Ahora que estamos de pugilismos por estos lares, y que hemos venido hablando esta semana sobre la lírica de estas historias de superación, propias de toda la saga de Rocky, viene al pelo el estreno de Creed. La leyenda de Rocky (Creed. Rocky’s Legacy. Ryan Coogler, 2015). Y no tanto al pelo, porque empieza a ser muy normal el tema, pero esta movida nos llega en medio de un boom de remakes, revivals, secuelas trasnocher y rebootes chiriperos de todas las calidades.

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Dos de los geniales pósters de preestreno de Creed. La leyenda de Rocky (Creed. Rocky’s Legacy. Ryan Coogler, 2015) © Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Inc. Warner Bros. Entertainment Inc.

Creed. La leyenda de Rocky vendría a ser “La 7”. ¡¿La 7 ya?!, sí, la siete. La sexta era aquella en la que Rocky era un carcamal de tomo y lomo (ya lo era en la quinta) y se media con un chaval mucho más joven que él. Entre chistes de relevo generacional, Rocky y su oponente se inflaban a hostias al tiempo que la trama del filme se desinflaba y la taquilla, a pesar de lo mucho que se agitaba el público en las salas con el Gonna Fly Now, no daba lo que tenía que dar.

No obstante, el señor Rocky Balboa ya no sólo es un personaje de ficción, si no que es toda una franquicia, y esas cosas hay que cuidarlas. Precisamente por este carácter franquicial, de personaje de saga eterna, como James Bond pero enteramente originario del cine, únicamente convertido en hito comercial mediante la mera abundancia, Creed. La leyenda de Rocky, como cada uno de sus títulos predecesores, puede ser valorada al margen de las demás. El factor correlativo de las sagas queda diluido en medio de una maraña de entregas autoconclusivas y autoreferenciales.

Es la primera de toda la colección en cuyos créditos de guión no aparece Sylvester Stallone. Él anda cuidando mucho de que ni Rocky ni Rambo perezcan, mimando sus Mercenarios y sus cosas de macarra cinematográfico, en las que vuelca todo su tesón de actor, guionista y director. Recordemos que ya fue nominado al Oscar por el guión del primer Rocky (John G. Avildsen, 1976), y que ha obtenido el Globo de Oro al Mejor Actor de Reparto y está nominado al mismo Oscar por la película que nos ocupa. Con el tiempo ha conseguido un proverbial estatus, sito entre Clint Eastwood y Nicholas Cage. Muy merecido todo.

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Sylvester Stallone, en la flor de la vida, vuelve a interpretar al mítico Rocky Balboa © Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Inc. Warner Bros. Entertainment Inc.

Por eso, trata (estoy suponiendo todo, eh) de rodearse de quien valga para cada propósito. Así, co-escribe Rambos crepusculares, como el de esa maravillosa cuarta entrega –y aguarden, que viene una quinta–; o bien se atreve con propuestas disparatadas, pretendidamente novedosas y juveniles, como la zapatiesta aquella de la simulación infográfica de Rocky Balboa (Rocky VI) (Sylvester Stallone, 2006), aunque acaben como el culo. Por eso, ha decidido no participar en calidad de guionista en esta entrega, cuando se lo propusieron los de la Metro.

En una entrevista en el programa de Ellen DeGeneres, el propio Stallone, en una mezcla de confesión generacional y asunción mercantil, lo explicó mejor que mejor:

“La razón por la cual no quise escribirla es porque la historia tiene en cuenta a toda una nueva generación. Han pasado 40 años y lo que funcionaba en mi quinta no funciona ahora. Todo ha cambiado”.

Ahora el libreto está firmado por Aaron Covington, un técnico de sonido reconvertido en guionista (¿?), que debuta con este título, y Ryan Coogler, recipendiario principal del proyecto sobre el personaje, y a la sazón director de la cinta. Uno de estos realizadores salidos del mundo indie, reconvertidos en nueva promesas de Hollywood -cuyo nombre ya se anuncia para dirigir Black Panther, el nuevo hit con el que nos esperan sorprender los de Marvel- y que, cortometrajes aparte, debutara en 2013 con el drama racial Fruitvale Station.

A pesar de arramplar con premios en casi todos los festivales estadounidenses -entre ellos de Mejor película y premio del público en Festival de Sundance- Fruitvale Station se estrenó muy tímida y escurridizamente en nuestro país. Cuenta la historia real de Oscar Grant, aquel joven afroamericano que tuvo movida con la policía la Nochevieja del 2008, provocando disturbios de toda clase, y al que todo el mundo grabó con su móvil. En aquella cinta, Ryan Coogler ya coincidió con la estrella de ésta: Michael B. Jordan, que interpretó a Oscar, y ahora interpreta a Adonis Creed.

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Michael B. Jordan es Adonis Johnson, el hijo del mítico Apollo Creed © Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Inc. Warner Bros. Entertainment Inc.

En este reseteo, prodigiosamente disfrazado de séptima entrega, el protagonista es Adonis. Adonis es un boxeador diletante, hijo del campeón del mundo de los pesos pesados Apollo Creed, quien reventara a mangurrinas a Rocky en la primera entrega de todas, frente al que sería derrotado en Rocky II (Sylvester Stallone, 1979), para luego convertirse en su mentor en Rocky III (Sylvester Stallone, 1982). Adonis no llegó a conocerle, porque Apollo murió antes de que él naciera, mazado a golpes por un superhéroe soviético en Rocky IV (Sylvester Stallone, 1985).

Como esto del arte del pugilato se conoce que es como lo de ser torero, monja o cineasta, que se lleva en la sangre y cosas así, Adonis pone rumbo a Filadelfia, buscando a Rocky para que le entrene bien entrena’o. Rocky ya ha dejado esto, por razones que no les voy a contar antes de que puedan verla, y da pie a la repetidísima –y no por ello menos efectiva– trama de “no, venga, no…” pero al final “sí”. Dicha trama desencadenará una historia actualizada sobre el afán de superación y lucha diaria de la primera película. Y para muchos no sólo está a la altura, sino que además abre camino para una nueva etapa.

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Rocky Balboa (Sylvester Stallone) entrena a Adonis Creed (Michael B. Jordan) para El Gran Combate. © Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Inc. Warner Bros. Entertainment Inc.

Creed. La leyenda de Rocky es una vigorosa puesta al día del personaje, llena de fuerza, con un nuevo rostro y una nueva mirada sobre el material original, al que, por cierto, Coogler guarda un solemne respeto reverencial. Una entrega que captura el espíritu de las películas clásicas de Rocky, siendo al mismo tiempo digna sucesora y experimento de modernismo revitalizante. Las convenciones del género de boxeo están presentes en todo momento, al igual que las subtramas previsibles, pero también flota en el ambiente una anticuada ternura mezclada con un rotundo hiperrealismo, que convierte a Creed en un artículo cinematográfico más que estimable, automáticamente bien envejecido (no como la sexta, con aquel horror de la infografía).

Fastuosa y fresquísima, ya se dice que Creed es la mejor entrega de la saga desde la de 1976. Pero, quienes hacen tal comparación, no se dan cuenta de que lo único que ha ocurrido, es que la traslación, “la actualización” o como se le quiera llamar, el experimento de hacer un Ultimate Rocky, ha salido bien. Que la inteligencia y el amor con el que está planteado cada detalle, nuevo en la saga o referencial de lo anterior, hacen de este film un trabajo finísimo.

El juego empieza de cero, pero con muchas más cartas que su original. Con un personaje ya creado, evolucionado, satirizado (Rocky llegó a tener un robot y todo, recuerden) y crepuscularizado –si me permiten la palabra inventada–. Ryan Coogler trabaja a sabiendas de lo que tiene entre manos, y no sólo la propuesta fotográfica, cuyo resultado firma la genialérrima Maryse Alberti, está cuidada con mimo y tesón, sino que la realización no puede ser más límpida a la par que rotunda, ni el trabajo de dirección de actores más certero y lleno de matices y frugalidades de esas que engrosan, atosigan y ayudan a uno a creerse las cosas.

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El boxeador Gabriel ‘King’ Rosado interpreta a uno de los contrincantes de Adonis. © Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Inc. Warner Bros. Entertainment Inc.

Completan el reparto figuras de la solidez de Tessa Thompson, Phylicia Rashad, Will Blagrove, Andre Ward, Tony Bellew, Philip Greene… numerosas estrellas pugilísticas as himselves, e incluso el vozarrón de Liev Schreiber. Sin embargo, la sorpresa para crítica y público, ha llegado de la mano del trabajo del bueno de Silvestre.

El propio Stallone estuvo a punto de rechazar incluso el papel, ya que se traía entre manos asuntos familiares de primera urgencia. Poco después de las negociaciones iniciales con la productora, después de llevarse a las mil maravillas con Coogler, Stallone estuvo a punto de apearse del proyecto cuando su hijo, Sage Stallone, que interpretó al hijo de Rocky en un par de entregas, y al que también pudimos ver junto a su padre en Daylight (Pánico en el túnel) (Daylight. Rob Cohen, 1996), murió repentinamente de un ataque al corazón, con tan sólo 36 años de edad. La noticia supuso un gran impacto para Sly (nos ha jodido), que finalmente aceptó hacer el trabajo. Creed. La leyenda de Rocky se convirtió automáticamente en un homenaje a Sage. «Cada vez que se pueden ventilar emociones que son reales, creo que es muy útil. Lo más importante, es que quiero respetar su memoria. Creo que lo hemos hecho», decía el propio Sylvester al respecto.

No sabemos si por filmar con tanta carga emocional, o por las indicaciones de Coogler, o por no tener que dirigirse a sí mismo y que así alguien le vea “desde fuera”, o por el proceso actoral terapéutico que sea, pero Stallone está nominado al Oscar. Eso que, prácticamente ningún director nos atrevíamos a decir por miedo al abucheo: que Stallone es un buen actor, ahora se va a poder decir a grito pelado. Le otorguen el muñequito o no.

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“¡Pero dale bien ahí…! ¡que no le das!”. © Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Inc. Warner Bros. Entertainment Inc.

¿Qué hago, recomiendo entonces? Pues mire usted, sí. Si le gusta la saga de The Italian Stallion, este producto le va a dejar grapado a la butaca. Si, por el contrario, las aventuras de Stallone y su boxeo no le provocan más que indiferencia, piense que son 132 volátiles minutos en los que, cuando las hostias no están restallando a todo trapo, es porque los humores de los personajes están hirviendo a todo grado. Y no hace falta haber visto ninguna de las anteriores. No hace falta porque esto acaba de (volver a) empezar.

3 Comentarios

  1. TODAVIA RECUERDO AL PERSONAJE DE APOLLO CREED ERA UN CAMPEÓN MUY FANFARRÓN
    COMO CASSIUS CLAY,JOSÉ LEGRÁ Y JACK JOHNSON O COMO LUKE CAGE EN LOS COMICS.

    • Hola, Sandro,
      Tienes razón, la fanfarronería era una marca de la casa en esos boxeadores que comentas. Casi crearon unos personajes de sí mismos que se explican solo si se tiene en cuenta que necesitaban «fanfarronear» y hacerse valer constantemente como forma de venderse.
      Gracias por comentarnos, amigo.

  2. El personaje de Rocky Balboa se inspiró en el boxeador Chuck Wepner que en 1975 fue retador contra Cassius Clay en la primera
    defensa que hacia de la corona de campeón del mundo de los pesos completos tras recuperarla en África contra George Foreman.
    Chuck Wepner peleó contra varios ex campeones del mundo de peso completo como George Foreman ,Sonny Liston ,en la ultima
    pelea de Liston pues al poco tiempo murió en su casa de Las Vegas,y a Ernie Terrell ,viudo de la cantante Tammi Terrel,le ganó
    por decisión dividida el titulo de campeón de los USA.

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