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Lleva como un mes colgada en Youtube, sin ningún tipo de monetización, de manera completamente gratuita para el espectador. Ha cosechado el cariño de todos los medios y de la cinefagia más voraz, amén de más de seis millones de visitas. Hablo de Criando ratas (Carlos Salado, 2016), el nuevo exponente del denominado “cine quinqui”, rebautizado para la ocasión como “neo-quinqui”. Un filme de esta nueva onda –forzosa en nuestro país– que se hace llamar cine low-cost, pero que no es más que el concepto de “independiente” de toda la vida, abaratado aún más gracias a los usos nuevos llegados de lo digital.

“El Cristo” (Ramón Guerrero) y “El Mauri” (Mauricio Manzano)
“El Cristo” (Ramón Guerrero) y “El Mauri” (Mauricio Manzano), héroes quinquis para las nuevas generaciones en una de las secuencias más emblemáticas del filme © Rubén Ferrández

En la última entrega de aquella serie que les ofrecimos el año pasado, sobre el Cine Quinqui tocado así, de manera más o menos completista, les mencionaba Criando Ratas como un proyecto en el aire del que nunca más se supo. Un año más tarde, me complace, no sólo anunciar que sí, que el proyecto tocó a su fin y pudo acabarse, sino que además servidor pudo asistir a un pase organizado la semana pasada en Madrid, con la asistencia de su director, Carlos Salado, su protagonista Ramón Guerrero “El Cristo” y los cabezas de producción/distribución. Hice bien, por tanto, en obviarla en Youtube para poder desvirgarme con ella en pantalla grande, con su fillage más rabioso y sus detalles más rudos. Y, además, pude escuchar en vivo a ese auténtico enamorado de “el género” que es su director/guionista/director de fotografía/ músico, Salado, y al “quinqui” de rigor, Ramón Guerrero. Que lo de “quinqui” lo entrecomillo porque lo generacional también se deja sentir en los lares más alternativos con la sociedad, ya que Guerrero es hoy una persona seria y perfectamente rehabilitada, simpático y cercano, tan tímido como agradecido.

“Yo he madura’o en la cárcel (…) al final, salí al año por buena conducta: ¡me pinté la cárcel entera! Me dieron el cubo y el rodillo… ¡y me la pinté entera! (…) Para mí, la cárcel ha sido mi mili.”

Ramón Guerrero, 2017

El rodaje se hubo de interrumpir debido a su ingreso en prisión, pero Carlos Salado no quiso abandonar la idea de que siguiera siendo “El Cristo” en ningún momento, y siguió visitándole en el Centro Penitenciario de Fontcalent (Alicante) domingo tras domingo. En el año que estuvo privado de libertad, se cambió el guión, la película se convirtió en coral y se rodaron las secuencias en las que él no aparecía. Durante su primer permiso carcelario se rodó un tramo importante de lo que quedaba, y en el segundo, se terminó el filme.

Criando Ratas
Living in descampa’o: Arriba: Mauricio Manzano con la actriz Anna Babadzhan. Abajo: El jovencísimo Antonio Amador es “El Pistolica” © Rubén Ferrández

Se cierra así, al menos de momento, la colección filmgráfica de este país nuestro donde el bandolero moderno transciende más allá de la picaresca, para darse al gamberrismo, la “malincuencia”, el menudeo y la drogadicción. Esa tónica o fórmula generacional de cine de acción y aventura, que muy agusto analizamos para ustedes en la serie, y de la que Carlos Salado acaba de coronarse como su –valgan las desapariciones de quienes ya no están– máximo exponente.

Tras licenciarse en Comunicación Audiovisual y tras dirigir seis cortometrajes y un mediometraje titulado Pecadores (2009), Salado se mete en esta maravillosa irresponsabilidad que es hacer una película sin dinero. Con un equipo formado por tan sólo cuatro personas –él mismo, un operador de cámara, otro de sonido y el productor Rubén Ferrández–, y tras un rodaje de más de cuatro años –seis en total, ha supuesto el proceso completo–, presenta ahora su primer largometraje por puro amor, sin retorno económico de ninguna clase.

Para todo este fregado, se buscaron localizaciones e “intérpretes” –entrecomillo porque el 95% del reparto es gente no profesional– en muchos barrios de Alicante, tales como Colonia Requena, Las 1000 viviendas o el barrio José Antonio. Sin dejar de carecer de cierta ingenuidad, de un afán por trasgredir a cualquier precio casi etiquetable de ‘osado’ –según palabras del propio Carlos Salado en aquel pase de lunes–, Criando Ratas es un filme que supura sinceridad absoluta, y una honestidad de todo punto superior a los amortizantes clásicos básicos de De La Loma y De La Iglesia; y además evitar cualquier discurso ejemplarizante o moralizador. El trabajo con los actores, por ejemplo, irriga la misma sinceridad que se atisba existente entre ellos y el director. Algunos de los resultados, como el de los niños más jóvenes o el de El Mauri –interpretado por, y escrito para, Mauricio Manzano– son, sencillamente, espectaculares.

“(…) Ese cine que aboga por las historias reales, por las historias íntimas. Y dentro de todo ese cine estaba el cine quinqui, que yo adoraba. Lo empecé a consumir muchísimo (…) Al final mi estantería estaba llena de cine quinqui, y veía que después de 30 años no había en el cine español una película que reflejara de manera realista el mundo de la calle como lo hicieron antaño, en los ochenta.”

Carlos Salado, 2013

Criando Ratas narra una odisea coral, donde la trama de “El Cristo” –nombre elegido por el propio Ramón Guerrero, fan del Cristo de los Faroles– vertebra todas las demás, y donde el arrabal alicantino de descampados, patios de pisos desvencijados y naves industriales, alberga sobrevivientes del lumpen proletario de todos los palos. Desde faltas y delitos como el tráfico de sustancias estupefacientes, la prostitución y la trata de blancas, las peleas de perros, el robo mediante intimidación, la corrupción de menores, la usura atroz y la extorsión. Un panorama idóneo para dar rienda suelta al mayor compendio de homenajes a la fórmula.

“El Cristo” (Ramón Guerrero)
“El Cristo” se verá inmerso en un frega’o contrarreloj para conseguir saldar una deuda. Si no paga… perderá ambas manos © Rubén Ferrández

En el filme, El Cristo, aparte de cierta reputación como narco de andar por casa, tiene una deuda enorme con otro hampón de mayor categoría. Puesto hasta las trancas, deberá iniciar una carrera contrarreloj para conseguir el dinero. Histérico perdido, la oleada de actos delictivos a la que le llevará la desesperación, hará que se sumen a la carrera delincuentes de todo tipo de catadura y nacionalidad –inmensos, en ambos sentidos de la palabra, los búlgaros de la película–.

Criando Ratas, Carlos Salado, 2016
Las tramas de los diferentes personajes se entrecruzan en una estructura coral como no suele verse en los filmes habituales del ‘género’ © Rubén Ferrández

Al mismo tiempo, otros tres chavales más jóvenes comienzan con su carrera delictiva, inmersos en su generación “cani”. Pero el entorno no deja de criar ratas, ya que otra quinta aún más infantil, la capitaneada por “El Pistolica” –ojo, el desgarrador y franco pesimismo con el que habla este chaval–. Cruzándose unos con otros, tocándose e intercediendo, los personajes que pueblan esta desoladora película, terminan, como rezan los cánones del género, entendiendo el precio a pagar por las malas. Y no me tiren más de la lengua. Todo se imbrica, con la soltura y la arbitrariedad de un guión parcheado mil veces, en un filme que, pese a la aplastante domesticidad de su plástica, posee, no sólo ideas brillantes, desarrollos maduros y un finísimo humor, sino incluso momentos de pura poesía, como esa maravilla de secuencia a lo Stomp, en la que los chavales se montan toda una percusión flamenca con señales de tráfico, los pies colgando, suspendidos en el aire…

Criando ratas no abandona el universo de estilización del género al que alude, al tiempo que establece un lenguaje de docu-ficción con el espectador de todo punto objetiva, que no por ello menos romántica. “El Cristo” se pasea por los fotogramas, disfrazado de Perro Callejero –la ya icónica camiseta de tirantes roja es suya, de la vida real– en una España del siglo XXI, donde los barrios periféricos ya no están tan alejados del casco urbano y las expresiones de los macarras han cambiado, pero el enredo quinquilleril sigue existiendo, aunque ya “no mole” sacarlo por televisión más que para alarmar y meter miedo.

Y de esta guisa, el discurso de Salado empapa a los personajes, invitando a la reflexión sin caer en ningún tipo de moralina de profe de instituto o posicionamiento político al tún-tún. Lejos de mojarse, Criando Ratas cuenta una historia de ficción, llena de palpitante aventura, donde la propia realidad se pasea ante el espectador, con sus contradicciones y fallas, sin juzgar al individuo ni culpar al sistema. Las lecciones ético-morales –del tres al cuarto– que, en ocasiones, poblaban los títulos emblemáticos del cine-quinqui, aquí no tienen cabida. El nihilismo moderno permite desarraigar de uno mismo los axiomas de la vida marginal e invitar a la reflexión y el progreso. Y eso también, gracias a Dios, es muy del siglo XIX.

Criando ratas (Carlos Salado, 2016)
Los prohombres del mañana, la esperanza de las pensiones de España, el futuro soñado, de tertulia © Rubén Ferrández

El dúo responsable (Salado-Ferrández) confesó en el encuentro que anda ya barajando distintos guiones con alguna que otra productora. Esperemos que, inscritas en el cine-quinqui o no, las películas de Carlos Salado sigan brotando “pero ya”, como dice la rumbita del tema principal del filme. Ustedes recuerden que también pueden ver “pero ya” la película al completo en ese dichoso rincón llamado Youtube. Déjense llevar, disfruten del quinqui de ahora y absorban algo de su sabiduría silvestre. Gócenlos sin miedo, pero también sin prejuicio. Y agradezcan a ese caballero romántico llamado Carlos Salado, todo este derroche de amor.

2 Comentarios

  1. Es volver a los tiempos de Eloy de la Iglesia o Saura , con su “Deprisa, deprisa”. Personajes como “el Torete”, “el Pirri” y tantos que hubo en los
    años ochenta, Criando Ratas rememora en el siglo XXI esas tristes épocas que se ven no han cambiado demasiado. Se me hace más de género documental, no llega y quizá tampoco lo pretende, al drama tan bien plasmado en las películas de los 80.

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