Ahora le toca el turno al superhéroe chorizo, al vengador sin principios morales ni código ético, a gente con careta y/o antifaz que roba, estafa, escapa e incluso en ocasiones mata, secuestra, extorsiona, y viola, al aventurero que espera en el límite del bien y del mal, como decía La Frontera. Los americanos también tienen su buen plantel de superhéroes de moral réproba, aunque todos modernos (entiéndase, de los 70 p’acá). Los auténticos pioneros en esto de mezclar el “desfacer” entuertos con el “facer” fechorías somos los europeos. Eso de que el protagonista sea un malhechor, se conoce que por nuestra tradición gótica, gusta en la vieja Europa casi desde siempre. Más, desde ese período de transición a fines del XIX, cuando precisamente lo gótico toca a su fin, en su concepto de novela clásica, y da paso al folletín, que es un género más de tebeo, de cine de barrio y de, en definitiva, el enmascarado y el vengador, que es de lo que va la serie.

SUPEREUROES_IV_01
Spider, ladrón a gran escala y aspirante a rey del hampa, conocido también como “el Spider-Man británico” o “el otro Hombre-Araña”, era un malhechor que acabó en superhéroe que luchaba contra el crimen, protagonista de una larga serie de comics de éxito internacional © Chris Weston

En nuestra literatura popular de fines del XIX ya comienza el cachondeo. Hay que ponerse a buscarle tres pies al gato si no se acepta a Rocambole, creado en 1857 por el Pierre Alexis Ponson du Terrail, como el primer héroe de ficción moderno –fíjense, francés–. Rocambole, aventurero de acción, era un mangui de primer orden y ya desde su primera novela seriada –lo que viene siendo un folletín– Los Dramas de París, publicado en el diario La Patrie (1857-1858), alcanzó el éxito que hizo posible años más tarde, cuando ya nadie se acuerda de él, permanezca el término “rocambolesco”, que es el que utiliza usted para definir las hiperbólicas hazañas que le cuenta su cuñado.

Antes de que llegara del siglo XX, el aventurero ladrón ya contaba con ocho seriales como ocho soles, traducidos a un montón de idiomas. Tal era el volumen de publicación, que enseguida comenzaron a brotar otros autores para poder cumplir la demanda (Contant Gueroult, Michel Honaker, Jules Cardoze, Frédéric Valade… vamos, lo que ahora se hace en las editoriales multinacionales de tebeos, pero en novela con “santos” para mirar. Por supuesto, las películas no tardaron en llegar, una hecha en Hong-Kong con reparto asiático (Sha shou fen hong zuan. Darve Lau, 1967), otra en México (Emilio Gómez Muriel llegó a interpretarlo hasta en dos films) e incluso una serie de televisión de producción rusa, titulada Proklyatie Dyuran (Viktor Titov, 1993) y jamás estrenada en nuestro país.

El folletín acababa de triunfar fuerte entre las clases bajas, lo que se llama la cultura popular estaba naciendo, y con ella, héroes mangantes y gente que daba miedo emanaba de los cerebros de novelistas, guionistas de serial radiofónico, tebeos y cine, y demás gente de muy mal vivir (igual por eso sus héroes eran luego tan cabronías). Raffles “The Amateur Cracksman”, creado en 1898 para la publicación de agitación sensacionalista Cassell’s Magazine por Ernest William Hornung, enseguida se convirtió en ídolo de masas. Este ladronzuelo inventado por el cuñado de Arhur Conan Doyle, como contrafigura de su famosísimo Sherlock Holmes, contaría también con sus numerosas pelis y refritos audiovisuales variados –sólo Joe Evans, interpretó al personaje en trece películas mudas, entre 1914 y 1917–. Lo petó como después lo petarían los folletines de Arsène Lupin, colega de oficio y de bigotillo, que nació en 1905 de la pluma de Maurice Leblanc, O el mítico Fantomas (Fantômas, así con circunflejo, en el original francés), que ya contaba con su adaptación en la gran pantalla, en forma de serial cinematográfico: Fantomas: A la sombra de la guillotina (Fantômas – À l’ombre de la guillotine. Louis Feuillade, 1913), estrenada tan sólo dos años después de haber nacido en el papel gracias a Pierre Souvestre y Marcel Allain.

SUPEREUROES_IV_02
El primer Fantomas del cine, interpretado por René Navarre y enredando enmascarado, en un fotograma de Fantomas: A la sombra de la guillotina (Fantômas – À l’ombre de la guillotine. Louis Feuillade, 1913) © Société des Etablissements L. Gaumont

El público siempre iba con el malo en este tipo de shows porque la vida es así. El prota, es el prota, se dedique a lo que se dedique, aunque sea a hacer maldades. Eso sí, el enmascarado mangante, generalmente en régimen de ilegalidad, en ocasiones ayudaba al desvalido, colaboraba con la ley luchando contra un mal mayor, o utilizaba sus artes delictivas para putear al corrupto. Es decir: para una mayor afectividad por parte del respetable, aunque malincuente, el eurohéroe mangante era –o acababa siendo– de “los buenos”. Ladrón, sí, y chorizo, escapista y agresor, pero honra’o y “buenagente”.

Arsène Lupin –o Arsenio Lupín, como le conocemos en nuestro original país–, por ejemplo, es un ladrón tan finolis y tan majo, que le saca los cuartos a tantos ricachones taaaaan gilipollas, que llegó a contar –amén de un buen puñado de películas, desde la época del mudo hasta una reciente producción de 2004– hasta con una serie de dibujos para la tele, de esos japoneses, Lupin III que a todo crío (y a algún mayor “cazafantasmas” también) gustaba. Lo de Japón con Maurice Leblanc es algo interesantísimo, muy curioso y digno de investigación profundizada, ya que muchas obras suyas cuentan con versión cinematográfica producida en las islas asiáticas, incluso en la época del mudo.

SUPEREUROES_IV_03B
Arsène Lupin, “el ladrón más elegante / que se puede imaginar / Oh, oh, oh, Lupin, Lupin, Lupin / Nunca le echarán el guante / nunca lo sorprenderán…”, indagando en Las aventuras de Arsenio Lupin (Les aventures d’Arsène Lupin. Jacques Becker, 1957), interpretado por el galán cómico Robert Lamoureux © Cinéphonic, Société Nouvelle des Établissements Gaumont (SNEG), Lamber Films

Otros son atroces. Asesinos despiadados, agresores sexuales, torturadores sin escrúpulos, homicidas vándalos que destrozan attrezzo y panós, o allanadores que asustan al inocente (que según los cánones, suele ser mujer). En determinado material, el justiciero apandador trasciende toda moral y ya no es superhéroe para nada, sino directamente supervillano (que los matices, son los matices). Y entre estos dos comportamientos, alternativos a la civilización y el orden, nos situamos –versión tras versión de los personajes anteriormente citados– en la psicodélica década de los sesenta.

1960 despierta dando lugar a una Europa a la que le esperan años muy locos, llenos de disparate, lisergia y fantasía. En breve aparecerá la Marvel en los USA, y la Europa progre se verá envuelta en la nube de la era beat, en la que los italianos comenzarán a hacer de las suyas. El indiscutible maestro gabacho Georges Franju, autor de la capital e inspiradora Los ojos sin rostro (Les yeux sans visage, 1960), rueda y estrena en 1963 Judex, una exquisitez cinéfila de padre y muy señor mío, coproducción Italia-Francia con enmascarado y enmascarada, manguis los dos.

Judex es un tío con antifaz, que monta abracadabrantes charadas para secuestrar a tipos que se lo merecen; en la peli que nos ocupa, Monsieur Favraux, a la sazón banquero desalmado (así que, no sólo se lo merece, sino que está de fresquísima actualidad, mire usté). El personaje está encarnado por el Channing Pollock, un famoso mago e ilusionista de la época, que ese mismo año se convirtió –Europa es un pueblo– en el nuevo Rocambole en otra coproducción, también franco-italiana, titulada Rocambole: El ladrón de guantes blancos (Rocambole contre services secrets. Bernard Borderie, 1963).

SUPEREUROES_IV_04
Ahora en verano, hay que cerrar bien, que en este fotocromo le tocó a Helga Liné, pero el día menos pensado, Kriminal puede venir a colarse por la ventana de usted, con su pijama de esqueleto y su linterna para meter miedo , y liarle una buena © Filmes Cinematografica, Estela Films, Copercines

El guión dio varias vueltas, basado en la novela homónima de Arthur Bernède, pasando por las manos del periodista y ensayista Francis Lacassin, el guionista habitual de Franju Jacques Champreux y su ínclito abuelo ¡Louis Feuillade!, quien dirigiera el serial completo de Fantomas protagonizado por René Navarre del que les hablaba antes. Así que ya pueden imaginar lo cuidado que está eso. La fotografía de cátedra es del maestro Marcel Fradetal, y la partitura musical pertenece a un semidiletante Maurice Jarre.

Si bien Judex (Georges Franju, 1963) posee una condición de auteur que igual la puede dejar fuera de estos lares, su importancia es indirectamente capital en el movimiento “supereuróico”. No solo rescata el género del fumetto nero italiano del mundo novelístico, sino que deja marcados los cánones por los que se regirán gran parte de los fumettos cinematográticos posteriores. Judex, créame usted, es magia pura.

Y dejando en stand-by el mundo italo-francés, podemos fijarnos en la Inglaterra beat y pre-punk, donde diversas editoriales (entre las que destaca la prolifiquísima Fleetway Publications, con sus coleccionables semanales) ofrecen historia de desbordante imaginación, irreales aventuras y fantasciencias inverosímiles. Gorilas-robot gigantescos, medallones que otorgan poderes, niños que viajan en el tiempo, hombres que se vuelven invisibles a excepción de su mano protésica… todo tipo de fumadas y desparrames, se podía encontrar uno en los cómics británicos de los sesenta. Y, abasteciendo nuestro ranking de “contrahéroes”, la Fleetway nos ofrece dos cabronazos de manual, que acabaron pasándose al lado bueno de la ley, convirtiéndose en justicieros por imperativo de la censura británica: Spider y Zarpa de Acero.

SUPEREUROES_IV_04A
Las actrices Edith Scob y Francine Bergé, en un fotograma de la magistral Judex (Georges Franju, 1963) © Filmes Cinematografica, Comptoir Français du Film Production

Desgraciadamente, ninguno de estos imposibles personajes fueron adaptados jamás al cine ni la televisión, pero su período de existencia es digno de entrega propia, así que no quieran saber más, que todo no cabe. Sabrán más de Zarpa de Acero (la primera vez que lo oí mencionar, fue en la letra del tema que Def Con Dos compuso para Acción Mutante) y Spider (rebautizado como Flierman, Spiderman u Hombre Araña, según país o editorial) en otro capítulo dedicado a ellos y otros nombres de culto de Fleetway Publications, IPC, Vértice, Surco y demás editoriales de lo pulp.

Y se hace de rigor volver a nuestros vecinos latinos y sus coproducciones. Pues a fines de los sesenta, cuando ya se había descubierto la droga de laboratorio y lo groovy, lo kistch, lo chachachá y lo ye-yé pegaban más fuerte llega a las pantallas un gran icono del superheroísmo mediterráneo: Diabolik (Danger: Diabolik. Mario Bava, 1968), atracador de politicastros, desvalijador de las élites burguesas y playboy seductor, creado en 1962 para las viñetas por las hermanas Angela y Luciana Giussani a imagen y semejanza del actor Robert Taylor. Dos teorías hay, al respecto del origen de la idea: la primera simplemente cuenta la historia de las Giussani yendo a una librería popular y descubriendo que, entre lo más vendido, están las novelas pulp de sensacionalismo, crimen y/misterio; la segunda, sostiene que una de las dos hermanas se encontró, abandonada sobre un asiento, una novela del seminal Fantômas. Lo que es seguro es que la cosa funcionó muy bien, y en pocos años Angela y Luciana nadaban en la abundancia a costa del enmascarado ultraceñido.

El mítico magnate Dino de Laurentiis, a la sazón productor del filme, se hizo con los derechos del personaje, ansioso por ver si gana dinero adaptando al cine los exitosos tebeos, aprovechándose del naufragio que ya sufriera su compatriota el productor Antonio Cervi, que ya intentó poner en pie un Diabolik en 1966, que iba a estar protagonizado por Jean Sorel y Elsa Martinelli y rodado en Los Ángeles, Nueva York, Méjico D.F., Roma y Málaga, pero del que jamás llegó a rodarse un solo rollo. Así pues, de Laurentiis se quedó con los derechos del personaje para cine y estableció su plan: haría una película con un presupuesto mucho más ajustado, con un buen director y un reparto internacional, pero barato. La expectación despertada por la adaptación de Diabolik, serviría también de catalizador para el lanzamiento de Barbarella (Roger Vadim, 1968), mucho más cara y pretenciosa. Sin pensárselo dos veces, le dio un toque pues al todoterreno Mario Bava.

SUPEREUROES_IV_06
John Phillip Law, caracterizado de Diabolik en una foto de rodaje de la película © Dino de Laurentiis Cinematografica, Marianne Productions

Mario Bava era un crack, no sólo era un director de fotografía rápido y con gusto, que además controlaba de maquetas, decorados y efectos especiales; sino que también era un director solvente y preciso, capaz de hacer filmes de lo más pintón con presupuestos paupérrimos, y que acababa de proyectarse internacionalmente con Doctor Goldfoot and the girl bombs (Le spie vengono dal semifreddo. Mario Bava, 1966), una comedia de aquellas superexitosas que hacían para lucimiento de la pareja de cómicos Franco Franchi y Ciccio Ingrassia, completada con reparto anglosajón, con el mítico Vincent Price a la cabeza. Mario Bava era pues, el realizador perfecto, y así Dino de Laurentiis le pudo hacer una buena envolvente.

De los tres millones de dólares que iba a costar la broma, Bava se tuvo que apañar con algo menos de 500.000 (en todas las entrevistas registradas, Bava recordaba el rodaje como “la peor experiencia profesional de mi vida”). John Phillip Law interpreta al “jinchazo” de Diabolik (sin nombre civil), un guaperas de refinada educación que, insatisfecho con sus privilegios y caprichos, decide tirarse a una vida de criminalidad y se convierte en un bandarra, un mangante que roba a maletero lleno porque la vida le tienta poniéndole suculentos botines delante de las narices. Un tío de los que ni paran por casa, ni duermen nunca, “chico ye-yé” que va siempre a tope. Phillip Law llegó a hacer el filme porque llegó a última hora a un acuerdo económico con de Laurentiis, que englobaba su sueldo “en pack” con el de su papel en Barbarella, haciendo de Pygar el ángel ciego, un personaje mucho más secundario pero en una peli con más pasta. Marisa Mell, exuberante sex-symbol austriaca del momento, interpretó a Eva Kant –la habitual compañera de correrías de Diabolik–, después de que Catherine Deneuve, elegida por el productor contra los deseos de Bava, fuera despedida del rodaje a la semana de inicio por negarse a salir desnuda… ¡un pitote! La pericia de Bava en trucajes y falseos, haciendo parecer que hay siempre más de lo que había, reaprovechando utilería y vestuario de Barbarella –que la estaban rodando al la’o– pudo salvar la cosa.

SUPEREUROES_IV_07
“¿No es verdad, ángel de am…? ¡¿Quién anda ahí?!” Los pibonazos John Phillip Law y Marisa Mell, vestidos raro en un fotograma de Diabolik (Danger: Diabolik. Mario Bava, 1968) © Dino de Laurentiis Cinematografica, Marianne Productions

En un primer momento, las tiras de comic originales transcurrían en el paraíso mafiosil de la ciudad de Marsella, pero poco tardaron las hermanas lombardas en situar a su Diabolik en Clerville, capital de un ficticio país de mismo nombre, levemente inspirada en Ginebra, de interior, pero atravesada por un río. Clerville fue recreada en los sets de los estudios Dinocittá (¡qué macarra este de Laurentiis!), aprovechando para innovar e inventar agusto, acrecentando así el carácter lisérgico e irreal que convierten a Diabolik en única (y hortera también, sí, pero única al fin y al cabo). El veterano e intosible Michel Piccoli dio vida al Inspector Ginko, el poli de turno que persigue a nuestro afanador. Y en el filme había un malo superior, Ralph Valmont, cargado de inquina y perfidia, al que interpretaba Adolfo Celi, con lo que el personaje adquiere, a lo largo de una trama llena de persecuciones y tretas, el título de héroe merecidamente.

“No soy un buen realizador, pero soy un estupendo fotógrafo. Si colaboráis conmigo y me ayudáis, prometo sacaros guapísimos”

Mario Bava, hablando con John Phillip Law y Marisa Mell.

SUPEREUROES_IV_08
Fotos de rodaje, con modelito en blanco para Diabolik. Ante todo, vestir bien, que para algo se es italiano. El Jaguar E también ayuda. © Dino de Laurentiis Cinematografica, Marianne Productions

La crítica la destrozó sin piedad, sin embargo se convirtió en una suerte de objeto de culto pop en ciertos sectores. Los ambientes más modernos, undergrounds y punteros, la acogieron obnubilados –por ejemplo, la secuencia entre homosexuales que contiene la cinta, la convirtió en un éxito en San Francisco, manteniéndose en cartel durante años–. Y a pesar del mal envejecimiento de la cinta –o el óptimo carácter documental, según se mire–, Diabolik es un trabajo de primera categoría, una pieza de arqueología cinéfila y una rareza en la filmografía de Mario Bava. Un objeto de indudable curiosidad plástica –la fotografía es obra del propio Bava y Antonio Rinaldi–, material chocante que no puede dejar indiferente.

Diabolik es lenguaje de comic llevado al cine –y no las horteradas aquellas de “postpo” que perpetró Ang Lee en su soporífero Hulk (2003)–. Es pionera absoluta en eso. El diseño y la construcción del traje y la máscara de látex (sin duda, lo que mejor ha envejecido), obra de Carlo Rambaldi, convierte a Diabolik un personaje-icono automáticamente, y los exquisitos recursos narrativos y estéticos de la película la sitúan en el podio de la primera y mejor reinvención del cómic a través del cine. Encuadres aberrados, ópticas aberrantes, una velocidad en el montaje como no se había visto –a ritmo de una partitura de fanfarria muy cachonda, compuesta por Ennio Morricone– drásticos virados de color, un guión que abarca tres aventuras de la colección original y lo suelta así ¡pum!, como en una película de aquellas de capítulos cortos… eso es pop, eso es shock e impulso visual, eso es un tebeo en la pantalla. Lo demás, esos amagos y manoteos que de vez en cuando se ven, son videoclips musicales, o spots publicitarios.

Lo de Diabolik fue sonado. La peli acaba (sin spoiler) de cierta manera que indica que pueda haber secuela, pero jamás se llegó a producir. En cambio, comenzó un aluvión de “Diabolikes” del tres al cuarto, muchos de los cuales no merecen figurar en éste artículo porque son directamente señores del mal. Y así, amén de los personajes del “fumetti per adulti”, italianos todos –en régimen de coproducción cuando se trataba de cine–: Kriminal, Satanik, Isabella, Killing… un largo sinfín de malvados atractivos, habitantes del cómic, el cine y la fotonovela, y copiados hasta en Turquía y Argentina.

SUPEREUROES_IV_09
Danièle Gaubert, enfundada en negro subida a una barandilla en un fotograma de La louve solitaire (Edouard Logereau, 1968) © Intermondia Films, Les Films Corona, Selenia Cinematografica

La louve solitaire (Edouard Logereau, 1968) era una producción enteramente francesa, adaptada para el cine a partir de un best-seller de Albert Sainte-Aube. No se la suele incluir en los listados de personajes influidos por el enmascarado de las hermanas Giussani, aunque esta claro de dónde mama. Casi se podría decir incluso que es una Diabolik femenina. Ojo, que también puede ser fruto de la pura casualidad, eh, que ambos estrenos sólo se llevan meses. Tiene también algo de la superespía Modesty Blaise –de la que ya hablaremos–, y es una ladrona acróbata de aúpa. Es, en cualquier caso, fruto de toda esta cacharrería creativa que pululaba por nuestra Europa en los 60, una década donde había más cosas posibles que ahora.

No he podido catar el filme, ni lo he podido encontrar, ni siquiera ejerciendo de mangante como nuestros personajes y bajándomelo por ahí (igual es que no he sabido, que uno está ya muy mayor para ciertas cosas). Sin embargo, de aquí y allá, tirando de mi inglés carabanchelero y mi francés de pacotilla puedo resumirles una suerte de sinopsis, para que se hagan una idea: Françoise Tilmont, “euroína” protagonista del filme a la que da vida la actriz Danièle Gaubert, es una francesita arquetípica y tópica durante el día, sumisa al machistorrerío imperante sin protestar, una “sexy kitten” que dicen los yankees. Pero cuando la noche… ¡ay, cuando cae la noche! Cuando cae la noche, la Tilmont se enfunda en su traje y su pasamontañas, se pertrecha con sus imposibles ballestas y gadgets, y se convierte en una choriza de joyas, que limpia las casas de los ricos que por el día se creen superiores a ella, haciendo tirolinas, rappel, climbing, kárate, y lo que haga falta. Incluso se echa pulso con otro ladrón, medio noviete, llamado Bruno e interpretado por Michel Duchaussoy.

SUPEREUROES_IV_10
¿Se intentó con La louve solitaire estirar el fenómeno Diabolik? Juzgen ustedes mismos © Dino de Laurentiis Cinematografica, Marianne Productions

Pues esto viene siendo todo –o más bien todo lo posible–, creo que ya puede ir usted servido, que incluso puede tener un buen empacho de gente extraña con nombres de cachondeo. Sin duda, un catálogo bastante copioso, mucho más que el de los supers americanos, que allí el antihéroe no abunda porque hay muchos boy-scouts. Los enmascarados europeos no viven en un mundo de “buenos y malos” perfectamente distinguible, como los americanos. La línea que nuestros héroes dibujan en el suelo es difusa y discontinua, como ellos mismos, dubitativos, ilegales, llenos de claroscuros, más reales. Porque cualquier enmascarado que agreda a la gente, aunque sea en nombre de lo justo, es sin duda un delincuente; y que no todo es blanco o negro como los uniformes de Diabolik. Pues nada… la semana que viene más.

Dejar una respuesta

¡Por favor, introduce tu comentario!
Por favor, introduce aquí tu nombre

       

Los comentarios en esta página pueden ser moderados; en tal caso no aparecerán inmediatamente al ser enviados. Las descalificaciones personales, los comentarios inapropiados, de extensión desmesurada o con demasiados errores ortográficos podrán ser eliminados. Asimismo, en caso de errores considerados tipográficos, el editor se reserva el derecho de corregirlos antes de su publicación con el fin de mejorar la comprensión de los mismos. Recordamos a los lectores que el propósito final de este medio es informar. Para recibir soporte sobre dispositivos o problemas particulares les invitamos a contactar con el correspondiente servicio de atención al cliente.