Aquí en España no solemos tener de eso, pero en un un sótano se pueden hacer muchas cosas. Bien parecen saberlo los austríacos. Porque, en un país como el nuestro donde, como mucho hay trasteros -o si acaso, bodegas-, la gente no se puede imaginar los múltiples usos que a nuestros vecinos germanófonos se les llegan a ocurrir para amortizar esos metros cuadrados de la parte subterránea de la casa.

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Póster de la película. © Coop99 Filmproduktion / MMK Media / Ulrich Seidl Film Produktion GmbH

Austria: el país de lo mismo te trae al mundo a un Sigmund Freud, que a un Schwarzenegger, o un portento como Ulrich Seidl que, tal y cómo diríamos los sin sótano, con nuestra fina ironía mediterránea: “debe tener muy contentos a sus padres, con el cine que hace”.

Un realizador que ya dejara pasmados a público y crítica del mundo entero con su desesperanzadora trilogía Paraíso, y que ahora está haciendo otro tanto con su retorno al documental, un formato habitual en su (hasta ahora) desconocida filmografía. En En el Sótano (Im Keller (In the Basement). Ulrich Seidl, 2014), Seidl consigue permiso para entrar en los sótanos de varias casas austríacas, y filmar a sus propietarios haciendo lo que sea que hagan en ellos.

Una especie de disección, tan devastadoramente grotesca, como tiernamente hilarante, sobre el austríaco y su sótano. Suena a chiste de Tip, pero es así: un extenso catálogo de personas corrientes y molientes, de distintas clases sociales austríacas, haciendo sus intimidades en sus sótanos. El film destaca las peculiaridades del sótano austríaco, desnudando (a veces, literalmente) a los personajes hasta que tales peculiaridades desaparecen. Es gente en su intimad, gente “vulgar”, o “normal” si prefieren, haciendo movidas de su ámbito de vida más privado.

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Uno de los pocos sótanos del filme que se utiliza para «cosas normales». © Coop99 Filmproduktion / MMK Media / Ulrich Seidl Film Produktion GmbH

¿Austríacos en sótanos?, ¿gente en pijama poniendo lavadoras?, ¿botellas de vino cogiendo polvo?… ¿dónde está la trufa?, se preguntará usted. Sin duda en el encanto… corrijo, el adictivo encanto de la fealdad humana, tan cruda, directa y realista como la plasma Seidl, incluso en sus ficciones. Ya Paraíso: Amor (2012), Paraíso: Fe (2012) y Paraíso: Esperanza (2013) trajeron consigo las trifulcas y opiniones cruzadas, entre los “entendidos en materia”.

Trifulcas que deberían haber quedado del todo obsoletas y que a éste que escribe, qué quieren que les diga, le parecen muy requetebién. Por eso el cine como éste, capaz de hacer emitir auténticos juicios de valor al crítico más imparcial, inquietante y oscuro, encuentra un pozo de inagotable petróleo cada vez que da con la “fauna humana” correcta. Y la “fauna humana” austríaca se conoce que es la hostia.

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“Cada uno utiliza su sótano para lo que quiere, ¿vale?”. © Coop99 Filmproduktion / MMK Media / Ulrich Seidl Film Produktion GmbH

Una sociedad con más de una semilla de auténtico fascismo sembrada bajo sus propios pies –por supuesto, cuenten con un nazi en el film-, haciendo sus cosas en su sótano, la entreplanta secreta de su casa, donde se supone que nadie le ve. El habitáculo perfecto donde beber con los amigotes, coleccionar cosas, escuchar música haciendo que se canta, fumar droga o, qué se yo, hacer “guarreridas españolas” de esas que luego no se cuentan por si los demás piensan que a uno se le ha ido la cabeza. Pero es que un sótano da para mucho más –claro, aquí como no tenemos…-. Da para rendir cultos prohibidos, para hacinar fetiches demenciales, para practicar el tiro con armas de fuego semiautomáticas, para darle bien al folleteo feo sin que le oigan a uno dar voces…

Múltiples disciplinas retratadas sin sutileza ni pudor, buscando tan sólo una buena composición de encuadre, una bella imagen, y dejando hacer a los personajes, sin juzgarles lo más mínimo. De hecho, sin renunciar para nada al humor ni la ternura. Reforzando, una vez más, esa idea universal de que “la realidad siempre supera a la ficción”.

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La realidad supera a la ficción, siempre. © Coop99 Filmproduktion / MMK Media / Ulrich Seidl Film Produktion GmbH

Otro fantasma que acrecienta la trufa de esta película, su morboso bombón: Austria es el país donde apenas cinco años antes del estreno de esta película, se terminaba de juzgar al polemiquísimo (nos ha jodido) Josef Fritzl, conocido por la prensa internacional como “El Monstruo de Amstetten”.

Este puto perturbado tuvo a su propia hija, Elizabeth Fritzl, (nacida el 6 de abril de 1966) secuestrada y encerrada en el sótano de su casa desde que ella tenía 18 años, desde 1984 hasta 2008. Fritzl, de 74 años de edad –en el momento de destaparse el caso-, abusó sexualmente de Elizabeth durante su cautiverio, dando a luz a siete hijos, e inclusive tuvo una pareja de gemelos, uno de los cuales murió poco después de nacer y fue incinerado por el propio Josef. Vamos, una movida que cáguese usted de aterradora, que nos conmocionó a todos mucho durante el período que nos dio de sí la memoria. En 2009 terminaron de juzgar a este zumbado retorcido. Traten de imaginar entonces, en el propio país, el estreno de este documental en 2014… sobre sótanos.

No es necesario tener presente al Monstruo durante el visionado de este trabajo, para nada. La propia hilaridad de los personajes, al tiempo que divierte y agita, aterroriza e inquieta hasta el nerviosismo. Excéntrica, cruel, extravagante, sorprendente, desquiciada, llena de power y fuerza, de violencia no explícita, de puro asco… Voy a dejar de enumerar, que queda manido y como poco currado. Bien es cierto que esta cinta de Ulrich Seidl, como las otras citadas en el artículo, no es apta para todo tipo de estómagos.

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Esta señora colabora con Cáritas, luego ya… en su sótano… oye, cada uno… © Coop99 Filmproduktion / MMK Media / Ulrich Seidl Film Produktion GmbH

El cine de Seidl ni siquiera es como el de Todd Solondz, él no busca molestar, denota auténtica curiosidad por lo que cuenta, desde una sincera perspectiva de ingenuidad a la que parece obligarse a sí mismo, y desde una descarada condescendencia, que da para otro debate mucho más largo. Eso sí, servidor seguirá pensando que el día que desapezca el cine que abre puertas al infierno, con intención de arrastrarnos por su umbral, ese día… ese día El Cine habrá dejado de valer la pena.

El viernes 15 de enero, justo a tiempo para que se cumplan dos años de su estreno de verdad, se estrena en salas de nuestro país. Supongo que tendrán que mirar con lupa porque estará en sitios de lo más cool. ¿Que no mola?

       

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