Se estrena en nuestro país hoy mismo Eat That Question: Frank Zappa en sus propias palabras (Eat That Question: Frank Zappa in His Own Words. Thorsten Schütte, 2016), al mismo tiempo que el lanzamiento del tomo en librerías, una imprescindible conversación con este genio del siglo XX, tan controvertido como aclamado, innovador y adelantado a muchos aspectos de la cultura popular y el rock’n roll que hoy vemos como normales. Un hombre ligado al movimiento hippie, que nada tenía que ver con él. Cantante, guitarrista, batería, productor discográfico, compositor de música sinfónica y de cámara, cómico satírico, agitador social, anarquista, empresario, coreógrafo, padre de familia, cineasta… Eat That Question: Frank Zappa en sus propias palabras es un documental, producido entre Francia y Alemania, que recoge entrevistas (muchas de ellas inéditas) y todo tipo de material de archivo para conocer a este caballero, adalid de las Humanidades en el sentido más amplio de la palabra.

Eat That Question: Frank Zappa in His Own Words
Póster de Eat That Question: Frank Zappa en sus propias palabras (Eat That Question: Frank Zappa in His Own Words. Thorsten Schütte, 2016) © Sony pictures classics

Acercarse a la figura de este señor mostachudo, así sin anestesia ni nada, es, cuanto menos, temerario. Sin conocer absolutamente de nada a Frank Zappa, imbuirse en su obra a modo completista y tratando de aprender de golpe, es tirarse por una ventana, desnudo y con la boca llena de rodamientos de acero. Aún conociéndole un poco, lo copioso y ecléctico de su obra, se muestra ante uno como un precipicio insondable. Su obra es de esas que, si uno le mete un bocado por el lado equivocado o en orden erróneo, puede dejarse los dientes y no volver a acercarse jamás a ella. Este que escribe supo del personaje que nos ocupa, más o menos, en torno a 1995, a través de una brillante serie de animación que aún mantengo en mi ranking de “lo mejor de lo mejor” titulada Duckman (Duckman: Private Dick/Family Man. Gabor Csupo, Arlene Klasky, Ron Osborn. 1994-1997), que aquí en España emitieron sólo en Canal +, y de la que Zappa hacía la banda sonora. Enseguida me quedé con aquel sonido, que casi ni llegaba a ser melodía.

No se si que el azar me llevara a empezar a devorar lo que este tío hizo por Duckman fue empezar a morder por donde “se come”, pero desde luego, no me he vuelto a desenganchar del universo de Frank Zappa. Desde luego, ahora que el documentalista Thorsten Schütte ha reunido y ordenado todo un torrente de material fotográfico, sonoro y magnético, cualquiera puede encontrar en Eat That Question: Frank Zappa in His Own Words el mejor punto desde el empezar a acometer el trabajo de esta mente privilegiada.

Frank Vincent Zappa (1940-1993), natural de Baltimore, compuso rock, jazz, blues, música electrónica… dirigió unas cuantas pelis y un buen puñado de videoclip, diseñó portadas de discos y produjo los más de sesenta álbumes que componen la obra de The Mothers of Invention, la banda con la que más tiempo duró. En el documental se cuenta el cachondo origen de este nombre, y también se explica, de mano del propio Zappa, como éste comienza realmente a ilustrarse una vez que abandona el colegio. Y cómo termina teniendo una formación que, no por autodidacta, es menos rigurosa y completista. Frank Zappa pasa de Igor Stravinsky a Edgard Varèse, llenando el hueco, a modo de «eslabón perdido» (que dice él mismo), con otros artistas como Anton Webern, y en el filme lo explica corrigiendo una partitura con una filomatic. Tanta diversidad de gustos musicales le hizo crear música en ocasiones imposible de clasificar.

Frank Zappa en París,
Frank Zappa, respondiendo a cámara, en una entrevista realizada durante una gira en París. Parte de una secuencia del documental © Sony pictures classics

Su álbum debut de 1966 con The Mothers of Invention, Freak Out!, mezclaba rock del de toda la vida con improvisaciones disparatadas y sonidos generados en el estudio de grabación. Sus álbumes posteriores eran una mezcla de música experimental de lo más variada, siempre con el cachondeíto en las letras. En sus 26 años de actividad discográfica llegó a publicar más de 60 “elepés” de aquellos, a los que habría que añadir los “veintitantos” publicados tras de su muerte con material inédito que dejara grabado. Probó a tocar todos los tipos de música posible, y todos a la vez, en Waka Jawaka (uno de los LP’s de 1972), se rió a la cara de los hippies en plena histeria ye-yé con la canción Flower Punk, y del american way of life con Bobby Brown (que en Noruega bailaban como balada, sin entender la letra, que hablaba de meter pulgares en coños), y alentó a la juventud a no alistarse jamás con I Don’t Wanna Get Drafted.

Era un cantante de bellísima voz, un buen director orquestal (es habitual verlo en conciertos sentado en un taburete a dirigir a sus músicos) y un magnífico guitarrista. Pero sobre todo era un vacilas, comentarista de actualidad y política cada vez que podía. Frank Zappa hizo de la incorrección política su estandarte mucho tiempo antes de que se utilizara la expresión. Lo mismo que rescató el término freak del pasado rural, para ponerlo en la palestra de nuevo (hablo de décadas antes de los ibéricos desintegráramos esa palabra tan circense). Era burlón, rápido de respuesta, ocurrente, soez, ofensivo incluso. No trazaba límites al humor, pero al mismo tiempo era serio, e incluso estricto, en su trabajo. Nunca permitió las drogas en su banda, a la que sometía a un ensayo permanente hasta alcanzar el nivel de “relojería” en los directos –por eso los músicos no le duraban mucho–, enlazaba giras y grabaciones de discos y se dejaba la piel el tiempo sobrante, encerrado en su estudio casero, puliendo sus discos hasta la excelencia.

Chuck Ash, Frank Zappa
Frank Zappa posando al lado y con el sombrero de su amigo el agente Chuck Ash de la policía estatal de Pennsylvania. Posiblemente, la mejor entrevista de la película © Sony pictures classics

Los conciertos de los Mothers of Invention se convertían en performances de lo más extrañas, disparatadas y desquiciadas, con concursos de baile de tangos de una sola nota, muñecos que eyaculaban nata sobre el público, y piezas a capella o haciendo la música con voces. Frank Zappa fue la más aguda mente musical y el crítico social más fino, que no se conformó con la mediocridad en ninguna de las disciplinas que desarrolló.

Se sirvió de la frase “Estamos en esto solo por el dinero“, título de uno de los discos más afamados de la banda, en plena era de la solidaridad, y lo hizo a modo de lema. Creó humor a costa de modernos, drogatas y travestidos; pero también de militares, beatos y yuppies. Y esa tendencia irrefrenable hacia la incorrección le llevó a meterse en todos los berenjenales, ante los que siempre dio la cara, respondiendo con audacia y rapidez, respetuoso al tiempo que devastador. Por cachondearse, lo hizo hasta de los Beatles (a pesar de ser colaborador de Lennon y Starr), parodiando la estética y ademanes comerciales del Sargeant Peppers.

200 Motels, 1971
Frank Zappa y Ringo Starr en una fotografía de rodaje de 200 Motels (Tony Palmer, Frank Zappa, 1971) © Bizarre Productions, Murakami-Wolf Productions

La película, amén de deleites generados por un despliegue maravilloso de formatos de vídeo ya fenecidos, nos enseña y entretiene en su selecto contenido (del que, se nota, ha de faltar mucho metraje, ante la infinita e inclasificable cantidad de brutos) y sólo nos habla de música a través de la palabra y la imponente imagen de Zappa.

“¿Qué se puede esperar de una sociedad que es tan primitiva que se agarra a la creencia que ciertas palabras del lenguaje son tan poderosas que te pueden corromper nada más oírlas?”

Siempre taimado, cortés, irónico, cínico (él que reconocía este defecto, pero tenía fe en que su cinismo sirviese para algo)… Inperenne combativo, nunca resentido. El documental puede ensimismar al espectador con anécdotas jocosas o pura filosofía de vida, pero también puede dejarse uno llevar por las explicaciones del maestro sobre cómo se usa un Synclavier –aún lo considero hoy día el más preciso de los instrumentos electrónicos, prot-sampleador capaz de mil virguerías–.

Eat That Question: Frank Zappa en sus propias palabras es un excelente documento sobre música (sobre todo para quienes no tenemos ni idea) al tiempo que también lo es sobre cine, televisión, teatro, y espectáculo en general. Pero también un documento político de la reciente historia contado desde una perspectiva impagable.

Mola tanto verle trabajar, como tocarse la huevada en la piscina de su casa, charlar con los amigos o visitar la Checoslovaquia de 1990 a petición expresa del Presidente Václav Havel (seguidor de Zappa, por su gran influencia en el avant-garde y la escena underground de Europa del este durante los 70 y 80), que le pidió que sirviese de asesor de comercio, cultura y turismo. Por cierto, que no llega a comentarse en el docu, porque todo no cabe, pero pocas semanas después la administración del gobierno estadounidense presionó a Checoslovaquia para que retirase la propuesta y Havel hubo de nombrar a Zappa agregado cultural no oficial.

Fran Zappa, LIFE Magazine, 1970
Fran Zappa, en un reportaje fotográfico de estrellas del rock con sus padres, para la revista LIFE © John Olson,1970

No acaban aquí los hitos políticos de nuestro héroe, ya que en su afán de aproximar más a la persona que al artista, el documental recoge el juicio del que formó parte cuando testificó ante el Comité de Comercio, Tecnología y Transporte del Senado de los Estados Unidos, atacando al Parents Music Resource Center (PMRC), una organización fundada por la mujer del por aquel entonces senador Al Gore, Tipper Gore, con otras cuantas señoras de políticos para controlar el “contenido sexual o satánico” (sic.) de las letras de las canciones. El 19 de septiembre de 1985, Zappa defendería sus argumentos contra las actividades del PMRC, previendo que les llevaría a todos a un inexorable camino hacia la censura, oponiéndose de pleno a la petición para etiquetar ciertos álbumes con contenido explícito con el lema Parental Advisory, que calificaba de «extorsión» a la industria.

Eat That Question: Frank Zappa in His Own Words
A la izq.: Tipper Gore, mujer del por entonces Senador Al Gore Jr. A la dcha: Susan Baker, esposa del Secretario de Estado James A. Baker el 19 de septiembre de 1985, durante el comité del PMRC (Parents Music Resource Center) en Washington, donde se decidieron poner etiquetas a las portadas de los discos con el Parental Advisory © AP Photo, Lana Harris

Espectaculares del todo son las secuencias de la declaración y posterior debate con la senadora de Florida Paula Hawkins, en el que no dejan de arrancar carcajadas a los asistentes. Zappa incluiría parte de estas declaraciones en su composición Porn Wars, incluida en el álbum de 1985 Frank Zappa Meets the Mothers of Prevention. Y en contraposición al etiquetado que sugería la PMRC, y de motu propio incluyó una etiqueta a mediados de los años 1980, redactada por él mismo, que decía: “¡CUIDADO! Este álbum contiene material que una sociedad verdaderamente libre nunca temería ni suprimiría. El lenguaje y conceptos contenidos aquí garantizan no causar tormento en el sitio donde el tío de los cuernos y tridente lleva sus asuntos. Esta garantía es tan real como la de los fundamentalistas que atacan la música rock en su vano intento de transformar América en una nación de estúpidos (en el nombre de Jesucristo). Si hay un infierno, sus llamas les esperan a ellos, no a nosotros.” Todo un crack.

Zappa continuaría litigando con representantes del PMRC a lo largo de 1986 y 1987, hasta que la pasión por la política americana comenzó a ser una parte importante de su vida. Aparte de advertir en sus letras de los peligros de comer nieve amarilla, Frank también había instado siempre a sus admiradores que se registraran para votar, hasta en las portadas de sus discos. En 1988, incluso tenía cabinas para registrarse en sus conciertos, y hasta consideró presentarse a la Presidencia. ¡Qué presidente se ha perdido América!

Frank Zappa
Frank Zappa en una fotografía para el disco We’re Only In It For the Money (1968) de Mothers of Invention © Jerry Schatzberg

Doy por hecho que Eat That Question: Frank Zappa en sus propias palabras (Eat That Question: Frank Zappa in His Own Words. Thorsten Schütte, 2016) estará en muy pocas salas del país, en cines selectos de esos donde aún se respeta este espectáculo. Pero francamente merecerá la pena leer subtítulos y acercarse a la capital de provincias que sea para degustar este filme, en sus virados de Betacam y todo. Es el mejor modo de entrar de lleno en el universo de la mente de este tipo, tan accesible como iconoclasta, extravagante al tiempo que cercano, y conocer aunque sea un poquito, su impagable aportación al mundo de la música. Con sus corrientes eclécticas, variadas y, a menudo, contradictorias, enfrentadas, pero que filtradas a través de su cráneo componen una sola pieza de toda una vida. Una vida que terminó en 1993, cuando Zappa sólo contaba con 52 años de edad, pero en la que pudo dar el máximo a su creatividad. Este trabajo es un canto de amor para los fans, y un documento imprescindible para quien sólo conoce a Frank Zappa por esa foto en la que está desnudo sentado en el váter.

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