El fenómeno Perros Callejeros dio para mucho. El éxito de la primera película, Perros Callejeros (José Antonio de la Loma, 1977), no sólo dio pie a una trilogía completa, si no a toda una serie de productos a la zaga.

Habíamos hablado en la anterior entrega, cuyo título queda completo con el de ésta -formando un verso de la famosa canción de Los Chunguitos Soy un perro callejero– de que Ángel Fernández Franco había interpretado a su amigo El Vaquilla en una trilogía muy adalid de todo esto, muy cuca y muy reverenciada, dentro y fuera de nuestra península.

Y que toda esta maraña de películas estaban dirigidas por José Antonio de la Loma, que era un señor que venía del pulp español, uno como Antonio Isasi, uno que rodaba en una maraña de idiomas y con actores de más o menos (más bien, menos) renombre internacional. Antiguo maestro de escuela que nos surtió de títulos cumbres del “paella western” como ¿Por qué seguir matando? (Perché uccidi ancora. 1965) o El más fabuloso golpe del Far-West (1972), hacinados sobre dramones culebronescos como Timanfaya (Amor Prohibido) (1972) o Un mundo para mí (1959), y remachados con thrillers de tebeo, como en sus obras Misión en Ginebra (Feuer frei auf Frankie. 1967), El Magnífico Tony Carrera (1968) o la –arqueológicamente hablando- recomendable, relectura postrera de la vida de Quico Sabaté, Metralleta Stein (1975). Un director prolífico, rápido y eficiente.

También habíamos dicho que dicha trilogía comenzaba con el certero título de Perros Callejeros (José Antonio de la Loma, 1977). Que fue un exitazo, que todo el mundo flipó en colores y el quinqui real Ángel Fernández Franco, conocido ya para siempre como “El Torete”, llegó a ver su foto más allá de las fichas policiales.

01.CINE QUINQUI IV
Revista Fotogramas de octubre de 1979, con “El Torete” en portada y en entrevista interior. © Hachette Filipacchi Medias

La trama del film está sacada “de la vida misma”. Es un eco de la creciente ola de delincuencia y vandalismo que apareció tras La Dictadura, reaprovechada en cine de explotación con el ojo más fino. Cine negro y de acción donde una pandilla de quinceañeros de los suburbios de Barcelona, capitaneada por El Torete, son los amos del robo de coches, el tirón de bolso y el abuso sexual a punta de navaja. La policía les intenta dar caza varias veces, siempre en acrobática persecución. Y El Torete, maestro del volante, siempre se zafará de la abusiva madera, al tiempo que vive historias de amor y despertar sexual, y se ve inmerso en tramas muy chungas y muy jodidas con gente mucho más mala que él mismo.

La película fue tan amortizada que, apenas un año después -en cuanto El Torete volvió a estar fuera de prisión- se estaba rodando la secuela, con un presupuesto y unos sueldos mucho mayores (coproducida con Méjico, donde la cinta también había arrasado). Perros Callejeros II: Busca y Captura, se estrenaría en 1979, volviendo a petarlo rotundamente.

“El problema de Perros Callejeros nace con el crecimiento excesivo de las ciudades. Todos vienen atraídos por las fábricas, el dinero, las horas extras. Llegan, no tienen trabajo, duermen donde pueden, los chavales anodadados… Se mezclan con los habituales de la delincuencia, no van a la escuela. No hay dinero o no quieran invertirlo en eso, no sé. Entonces se sublevan contra sus propios limites.”

José Antonio de la Loma.

Atención… SPOILERS:

No siga leyendo si tiene usted un espíritu animoso y feliz, porque para hablar de Perros Callejeros II: Busca y Captura (José Antonio de la Loma, 1979), hay que destripar bien destripada a su predecesora. Con lo cual, el spoiler va a ser “de viene y va”, no se me queje después.

Cualquiera que, como este que escribe, haya nacido después de el estreno en salas de estos títulos magnánimos, se enfrentaba al visionado de Perros Callejeros a sabiendas de que pertenecía a una saga, y consecuentemente muy sorprendido con las acontecimientos del último acto de la cinta. En primer lugar, al Torete le cortan la polla –dicho en plata- con una navaja, y entonces surge la primera duda: este personaje… protagonista absoluto… ¿va a ser un castrado en la secuela?. Entonces sucede algo mejor en el devastador final del filme: el coche del Torete explota con él dentro, al caer por un precipicio… segunda incógnita: ¿se ha pegado el hostiazo padre y, aparte de capado, va a aparecer desfigurado por las llamas y mutilado?, ¿no ha muerto porque ha saltado del coche en el último momento, rollo tebeo de superhéroes?, ¿ha muerto, y continuará sus aventuras su hermano gemelo?, ¿Perros Callejeros II será una precuela?

02.CINE QUINQUI IV
Póster de la secuela de Perros Callejeros. Si no se convence para ir a verla con este eslogan, ya… © Films Zodíaco, Prozesa

Perros Callejeros II: Busca y Captura nos desvela en su comienzo, la mejor de las ideas para solventar una continuidad digna. Tras asistir de nuevo al accidente automovilístico mortal, plano a plano, tal y como lo vimos en el final de Perros Callejeros, descubrimos que dichas imágenes pertenecen tan sólo a la película en sí, y que Ángel Fernández Franco está tranquilamente sentado en el sofá de una sala de proyección. Asiste, junto a otros señores con traje que simular ser productores o algo así, a un copión de la película que han hecho sobre su vida. Y con este original juego de pura metaficción, Perros Callejeros II: Busca y Captura continúa, mostrándonos la vida de fama campechana y de barrio buenrrollero que Ángel “El Torete” lleva tras haberse rehabilitado gracias al éxito de su película. Por supuesto, la ficción absoluta se apoderará de la cinta, dando lugar a nuevas aventuras de acción, justificadas por la presencia de un policía malhechor, que busca venganza por haberse quedado cojo después de que El Torete le atropellara.

Habíamos quedado en que José Antonio de la Loma quiso hacer la primera de las películas con El Vaquilla de prota, y no con El Torete. Como el primero estaba privado de libertad, lo tuvo que hacer su amigo El Corneta, el multicitado Ángel Fernández Franco, rebautizado para la ocasión como El Torete, por mor de una mayor similitud con el pseudónimo del primero.

Pues bien, Perros Callejeros II hace alusión directa al tema. Tiempo después del estreno de Perros Callejeros, el auténtico Vaquilla estaba en libertad, y José Antonio de la Loma escribió un personaje para él en la que iba a ser la secuela. Juan José Moreno Cuenca iba a interpretarse a sí mismo, formando equipo con El Torete, en un perfecto Team-up que aunaba a ambos iconos de la delincuencia mediática.

03.CINE QUINQUI IV
Fotocromo de Perros Callejeros II: Busca y Captura (José Antonio de la Loma, 1979) © Films Zodíaco, Prozesa

Y digo “iba” porque finalmente no pudo ser, ya que pocas semanas antes de comenzar el rodaje de Perros Callejeros II: Busca y Captura, El Vaquilla había vuelto a prisión por volver a delinquir. Su personaje fue renombrado, pasando de “El Vaquilla” a “El Vaca”, e interpretado por el actor Bernard Seray. En el montaje final del film, entre las líneas de diálogo, El Vaca le echa en cara a su viejo amigo el éxito obtenido a costa de su nombre: “¡Anda, pero si me interpretabas a mí en la película!”, dice el personaje en una secuencia, fardando ante su colega El Mandarina. Una auténtica pena, la verdad, deberían haber dado permiso al Vaquilla, aunque no fuera nada más que para rodar una semanita, a Don José Antonio le habría bastado.

Basilio Fernández Franco, hermano menor del Torete en la vida real, repite de hermano de ficción, apodado “El Cornetilla” (no olvidemos que el mote real del Torete era “El Corneta”, o sea que puede “Cornetilla” fuera también el pseudónimo de su hermano). Y Agustí Villaronga, que años más tarde se convertiría en el reputadísimo director que es hoy –Pa negre (2010), Aro Tolbukhin – En la mente del asesino (2002), 99.9 (1997),Tras el Cristal (1986)… un indispensable-, interpreta a Vincentet el quinqui cotilla, alivio cómico de la película.

El éxito volvió a confirmarse, con más estruendo que con la primera y al mismo tiempo que el cerco policial se cernía sobre Ángel Fernández. Al igual que en otras trilogías, y en contra del maldito refrán, Perros Callejeros II: Busca y Captura es mejor que la primera y, sin duda, muchísimo mejor que la tercera. Es el mejor título, no sólo de la trilogía, si no del paquete de productos a la zaga de Perros Callejeros al completo, y posiblemente del quinquimovimiento entero.

Porque, en Los últimos golpes del Torete (Perros Callejeros III) (José Antonio de la Loma, 1980), asistimos a más de lo mismo, pero peor, más feo, y más barato. Una suerte de El Torete va a la nieve, donde ni siquiera se aprovecha dicha premisa –lo mismo se podría haber ido al Espacio, o al Oeste-.

04.CINE QUINQUI IV
Póster de Los últimos golpes del Torete (Perros Callejeros III) (José Antonio de la Loma, 1977) © Films Zodíaco, Prozesa

Un producto descuidado y sin ningún mimo, hecho casi con el afán de ser quitado de en medio. Material detrimenticio, entre un cine de destape para jóvenes picantes y un cine quinqui en apreskí, aprovechando el rodaje a modo de vacación. Vuelve a contar con la innecesaria presencia de Bernard Seray –al que ya, directamente, llaman “El Vaquilla” en el póster-, con las apariciones de los habituales del género Fernando Guillén y Simón Andreu, y con el cameo del megastuntman Alain Petit as Himself… Y sólo sirve como testigo arqueológico; no Petit, si no la peli en sí.

Perras Callejeras (José Antonio de la Loma, 1985), llega tras unos años de barbecho, en el regreso de nuestro querido director al movimiento, con el mismo ojo que todos los maestros del exploitation: creando la versión femenina de su héroe de culto. Así, ni corto ni perezoso, José Antonio de la Loma se hizo con un terceto de bellezas juveniles en boga y volvió a probar engrosando su saga. El trío elegido fue el formado por Sonia Martínez, Teresa Giménez y Susana Sentís. Interpretarían, respectivamente, a Berta, Crista y Sole, tres amigas explotadas y discriminadas por la sociedad, metidas a atracadoras por necesidades variadas.

María Sonia Martínez Mecha, conocida como Sonia Martínez a secas, era todo un boom por aquel entonces. Subcampeona de Castilla en Natación, y hermana mayor de la nadadora olímpica Irene Martínez, Sonia era una chica atlética, aplicada y trabajadora, joven promesa del cine español, una de las presentadoras más populares de TVE… que sin embargo terminó llevando una vida tan azarosa y llena de tragedias como la de la mayoría de los prohombres que estamos tratando (de hecho, su vida bien merece un biopic).

En 1982 fue seleccionada para presentar 3, 2, 1… Contacto, un nuevo programa infantil que Televisión Española acababa de comprar a la CTW americana. En ese momento comenzó una fulgurante –a la par que fugaz– carrera en televisión. El programa sería cancelado un año más tarde, pero Sonia fue reclamada por el mítico Dabadabadá (Ramón Pradera, José Antonio Plaza, 1981-1984) para sustituir a Mayra Gómez Kemp. La fama adquirida, no tardó en proporcionarle papeles en el cine y así, en poco tiempo ya estaba debutando en el clásico de culto Epílogo (Gonzalo Suárez, 1984), a la que seguiría Violines y Trompetas (Rafael Romero Marchent, 1984).

07.CINE QUINQUI IV
Póster de Perras Callejeras (José Antonio de la Loma, 1985) © Divisa Home Video.

Aunque tanta fama igual se le fue un poco de las manos (a ella, o a su repre) ya que, no sólo rechazó intervenir como azafata en el inmortal Un, dos, tres, de Chicho, si no que también reusó interpretar el papel de Guadalupe en La Vaquilla (Luis García Berlanga, 1985), del King of the Masters Berlanga. La cosa le salió mal, y tan sólo volvió a trabajar como protagonista en Perras Callejeras; el resto, fueron papeles secundarios en títulos como El Rollo de Septiembre (Mariano Ozores, 1985) o Los Invitados (Víctor Alcázar, 1987), y en series de televisión. Como curiosidad, también participó, con su voz, en el caspa-terror de culto La Matanza Caníbal de los Garrulos Lisérgicos (Antonio Blanco, Ricardo Llovo, 1993).

En 1986, una vil fotografía de ladrón para la revista Interviú, hizo que la despidieran de TVE, donde presentaba En la naturaleza. El trasiego llegó hasta el Parlamento, y el entonces diputado Javier Rojo, dirigió una pregunta al director general de Radiotelevisión Española, José María Calviño, acerca de las razones de la salida de Sonia de TVE. Calviño argumentó que las razones habían sido únicamente de tipo contractual. Sonia ganaría el juicio a TVE y conseguiría ser readmitida dos años más tarde. Iba a sustituir a la mismísima Alaska, al frente de La Bola de Cristal (Lolo Rico, 1984-1988). Si llegó a grabar algún programa, desde luego no fue emitido, ya que La Bola de Cristal fue suprimida al poco de entrar ella. Con ello se dio por terminada la relación entre Sonia Martínez y TVE.

05.CINE QUINQUI IV
Sonia Martínez, posando con sus extraños compañeros de Dabadabadá. © 1983. TVE.

Las malas compañías, el consumo de heroína y el acoso a su intimidad por parte de la prensa del corazón más amarillista, llevaron a Sonia a la depresión más absoluta. Tras permanecer internada en un centro de la organización El Patriarca, declarada posteriormente como secta en varios países, en 1990, a Sonia le comunican que es portadora del virus del sida. Sus últimos años, transcurrirían entre la indigencia y el quinquillerío, siendo pasto de la prensa rosa más asquerosa. En 1994 Sonia interpretaría su último papel en la película Dame fuego (Dame Lume. Hector Carré, 1994), antes de fallecer en la madrileña clínica La Concepción.

Aunque no tan trágica, la vida de la oscense Teresa Giménez también fue dura y azarosa, desde su más tierna infancia.

Giménez ya había formado parte en esto del cine quinqui. Antes de ser Crista en Perras Callejeras había interpretado a la Charo en Perros callejeros II: Busca y captura, y volvería a hacer más celuloide de mangantes cañí en Yo, El Vaquilla (José Antonio de la Loma y J. Antonio de la Loma Jr., 1985), como madre del interfecto. El resto de carrera en esto del artisteo, lo desarrolló en el campo del erotismo costumbrista y la caspa escénica.

Fue vedette en la mítica sala El Molino de Barcelona, portada de la Interviú en 1980 y 1984 y grabó algunos singles de erotic-pop bajo el nada sutil pseudónimo artístico de Teresita «La Mojada». Su última película fue la bizarrada Sinatra (Francesc Betriú, 1988), rareza de post-landismo donde las haya. Pocos años después, se retiraría del mundo del espectáculo para siempre.

06.CINE QUINQUI IV
Teresita “La Mojada” en dos portadas de disco y en una actuación en vivo en El Molino de Barcelona (años 80). © Discos Belter.

Mientras Susana Sentís, que venía de debutar en el cine al lado de Jackie Chan y Lola Forner en la exitosa Los Supercamorristas (Kuai can che. Sammo Hung, 1984), tampoco llegó a proyectar una carrera de actriz acorde a su talento. Tras Perras Callejeras, y antes de que se le pierda la pista, la Sentís trabajaría en varios títulos más, siempre en papeles episódicos y secundarios; entre los cuales, se podrían destacar La ràdio folla (Francesc Bellmunt, 1986), Barrios Altos (José Luis García Berlanga, 1987) o la serie de televisión Turno de oficio: Diez años después (Manolo Matji, Juan Echanove, 1996-1997). Lástima, porque molaban bastante las tres.

Con esta variante femenina del subgénero, cuya trama y discurso nada tienen que ver con Perros Callejeros, Don José Antonio toca los cielos del cine-trash –pero más por “trash”, que por “cine” –, dando a luz un esperpento de tomo y lomo, sólo comparable a su predecesora. El ínfimo presupuesto, la cochambrosa factura técnica, una banda sonora techno de esas de broma y un guión que parece estar escrito en cuatro viajes de metro, hicieron que Perras Callejeras pasara sin pena ni gloria, explotada principalmente en videoclubes.

José Antonio de la Loma no consiguió, ni de lejos, tocar las mieles del éxito como lo hiciera con sus quinquis masculinos, pero no cejó en su empeño. Parecía obsesionado con la figura del Vaquilla, y no pararía hasta conseguir rodar con el auténtico.

CINE QUINQUI
Póster de Yo, “El Vaquilla” (José Antonio de la Loma, 1985) © Golden Sun, S.A., Jet Films S.A., InCine, S.A.

Así, Yo, “El Vaquilla” (José Antonio de la Loma, José Antonio de la Loma Jr., 1985), basado en un tomo autobiográfico del propio Juan José Moreno Cuenca –bueno… ya se imaginarán que no lo “escribiría” él–, supuso la primera colaboración directa entre quinquillero y cineasta. La cuenta pendiente de Don José Antonio quedaría saldada, al mismo tiempo que comenzaba el principio de la muerte del subgénero quinqui. 104 minutos de la más pura agonía cheli, que nos muestran al Vaquilla contando sus recuerdos desde prisión, desde que es abandonado por su familia nada más nacer y tiene que buscarse la vida por sí solo.

Yo, “El Vaquilla” es una obra demencial, que no deja de saltar del falso documental a la inverosímil ficción. El trabajo de fotografía, firmado por Carles Gusi, está algo más elaborado de lo habitual en estos trabajos, pero el resto es lisergia pura. Con pocos pies y menos cabeza, tiene un guión completamente deslavazado, lleno de agujeros e incongruencias. El auténtico Vaquilla sale muy poco, hablando en plan “real” –y colaría como tal, si no lo hiciera tan mal–, y la versión infantil de su personaje la interpreta el limitadísimo Raúl García Losada –del que nunca más se supo–.

Entre las ambrosías de las que está rellena la cinta, se puede reseñar la banda sonora de Los Chichos, con el hit de hits Tú eres El Vaquilla, y la presencia de Ángel Fernández Franco, haciendo una suerte de cameíllo, interpretando al abogado de la familia. ¡El Torete haciendo de abogado del Vaquilla! Sólo tiene una secuencia, recomendando al personaje de Carmen de Lirio que abandone el hogar y se quede por Francia una temporada, no vaya a ser que los demonios de la legalidad se la lleven a la cárcel… pero es una secuencia indeleble en la historia de nuestra psicotronía.

08.CINE QUINQUI III
Varios fotogramas, y un fotocromo, de Yo, “El Vaquilla” (José Antonio de la Loma, José Antonio de la Loma Jr., 1985) © Golden Sun, S.A., Jet Films S.A., InCine, S.A.

Y el éxito transoceánico de la cosa, que he venido citando de vez en cuando, cristalizó -no se crean- en una retahílas de filmes, todos protagonizados por el galán Valentín Trujillo, que ya protagonizara una suerte de proto-quinqui titulado ¿Y ahora qué, señor fiscal? (1977), en una coproducción Méjico-España dirigida por León Klimovsky. Y que no dejaría de hacer cine-quinqui mejicano, claramente influenciado tras el estreno de la obra de José Antonio de la Loma. Filmes que podrían interpretarse como una versión mejicana de nuestros Street Dogs, como los llamaron en Italia, o Street Warriors, que les decían en los USA.

La cosa comenzaría con el curioso título El regreso de los perros callejeros (Gilberto Gazcón, 1978), que lo tildo de curioso porque el título suena a segunda parte y no se sabe de donde regresan los perros. A esta obra le seguiría, Perro callejero y, tras su éxito de rigor, Perro callejero II (1981), todas dirigidas por Gilberto Gazcón. En ellas, Trujillo interpreta a Perro, un muchacho desamparado que sólo encuentra cariño a la vera de un cura llamado Padre Maromas (Eric del Castillo). En fin…

A esta saga, le siguieron otros intentos de explotación de delincuencia marginal juvenil, todas “estelarizadas” por Valentín Trujillo. Últimos intentos de insuflar vida a este tipo de producciones, allá donde el problema de las drogas duró unos añitos más. Títulos como La pandilla infernal (Alfredo Gurrola, 1987) o Ratas de la ciudad (1986), dirigida por el propio actor.

09.CINE QUINQUI III
Valentín Trujillo, “El Torete mejicano”. © Univision.com

Dejar una respuesta

¡Por favor, introduce tu comentario!
Por favor, introduce aquí tu nombre

       

Los comentarios en esta página pueden ser moderados; en tal caso no aparecerán inmediatamente al ser enviados. Las descalificaciones personales, los comentarios inapropiados, de extensión desmesurada o con demasiados errores ortográficos podrán ser eliminados. Asimismo, en caso de errores considerados tipográficos, el editor se reserva el derecho de corregirlos antes de su publicación con el fin de mejorar la comprensión de los mismos. Recordamos a los lectores que el propósito final de este medio es informar. Para recibir soporte sobre dispositivos o problemas particulares les invitamos a contactar con el correspondiente servicio de atención al cliente.