Turquía, y lo que viene siendo el conglomerado europeo, mantienen una extraña relación desde que en 1963 la Comunidad Económica Europea (la CEE, antecesora de la actual UE) firmara el denominado Acuerdo de Ankara. Desde entonces, hemos estado con un eterno “ahora sí, ahora no” con los turcos hasta su adhesión plena en el continente hace menos de diez años –y aún así, plena-plena…–. Los turcos, los otomanos, los sarracenos infieles, siempre han gozado de su toque de distinción y peculiaridad en la historia de nuestra ficción y nuestro entertaiment. Son, al igual que los rusos, medio occidentales-medio orientales, medio pasionales-medio racionales, medio modernos-medio rancios… Para el europeo viejo de bombín, e incluso para nosotros, vecinos de Mediterráneo pero del bastión latino, el turco común resulta altamente exótico, al mismo tiempo que terruñero. Es muy marciano, y al mismo tiempo tiene algo de familiar. No es de extrañar pues, que en esto del “supereuroismo” jueguen, no sólo un papel notable, sino además peculiar, pintoresco como ellos solos.

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El título más conocido de todo el cine superheróico turco, auténtico filme de caspa-culto no por su calidad sino por lo disparatado de su propuesta, es ‘Capitán América y El Santo contra Spiderman’ (3 dev adam. T. Fikret Uçak, 1973) ¡Sólo en Turquía! © Renkli

Así, uno se puede encontrar de todo en estos territorios. Siento indicar, ya de antemano, que el contenido de este artículo va a ser menos concienzudo y completista de lo habitual, debido a que la longitud del listado de películas es absolutamente inabarcable, y la gran parte de ellas –encima– se han perdido o son de todo punto inlocalizables. Se ha perdido mucho material, pero también se han cambiado títulos, repetido guiones, escenas y hasta planos. Se ha homenajeado, copiado, plagiado y replagiado. Se han sampleado y troceado scores de las bandas sonoras de otras películas (americanas y todo) sin miedo a la ley de propiedad intelectual, ni al derecho de explotación, ni a nada. Lo del cine turco es mucho, pero también es un lío.

Lo de la cinematografía en Turquía tiene su edad de oro también, no se crean, ya que a mediados de los sesenta del siglo pasado, que es cuando más cantidad hay de toda esta verbena, comenzó a regalar al mundo (sobre todo a Asia y el norte de África) toda una catarata de películas de bajísimo coste y argumento indiferente. Policíacos, pelis de terror, romances musicales… todo tipo de fules de Estambul brotaban como granos con la varicela, copiándose unas a otras en un lío que nadie podría jamás archivar del todo, haciendo las delicias de la sociedad turca y completando packs de distribuidoras para las dobles sesiones y las sesiones continuas de las salas de pueblo del mundo entero.

A nuestro ojos, todas nos resultan extrañas. Sin embargo no estamos ante ningún relevo geográfico. Son extrañas. Y son así por un característica común a todas ellas –independientemente del presupuesto, incluso–: la prisa. Están hechas tan deprisa y en un entorno de competitividad tan raudo y salvaje, que el producto final es, cuando menos, malísimo. Aunque, todo sea dicho, frecuentemente simpático.

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El copioso cine de género turco se caracteriza por un alejamiento absoluto de cualquier tipo de verosimilitud, un estilo narrativo y visual sin sutilezas ni buen gusto, y un tono cómico disparatado, histriónico y exagerado, mezclando elementos de distintas épocas y fórmulas sin ningún rigor. En la imagen, un fotograma de Ringo Gestapo’ya karsi (Cevat Okçugil, 1967) © Cevat Okçugil

Está, por ejemplo, la deslavazada y sin sentido Demir Yumruk: Devler geliyor (Tunç Basaran, 1970), Iron Fist: The Giants Are Coming en el mercado angloparlanchín, donde al superhéroe se le presenta como ya muerto en el momento en el que empieza la película, y el protagonista es un agente de policía llamado Enver Özer, que se enfrenta a un plagio descarado del británico Zarpa de Acero que encima se llama –con un par– Fu Manchu. Después, el “euroíno” en cuestión, que se llama Iron Fist –como el de Marvel, sí– aparece de la nada en un afán de sorprendernos que casi ofende, sirviéndole al madero de sidekick, al tiempo que hace el ridículo con un pijama mixtura entre el Superman de toda la vida, Supergoofy y sabe Dios qué más. Pues así todo: tramas que mueren en pocas secuencias –o en la misma–, hilos que no van a ninguna parte, peligros inocuos, caprichos molestos, diálogos inservibles, urgencias que se dejan olvidadas, sorpresas que no lo son, descombacantes rizadas de rizo e imposibles vueltas de la burra al trigo… estructuras de guión que harían levantarse de su tumba al mismísimo Robert McKee, si no fuera porque está vivo.

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Fotocromo promocional de la marcianísima Süper kadin dehset saçiyor ( Feridun Kete, 1972). Artes marciales, tiros de pistola y muslamen. Eso sí, con antifaz y capa © Kimiz Film

Por supuestísimo, estos mediterráneos rebasan el ojo clínico de los italianos y su rollo, sobrándose tres pueblos, más que “sin vergüenza”, con “sinvergonzonería” –que no es lo mismo–. El spaguetti-western no pasó en vano por Turquía, ya que llegaron incluso a construir sus propios poblados –como los nuestros de Almería, ya ven– ante la cantidad de “kebab-westerns” producidos; pero tampoco el fenómeno superheróico o tarzanesco, ni más tarde los “starwars” y “etés” y demás mainstream internacional. Turquía tiene a su propio E.T. (se llama Badi) de 1983; su propio Tarzán –e incluso «Tarzana»– y su Zorro personal. Así como a su Superman, su Batman, su Espíderman o su lo que sea. Según el éxito que tuviera en tierras bizantinas éste o aquel personaje… ahí estaban ellos. Y con respecto a esto del éxito, también se daban exotismos, fíjense, que los gustos, estereotipos, valores y clichés cambian según el mapa.

Resulta sorprendente, por ejemplo, el éxito de nuestro ibérico Supersonic Man, o del enmascarado selvático de AC comics Phantom, que interpretara Billy Zane para el cine en los 90. El éxito de Phantom (Kizil Maske para ellos) provocó toda una suerte de publicaciones pulp al uso, derivó en un plagio descarado casi viñeta por viñeta, adaptándolo todo al modus vivendi otomano. Y, por supuesto, las consecuentes películas, con sus cambios concretos en uniforme y nombres, por si acaso caía denuncia.

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A la izq.: El Llanero Solitario turco, en Maskeli Süvari’nin Dönüsü (Kayahan Arikan, 1969). Y a la dcha.: una suerte de Zagor sui generis en Zagor kara korsan’in hazineleri (Nisan Hançer, 1971), adaptaciones otomanas de estos héroes del western antes de que contaran con versión de largometraje en su propio país de origen, los USA e Italia respectivamente © Hakan Film, Özdeyis Film
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No, no son los hermanos Dalton. Son los forajidos enmascarados del «turcowestern» Maskeli besler (Yilmaz Atadeniz, 1968) © Arzu Film

La megaestrella Irfan Atasoy, que interpretó el solito a toda una corporación de superhéroes, hizo de Phantom turco en Kizil maske (Çetin Inanç, 1968), la que posiblemente sea la única de las cintas visitables sobre el personaje. El mismo año, se estrenó otro filme también titulado Kizil maske (Tolgay Ziyal, 1968), con el actor Ismet Erten haciendo del justiciero. El atuendo de la segunda versión se diferenciaba del de la primera por un tocado en el esternón con forma de calavera con dos huesos cruzados. Diferente del todo, era la guisa del héroe en Kizil maske’nin intikami (Cavit Yürüklü, 1971), la tercera película que, reconozco, no he sido capaz ni de acabar.

A Orumcek (Hüseyin Zan) también se le ve el plumero, y aunque Örümcek (Taner Oguz, 1972) recoja el feedback de Bizancio para con el arácnido Marvel de Peter Parker, lo hace con sutileza y disfrazando al personaje de todo punto. No como el bochornoso uso que se hace del hombre-araña en la famosísima –gracias a las ganas de cachondeo que abundan en “la interné– 3 Dev Adam (T. Fikret Uçak, 1973), retitulada en nuestro país (muy póstumamente y gracias de nuevo a “la interné” que, en salas, no llegó a asomar nunca) Capitán América y El Santo contra Spiderman, con el lanzarredes como villano en una suerte de ensalada barata que ya se pueden imaginar.

Era el mismo descaro que el mostrado en El retorno de Superman (Supermen Donüyor. Kunt Tulgar, 1979) una bizarrada, como dice ahora la juventud, de producción absolutamente doméstica, recuperada en DVD para España hace pocos años, y de la que ya nos hicimos eco.

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A la izquierda: Irfan Atasoy en una foto de rodaje de Kizil maske (Çetin Inanç, 1968). A la dcha., arriba: un fotograma con Ismet Erten en Kizil maske (Tolgay Ziyal, 1968). Debajo: fotocromo de Kizil maske’nin intikami (Cavit Yürüklü, 1971) © Özler Film

En Supermen Donüyor a uno le cuentan exactamente la misma historia de siempre, sólo que haciendo aterrizar la navecita del bebé Superman en Estambul en lugar de Smallville. Sólo recomendable para reírse de ella (si es que la aguanta, que ya es labor). Porque, cómo no, ahí no acaba la cosa.

Los turcos tienen a su Superman y sus hombres-araña, pero también tienen otro clásico del trash, Yarasa adam – Bedmen (Günay Kosova, 1973), con su Batman sin orejas y su Robin cetrino, los dos con sus buenas pistolas, no vaya a ser. Pero también tienen su Conan de reglamento, Altar (Remzi Jöntürk, 1985), que también es fascículo de nuestra serie, con más escenas de folleteo bárbaro en las que se enseña mucho menos que en la original. Por tener, tienen hasta su “Capitán Turquía” –por llamarlo de alguna manera–, el Capitán América de chichinabo, con “T” en la frente, de Binbasi Tayfun (Tolgay Ziyal, 1968).

Tienen hasta versiones de personeaje absolutamente desconocidos. Como Míster X, el chorizo protagonista de una coproducción Italia-España que no se si ha visto alguien: Mister X (Piero Vivarelli, 1967). La turca, que aparecería tan solo un año después, se titulaba Casus Kiran (Yilmaz Atadeniz, 1968), y llegó a contar con secuela y todo: Casus Kiran-7 canli adam (Yilmaz Atadeniz, 1970). El caso es que, a los turcos, les molaba el enmascaramiento y la capa y cualquier excusa plástica servía de inspiración. Copiaban los desconocidos por si el dueño-autor no se daba cuenta, y a los muy conocidos, por si al respetable se le escaba alguna referencia.

Foto promocional de Casus Kiran (1968)
Irfan Atasoy y Sevda Ferdag en una foto promocional de Casus Kiran (Yilmaz Atadeniz, 1968) © Atadeniz Film

Otros supermanes de Dios, a los que ya mencionamos en otro artículo, recalaron también en Turquía, después de ser explotados por medio mundo. La franquicia que empezara con Tres Superhombres (I fantastici 3 $upermen. Gianfranco Parolini, 1968) arribó a las tierras del Bósforo para quedarse allí y desaparecer, después de saquear la caja fuerte de productores de Alemania, España, Yugoslavia y Francia. Tras una versión apócrifa y por la patilla, la soporífera Supermen and a Mad Girl (Çilgin kiz ve üç Süper Adam. Cavit Yürüklü, 1973), sería el productor Kunt Tulgar quien los acogería, ya acabando los años 70, con la indescriptible Los tres supermanes contra El Padrino (Süpermenler. Italo Martinenghi, 1979). Aunque se superarían tres años más tarde con un subproducto más turco aún, que reciclaba planos de varias películas y que supuso el final de la saga de los 3 supermen: Los tres supermanes en las Olimpiadas (Üç süpermen olimpiyatlarda. Italo Martinenghi, 1983).

Y ya hablamos de la versión del villano italiano Killing, llamada discretamente Kilink, pero tan sólo reseñamos un puñado de títulos, los más sonoros. Aunque lo cierto es que la lista, “paleontocinéfilamente” hablando, no se ha llegado a completar nunca. Las fotonovelas de Kilink fueron descontinuadas después de dos años (de 1965 a 1967), de tal manera que sólo vieron la luz 19 números. El motivo no fue otro que la censura. En el cine, en cambio, la carrera de Kilink llegó a rebasar (se dice) los diez títulos, entre los cuales, Kilink se enfrentaba al monstruo de Frankenstein (en Killing Frankestayn’a karsi), o al mago Mandrake de los citados AC comics (todo por la puta cara) en el filme de título impronunciable Sihirbazlar Krali Mandrake Killing’in pesinde, e incluso existió una película titulada Kilink vs. Django. Pero vamos, que ya les digo que, o no se pueden encontrar, o directamente ya no existen. Cosas de lo pulp.

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La presentación de Kilink (antes de que se crujieran su nombre con una demanda) en la prensa sensacionalista © Haberi (1967)
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Fotocromo de lo más ye-ye de Rüzgar hafiye (Cevat Okçugil, 1969), otro enmascarado mezclador de conceptos para terminar de liarnos © Yildirim Film

Pero, las cosas como son, en torno al Bósforo también tienen su buen catálogo de enpijamados atutóctonos. Especímenes como Demir Pence, cuya primera peli es de 1969 y que se podría traducir como “Garra de Acero” o algo así. También podemos encontrar al denominado “Demonio Enmascarado”, Maskeli Seytan; al “Detective Trueno” Simsek Hafiye, o a los “halcones” Kara Atmaca y Kara Murat. Todos, oliendo a otros ya vistos; algunos, protagonistas de varios títulos y merchandising variado –principalmente tebeos–. Todo, un prodigio en psicotronía y carnavaleo.

La fantasía es toda, y el rigor ninguno. Cualquier desempolve de disfraz sirve para atraer la atención del público, más que un nombre o un rostro –que en este caso, daban muy igual, porque llevaban antifaz, pasamontañas o casco– y uno puede encontrar, no sólo un tropel de supermanes tratando de pasar por dignos, sino incluso parodias loquísimas como Süper Selami (Yilmaz Atadeniz, 1979) que, sí, significa lo que a ustedes les suena, con un supermán gordísimo y con papada.

Y cualquier siniestra criatura servía de enemigo o villano, trayéndose un trajín que confunde al más aplicado. Por no respetar, no respetan ni la Historia ni la Geografía. En una buena pieza del Türk Sinemasi el respetable puede ver al enmallado salvamundos enfrentándose a versiones baratas de Fu Manchú, Zarpa de Acero, Moriarty o Drácula; pero también se les puede ver riñendo contra momias, mostruos de Frankenstein, vikingos, piratas, amazonas, mafiosos, extraterrestres e incluso indios cherokee… Todo un paraíso artificial que se presta a la confusión más intrincada.

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De izq. a dcha. y de arriba a abajo: Iron Fist, Kara Atmaca, Demir Pence Korsan Adam, Örümcek, Robin de los “Betmen”, Bakirbas… y, por supuesto, no están todos ni de broma ¡Será por superheroes!

Podremos decir lo que queramos, como europeos con complejo de superioridad, sobre nuestros vecinos locos. Ahora bien, jamás les daremos una sola clase sobre desvergüenza de alma y eclepticismo de subgéneros. Los turcos lucen la caspa con la cabeza más alta que nadie, y le dan una nueva dimensión a la llamada “Serie Z”. Y si no hay show, se inventa, que en el barrio sobra ingenio.

1 Comentario

  1. Los pistoleros enmascarados con esos antifaces de Cacos se parecen a los hermanos Malasombra enemigos de los Chiripitiflauticos mas que parecer de un Kebab western.

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