Federico García Lorca llegó antes a la luna que el Apolo 11. Me le imagino sentado en alguno de sus cráteres, abandonando la pantalla para admirar esta vez la proyección desde las alturas. Ese caleidoscopio emocional al que llamamos hogar. Lo que allí interpreta son emociones en verso. A nadie se le ocurriría elevarse hasta la rueda nocturna para escribir teatro.

Son mentira las formas. Sólo existe
el círculo de bocas del oxígeno.
Y la luna.
Pero no la luna.

Federico García Lorca y "Viaje a la luna"
Dalí (izquierda), Buñuel (centro) y Lorca (a la derecha de Buñuel)

De los cuatro grandes hombres que forjaron amistad en la Residencia de Estudiantes de Madrid, allá por los años veinte del pasado siglo, sólo a Federico y Pepín los cito habitualmente por su nombre de pila. Me son cercanos, intimísimos. A Buñuel y a Dalí nunca les llamó Luis y Salvador. No encuentro explicación para ello. A Federico también le llamo “el poeta”. No fue el último de España, tampoco el primero. Federico sencillamente fue el poeta: escrito a mano alzada y tinta roja, como el color de la sangre, la verdadera tinta con la que escribir desde la luna, que también hace las veces de corazón.

Federico García Lorca y "Viaje a la luna"
En su cuarto en Granada, bajo un cuadro que le regaló Dalí, 1925

Federico viajó desde Southampton a Nueva York, y a la luna desde allí. De estos dos viajes, entre mediados de 1929 y principios de 1930, regaló al mundo uno de los mejores poemarios del siglo, pero también, y esto es menos conocido, su primer y único guión cinematográfico. Murió sin ver ninguno de los dos proyectos realizados. Poeta en Nueva York se publicó en 1940, cuatro años después de su asesinato. De Viaje a la luna se han realizado varias interpretaciones, tanto a nivel amateur como profesional. La más popular, y quién sabe sí definitiva, fue adaptada y dirigida en 1998 por el pintor Frederick Amat. El guión cuenta con 72 secciones compuestas de imágenes a primera vista surrealistas, asemejándose al guión de un Un Perro Andaluz.

Federico García Lorca y "Viaje a la luna"
En el reloj de sol de la Universidad de Columbia, otoño de 1929

En los últimos años de la década de los 20 sobrevolaba sobre su figura la acusación de putrefacto, término acuñado en la Residencia de Estudiantes para referirse a lo caduco, lo romántico, lo cursi, que Luis Buñuel y Salvador Dalí utilizaban con frecuencia. Pasaba Federico por un momento tan oscuro como una noche sin luna. “La aurora llega y nadie la recibe en su boca/ porque allí no hay mañana ni esperanza posible”. Desesperanzado por el amor perdido y no correspondido, quedó sumido en la mayor de las depresiones. Su obra: execrada a heces por sus amigos íntimos.

Federico García Lorca y "Viaje a la luna"
Federico García Lorca con Salvador Dalí y Pepín Bello

A petición de Salvador Dalí, el poeta leyó a Luis Buñuel su última obra, Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín. Al finalizar el primer acto, Buñuel interrumpió la lectura con un golpe en la mesa y exclamó: “Basta, Federico, es una mierda.” A lo que prosiguió Dalí: “Buñuel tiene razón. Es una mierda.” Ellos eran surrealistas —aunque aún no formaban parte del grupo— y lo demás era una ¡merde! A Federico no le quedaba más opción que tomar aire para no ahogarse, a poder ser nuevo. Herido en su orgullo y desengañado en el amor, puso rumbo a Nueva York en busca de renovar su estilo, de apartarse del ambiente que lo oprimía, comenzando a coquetear con la vanguardia: el surrealismo.

En la correspondencia que Buñuel enviaba desde París a Pepín Bello a propósito de su nuevo proyecto: “Con Dalí he trabajado en intima colaboración para fabricar un scénario estupendo sin antecedentes en la historia del cine. Le íbamos a titular “La marista sobre la ballesta” pero por el momento tiene como titulo “Dangereux de se pencher en dedans”. Al final, aquel proyecto llevaría por nombre “Un perro Andaluz”.
A oídos de Federico llegó la noticia de la película, viéndose claramente aludido por el título. De ello podemos suponer que Viaje a la luna, escrito en su estancia en Nueva York, es una respuesta a aquel ataque deliberado. Una venganza calculada con el mismo arma. Aún así, Buñuel, según lo escrito en otra carta a Pepín, no veía claro este cambio de estilo: “Federico quiere hacer cosas surrealistas, pero falsas, hechas con la inteligencia qué es incapaz de hallar lo que halla el instinto”.

Federico García Lorca y "Viaje a la luna"
Federico García Lorca y Salvador Dalí

En esas 72 secciones que componen el guión de Viaje a la luna, lleno de dobles y triples exposiciones, se intuye un hilo racional que une de forma intelectual la totalidad de imágenes poéticas, llenas de metáforas y simbolismos. Decía Federico en su conferencia Imaginación, Inspiración, Evasión, expuesta en Granada, Madrid y Nueva York, que “la hija directa de la “imaginación” es la metáfora, nacida a veces a golpe rápido de intuición alumbrada por la lenta angustia del presentimiento”. Aunque en ella también abraza el surrealismo: “Ya no hay términos ni limites, admirable libertad”.

Las alusiones a Federico en Un Perro Andaluz no sé limitaron soló al titulo. Buñuel en otra carta a Pepín Bello: “El día 2 comienzo el film que más te va a gustar del mundo. Todas nuestras cosas en la pantalla”. Con ello Buñuel se refería a las bromas y correrías colectivas nacidas en colaboración imaginativa en la Residencia de Estudiantes. Tal es el caso de la imagen mortuoria del cuerpo tendido de un hombre sobre una cama en El Perro Andaluz. Era costumbre en Dalí y Federico representar esta escena macabra. Uno hacía de muerto y los demás asistían al velatorio.

Federico García Lorca y "Viaje a la luna"
La Orden de Toledo – Salvador Dalí, Ernestina González, Luis Buñuel, Juan Vicens y José María Hinojosa

En la sección 45 de “Viaje a la luna” quiero visualizar una referencia a la sensibilidad de cada uno de ellos: “Ya en la calle nocturna hay tres tipos con gabanes que dan muestras de frío. Llevan los cuellos subidos. Uno mira la luna hacía arriba, levantando la cabeza y aparece la luna en la pantalla, otro mira la luna y aparece una cabeza de pájaro en gran plano a la cual se estruja el cuello hasta que muera ante el objetivo, el tercero mira la luna y aparece en la pantalla dibujada sobre fondo blanco que se disuelve sobre un sexo y el sexo en la boca que grita.” Bien podrían ser estos tres tipos Pepín, Dalí y Buñuel. Y el poeta: un cuarto hombre que aparece en la calle con el cuerpo desnudo, como los muñecos anatómicos, llenos de músculos y venas y tendones, queda en cruz.

Federico García Lorca y "Viaje a la luna"
El poeta, a la derecha, en el campus de la Universidad de Columbia, otoño de 1929, con María Antonieta Rivas y dos amigos sin identificar. (Fundación García Lorca)

La luna es ése foco de luz que traspasa el objetivo y proyecta en tierra firme toda su experiencia. Tiende a la exaltación en representación de la ambigüedad, refiriendo alusiones a la muerte y la fertilidad, a la abundancia sexual y su escasez, al dolor y al gozo. Incidiendo con su luz de lleno sobre nuestra nuca, influye de manera directa en nuestras obsesiones, arrastrándonos en espiral como un gran desagüe aglutinador de basura cósmica. De nosotros mismos, como siempre, se espera la última palabra que interprete su discurso. Usaba Federico la luna a su antojo, cantando sus metáforas, incluso cuando ya no reconocía su rostro. O simplemente, no existía.

Federico García Lorca y "Viaje a la luna"
Federico García Lorca, retrato de juventud
       

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