“Todo el mundo puede pensar que he utilizado a estos chicos. Mentira. Es al revés. Ellos me han utilizado a mi como un medio de expresión para dar a conocer su problema. Si la película crea ambiente se podrán pedir responsabilidades. Para mi esa responsabilidad empieza en la Administración”.

José Antonio de la Loma, director de Perros Callejeros.

Después del somero repaso, muy por encima y al mismo tiempo bastante completo, de la entrega anterior, vamos a detenernos en unas películas en concreto. Películas que formaron saga, bloque, movimiento sociocultural y fenómeno fan. Esa parte de la filmografía del realizador José Antonio de la Loma que supone un universo en sí misma, aquella que explotaba las andanzas de uno de los héroes del denominado “cine quinqui” más importantes: El Torete.

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Póster de Perros Callejeros (José Antonio de la Loma, 1977) © Films Zodíaco, Profilmes

Estoy refiriéndome, por supuesto, a la saga de los Perros Callejeros de De la Loma. Película que, además de suponer el pionerismo en esto de reconvertir en warrior patrio al quinqui común, también dio pie a todo un torrente de secuelas y subproductos dentro de un mismo universo referencial. Vamos, que Perros Callejeros venía a ser una especie de microcosmos dentro de la fórmula, de parcela exclusiva, como Star Wars o Harry Potter, pero con tacos, navajazos, vicios, disparos, y muchos peca’os.

El Torete, protagonista de la trilogía principal, ocupaba portadas de revista, espacios televisivos y radiofónicos; y sus aventuras llenaban titulares, inspiraban canciones y eran jaleadas desde el patio de butacas y el gallinero de todas las salas de cine de barrio y pueblo. Ya desde el primer título, Perros Callejeros (José Antonio de la Loma, 1977) se hizo costumbre animar a voces las fechorías del Torete según se sucedían en la pantalla, reírle las gracias y las respuestas faltonas que le dedicaba a los actores que hacían de policía, aplaudirle sus comentarios machistas y sus faltas de respeto hacia la tercera edad y vituperar a grito pelado en general, según transcurría el metraje.

En realidad, José Antonio de la Loma quería hacer una película con otro delincuente famoso del momento: El Vaquilla. El “alegre bandolero” que no todos ustedes recordarán, ya sea por la canción de Los Chichos, o por aquella fuga que protagonizó poco antes de morir, en la que lo encontraron en un coche, estampado y travestido. Otros, que no podrán recordarle por cuestiones de generacionalidad, igual han oído hablar de él en la tele de Cuéntame, o bien conocerán el exabrupto “Vaquilla”, como sustantivo para calificar a alguien avieso o de ademanes hurtadores; lo mismo que los nombres de Drácula, o Fu-Manchú, que igual no saben bien quiénes son, pero oírlos, los han oído.

Juan José Moreno Cuenca, que así se llamaba el interfecto, era un chavalín del suburbial barrio de La Mina de Barcelona, un gueto levantado en 1970 para albergar a más de dos mil familias de chabolistas que antes ocupaban el Campo de la Bota, La Perona y Can Tunis. El Vaquilla vivía en la más absoluta marginalidad, siguiendo los pasos de su hermanastro mayor, Miguel Ugal Cuenca, alias “El Carica”, que robó coches durante toda su corta vida hasta que se estampó con el último, después de birlárselo a Juan Asensi, el jugador del F.C. Barcelona. Una muerte muy épica que, lejos de fomentar en el joven Vaquilla un rechazo hacia la delincuencia, le inspiró a llevar una vida de lo más alternativa.

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Un jovencísimo Juan José Moreno Cuenca, “El Vaquilla” de la vida real, alardeando de los tatuajes que lo proclaman “El Rey del Volante”. © ACN

El Vaquilla era un quinqui de los de verdad. Tanto, que José Antonio de la Loma, después del casting para Perros Callejeros y sin la autorización pertinente del juez, decidiría no contar con él. El historial delictivo del Vaquilla justo antes de ese casting contaba ya con varios atracos a mano armada, una señora aplastada con el coche en un robo de bolso malparado, y una experiencia patibularia de 13 años con motín incluido. Era el niño de la Cárcel La Modelo de Barcelona, un crío con rasgos rudos y rostro curtido, que daba muy mal por cámara e interpretaba aún peor.

En el momento en el que comenzaba el rodaje de Perros Callejeros, Juan José Moreno Cuenca “El Vaquilla” se encontraba de nuevo en estado de privación de libertad. Pero José Antonio de la Loma ya se había cubierto las espaldas, otorgándole el papel a otro joven, vecino y amigo íntimo del Vaquilla: Ángel Fernández Franco. De la Loma cambió el mote del personaje protagonista de su guión, que evidentemente se llamaba “Vaquilla”, por el de “Torete”, que sonaba lo suficientemente parecido.

Según El Vaquilla, Ángel Fernández Franco no tenía madera de delincuente y era un poco blando. Y posiblemente mostrase más candidez y buen fondo, o al menos el suficiente como para permitirle la docilidad necesaria para hacer cine. Aunque el currículum vitae de Ángel Fernández Franco no era el de su íntimo amigo, tampoco se quedaba cojo: robos y hurtos desde los diez añitos; detenciones y persecuciones de coches desde los trece; con quince años ya había participado en más de 100 atracos a gasolineras y joyerías con la banda de Pepe “El Majara”, había estado en prisión y había sido herido de bala por la policía en una espectacular persecución.

“(…) Joyerías, mercados, farmacias, gasolineras… Eso sí, sin una gota de sangre y sin robar nunca a un pobre”

Ángel Fernández Franco «El Torete».

En este plano de la realidad donde vivimos todos, Ángel Fernández Franco era conocido en su barrio con el pseudónimo de “El Corneta” –simplemente porque su padre tocaba una-. Sin embargo, tras el arrollador éxito de Perros Callejeros, se quedó para siempre con lo de “El Torete”. Le invitaban a copas, visitaba hoteles antes inimaginables, y por la calle le gritaban líneas de diálogo de sus filmes, del tipo “Dale caña, Torete, que es robado” y sesudeces por el estilo. Era famoso y tenía pasta legal.

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Varios ejemplos del despliegue de recursos actorales del Torete en Perros Callejeros (José Antonio de la Loma, 1977) © Films Zodíaco, Profilmes

Llegaría la secuela de Perros Callejeros y con ella la intención manifiestamente pública del Torete de rehabilitarse. Llevaba robando coches desde que se ataba ladrillos a los pies para llegar a los pedales, y ya era hora de salir del abismo y vivir en sociedad. Sin embargo, no le iba a ser nada fácil: otro coleguilla del barrio, de to’a la vida, Francisco González Nicolás “El Nico”, le acusa de complicidad en una atraco saldado con una muerte. El Torete pasa seis meses en prisión, hasta que consigue probar su inocencia con un abogado que le consigue José Antonio de la Loma –a estas alturas, ya se habían hecho amigos y todo- y volver a la vida en libertad. No obstante, el cerco policial se cierne sobre nuestro protagonista en los años consecuentes, hasta el punto de llegar a estar, como rezaba el subtítulo de Perros Callejeros 2, en “busca y captura”.

Rueda Los Últimos Golpes del Torete, la tercera entrega de la saga, y justo el mismo año de su estreno, 1980, es acusado por un delito de falsedad en el DNI y, meses más tarde, es juzgado por robo de coches, supuestamente perpetrado en el 78. El 5 de noviembre de ese mismo año, es detenido en La Molina (Gerona).

1984, el Gran Año de la cultura popular en el Primer Mundo, supone otro fructífero período de delincuencia para Ángel Fernández Franco. Tras ser detenido en Alicante, ingresa en la prisión en Murcia, donde intenta suicidarse cortándose las venas. En noviembre es juzgado por tenencia ilícita de armas, y absuelto dos días más tarde. Apura el año con otro juicio en diciembre, por haber robado un Maserati en el 78, con un despliegue policial exagerado durante una mediática vista con muchísimos espectadores.

El 31 de enero de 1987, apenas un par de semanas después de salir de la trena, es detenido con 200 gramos de heroína encima. Un mes más tarde, volverá a ser arrestado en Vilafranca del Penedés por posesión de armas.

“La droga es m’u mala cosa. T’ol que te ofrezca un pico de heroína no es tu amigo. T’ol que te diga que el caballo te pone bien, miente.”

Juan José Moreno Cuenca “El Vaquilla”

Ahora sí que sí va en serio, ahora sí que sí… El Torete sale en régimen abierto, pregonando su arrepentimiento, dando charlas y conferencias organizadas por las Juventudes Socialistas. Lo anunciaban por los pueblos desde una furgoneta con megáfono, y el tío se hinchaba a firmar autógrafos. Ahora sí que sí, estaba dispuesto a “rehacer su vida”, como dicen los grandes profesionales de la televisión para gente mayor. Llegaría a hacer algún papelillo más, con su amigo José Antonio, mientras se partía el lomo trabajando como transportista.

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Redención en exclusiva para la revista Pronto, 1985. © Publicaciones Heres

Monteagudo, la pedanía murciana a la que éste hombre se retiró a vivir con su esposa –la mujer de su vida, su Sole– y su hijo fue el lugar donde terminó sus días, antes de morir a la pronta edad de 31. Tenía sida, contagiado por jeringuilla prestada, desde sabe Dios cuándo. Regresaría a su Barcelona natal, sólo para ser enterrado en Montjuic. Ángel Fernández Franco, alias “El Corneta”, alias “El Torete”, aparte de esposa y un hijo, dejaría también dos personajes en cuatro películas.

Su colega El Vaquilla, fallecería de cirrosis en el hospital de Can Ruti (Badalona) en diciembre de 2003. Tenía 42 años e iba a salir de prisión en febrero de 2007. Tanto su tumba como la de su madre fueron profanadas para ser saqueadas. Amigos, allegados y fans sintieron muchísimo ambas pérdida, por otro lado, una más en la lamentablemente larga lista de bajas de los miembros del reparto de este movimiento.

Ambos quinquis abrieron la veda que dio pie a este movimiento cinematográfico underground y español que estamos tratando en estos fascículos internáuticos. Las películas de José Antonio de la Loma basadas en sus fechorías aún continúan captando adeptos, incluso fuera de nuestras fronteras.

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Viñeta de una fotonovela paródica de la Revista Mortadelo, 1986. © Editorial Bruguera S.A.

En su momento, a parte de la trilogía citada, De la Loma amortizó el streetdogsploitation con dos películas más –ya las conocerán en la entrega siguiente- y llegó a colaborar con El Vaquilla in person, y nuestros vecinos del otro lado del charco –los mejicanos- hicieron su propia versión de los personajes. Grupos capitales de nuestro ocio, como Los Chichos y Los Chunguitos, rompieron pistas de coches de choque con sus mega-hits musicales basados en estos muchachos… En fin, no sacaron muñecos articulados, lo que vienen siendo action-figures d’esas, de puto milagro.

La semana que viene, ya les termino de contar el asunto de Los Perros Callejeros. El filón entero, película por película.

2 Comentarios

  1. Me acuerdo de una película que hizo José Antonio de la Loma protagonizada por John Saxon y Paco Rabal llamada
    «Metralleta Stein » basada en la vida del anarquista Quico Sabatè y John Sazón ,que venia de rodar » Operación
    Dragón con Bruce Lee y Jim Kelly,era el anarquista y Paco Rabal el heroico policía franquista ,pero el
    actor murciano no hizo de policía heroico si no de el típico policía franquista inculto,chuloputas y
    prepotente y eso mosqueó a De la Loma y como entonces no había sonido directo tras el rodaje Paco
    Rabasl se puso enfermo de gripe y De la Loma se vengó contratando a un actor de doblaje ,lo que fue
    un error porque veías la peli y te dabas cuenta que no era la voz de Paco Rabal que tenia una voz única
    e inimitable ,por suerte la banda sonora de » Metralleta Stein » es una maravilla con sonido Funky
    además sale la tía buena de Blanca Estrada prima hermana de la también tía buena Susana Estrada.

    • Efectivamente! Buenísima «Metralleta Stein». La cito solo de pasada, en la cuarta entrega de esta serie https://www.albedomedia.com/cultura/cinechrome/cine-quinqui-iv-si-no-lo-veo-de-llegar/, pero no desarrollé más porque no llega a ser quinqui-quinqui. No conocía la anécdota de Rabal (ahora ya me cuadra lo del doblaje loco, con la estupenda voz que tenía Rabal), pero por lo visto, el propio Quico Sabaté y De La Loma eran amigos, y se rumorean relaciones entre De La Loma y algún que otro grupete terrorista (en fin, igual el mitología cinéfila, que también hay mucha).

      Gracias por comentar, ¡y muchas gracias por la curiosidad!

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