El hombre que quiso ser Segundo es uno de esos preciosos documentales con historia. Y con “con historia” no me refiero a un discurso o un “historia vital” dentro de las narraciones de los personajes. Sino a una historia-historia, al relato de un misterio que bien puede ser cierto, o bien puede ser una fabulación absoluta. En cualquier caso, la autenticidad del contenido documental y de las imágenes de archivo es absoluta. El hombre que quiso ser Segundo es un cuidado trabajo sobre una de las figuras más importantes de la historia del cine, así en general, que resulta que era un señor de Teruel: Segundo de Chomón.

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Póster de El hombre que quiso ser Segundo (Ramón Alòs, 2014) © Bígaro Films, Mood Film

A los nada-cinéfilos Segundo de Chomón igual les sonará por ese corto de apenas tres minutos de duración titulado Choque de trenes (Segundo de Chomón, 1902), donde dos locomotoras colisionan de frente, en un ambicioso y pionero montaje que mezclaba trenes reales con maquetas a escala y trucajes variados. A los cinéfilos de pro, debería sonarles aunque sea La gallina de los huevos de oro (1905) y El hotel eléctrico (1908), que son piezas capitales en la historia de nuestro cine español, e hitos pioneros de la historia de la técnica cinematográfica.

Segundo Víctor Aurelio Chomón y Ruiz, que era el nombre entero de Segundo de Chomón, nació en el 17 de octubre de 1871 –como ya hemos dicho, en Teruel– y abandonó (dato no seguro) sus estudios de ingeniería para pirárselas a París en 1895, viaje del que surgiría La Magia. En París descubriría “el aparatito” durante una exhibición de los hermanos Lumière; y el amor, en la figura de la vicetiple Julienne Mathieu, con quien se casaría y protagonizaría El hotel eléctrico. A eso, señoras y señores, yo le llamo “amortizar un viaje”.

Entre 1897 y 1898 le toca hacer la mili, y le mandan, a hacer el mismo paripé igual que otros tantos españoles, a Cuba. Sobrevive a la debacle bélica y regresa en 1899, ansioso de cine, a París. Allí, inventaría junto con su señora –que trabajaba en los talleres de coloreado de las películas de George Méliès– un sistema de delimitación y fijado que, con pequeños cambios, sería patentado más tarde por la empresa Pathé, con todo el morro del mundo el nuevo nombre de Pathécolor. En 1902, el matrimonio se instala en Barcelona e inaugura un taller que comercializa su sistema de coloreado. Fabrica su propia cámara cinematográfica y filma Choque de trenes y Monserrat (Segundo de Chomón, 1902). Adaptando cuentos de la Editorial Calleja a cortometrajes, explora trucos que ahora nos suenan a chifla como la doble exposición y las sobreimpresiones, y con el sainete El heredero de Casa Pruna (1904) inaugura el género de las películas de persecuciones en España, a imitación de las ya realizadas por los pioneros de la Escuela de Brighton y slapstick norteamericano.

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¡Bienvenidos a El hotel eléctrico (Segundo de Chomón, 1908)! La casa donde a uno le hacen todo © Pathé Frères

También en esta época lleva a cabo su gran hazaña. Perfecciona la llamada técnica del “paso de manivela”, que es como llamaban en la época del manubrio a “fotograma a fotograma” de t’o la vida. Los resultados obtenidos, sitúan a Chomón en la cresta de la ola, y su nombre comienza sonar por los rincones mucho más que el del maestro Méliès. Y así viaja de regreso a París, contratado por la Pathé Frères, para ejercer como director, operador de cámara y supervisor de trucajes y efectos especiales, junto al director más importante del estudio, el mítico Ferdinand Zecca, y que la magia potagia de sus filmes pudieran competir con los de la productora de Méliès. Las técnicas en animación conseguidas durante su trabajo en la productora francesa, llegaron a catapultar a Segundo de Chomón a los cielos del prestigio dentro del gremio.

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Fotogramas del clásico mudo de terror Le spectre rouge (Segundo de Chomón, Ferdinand Zecca, 1907) © Pathé Frères

Después de dejar para la humanidad Una excursión incoherente (1909), donde se flirteaba con la vanguardia parisina del grupo proto-dadá Los Incoherentes, y Excursion dans la lune (1909), una gracia de remake del momento del Viaje a la luna (Le voyage dans la lune. Georges Méliès, 1902) del artista de la compañía rival –porque, lejos de enemistarse, personalmente Don Segundo era un gran admirador de Méliès–, Chomón regresa a Barcelona, donde forma sociedad con el empresario de variedades Joan Fuster Garí, sentando las bases para una futura industria cinematográfica española. Con Fuster Garí rodaría casi 40 películas, de toda índole y género: comedia, melodrama, terror, zarzuelas y sainetes… En junio de 1910, la casa Pathé le nombra concesionario, y comienza a trabajar para ellos de nuevo, pero esta vez por cuenta propia, rompiendo su contrato con Fuster. Trabajando en la sucursal que le montan los franceses, La Ibérico, Segundo de Chomón obtiene importantes avances, como puede observarse en detalles de los guiones técnicos conservados. Sus estructuras narrativas adquieren una complejidad casi actual, la planificación salta de tamaños y ángulos con un ritmo sorprendente y se advierten capitales recursos narrativos, como flash-backs, elipsis y secuencias que transcurren paralelas.

En 1912 se enrola en la turinesa Itala Films de Giovanni Pastrone –al que verán en crédito por su pseudónimo Piero Fosco– donde, entre otros títulos, destacaría su espectacular labor en la utilización de maquetas para la gran superproducción Cabiria (Giovanni Pastrone, 1914). Precisamente en el 14, estalla la Primera Guerra Mundial y todo se va al garete.

Los estudios Itala Film son reconvertidos en hospital y Segundo de Chomón tiene que seguir trabajando para Pastrone, pero sin presupuesto, ni estudios, ni nada. Así que, tras probar un par de añitos en Albertini Film, decide trasladarse de nuevo a su París del alma. Crearía, en colaboración con el ingeniero suizo Ernest Zollinger, un nuevo sistema de película en color por el que premiarían y todo y, en pocos años, estaría currando en la megaproducción Napoleón (Abel Gance, 1927), esa de la pantallica partida en tres, el proto-cinerama mudo –por denominarlo de una manera chusca–.

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Espectacular maqueta integrada en un plano de Cabiria (Giovanni Pastrone, 1914) © Itala Film

Don Segundo fallecería en París, el 2 de mayo de 1929, muy joven pero habiendo partido bien la pana. Su contribución al desarrollo del arte cinematográfico es incuestionable, y esto lo sabe bien Ramón Alós, director del documental que se estrena hoy, después de dos años de haberse producido. Una cinta sorprendente, cuidada y amorosa, que destila respeto y admiración plano a plano, trascendiendo a la importancia de la figura a tratar y estableciendo un juego de guión genial, meticulosamente orquestado entre la ficción y la realidad.

En la coproducción hispano-italiana El hombre que quiso ser Segundo (Ramón Alós, 2014) se redescubre y conoce la vida del cineasta aragonés, al que interpreta Ramón Langa en una especie de reconstrucción de los hechos ficcionada, sino que también se asiste al intento de esclarecimiento de un misterio. Según la cinta, Segundo de Chomón nació diez minutos después que su hermano gemelo, Primo. Primo y Segundo, nombres fruto de un padre cachondo como él solo. Recopilando información e investigando sobre la vida de los hermanos Chomón, Ramón (personaje que representa al director del documental, y que interpreta el italiano Enrico Vecchi) comienza a sospechar que, tal vez, ese tal Primo Chomón nunca haya existido…

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Ramón Langa y Maribel Bayona en una secuencia «ficcionada» de El hombre que quiso ser Segundo (Ramón Alós, 2014) © Bígaro Films, Mood Film

El hombre que quiso ser Segundo es un experimento documental que parece huir de su propia condición, sirviéndose de un suspense inusitado en este tipo de trabajos retrospectivos (me recordó un genialérrimo Especial de Canal+ sobre Francis Ford Coppola, protagonizado por Gonzalo de Castro, que aún busco para revisitar), en los que, por otro lado, se agradece que ofrezcan la oportunidad de ver tal material en pantalla grande. Como romántico del cine en su denominación bruta, admirador de lo plástico y amante de rarezas, no puedo por más que recomendarla.

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