigth Live (conocido por sus siglas SNL). Y la tónica esencial: ambas eran, cada una en su lustro, la más rara de las ofertas de unos grandes estudios para el ocio familiar en período vacacional.

Erin (Kristen Wiig) comes to talk to Abby (Melissa McCarthy) and Holtzmann (Kate McKinnon) at the Paranormal Studies Lab at the Higgin's Institute in Columbia Pictures' GHOSTBUSTERS.
Las actrices Kate McKinnon, Kristen Wiig y Melissa McCarthy flipando ante los tweets vertidos hasta ahora. Nah, mentira… Las científicas amantes de lo esotérico Holtzmann, Erin y Abby, escuchando cacofonías en el Laboratorio de Estudios Paranormales del Instituto Higgin’s © Columbia Pictures, Feigco Entertainment, Ghostcorps, LStar Capital, Montecito Picture Company, The Pascal Pictures, Village Roadshow Pictures

Luego, evidentemente, hay un proceso de actualización de la cosa. Los “papaespectros” de Reitman nacen en una industria que se refugiaba en lo pueril para recuperarse de lo autoral –ya les di la chapa al respecto– cuando todo eran gremlins, goonies, goolies, kritters, willows y reminiscencias a La guerra de las galaxias y los muñecos de plástico muscularmente hipertrofiados del momento. Aquellos Ghostbusters sólo son posibles en los ochenta, ahora las cosas han cambiado y con ellas los Cazafantasmas.

¿Que usted quería, amigo troll, que todo fuera exactamente igual que antes?, ¿una secuela en toda regla?, ¿un calco preciso?, ¿le gustaría a usted volver a tener nueve años, no sólo la inocencia sino también la edad real…? Y, de verdad, ¿no es capaz de ver que eso que usted piensa, o es una mierda, o no es posible?. ¿Le jode que le cambien el reparto?, ¿de verdad quiere ver una peli con los senectos originales utilizando stunts hasta para subir escaleras?, ¿no se da cuenta de que Murray no quiere y Ramis ha muerto? A lo mejor prefiere usted que no hagan nada, que lo dejen, que “ni el viento la toque”. Debe tener miedo de que lo hagan mejor y en poco tiempo nadie tenga en cuenta la versión que usted vio de pequeño. ¿Es eso? Pues tampoco lo entiendo. Pero es que ahora ya no entretiene ver películas, sino meterse con ellas.

Ahora no cuesta nada conseguir ver la que sea, con lo cual ya partimos de un desprecio a priori promovido por la desvalorización más absoluta. Ahora nos preocupa que Ben Affleck haga de Batman, como si estuviéramos hablando de algún personaje importante o difícil de ejecutar por cualquier actor que acuda lo suficiente al gimnasio. Eso, o que la Hermione de una versión teatral de Harry Potter sea negra. Preocupaciones de niño pequeño, de vago incapaz, de caprichoso garrulo. Nos legitimamos intelectualmente con productos que deberían ser para nuestros hijos, con historias a las que se puede prestar atención mientras se hace otra cosa. Antes todo esto servía para entretener; ahora, se conoce que es el sumun de la cinefilia de bouquet. Porque lo que está claro es que, después de haber intelectualizado lo que jamás se debió, ahora sólo nos queda «descrecer» hasta acabar opinando sobre los matices de dramatis artis de Pocoyó.

Abby (Melissa McCarthy) and Erin (Kristen Wiig) see the Gertrude the Ghost (Bess Rous) of Aldridge Mansion in Columbia Pictures' GHOSTBUSTERS.
Lo que pasa es que cosas como ésta, con nueve años a uno le dan hasta miedo; y, como ahora ya no, pues entonces decimos que es una mierda. En la imagen: Abby (Melissa McCarthy) y Erin (Kristen Wiig) grabando unos planitos del fantasma de la joven Gertrude (Bess Rous) en un fotograma de la película © Columbia Pictures, Feigco Entertainment, Ghostcorps, LStar Capital, Montecito Picture Company, The Pascal Pictures, Village Roadshow Pictures

Cuando se anunciaba el estreno de RoboCop (José Padilha, 2014) el remake que también trajo polémica –mucho más light–, tampoco vi el problema, y eso que el Robocop de Verhoeven sí que es uno de esos objetos de cultura popular que se cuelan en el terreno del arte –y no la de los cómicos del SNL contra Moquete–, con una enjundia política y un subtexto religioso que jamás pillaría un padrefan de las filosofadas Pixar. Jamás entenderé esas expresiones del tipo “están destrozando un mito de mi infancia”. No lo entiendo, el mito de la infancia de usted va a seguir ahí, y encontrará copias en condiciones a poco que busque.

Cuando el RoboCop de Padilha se estrenó pasó sin pena ni gloria, porque resultó ser lo que viene siendo una bosta… ¿le ocurrió algo a la de Verhoeven?, ¿desaparecieron todas sus copias por combustión espontánea?, ¿quizá lo hicieron los muñecos McFarlane de sus estanterías?, ¿hallaron al viejo Paulie sodomizado cadáver en su cuarto de baño? No, ¿verdad? A Robocop (Paul Verhoeven, 1987) no sólo no le pasó nada, sino que su prestigio se vio reforzado gracias a las revisiones provocadas por el remedo. Los mitos de la infancia se joden con el despertar a la adultez, no con otra película.

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De izq. a dcha.: las actrices y humoristas Kristen Wiig, Leslie Jones, Melissa McCarthy y Kate McKinnon, valorando el nivel de ingenio de haters y trolls (McKinnon recuerda un tweet especialmente machista, que parecía estar escrito por un niño de nueve años) © Columbia Pictures, Feigco Entertainment, Ghostcorps, LStar Capital, Montecito Picture Company, The Pascal Pictures, Village Roadshow Pictures

¿O será que lo que le jode… es que los “gosbásteres” ahora son mujeres, y además de las de verdad, preciosas a rabiar y además auténticas, no de esas por las que usté acostumbra a babear en forocoches o en el templo a la agrafía que sea? Porque ojo, estamos hablando también de una cuestión que, partiendo del mundo del espectáculo y el show business, salpica peligrosamente con nocivo provincianismo a las corrientes de igualdad, trabando un importante paso para la imprescindible educación en el feminismo que precisan las generaciones futuribles. Los niños y niñas a quienes ahora les toca ver la película, para que se la crean a tope, la disfruten de pleno, y cuando sean mayores y los del SNL vuelvan a cambiar algo en un nuevo reboot de Ghostbusters, perpetúen el círculo de gilipolleces a verter en nombre de la democracia internáutica, si es que todavía existe la civilización humana y no se nos ha tragado Zuul a todos. ¿Se imaginan que la generación de nuestros padres fuera tan monguer como la nuestra? Les hubiera sangrado la nariz con cada nuevo James Bond, cada nuevo Drácula, Fu-Manchú o Tarzán, y eso es perder mucha sangre.

Los mitos de la infancia se joden con el despertar a la adultez, no con otra película.

Es una cuestión de haterismo pero también –como dicen ahora– “de género”, que tiene resonancias a otra trifulca de preestreno, esta vez impregnada de incorrección por una cuestión racial, que ya tuviera lugar cuando Cuatro Fantásticos (FANT4STIC (The Fantastic Four). Josh Trank, 2015) la última versión de la mítica familia de imaginautas espaciales, despellejada viva antes de ver un solo fotograma (hablé un poquito, en otro sitio sobre el tema). Un problemón de ausencia absoluta de igualdad que la propia industria de Hollywood lleva alimentando desde los albores del cine, donde las actrices, en esa franja de edad –la más larga de la vida– en la que ya no son “chicas” pero tampoco “ancianas”, no encuentran papeles protagonistas, en ocasiones ni siquiera papeles secundarios de interés y, a veces, incluso su carrera se ve truncada para siempre y desaparecen. Cuando además el cine, en honrosísimas excepciones, ha dado frutos de lo más interesantes y enriquecedores. Problema que los actores, y su supuesto “envejecer fotogénico”, no sufren. Si quieren ampliar su información sobre el tema, les recomiendo la película Buscando a Debra Winger (Searching for Debra Winger. Rosanna Arquette, 2002) una delicia de documental, dirigido por una actriz (Rosanna Arquette) famosa de joven y en paro en su madurez, erigiendo como estandarte a otra, de una generación anterior (la Winger).

Abby (Melissa McCarthy), Erin (Kristen Wiig), Holtzmann (Kate McKinnon) and Patty (Leslie Jones) in Columbia Pictures' GHOSTBUSTERS.
A pesar del inevitable proceso de actualización, se ha tratado de que el filme no perdiera el toque «creepy ochenter» de la antigua franquicia. En este aspecto, merecen especial mención las labores del director de fotografía Robert D. Yeoman, y del director de arte Jefferson Sage, lleno de referencias y detalles © Columbia Pictures, Feigco Entertainment, Ghostcorps, LStar Capital, Montecito Picture Company, The Pascal Pictures, Village Roadshow Pictures
The Ghostbusters Abby (Melissa McCarthy), Holtzmann (Kate McKinnon), Erin (Kristen Wiig) and Patty (Leslie Jones) inside the Mercado Hotel Lobby in Columbia Pictures' GHOSTBUSTERS.
Exactamente lo mismo que ocurre a la hora de poner en escena y planificar la presentación de las secuencias que refieran a la saga de Reitman, como muestra este plano de una de las secuencias más memorables, con las cazafantasmas en el Hotel Mercado © Columbia Pictures, Feigco Entertainment, Ghostcorps, LStar Capital, Montecito Picture Company, The Pascal Pictures, Village Roadshow Pictures

Porque tengamos en cuenta, no sólo la condición femenina, sino que estas nuevas poceras del ectoplasma, estudiosas del más allá, no son chicas, son mujeres. Lo mismo que los cazafantasmas de la peli de Reitman (me niego a llamarlos “los originales”, porque los originales eran los del gorila, que jamás se vieron por nuestra Celtiberia, aunque igual recuerdan los dibujos) que no eran chicos, sino señores. ¡Qué coño! uno fumaba como un carretero y otro llevaba hasta pajarita. ¿Que usted, ávido troll hubiera preferido un cast con chavalillas buenorras? Bueno, pues eso también es machismo, del más cerdete además, así que lávese bien esa boca antes de darle un beso a su madre. Y si le ha dado por pulsar el enlace de arriba y ha visto la cabecera del show televisivo original, le planteo la siguiente pregunta: ¿una mujer no puede cazar fantasmas, pero un gorila con una gorra con hélice sí? Pues entonces pienso que, además de sexista, lo suyo es de mala persona, ¿qué quiere que le diga? Reconózcame que usted, hater de la vida, o es pérfido o ha tenido con todo esto una pataleta común de niño empijamado al que no le dejan ver Porky’s porque la ponen tarde.

Seguro que, a un nivel crítico mínimamente objetivo, nadie se quejará de lo deslavazado de la estructura del guión, más “tranchetteado” aún con un montaje que se adivina lleno de material desechado. Ni de lo innecesariamente complejo de su trama, porque ahora la cultura popular juega a complicar las cosas para hacerse pasar, ante las mentes insuficientemente nutridas, por un producto intelectual; al contrario, tacharán a la película de “infantil”, de “tontorrona”, siendo obvio que no sólo lo es, sino que ha de ser ambas cosas –como las de superhéroes, las guerras de la galaxias, el melodrama pixar de turno y demás mainstream “para todos los públicos”–. Seguro que habrá incluso alguien a quien le parezca mal que Ozzy Osbourne se deje ver por ahí, o que las apariciones secundarias de miembros selectos del SNL, cuando en la primera se marcaban un cameo Cheech y Chong. Pero lo que más mola es que, en realidad, estamos ante un producto muchísimo más inteligente que todo eso, de un cinismo delicioso.

Abby (Melissa McCarthy) with Kevin (Chris Hemsworth) who came in to the Ghostbusters headquarters looking for a job in Columbia Pictures' GHOSTBUSTERS.
Chris Hemsworth interpreta a Kevin, el secretario de las cazafantasmas. La sátira definitiva sobre el humor a costa de las rubias de pocas luces © Columbia Pictures, Feigco Entertainment, Ghostcorps, LStar Capital, Montecito Picture Company, The Pascal Pictures, Village Roadshow Pictures

Muchísimo más inteligente que su público objetivo, su público nostálgico, y su público latente. Ante una finísima comedia que se ríe hasta de los haters que no piensan ir a verla (atiéndanme al chiste sobre machismo en las redes de una de las secuencias, que no se lo quiero contar), pero que luego se descargarán del servidor de algún proxeneta coleccionista de descapotables. Y por supuesto nadie dirá ni “mú” ante los múltiples finales y secuencias post-créditos, post-rodillo y post-que sí. Esos que dejan al espectador común con el culo a medio alzar de la butaca. Las codas a las que las franquicias superheróicas nos tienen tan acostumbrados, esas donde hay momentos en los que ya no sabes si estás viendo una peli o te están haciendo zapping en la puta cara. En fin… que sin comerlo, ni beberlo, he seguido dándole vueltas a la cuestión social, al mismo tiempo que les he puesto sobre la mesa los pecados de este proyecto. Eso que llevamos adelanta’o.

La cosa ha caído en las mejores manos, ya que el tándem formado entre el caballero que creara aquella maravilla televisiva titulada Freaks and Geeks (Paul Feig, 1999-2000) –cuna de cómicos capitales en el humorismo americano, como Seth Rogen o Linda Cardellini–, una de las mejores actrices del momento (Melissa McCarthy) que si no ha alcanzado el “prestigio” merecido y los premios de reglamento es porque ha entregado su vida a la comedia, y la escribana del cotarro Katie Dippold, no puede ser mejor. Los tres habían trabajado antes, juntos y cada uno en lo suyo en la fresquísima Cuerpos especiales (The Heat, 2013), de la que ya se prepara secuela, y McCarthy y Feig regalaron al mundo la magistral y precisa Espías (Spy. Paul Feig, 2015), diamante de la comedia norteamericana actual. Pero algo se ha torcido, o a algún gominas de los estudios le ha dado por opinar y la estructura no es la que debería.

La Dippold se ha dedicado a remedar el primero de los filmes masculinos en lo que viene siendo la estructura. El reseteo precisa de una nueva presentación de personajes, por lo tanto el metraje se reparte de igual manera. Tiene hasta su fantasma gigante, enemigo arcade de fin de pantalla, igual que el muñeco de los Marshmallows de Los Cazafantasmas (Ghostbusters. Ivan Reitman, 1984). Sin embargo, el fastidioso enrevesamiento que se hace de rigor en los verbeneos de ahora, que hasta las pelis de Las Tortugas Ninja estas nuevas tan feas desarrollan tramas difíciles de seguir, innecesariamente laberínticas, como ya les he insistido. Y algo extraño hay en el corte final.

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Kristen Wiig fue parte del elenco fijo del SNL (Saturday Night Live) de 2005 a 2014, erigiéndose como la cómica más versátil y destructiva del programa. En Cazafantasmas interpreta a la doctora Erin Gilbert, pendiente de una plaza en una prestigiosa univesidad © Columbia Pictures, Feigco Entertainment, Ghostcorps, LStar Capital, Montecito Picture Company, The Pascal Pictures, Village Roadshow Pictures
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Leslie Jones es ahora mismo de lo más corrosivo que hay en el SNL, donde se incorporó como parte del cuerpo de actores principales en 2014. En la imagen, su personaje, la taquillera de metro Patty Tolan en una secuencia de Cazafantasmas (Ghostbusters. Paul Feig, 2016) © Columbia Pictures, Feigco Entertainment, Ghostcorps, LStar Capital, Montecito Picture Company, The Pascal Pictures, Village Roadshow Pictures
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Kate McKinnon lleva en el SNL desde 2012 como pieza fundamental dentro del equipo de cómicos (posiblemente sea, junto a Taran Killam, la que mayor número de imitaciones lleve a cabo). En cine ha trabajo en papeles de poco lucimiento. En Cazafantasmas da vida a la excéntrica científica e inventora Jillian Holtzmann, una suerte de mad doctor desatado que se ha revelado como uno de los personajes más carismáticos de la franquicia entera © Columbia Pictures, Feigco Entertainment, Ghostcorps, LStar Capital, Montecito Picture Company, The Pascal Pictures, Village Roadshow Pictures

Ahora bien, las dosis de acción son muy superiores y están magistralmente resueltas. Evidentemente, el incremento en la cantidad de pirotecnia se hace obligatorio, ya no estamos en aquellos tiempos y, para estos que habitamos, unos señores agitando una escopeta de mentira con un ventilador delante y un gordo colgando de una cornisa no son suficiente. Pero es que además, la realización de las secuencias adrenalínicas, de peleas, manguerazos láser y tiroteos es excepcional para estos tiempos de abuso infográfico.

Los “tresdeses”, actores retocados, cromas y CGI’s, se mezclan livianamente con una puesta en escena buscada, que no posada, y una narrativa clásica que no deja en evidencia las mentiras del ordenador con esos pesadísimos planos largos que, de imposibles, se convierten en absolutamente innecesarios. Las cazafantasmas de Feig pertenecen al universo de honrosas excepciones de narrativa fílmica rescatable, dentro del universo mayor videojueguil e impúdico donde todo vale.

Para que se hagan a la idea, en su motor y planificación, Ghostbusters se sitúa más cercana a artilugios de cinematografía precisa como Guardianes de la galaxia (Guardians of the Galaxy. James Gunn, 2014), Ant-Man (Peyton Reed, 2015) o ambas secuelas del Capitán América, Capitán América: El soldado de invierno (Captain America: The Winter Soldier (Captain America 2). Anthony Russo, Joe Russo, 2014) y Capitán América: Civil War (Anthony Russo, Joe Russo, 2016), dentro del cosmos de burguerquineo de lo Marvel, que a cartoons a cámara lenta como las últimas Junglas de Cristal (la 4 y la 5, ahórrense especificaciones que no merece la pena revisar), o a “horterrorismos” como Watchmen (Zack Snyder, 2009). Sin más, cada versión brilló en su momento porque ambas transmiten una fuerza y una vitalidad a prueba de balas. Las dos derrochan, porque el discurso no se ha querido jamás llevar más lejos, energía y frescor, como un concierto o un buen bombardeo. Ésta tiene el colorín Sony, y las viejas tienen el pelo mal recortado en las transparencias. Y los fans más acérrimos, incluso los pueriles perdidos, han de agradecer que este señor Feig haya pasado de innovar y se ha dedicado a perpetuar. Lo que pasa es que él es consciente de que vivimos en 2016, y los goblins de las redes sociales no.

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Se agradece que, en estos tiempos de abuso infográfico, se mezcle el ordenador con las cosas hechas de verdad. Los mocos, por ejemplo, son de verdad © Columbia Pictures, Feigco Entertainment, Ghostcorps, LStar Capital, Montecito Picture Company, The Pascal Pictures, Village Roadshow Pictures

La infografía casi nunca cuela, pero el stop-motion tampoco. Ni estamos ante un filme fallido, ni las dos obras de Reitman son objeto de museo. Pertenecen al campo del entertaiment y ambas lo han hecho bien. A nivel comparativo puedo resumir en que, si bien este Ghostbusters de Feig no goza de un guión ni un trabajo musical a la altura de las ochenteras, las supera a nivel comedia. Bueno eso, y que el villano (interpretado por Neil Casey, también del SNL), sin ánimo de comparar con el Dr. Janosz Poha (Peter MacNicol) de Los Cazafantasmas II (Ghostbusters II. Ivan Reitman, 1989), es pura pólvora. Se le puede sacar más punta a las cosas, se puede sugerir y pretender, pero hurgar mucho más allá sólo nos llevará a Jersey (ya entenderán la coña cuando vean la peli).

Y dicen que se ha pegado una hostia en la taquilla, pero viendo cifras se comprueba pronto que el término «hostia» no significa lo mismo aquí, que en Hollywood. Que en los grandes estudios los éxitos de unas películas apoyan fracasos de otras y que, casi seguro, al igual que pasara con Las Tortugas Ninja, volveremos a tener Las Cazafantasmas de vuelta. Me encantará veros de nuevo irrigando esmegma ectoplásmico por las comisuras, freakies que no sabéis hacer nada más que odiar.

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Patty Tolan, Abby Yates, Erin Gilbert y Jillian Holtzmann. Ahora es a ellas a quien tiene que llamar, y si a usted le parece mal, cámbiese de década © Columbia Pictures, Feigco Entertainment, Ghostcorps, LStar Capital, Montecito Picture Company, The Pascal Pictures, Village Roadshow Pictures

Ir a ver Cazafantasmas (Ghostbusters. Paul Feig, 2016), y sobre todo llevar a los miembros cachorriles de las nuevas generaciones a contemplarla en sala grande, no sólo es un acto de amor al cine como espectáculo y a tus hijos como perpetuadores de tu raza (la humana), sino también un acto por los derechos civiles. Así de claro se lo digo.

2 Comentarios

  1. La película en cuestión me gustó, me pareció muy divertida, vi las originales en mi infancia y aunque guardo un buen recuerdo de ellas, creo que es más por las circunstancias y con quien las vi que por las películas en sí mismas. Aunque así mismo también podemos decir que Las Cazafantasmas forman parte de una tendencia que va cobrando fuerza en los últimos años, hace unos meses se mencionaba a Idris Elba para personificar al nuevo James Bond ahora se habla de Jane Bond, asi mismo también se ha hablado de algunas actrices para ser Doctor Who, los superheroes como Thor, Wolverine, Iron Man ahora son femeninos, en lo personal me agrada (aunque he de decir que me encantaría ver a Idris Elba como James Bond y a Simon Pegg como Doctor Who) sin embargo también da la sensación de que estos iconos culturales (ya sea cine, tv, literatura, cómics) están siendo reemplazados, esto no es bueno o malo solo distinto y necesario para lograr la equidad de género sin embargo creo que tal vez en lugar de reemplazar lo preexistente deberíamos de crear nuevos iconos culturales femeninos de origen para asi avanzar y que estos no se vean lastrados con el berrinche de «me gustaba más cuando era hombre».

    Gracias por su atención y por el artículo

    • No sabía lo de Idris Elba, puede molar. La «Lobezna» es guay y a la «Thor» la llevo leyendo desde que salió. También me parece genial, pero aunque fueran malas copias, Lobezno y Thor existen desde hace tanto tiempo y se han escrito tantas cosas (buenas y malas) que, ¿qué más da que cambien lo que sea? Lo cierto es que lo que dices de la equidad (de género, étnica o de lo que sea) no lo habría podido explicar mejor que tú, Óscar. La función se está haciendo por parte de la industria del entretenimiento, por la igualdad y la variedad en sociedad. Pero es que a algunos les parece mal, incluso sin ver la película, ¿qué se le va a hacer?

      Muchísimas gracias a tí por el comentario. Un saludo!

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