Para 2017, dicen que sacan la nueva temporada de Fargo. Y no se puede estar más expectante que ante algo de lo que no se tiene ni idea. Y es que ésta segunda temporada de Fargo, que concluyó hace ya unos cuantos meses, ha supuesto toda una sorpresa, de la misma manera que lo supuso la primera. Todo un reboot televisivo, que osaba meter mano a una de las mejores obras cinematográficas de los noventa, recibido con recelo, reparo y repugnancia. Que luego nos pilló a todos con las bragas en la mano y la boca llena, la tortilla de patata rebosando por la comisuras, atontolina’os perdidos. Fargo la serie (Fargo. Noah Hawley, 2014-) resultaba ser una obra maestra en sí misma. Podía no haber existido el filme, y puede seguir existiendo que no le va a pasar nada, pero este tv show es un obrón.

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Martin Freeman, más perdido que un cartero en Barcelona, en la primera temporada de Fargo (Noah Hawley, 2014) © MGM Television, FX Productions, 26 Keys Productions

Esto ya se ha hecho muchas veces, no es la primera ocasión en la que se adapta para televisión un éxito cinematográfico, ni un blockbuster videoclubero. Pero es que no estamos hablando de Alien Nación (Alien Nation. Graham Baker, 1988) y su posterior serial que en nuestro país dieron por las autonómicas. No señora, estamos hablando de Fargo (Joel Coen, Ethan Coen, 1996), una de las obras cumbres del cine independiente americano de los 90; que igual, es usted muy joven y eso le suena como a pelis roller hechas con pocos medios y todas con Steve Buscemi. Pero en una década donde se daban ocasionales buenos filmes, y puntuales obras maestras (se estaba recogiendo la resaca de los 80), una serie de soñadores de esos que ahora llaman indies se dedicó a contar historias de diálogos y situaciones disparatadas, a revisitar viejos géneros de condición pulp y a jugar con la estructura de guión y las leyes de narrativa.

Por supuesto, de entre esta caterva de graciosillos cuyo humor molestaba al carcamal y ponía nervioso al ignorante porque pensaba que se estaban riendo de él, sobresalía gente que luego lo ha petado a base de bien, como el tío Tarantino –que tiene que ser el que mejor vive–, su primo Robert Rodríguez, Ang Lee, Jim Jarmusch, Spike Lee, Bryan Singer, Kevin Smith, Abel Ferrara, Mike Figgis, Hart Hartley, Boaz Yakin o, en menor medida, Tom DiCillo, Gregg Araki o Larry Clark, solo por citar algunos (el boom internacional del indie americano explotó en racimo).

Los hermanos Coen, Joel y Ethan, eran auténticos puntales en este movimiento. Se lo llevaban currando con su colega Sam Raimi desde los ochenta, y cuando llegó Fargo (1996) aquello ya fue el acabose. Fargo ganó “Óscares”, “Baftas”, globos y palmas de oro, un par de National Board of Review d’esos y otro del Círculo de críticos de Nueva York, y no se cuántos Satellite Awards. En aquella época donde solo “valía lo indie”, Barton Fink (Joel Coen, Ethan Coen, 1991) y Fargo eran además el recopetín. Por eso se hace raro, aún con la fiebre actual por las “series de culto”, que cojan y se pongan adaptar cosas como Abierto hasta el amanecer (From Dusk Till Dawn: The Series. Robert Rodriguez, 2014-2016) o ésta que nos ocupa, tan indie, tan retro y tan noventer que, lejos de poner la mano en el fuego por su éxito, la gente temía (temíamos) una mancillación del original en aras de un verbeneo de baja estofa.

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La genialérrima Frances McDormand, interpretando a la agente Marge Gunderson en un fotograma de Fargo (Joel Coen, Ethan Coen, 1996), el aclamado largometraje que lo empezó todo © PolyGram Filmed Entertainment, Working Title Films

Con la de Rodriguez no nos vamos a entretener, porque no toca y además ha optado por la facilidad de tirar de la patente –como con las secuelas y precuelas del filme, cosa que me parece muy bien, no lo critico en absoluto–. Pero Fargo es un artículo de lujo, uno de esos fenómenos que se repiten cíclicamente pero nunca en masa, ya es que un producto pensado e incluso probado. En los extras de DVD de la primera temporada, se explica de dónde sale la idea y cómo comienza el proyecto. Resulta que en ya en 1997, tan sólo un año después de la película, la MGM Television pensó en hacer una serie televisiva basada y titulada igual que el filme de los Coen. El primer conato terminó en telefilme, Fargo (Kathy Bates, 2003), dirigida por la fabulosa actriz Kathy Bates y protagonizada por Edie Falco (recién estrenada como star televisiva por interpretar a la señora de Tony Soprano), repitiendo el papel que interpretara Frances McDormand en la cinta original: el de la oficial embarazada Marge Gunderson. Por supuesto, ésta era una de esas “tivimuvis” que acaban siéndolo gracias al remontaje de un capítulo piloto fallido, ya que esa serie jamás llegó a desarrollarse y acabó en eso: en un piloto largo, exhibido como tv-movie de las de después de comer.

En 2011 la productora FX se hizo cargo del proyecto, encargándole una nueva visión a Noah Hawley, guionista de éxitos industriales como Bones (Hart Hanson, 2005 – ) y creador de las prestigiadas My Generation (Noah Hawley, 2010) y The Unusuals (Noah Hawley, 2009). Noah se encerró a escribir con una única exigencia por parte de la productora para no marear más la perdiz: el personaje llamado Marge Gunderson, que con la tontería ya tenía dos rostros, no podía aparecer en la trama de ninguna de las maneras.

“La primera imagen que me vino a la mente fue la de los dos hombres en la sala de urgencias, con Malvo infectando a Lester en ese primer encuentro. Estudié la película (…) no para copiarla sino para entender la dinámica ¡Comí gofres con los Coen! ¿Qué otra cosa ibas a comer con ellos?»

Noah Hawley

En la primera temporada de la serie conocemos a Lester Nygaard (Martin Freeman), un apocado vendedor de seguros de una pequeña población de Minnesota en 2006. Alguien a quien acosan en su trabajo, vejado por su mujer, y humillado por la misma persona que ya le humillara en la infancia. Todo su mundo cambiará por completo fortuitamente, cuando se tope con un desconocido tétrico y misterioso, el despiadado Lorne Malvo (Billy Bob Thornton) que se ofrece a ayudar. El descenso hacia los infiernos del comercial arrastrará consigo a un sinfín de personajes en varias tramas de corte noire perfectamente imbricadas.

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Arriba, un fotograma con Lorne Malvo haciendo lo mejor que sabe hacer: dar mal rollo. Abajo: Nygaard (Martin Freeman) y Malvo (Billy Bob Thornton) connivenciando en la hiperbólica secuencia que desencadena la trama de la primera temporada de Fargo (Noah Hawley, 2014) © MGM Television, FX Productions, 26 Keys Productions

La producción pudo llevar a levantarse, como tantas otras, gracias a la acumulación de estrellas en el reparto. Billy Bob Thornton, amiguete de los Coen –con quienes ha participado en más de un filme, haciendo pequeños papeles–, fue el primero en abrazar la idea entusiasmado. Como ya estaba él, no fue difícil que otros actores de primer orden se sumaran al proyecto. Así, Martin Freeman, que acababa de petarlo muy fuerte por su Dr. Watson de Sherlock (Steven Moffat, 2010), no tardó en convertirse en la segunda star a bordo. Suficiente con estos dos para empezar a abrir grifos de panoja. En 2014 se comenzó a emitir la serie en FX Networks, cadena-rama de la Fox; y aquí en España, ese mismo año, en Canal Plus Series. Por supuesto, todo han sido premios y adulaciones. 50 minutos de pura ambrosía cinematográfica, pero en pantalla de televisor.

Lo capital en todo esto, y la clave del éxito de Fargo es que es una serie tremendamente cachonda, que juega con el espectador al tiempo que toma riesgos con el devenir de los personajes y los desnuda por completo. Un objeto para divertirse, cuya premisa valora precisamente los costes de la diversión, de vivir fuera de la ley.

Pero es que hace poco que se ha terminado de emitir la segunda temporada, no se me vaya usted a escapar ya. Y si la primera se aproximó hábilmente al espíritu de la película seminal, ésta Fargo (Fargo: Year Two. Noah Hawley, 2016) se mueve en ese fin de década tan disco-pop, que permite unos resultados tan refrescantes y tonificantes como el mismo frío que se masca en la pantalla. Una historia nueva, en un entorno post-disco a las puertas de los 80, con –como decían en Arizona Baby (Raising Arizona. Joel Coen, Ethan Coen, 1987)– “el hijo puta de Reagan en La Casa Blanca”. No es así exactamente, puesto que sucede todo en 1979, cuando Ronald Reagan todavía era gobernador (por cierto, que en la serie lo interpreta, nada más y nada menos que el reconstituyente Bruce Campbell), pero es que me gusta mucho el off de Nicolas Cage del film de los bebés –hasta fecha de hoy, el filme donde más se grita de la historia–. En el segundo asalto de Fargo presenciamos el extraño suceso que ya nos narrara, con paciencia de viejuno cuentabatallas, el policía retirado en hostelero Lou Solverson.

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Keith Carradine (arriba), interpreta Lou Solverson en la primera temporada; mientra que Patrick Wilson (fotograma de abajo) interpreta a Lou Solverson cuando era joven, en la segunda © MGM Television, FX Productions, 26 Keys Productions

“Quicir”: la segunda temporada de Fargo es una precuela de esas a lo George Lucas en toda regla. El lugar es otro pequeño pueblo Minnesota, distinto pero igualito que el de la primera temporada, donde Lou Solverson (Patrick Wilson) todavía es un joven veterano de Vietnam que ha vuelto a casa para seguir currando en su puesto raso de sheriff rural (no se si estas dos últimas palabras resultan redundantes). El caso que le toca, y que le marcará de por vida como nos ha dejado ver la primera tanda de capítulos, consiste en un extraño acontecimiento en una cafetería especializada en gofres: un crimen hiperviolento, con varias víctimas mortales y un sospechoso desaparecido.

En cuanto Solverson comienza a intentar resolver el rompecabezas, ayudado únicamente por su suegro (un Ted Danson en mayor estado de gracia que nunca), descubre que muchas personalidades están implicadas en el suceso: el matrimonio Blomquist (Kirsten Dunst y Jesse Plemons), peluquera y carnicero de Luverne, un pueblito cercano; el clan familiar Gerhardt, hampones de las montañas en la línea de Mamá Sangrienta (Bloody Mama. Roger Corman, 1970), más brutos que un arao; e incluso el sindicato del crimen de Kansas City.

Esta segunda temporada no sólo mantiene el nivel de la primera, a nivel creativo, sino que trasciende, mediante la excusa de la reconstrucción de la realidad que permite lo pretérito (en este caso, los ya lejanos años 70), y nos conduce por un tiovivo de exquisita violencia, agobiante tensión y ritmo taquicárdico. Se cambia la paleta de colores con respecto a su antecesora, para tejer otro petit point, menos 90’s american indie y muchísimo más camp. Y se juega con el televidente mucho más. Se le marea y examina, poniéndole a prueba hasta sorprenderse, en ocasiones –y como debe ser– a traición.

FARGO "Morton's Fork" -- Episode 110 -- Airs Tuesday, June 17, 10:00 pm e/p) -- Pictured: (L-R) Allison Tolman as Molly Solverson, Bob Odenkirk as Bill Oswalt -- CR: Chris Large/FX
Foto publicitaria para el lanzamiento de Morton’s Fork, décimo episodio de la primera temporada, con la revelación Allison Tolman como Molly Solverson, y al incomparable Bob Odenkirk como Bill Oswalt, los dos hasta el pico’la boina del marrón que tienen encima © Chris Large/FX

«Fargo es una serie sobre lo mejor y lo peor de EE UU».

Noah Hawley

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Y otra foto promocional, perteneciente a la campaña de la segunda temporada, con Kirsten Dunst posando como la demencial estilista de pueblo Peggy Blumquist, que corta el pelo mientras maquina ideas de bombero y ve cosas que no existen © MGM Television, FX Productions, 26 Keys Productions

A este Fargo: Year Two uno se enfrenta conciendo el futuro. No en plan guiño, como en las pelis de muñecos, con giros “sorprendentes” para el niño y la niña, sino en plan psicológico. Hemos conocido a ciertos personajes con cierta edad, como a la sheriff Molly Solverson, suerte de remedo de la Marge Gunderson primigenia (embarazada también) perfectamente justificado por un entorno provinciano, blanco abisal, donde todo el mundo es prácticamente igual salvo los que criminales; o al único progenitor que le queda tras perder a su madre en la infancia, su padre, el que nos contó su cuento de juventud. Pero es que ahora vemos a una Molly Solverson de apenas seis años, viviendo el cáncer de su madre (memorable Cristin Milioti) en primera persona, ignorante de lo que le deparará el futuro –que nosotros sí conocemos–. Y también vemos que la cháchara que nos soltó Keith Carradine en un secuencia suelta de la primera temporada, es la trama principal de la segunda. Podemos tener ventaja sobre los personajes, que se mueven como ratas y parecen más perdidos que en cualquier serie; pero también podemos vibrar con los acontecimientos, descubriendo qué papel juega tal personaje en la vida que alguien que sabemos superviviente.

O saber que, a pesar de ser tan torpedo de la pradera, el detective Ben Schmidt, personaje interpretado por Keir O’Donnell –que para un servidor se ha revelado como un actorazo al que quiero que comiencen a explotar a la de ya–, no va a morir; sólo porque en la primera temporada ya aparecía, más viejo e interpretado por Peter Breitmayer. Éste es el juego que propone el inagotable plantel de personajes vecinos, sitos en un mismo núcleo, pero en distintos períodos de la historia, en el que se basamenta el suspense de Fargo.

En los créditos finales de ambas seasons, puede leerse perfectamente como tanto Joel como Ethan Coen, figuran como Executive Producers. Esto, aparte de garantizarles su porcentaje en los beneficios de rigor, les permite supervisar los aspectos creativos de los episodios. Sin embargo, Los Coen leyeron el guión del primer capítulo de la primera temporada (The Crocodile’s Dilemma), firmaron el visto bueno sin que hiciera falta venderles ninguna moto, y a correr. Nunca más volvieron a asomar el cazo u opinar sobre ningún aspecto durante la producción. Por no aparecer, no aparecieron ni por el rodaje.

FARGO -- ÒDid You Do This? No, you did it!Ó -- Episode 207 (Airs Monday, November 23, 10:00 pm e/p) Pictured: (l-r) Patrick Wilson as Lou Solverson, Keir O'Donnell as Ben Schmidt. CR: Chris Large/FX
El actor Patrick Wilson (a la izquierda), junto a una de las múltiples revelaciones de esta serie, Keir O’Donnell, que realiza un magistral trabajo como el estólido y zafio detective Ben Schmidt. © MGM Television, FX Productions, 26 Keys Productions

No obstante, el cariño, el mimo, la admiración e incluso pleitesía máxima hacia los hermanos envuelve cada episodio de la serie. Ethan y Joel describieron Minnesota como “Siberia con restaurantes familiares”, y el empeño que ellos tuvieron por reforzar la soledad a la que están sometidos los personajes con el blanco manto de la nieve, el minimalismo que provoca angustia en los planos general y la presa de una óptica y un encuadre, más que sencillos, discretos, se reconstruyen y modulan en ambas temporadas de la serie con creces, tirando de drón si hace falta –que para eso existe hoy día–. Derrochando en creatividad pictórica y desparramando todo lo que te permite el enorme tiempo de dos historias de casi cien horas cada una (10 capítulos por temporada).

Cada director se obliga, de la misma manera que lo hacen los hermanos en sus propios proyectos, a seguir la línea marcada que complete un universo propio ante los ojos del espectador. Y así, entre tanto respeto y mitomanía, se hacen de rigor los constantes guiños, ya no sólo al Fargo primitivo, sino a la filmografía de los Coen prácticamente al completo, y siempre de manera sutil y –lo más importante– sin forzar.

En estas, el trabajo de fotografía no puede ser más certero. Dana Gonzales, la directora de foto a la que se puede considerar “regente” –por firmar la mayoría de capítulos de ambas temporadas–, consigue captar la impronta y el método ya académico del maestro Roger Deakins, en una primera temporada que completa el operador Matthew J. Lloyd; y añade unas pinceladas del trabajo del cineasta Bruno Delbonnel en A propósito de Llewyn Davis (Inside Llewyn Davis. Joel Coen, Ethan Coen, 2013), que perpetúa también Craig Wrobleski (el otro director de foto de la segunda temporada), para acercarse a la abstracción especulativa de una década que los Coen no han llegado a representar. Y el resultado es de quitarse el sombrero, de esos que hacen de imperiosa necesidad ver esta serie –o aunque sea un cacho– en una sala de cine.

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De planos como éste, con esta magia, está llena la serie. Iba a poner algo para ponderar la belleza de la composición pero… ¡esto una página para amantes de las imágenes! sabrán ustedes más que yo © MGM Television, FX Productions, 26 Keys Productions

Y luego, claro que sí, no falta el guiño para provocar zollipos y “halas”. Referencias para el seguidor y el scavenger en el arte y el atrezo, la música, las alusiones en los diálogos y demás. Podemos descubrir detalles hasta ahora desconocidos de la valla de alambre de espino, perdida en el culo del mundo, a cuyos pies enterraba Buscemi la maleta con el botín de la película. Podremos escuchar acordes y melodías pausadas con los mismos sonidos de cuerdas regionales de la preciosa banda sonora de Carter Burwell. Pero también, entre los “blacksabbaths” y “jethrotules” del momento, una versión del Just Dropped In (To See What Condition My Condition Was In) de Kenny Rogers que sonaba en aquel maravilloso sueño porno-musical que tenía “El Nota” en El Gran Lebowski (The Big Lebowski. Joel Coen, Ethan Coen, 1998), versioneada en clave disco (¡chium-chium!) por White Denim. Asistirán al mismo espectáculo de bellezaviolencia que en Sangre Fácil (Blood Simple, 1984) –no les quiero hacer spoiler, déjense embriagar–, conocerán a un remedo Sioux del Chigurgh que hacía Javier Bardem en No es país para viejos (No Country for Old Men, 2007), revivirán la fábula judía de Un tipo serio (A Serious Man, 2009) trocada en montañesa del medio-oeste, sentirán el relax de un buen cuadro paisajístico tal cual pasara en Barton Fink (1991), y volverán a oír hablar de cierta rama de Los Knutson (pronunciese Kuh-nson), los padres de Bunny Lebowski (Tara Reid) que contratan al detective privado Da Fino (el habitual Jon Polito) para recuperar a su hija en la producción antes mencionada. Por supuesto no he puesto todos, no me daba la libreta para más mientras veía este maravilloso serial; pero ya se pueden figurar que hay muchísimos más.

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«¡Chssssssst, eeeepa, epa, epa, epa…! Buen rollo, eh» © MGM Television, FX Productions, 26 Keys Productions

Poco sabe de lo que deparará la tercera temporada, ya anunciada, pero de momento hay mucho material para mirar y remirar, muchas horas de buen thriller. Si es usted amante de las buenas series, no puede perdérsela; pero si lo que es usted es una loca de la vida del cine de los hermanos Coen, entonces está obligado a matar por verla si hace falta.

1 Comentario

  1. Pedazo de serie, nos toca una larga espera, hasta la siguiente temporada! El motivo, parece ser que es por que siempre quieren grabar en una Minessota invernal.

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