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Tras su candorosa acogida en la pasada edición del Festival de Berlín, donde compitió en Sección Oficial, se estrena en nuestras salas El porvenir (L’avenir, 2016) la quinta película de Mia Hansen-Løve, que llega para embelesarnos y traumarnos al mismo tiempo, protagonizada por la siempre soberbia Isabelle Huppert interpretando a una profesora cuyos libros de enseñanza han quedado ya obsoletos, que tendrá que replantearse su vida entera de un día para otro. Cine reconocible, con carácter e impronta, inspirador desde la más sencilla cotidianidad.

El porvenir (L'avenir. Mia Hansen-Løve, 2016)
Póster de El porvenir (L’avenir. Mia Hansen-Løve, 2016) © CG Cinéma, Detailfilm, Arte France Cinéma

Isabelle Huppert sigue estando que lo tira. El reconocimiento, y sobre todo la fama, le llegaron relativamente “tarde”. Teatros aparte, cuando comenzó a ser “conocida” aquí en España –por ejemplo–, sobre todo tras el boom de la coproducción italo-francesa La verdadera historia de la dama de las camelias (La storia vera della signora dalle camelie. Mauro Bolognini, 1981), la Huppert ya tenía el culo pelado de pararse en marca y esperar a que la iluminaran en multitud de pelis baratas y “tivimuvis” d’esas desde 1971, incluso había protagonizado Prostituta de día, señorita de noche (Violette Nozière. Claude Chabrol, 1978) y había rodado con másters del universo como Maurice Pialat, Claude Goretta, Michael Cimino o Jean-LucGodard.

Sin embargo, son los títulos de las dos últimas décadas los más reputados o referidos cuando se habla de la actriz: Madame Bovary (Claude Chabrol, 1991), La ceremonia (La cérémonie. Claude Chabrol, 1995), La escuela de la carne (L’école de la chair. Benoît Jacquot, 1998), La pianista (La pianiste. Michael Haneke, 2001), Gabrielle (Patrice Chéreau, 2005), Una mujer en África (White Material. Claire Denis, 2009), El amor es más fuerte que las bombas (Louder Than Bombs. Joachim Trier, 2015)… A lo mejor son cosas de la actualidad o la moda, pero el caso es que, rompiendo con toda norma misógina habitual, en la mediana edad es donde la Huppert más ha estado “que lo tira”.

Y en esas sigue, que aunque participe en un proyecto más “ramploner” o “anodiner”, ella brilla en la parte que le toca y da esplendor a la pieza de manera global. Y eso, cuando ha hecho algo más naíf, que la Isabelle es muy de seleccionar con lupa. Y aunque los años pasen, ella es de las pocas que gana, aprende e incorpora. No sólo nos va a deleitar este mes con el filme que nos traemos entre manos, que tiene por ahí pendiente de estreno la deliciosísima Elle (Paul Verhoeven, 2016). Sólo en joyas selectas, sólo rodeada de maestros.

Y ésta, aunque priori pueda parecer un drama europeo al uso, en presencia, prestancia y una primera exposición a su montaje, es una de esas cintas donde el genio de esta dama de las camelias, lejos de empecer o ensombrecer, conjuga a la perfección con la mirada de su directora, Mia Hansen-Løve, que no puede tener un nombre más molón, dicho sea de paso. Trabajó de actriz, antes de debutar en la dirección con el cortometraje Après mûre réflexion (2004), que posibilitó –como es habitual que ocurra– su debut en el largometraje, con la igual de tierna que de sórdida Todo está perdonado (Tout est pardonné. Mia Hansen-Løve, 2007).

El porvenir (L'avenir. Mia Hansen-Løve, 2016)
Nathalie (Isabelle Huppert) y su madre (Edith Scob) en un fotograma del filme © CG Cinéma, Detailfilm, Arte France Cinéma

Consagrada ya como directora a tener en cuenta en festivales y saraos varia’os, a Todo está perdonado le seguiría su reglamentario –todo auteur que se precie ha de tenerlo– ejercicio de “cine dentro del cine”: El padre de mis hijos (Le père de mes enfants, 2009), a la que seguiría el drama romántico adolescente Un amour de jeunesse (Primer amor) (Un amour de jeunesse, 2011), quizá el menos reseñable de sus trabajos, que no por ello indigna ni nada de eso, eh. Con la inmediatamente anterior a la que nos ocupa, Eden: Lost in music (Eden, 2014), la Hansen-Løve constató que el cariz axiomático de la Nouvelle Vague sirve cómo fórmula y/o estética, incluso trasladado al hoy más inmediato.

Concretamente, en este filme, especie de 24 Hours Party People (Michael Winterbottom, 2002) donde no se parte del lenguaje Free cinema y del reportaje social de la BBC; si no de una plena rendición, o más zambullimientos, en las consignas del movimiento brotado de la redacción del Cahiers Du Cinéma. Vamos, que igual a mi madre todo esto le suena a palabrería y gente que quiere que le hagan caso, pero el currículo de esta cineasta deja cosas muy serias, contrastadas y todo, encima de la mesa de lo que viene siendo la historia del cine. Como la prestigiada filmografía de Isabelle Huppert la aclaman como una de las mayores starlettes de la Francia actual, era cuestión de tiempo que apareciera el proyecto donde currar ambas juntas.

“Para mí, las películas son retratos conmovedores, y solo el cine es capaz de conseguir esto. Se trata de capturar la sensibilidad, la sensualidad y lo efímero, así como de intentar abrir una puerta que lleve a lo impalpable, al infinito.”

Mia Hansen-Løve en una entrevista con Laure Adler (París, enero de 2016)

De esta manera, L’avenir, quinto filme de su autora, ni se sale del carro, ni se mea del tiesto, ni se convierte en un compendio de caprichos. Sigue justificando la existencia de esta fórmula y, emulando a los mayores intelectuales –incluso a los más pelmazos del clan–, se sirve de ideas cotidianas, familiares… de “andar por casa” –eso sí, por una casas que son casoplones, que este tipo de reflexiones sólo le vienen a uno/a cuando no trabaja, que la aparición en sociedad del “pequeño burgués” es un síntoma indispensable en la creación de la Nouvelle Vague–, en principio desconcertantes por su aparente complejidad, para estrenarlas como conceptos frescos, actuales y vivos. Si las películas de Hansen-Løve se han comparado con las de Eric Rohmer en ocasiones anteriores, con El porvenir podemos estar hablando ya de considerarla como su heredera creativa indiscutible.

Fíjense que, escupiendo a contra viento y sin mirarlo mucho, servidor puede atreverse a aseverar incluso que estamos ante uno de los mejores trabajos de la Huppert, quizá el mejor de todas “esas últimas” a las que me refería antes, ante el mejor trabajo de Mia Hansen-Løve y del director de fotografía Denis Lenoir. Si de la química de tal triángulo (director, protagonista y dtor. de fotografía) surge el entendimiento, estaremos hablando de magia. Sea en una de estas películas, angostas y cercanas, o en la última chaladura hollywoodiense sobre cosas hechas por ordenador que se dan de hostias, la magia está en la comunión.

El porvenir (L'avenir. Mia Hansen-Løve, 2016)
Sarah Le Picard y Solal Forte, máximos representantes del cast juvenil de la película, plagado de estudiantes © CG Cinéma, Detailfilm, Arte France Cinéma

Si en la anteriormente referida Eden: Lost in music (Eden. Mia Hansen-Løve, 2014) se inspiraba en acontecimientos y vivencias de la carrera musical de su hermano (Sven Hansen-Løve), para El porvenir, Mia Hansen-Løve recoge experiencias de la vida de su madre para contar este retrato femenino que elude tópicos menopáusicos y que no se deja olvidado el humor en ningún sitio.

El porvenir nos presenta a Nathalie Chazeaux, el personaje de Isabelle Huppert, una profesora de Filosofía que ronda los sesenta, casada y con dos hijos, que compagina como puede su trabajo en un instituto de París con otros marrones de índole familiar, como un matrimonio tedioso o una madre desequilibrada –la ínclita Edith Scob, quien fuera la niña sin cara Christiane Génessier en Los ojos sin rostro (Les yeux sans visage. Georges Franju, 1960)–. A doña Nathalie le flipa su trabajo, le encanta la reflexión, la lectura, el debate y mantener el contacto con antiguos alumnos. En fin, que es una señora de muy buen ver que soporta la rutina sin que se le vaya la cabeza. Vive en ese confort por el que el europeo común despelleja día a día a sus semejantes, cómoda y, si acaso, resignada. Sin embargo, la vida tiene unos alocados planes para desbaratarlo todo. Cierto día, su marido Heinz (André Marcon) decide cortar con ella, alegando que la abandona porque se ha enamorado de otra mujer.

Toda la fragilidad del mundo comienza a emanar ante tal traición, el último ancla de seguridad que Nathalie daba por inquebrantable, la familia, se acaba de romper. Pero… ¿Era, sin embargo, todo tan maravilloso antes?, ¿era todo ese confort, felicidad?, más aún: ¿eran todos aquellos “grandes problemas”, problemas? Nathalie y su esposo ya vivían en un desamor definido por el aburrimiento, la pesadumbre y el cansancio físico propio de la edad. El ideal reivindicativo que el matrimonio derrochaba en 1968 se ha desvanecido por completo, y hace tiempo que la profesora Chazeaux regaña a sus alumnos desde el desencanto, y no desde la veteranía. Es entonces cuando nuestra protagonista toma conciencia de que igual es momento de aprovechar el disgusto y forzarse a poner en práctica sus propias teorías sobre la libertad y la independencia. Y no voy a desarrollar más, que ya es “estropeo”. Piensen en el peso del material dramático hasta aquí depositado, e imaginen una elegante reflexión sobre lo azaroso de la felicidad, en una trama tan dispersa e imprecisa como la vida real.

El porvenir (L'avenir. Mia Hansen-Løve, 2016)
Institutos sin quinquis, institutos franceses, en El porvenir (L’avenir. Mia Hansen-Løve, 2016) © CG Cinéma, Detailfilm, Arte France Cinéma

Y ahora vayan un poco más allá e imaginen un soberbio tratamiento, que aunque nada nuevo, sí bellísimo y altamente inspirador. En una película perfectamente equilibrada, donde los silencios explican tanto como las palabras, y el necesario humor hace oscilar la carga entre lo desconcertante y cruel, y lo lúcido y arrebatadoramente bello. Un drama inteligente cargado de sutilezas en forma y contenido, de esos donde los actores brillan a pleno power, resultando próximos de una manera aparentemente sencilla, e Isabelle Huppert sienta cátedra como esquema a seguir, copiar, imitar o lo que a usted, alevín de actor de cine, más le guste.

“No suelo tocar temas profundos. Tengo la impresión de que cuanto menos se hable de esas cosas con los intérpretes, más felices se sienten. No hay nada peor que descargar todas las consideraciones psicológicas del realizador en el actor. Siento bastante escepticismo en cuanto a las intenciones abstractas como un camino para encontrar a un personaje. Creo más en la autenticidad de las escenas a las que nos enfrentamos directamente, en el momento.”

Mia Hansen-Løve en una entrevista con Laure Adler (París, enero de 2016)

La autosuficiente y guerrillera Mia Hansen-Love vuelve a sorprender de nuevo con este ensayo conmovedor, exprimiendo –en el bondadoso sentido de la palabra– vidas cotidianas para filtrarlas por su cultivada túrmix, manteniendo vivo el ideario de los de la Cahiers, al tiempo que presenta su singular sensibilidad, sin horteradas ni puerilidades.

El porvenir (L'avenir. Mia Hansen-Løve, 2016)
Lo que viene siendo “estar de bajona”. El naturalista y meticuloso trabajo del director de fotografía Denis Lenoir no destaca entre el resto de capas de construcción de la película, consiguiendo una comunión perfecta con la mirada de la directora Mia Hansen-Løve © CG Cinéma, Detailfilm, Arte France Cinéma

O mejor, mire, deje usted de imaginar nada y pruebe a ir al cine, a ver. Que lo mismo es vd. de piedra, pero si no, sin duda acabará siendo cautivado por una belleza solo conseguible mediante la espontaneidad, la ausencia de complejos ni miedos, y una sensibilidad rica, curiosa y atenta. Positiva, extraña, tierna, ligera, alusiva, limpia, cruel, conmovedora… Muchos adjetivos se me vienen a la cabeza para describir El porvenir (L’avenir. Mia Hansen-Løve, 2016), pero lo mejor es que fisgue usted mismo/a y así se centrifuga un poco, que nunca viene mal.

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