Muchos eran los rumores de que la siguiente película del estudioso del terror de explotación, Eli Roth iba a ser un remake en toda regla del revisitadísimo clásico videoclubero Holocausto Caníbal (Cannibal Holocaust. Ruggero Deodato, 1980). Lejos de ser un remedo, El infierno verde es un homenaje, ensayo, y al tiempo parodia, de todo aquel cine de explotación antropófoga y aborigen de todo ese cine –casi todo italiano– de los 70 y 80.

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Póster español de El Infierno Verde (The Green Inferno. Eli Roth, 2013) © Worldview Entertainment, Dragonfly Entertainment, Sobras International Pictures

Todas aquellas cintas, que tienen a Holocausto Caníbal como piedra angular, en lo que a popularidad se refiere, supusieron un verdadero movimiento del que podría redactarse un artículo de varias entregas. Fue una mina, explotada con certeza por los lombardos (una vez más), que aunaba la rentabilidad a bajo coste de los zombies de George A. Romero, con la fascinación del primermundista ante los documentales del momento, el llamado Mondo Cinema, o “género mondo”, -llamado así por Este Perro Mundo (Mondo Cane. Paolo Cavara, Gualtiero Jacopetti, Franco Prosperi, 1962)-.

Una recua de películas con pegatinas de censura en sus fotocromos y sus carátulas de vídeo, que incluyen títulos como El país del sexo salvaje (Il paese del sesso selvaggio. Umberto Lenzi, 1972), considerada la pionera del movimiento, Mundo caníbal, mundo salvaje (Ultimo mondo cannibale. Ruggero Deodato, 1977), La montaña del dios caníbal (La montagna del dio cannibale. Sergio Martino, 1978), Caníbal feroz (Cannibal Ferox. Umberto Lenzi, 1981) y su sólo secuela en nuestro país –gracias a la magia de la traducción– Caníbal feroz 2 (Nudo e selvaggio. Michele Massimo Tarantini, 1985). Ésta última, en los USA se tituló The Green Inferno, exactamente igual que la que nos ocupa. Obras de explotación máxima, que apelaban a la aventura exótica, al terror al canibalismo, y a la pornografía garrula de los desnudos silvestres y las barrabasadas sexuales primitivas –y en ocasiones inventadísimas–.

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Lorenza Izzo interpreta a Justine, la protagonista de El Infierno Verde, estudiante gringa, hija de Embajador de la ONU, metida en un frega’o impresionante por «hacerse la guay» © Worldview Entertainment, Dragonfly Entertainment, Sobras International Pictures

En los tiempos que corren, de concienciación y buen talante, se entiende que los planteamientos de explotación de estos títulos resultarían racistas, xenófobos y clasistas, al tiempo que su carga de casquería y lo limitado de sus medios para con la explicitud, sería pornográficamente ingenua. Por eso, al igual que en otros espectáculos de revisitación propios del género como El Cienpiés Humano (The Human Centipede (First Sequence). Tom Six, 2009) o Saw (James Wan, 2004), -ya que además en El Infierno Verde se recuperan tramas sobre aborígenes y modos de vida alternativos a la civilización- es de obligado menester, exponer el discurso desde el lenguaje de la comedia. Aceptando lo imposible del recurso de lo gore, para deleite absoluto del público capaz de rescatar lo referencial. Por su lado, el público ingenuo, modelo años 40, ese que se lo cree todo, sigue existiendo; con lo cual, lo horroroso y desagradable funcionará hasta molestar. Este tipo de peli, cuando están bien hechas –y ésta de la que tratamos lo está– son un engranaje perfecto, que ejemplifica soberanamente el poder de destrucción de la comedia, el más inteligente de todos los lenguajes. Esta inexplicablemente vigente “provocación al burgués” da lugar a joyas de la crítica cinematográfica grotesca, tales como esta (juntes los dedos de una mano contra los labios y bésense las yemas):

«Termina pronto tus palomitas si vas a ir a ver ‘The Green Inferno’ y guarda el cubo para vomitar en él. Puntuación: ★½ (sobre 4)»

Kyle Smith: New York Post

¡Eso es rigor de crítico cinéfilo, sí señor! Un documento indiscutible de que Eli Roth lo ha hecho muy bien. Tan bien lo ha hecho, que El Infierno Verde (The Green Inferno, 2013) ha tardado nada menos que tres años –del ala– en estrenarse en nuestro país, después de que la liará parda en una proyección antológica, llena de gritos y imprecaciones, en el Sitges de 2013. Lejos del remake que se rumoreaba en los patios de porteros, Eli Roth ha parido una montaña rusa muy certera en su discurso. Un espectáculo de acción de tensión incesante, que aglutina pequeñas cosas de todo aquel cine, con ideas de vigor rabiosamente actual, rodada en Perú pero ambientada en el homenaje.

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Autócnoto de la selva de El Infierno Verde, mostrando sus respetables costumbres al turista © Worldview Entertainment, Dragonfly Entertainment, Sobras International Pictures
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El actor chileno Ramón Llao, interpreta a algo así como el «enemigo final de pantalla» de una un tribu aborígen peruana inventada © Worldview Entertainment, Dragonfly Entertainment, Sobras International Pictures

Justine, una bellísima joven norteamericana de buena familia, indignada con una charla sobre ablaciones de la universidad, e interesada por un atractivo idealista del campus, se enrola en un grupo de activistas de Nueva York que pretende detener una tala de árboles que puede acabar con una tribu de la selva amazónica peruana. El grupete viajará hasta el lugar, y entonces… ¡chancháaaan! Pues todo comenzará a torcerse y demás, aunque nunca por los derroteros que usted imagines y siempre mezclando mucho los subgéneros y movimientos. Bailando el agua entre las slasher movies y el universo italo-referencial antes descrito, sazonado todo con el gamberreo propio de las cintas cabecera del director, Cabin Fever (Eli Roth. 2002) y la saga Hostel (Hostel y Hostel 2. Eli Roth. 2005, 2007).

Toda esta historia, se desarrolla a partir de aquí hasta unas cotas de paroxismo inimaginables, en un guión firmado por Guillermo Amoedo y el propio Roth. Un looping sin anestesia, lleno de guiños, reflexiones y sátira profunda –incluso hacia su propio supuesto mensaje de fondo–, donde el humor negro absoluto relaja situaciones de constante cambio, entre intermitentes e interminables puntos de giro, que llevan al espectador de un género a otro, de una película a otra distinta… Un no parar, vamos. Es que no les quiero describir demasiado para dejarles flipar a gusto con esta aventura de estructura extraña pero precisa.

El Infierno Verde se estrena hoy en España, tres años más tarde de lo debido –y gracias a los esfuerzos de su distribuidora, que si no, igual ni se estrena–, supongo que en salas selectas, de esas que llamaban “de arte y ensayo” en los 70. Las mismas salas, y la misma época, donde se proyectaron las de Deodato y compañía… Lo que es la vida. Amantes del género, estudiosos voraces y cinéfagos de la pradera, no deben perdérsela. Gente de estómago fácil o de credulidad religiosa… no se sientan ofendidos, eh, ¡les envidio! Son ustedes quienes disfrutan verdaderamente de la magia del cine… pero mejor vayan a ver Hitchcock/Truffaut.

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El personaje de Kirby Bliss Blanton, acaparando vivencias con las que fardar con los amigos a la vuelta, en cualquier tetería © Worldview Entertainment, Dragonfly Entertainment, Sobras International Pictures

 

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