Ya les contábamos en la primera entrega de este nuevo ciclo que lo del stop motion, aparte de para contar fábulas animadas e historias protagonizadas por personajes zoomorfos, también sirve como auxilio de FX para el “cine normal”, o “convencional”, o como quiera usted definir al cine con actores, exteriores, disfraces y demás zarandajas que componen los largometrajes de ficción. También les hablamos, ya en la segunda, de pioneros en estos lares como el ínclito Willis H. O’Brien, padre animador de los siempre manidos –en este terreno– dinosaurios de fiero aspecto. Pues bien, nos habíamos dejado algunos nombres, capitales para las fantasías que usted lleva viendo en pantalla desde pequeño. Así que, ahora tocan.

Cuando los dinosaurios dominaban la tierra
En la «integración» está el meollo. En los intérpretes colocados en el cuadro junto al muñeco. En la imagen, un frame de Cuando los dinosaurios dominaban la tierra (When Dinosaurs Ruled the Earth. Val Guest, 1970) © Hammer Films

Lo del éxito de King-Kong (Ernst B. Schoedsack, Merian C. Cooper, 1933) ya se sabe que fue rotundo, como también se sabe lo de moda que estaba la ufología –con sus respectivos extraterrestres– y la paleontología –otra cosa no, pero dinosaurios…–. Pero a todas estas paranoias internacionales, hubo de unírsele una nueva, si cabe, más atractiva para estos argumentos que las anteriores: el pánico nuclear sobrevenido con la Guerra Fría, tras la Segunda Guerra Mundial. Radiactividad maldita que permitía desbarrar a los cerebros de los guionistas y los dedos de los animadores, sacándose criaturas de la manga para competir contra saurios, robots y seres extraídos de la mitología.

Precisamente por las películas basadas en relatos mitológicos trascendería la fama del maestro Raymond Frederick Harryhausen. Discípulo directo y ayudante de Willis H. O’Brien, Ray Harryhausen pulió detalles de modelaje e innovó creando nuevas técnicas que permitían una animación más fluida, totalmente espectacular en la época, convirtiéndole en un reputado técnico cuya fama le ha seguido hasta después de su muerte –en mayo de 2013–, creado una auténtica legión de seguidores.

El ahínco de Harryhausen ya ayudó a su maestro a ganar el Oscar a los mejores efectos visuales con la referida El gran gorila (Mighty Joe Young. Ernest B. Schoedsack, 1949), y volvería a asombrar a público y Academia muchas veces más. La pelea de Todd Armstrong contra los esqueletos de Jasón y los Argonautas (Jason and the Argonauts. Don Chaffey, 1963), que Harryhausen lamentaría toda la vida que no fuera siquiera candidata para los Oscars, o la terroríficia Medusa a la que se enfrenta Harry Hamlin en Furia de Titanes (Clash of the Titans. Desmond Davis, 1981), dos de sus filmes más reconocidos, son el paragón primero y último cuando toca referirse a la stop motion integrada con actores de carne y hueso, y en ocasiones, ejemplo de stop motion en general.

Todd Armstrong
Todd Armstrong (Jasón), a espadazos contra esqueletos stop motion en la secuencia más famosa de Jasón y los Argonautas (Jason and the Argonauts. Don Chaffey, 1963), la secuencia más famosa también del stop motion, y una de las secuencias más famosa de la historia del cine en general… ¿alguien da más? © Great Company, The, Morningside Productions

Harryhausen reutilizaría los esqueletos de Simbad y la princesa (The 7th Voyage of Sinbad. Nathan Juran, 1958) para Jasón y los Argonautas, y desde luego, a sus dinosaurios les hizo dar más vueltas que a El Fugitivo, de película en película. Tal ojo escatimaticio y práctico, y la experiencia como “conseguidor” en sus primeros cortos –basados casi todos en cuentos de los Hermanos Grimm– le hicieron desarrollar también una notable labor en el campo de la producción.

Llegado el momento, Harryhausen exigiría ser productor asociado de los filmes en los que trabajaba como animador o supervisor de efectos especiales, hasta llegar a producir enteramente él sus películas, curiosamente, cerrando el ciclo con los personajes con los que comenzara su éxito. Por su puesto, en estos filmes El viaje fantástico de Simbad (The Golden Voyage of Sinbad. Gordon Hessler, 1973), Simbad y el ojo del tigre (Sinbad and the Eye of the Tiger. Sam Wanamaker, 1977) y Furia de titanes Ray continuó con su paso de manivela, sus monstruos y sus cosas, siempre sentando cátedra.

Furia de Titanes (Clash of the Titans. Desmond Davis, 1981)
El maestro Ray Harryhausen, ultimando el cutis de la Medusa de Furia de Titanes (Clash of the Titans. Desmond Davis, 1981) © Charles H. Schneer Productions, Peerford Ltd.

Este tipo de artista –o artesano– era, como pueden imaginar, más bien escaso, incluso en los enormes USA. Con lo cual, era frecuente que todos los maestros de La Técnica terminaran coincidiendo en trabajos, trabando amistades, desarrollando relaciones maestro-discípulo, pasándose y escondiéndose secretos y trucos, e incluso tomándose cañas. Jim Danforth, por ejemplo, uno de los animadores de stop motion que más enredaría con el no siempre eficaz matte painting –una suerte de rudimentario croma, por no entrar en más explicaciones– hasta conseguir cosas de todo punto asombrosas, siempre se consideró alumno –en alma, que no en cuerpo presente– del maestro George Pal y de Ray Harryhausen. Sin embargo, no coincidiría con ellos hasta forjarse una carrera propia con varios títulos.

La reputación le llegaría precisamente trabajando en unos cortometrajes de lo más sáurido, secuelas de Hace un millón de años (One Million Years B.C. Don Chaffey, 1967), el mítico sexploit ye-yé de Raquel Welch en bikini troglodita que ya dejara bien “stopmotionizado” Ray Harryhausen. Dicho trabajo, en el que Danforth solo aparece acreditado como especial effects, a pesar de que hubiera sido también diseñador de arte, modelador, animador, operador de cámara y foquista, culminó en el hit Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (When Dinosaurs Ruled the Earth. Val Guest, 1970), que le valió una nominación a los óscares y todo. Dinosaurios, siempre dinosaurios… Si se quiere probar una nueva técnica: dinosaurios. Nadie ha visto nunca ninguno, así que no se puede comparar.

El valle de Gwangi (James O'Connolly,1969)
Los dinosaurios nunca fallan. Se pueden mezclar hasta con vaqueros, como en El valle de Gwangi (The Valley of Gwangi. James O’Connolly, 1969), con dinosaurios cortesía de Don Ray Harryhausen © Warner Brothers/Seven Arts, Morningside Productions

El maestro Harryhausen en persona, lo reclamaría años más tarde para Furia de titanes, donde Danforth fue el responsable de crear e integrar al caballo alado Pegaso. Su segunda nominación al Óscar, llegaría de la mano del otro gran maestro George Pal, que reclamaría las artes de Danforth para las películas dirigidas por sí mismo, con el filme Las siete caras del Dr. Lao (7 Faces of Dr. Lao. George Pal, 1964). A Jim Danforth le debemos fondos, integraciones, diseños, modelados y animaciones en casi todos los títulos referidos en el artículo de hoy. Sus habilidades han sido requeridas en películas y series de televisión hasta su jubilación a finales de los 90, en películas de corte fantástico, con su dinosaurio o su mitological de rigor, también en buenas obras maestras, como la imprescindibilísima El tren del infierno (Runaway Train. Andrey Konchalovskiy, 1985), o producciones fuera de los USA, haciendo envejecer (tan) bien a “clásicos” modernos como La historia interminable (Die unendliche Geschichte. Wolfgang Petersen, 1984) y su secuela.

La isla misteriosa (1961) Mysterious Island
Como decíamos en el primer pie de foto, y como bien viene a constatar este fotograma de La isla misteriosa (Mysterious Island. Cy Endfield, 1961): en la «integración» está el meollo © Ameran Films

Y luego está Phil Tippett

“Cuando era un niño, solamente perseguía un sueño. Un sueño en el que me convertía en artista y utilizaba la animación stop-motion para expresarme. Trabajé duro en una estancia oscura, concentrado de lleno en lo que estaba haciendo; y, de alguna manera, se convirtió en algo que la gente me acabaría pagando para que hiciera. Sin duda ocurrió algún tipo de magia. Sin embargo, para el mí el medio de los efectos especiales ha sido siempre lo mismo: un medio artístico.”

 Phil Tippett, fala de la Vissual Effects Society en 2010

Tippett era un animador y visionario que empezaría rodando películas caseras de stop motion en Super-8 mm –con una cámara que adquirió trabajando de jardinero para sus vecinos– para terminar revolucionando el medio por completo. Y con “el medio” no me refiero sólo a la stop motion, sino al cine.

Nació en 1951 en Berkeley (California). Fascinado y en shock al asistir ante la tele al Simbad y la princesa de Harryhausen, con tan sólo siete años, decide tajantemente los pasos que seguirá su vida entera. Una beca artística de la Universidad de California en Irvine le permitió comenzar sus estudios cinematográficos, al tiempo que empezaba a trabajar como animador en el estudio de animación Cascade Pictures, donde se cascaría anuncios de televisión para llenar varias plazas de toros –a él le debemos, por ejemplo, el primer Gigante Verde del anuncio–. En 1975, su vida y la de su compañero de correrías Jon Berg serían baqueteadas por el destino hacia la gloria, cuando un joven George Lucas los reclamara para integrar la plantilla de Industrial Light & Magic al menos en un título: La Guerra de las Galaxias (Star Wars. George Lucas, 1977). La pinta final dejó boquiabierto a todo el estudio. No sólo fue el resultado final, sino las ideas y soluciones pergeñadas ante un presupuesto más que ajustadito, donde se repetían moldes y los propios técnicos de efectos se disfrazaban de cosas peludas, lo que hizo que Lucas se quedara con este hombre para la franquicia entera.

En El Imperio Contraataca (Star Wars. Episode V: The Empire Strikes Back. Irvin Kershner, 1980), Tippett y Berg encabezaron el departamento de animación de ILM, y ambos genios aprovecharon para dar un paso de gigante, una nueva variante del stop motion: el go motion, que ya les desarrollamos en nuestro fascículo primero. El movimiento de los gigantescos vehículos cuadrúpedos acorazado y las criaturas de monta taun-taun, volvieron a pasmar a todo el mundo, más que nunca, en unas secuencias que –“mejoras” infográficas posteriores– han envejecido como el vino. Para la siguiente Star Wars, El retorno del Jedi (Star Wars. Episode VI: Return of the Jedi. Richard Marquand, 1983), Tippett ya era el jefe absoluto del departamento de diseño y creación de criaturas –departamento al que ILM llamó creature shop, directamente–.

El Imperio Contraataca (Star Wars. Episode V: The Empire Strikes Back. Irvin Kershner, 1980)
Phil Tippett, perdiendo pelo con un caminante ATT de El Imperio Contraataca (Star Wars. Episode V: The Empire Strikes Back. Irvin Kershner, 1980) © 20th Century Fox, Lucasfilm Ltd. Production

Tras el éxito de su magia en la saga Star Wars, Tippett decidió explorar los límites del go motion, realizando en 1984 un cortometraje sobre dinosaurios de unos diez minutos de duración, titulado Prehistoric Beast. Todas las secuencias con efectos especiales de animación y maquetas, fueron llevadas a cabo en el garaje de su casa. Estaba comenzando, modestamente y con antiguos trabajadores de ILM, una nueva fábrica de sueños, el del Tippett Studio.

Ese mismo año, el Estudio Tippett produjo la animación –amortizando el go motion bien– de los bichos de la película La aventura de los Ewoks (Caravan of Courage: An Ewok Adventure. John Korty, 1984) y otros encargos con los que la empresa de Lucas no daba a basto. En 1986, Tippett ganó, por su trabajo en el documental Dinosaurios, un Premio Primetime Emmy a los mejores efectos visuales y especiales, y comenzó a trabajar en la que sería la primera película cinematográfica del estudio –la de los Ewoks era una t.v.movie d’esas–: Howard: un nuevo héroe (Howard the Duck. William Huyck, 1986).

A partir de este título, llegó el “no parar” para la empresa de Tippett. El chico de oro (The Golden Child. Michael Ritchie, 1986), Robocop (RoboCop. Paul Verhoeven, 1987), Willow (Ron Howard, George Lucas, 1988), Cazafantasmas 2 (Ghostbusters 2. Ivan Reitman, 1989), Cariño, he encogido a los niños (Honey, I Shrunk the Kids. Joe Johnston, 1989)… todo éxitos sonados, llenos de bichejos de stop motion que traumatizarían a varias generaciones.

Willow (Ron Howard, George Lucas, 1988)
De izq. a dcha.: George Lucas, Ron Howard, Phil Tippett y John Berg, asistiendo ensimismados a la animación del brasero encantando de Willow (Ron Howard, 1988) © Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), Lucasfilm, Imagine Films Entertainment

“Para algunos planos de Robocop, película en la que tampoco conté con un holgado presupuesto, añadí borrosidad de modo muy precario cuando pude. Para ello, coloqué cuñas de madera bajo la mesa de animación, y las agité durante la exposición del fotograma”

En 1991 Steven Spielberg –nada menos– solicitó al Tippett Studio unas pruebas en stop motion para un futuro proyecto: Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993). Los planos de ensayo de Tippett competían en calidad con lo conseguido por Dennis Muren –de ILM– y sus ordenadores. No obstante, Spielberg mezcló ambas técnicas, con planos de dinosaurios construidos como animatrónicos a escala real y el montaje de toda la vida –la secuencia del T-Rex comiéndose el coche y la de los velocirraptores en la cocina, son grandes ejemplos–. El fruto final, combinación de toda técnica de fx posible, alejada de filigranas y estilismos, siempre en pos de la credibilidad, incluso a día de hoy, no puede ser más perfecto.

Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993)
Empleado de Tippett Studio dando vida a un T-Rex mediante el go-motion, para un breve instante de la famosa secuencia de Parque Jurásico (Jurassic Park. Steven Spielberg, 1993) © Universal Pictures, Amblin Entertainment

Al ver los resultados infográficos de Parque Jurásico, Tippett incluso bromeó con la analogía paleontológica y afirmó que los animadores de stop motion estaban en proceso de extinción. Desde entonces el Tippett Studio ha abandonado definitivamente el stop motion y sus derivados y utiliza casi exclusivamente la animación por ordenador. Lo mismo el “cine convencional” ya no necesita la stop motion, pero sí el cine de animación y, por supuesto, todo aquello que requiera de una valoración más verosímil, más mágica.

Dejar una respuesta

¡Por favor, introduce tu comentario!
Por favor, introduce aquí tu nombre

       

Los comentarios en esta página pueden ser moderados; en tal caso no aparecerán inmediatamente al ser enviados. Las descalificaciones personales, los comentarios inapropiados, de extensión desmesurada o con demasiados errores ortográficos podrán ser eliminados. Asimismo, en caso de errores considerados tipográficos, el editor se reserva el derecho de corregirlos antes de su publicación con el fin de mejorar la comprensión de los mismos. Recordamos a los lectores que el propósito final de este medio es informar. Para recibir soporte sobre dispositivos o problemas particulares les invitamos a contactar con el correspondiente servicio de atención al cliente.