Con motivo del estreno de El Botón de Nácar, la nueva película del documentalista Patricio Guzmán que llega este viernes a nuestras pantallas, entre la retahíla de documentales que estos meses programa CicloDOCMA de la Cineteca del Matadero de Madrid puede verse Filmar Obstinadamente, un encuentro con Patricio Guzmán (Filmer Obstinément: Rencontre avec Patricio Guzmán. Boris Nicot, 2014), una mirada retrospectiva a través de la obra de Gúzman, marcada por la historia reciente de su país, Chile.

«Ser objetivo o subjetivo no importa a la hora de hacer un documental. Importa ser verosímil»

Patricio Guzmán.

01.FILMAR OBSTINADAMENTE
Patricio Guzmán, mirando movidas en un frame de Filmar Obstinadamente, un encuentro con Patricio Guzmán (Filmer Obstinément: Rencontre avec Patricio Guzmán. Boris Nicot, 2014) © Institut National de l’Audiovisuel (INA)

Filmar Obstinadamente, un encuentro con Patricio Guzmán no fue estrenada en nuestro país –o al menos en salas comerciales normales–, que aquí no nos interesan los crímenes de derechas ni el cine de raritos. Que al Garzón de la gomina ese se le ha cesa’o por meterse donde no le llaman, y a Fraga, lo de Pinochet le parecía “cometer algún exceso” (palabras textuales), como si matar, torturar y violar fuera lo mismo que cascarse seis platos de fabada y vociferarle a tu suegra. Por eso, me ha parecido buena idea hablarles a ustedes de este filme de estreno apócrifo, ya que sirve de ensaladera para reivindicar, no ya El Botón de Nácar, si no también el resto de filmografía de este maestro internacional del género (documental).

Este que escribe conoció a Patricio Guzmán en un pueblito de película de Peckimpah que se llama Gibara, en la provincia de Holguín (Cuba), allá por el 2007 (bueno, conocerle a él no, que sólo lo vi de lejos; me refiero a su cine), donde pude ver La batalla de Chile: La lucha de un pueblo sin armas – Primera parte: La insurreción de la burguesía (Patricio Guzmán, 1975), la primera entrega de la saga que le consagró internacionalmente. El visionado fue de ensueño, con una copia en super-8mm proyectada en una pantalla cuadrada en medio de la calle. Toda esa ensoñación de yuma de turisteo, no dejaba de contrastar con lo descarnado de la realidad mostrada en el celuloide. La batalla de Chile: La lucha de un pueblo sin armas – Primera parte: La insurreción de la burguesía se complementa con La batalla de Chile: La lucha de un pueblo sin armas – Segunda parte: El golpe de estado (Patricio Guzmán, 1976) y La batalla de Chile: La lucha de un pueblo sin armas – Tercera parte: El poder popular (Patricio Guzmán, 1979), componiendo una imprescindible trilogía de cinco horazas que radiografía, con precisión periodística y estética del direct cinema –término que la crítica adjudico a obras como Woodstock (Michael Wadleigh, 1970)–, los últimos meses del presidente Salvador Allende y la Unidad Popular Chilena y la transición a la dictadura militar.

Jorge Müller Silva and Patricio Guzmán film a scene for THE BATTLE OF CHILE, an Icarus FIlms Home Video release.
Jorge Müller Silva y Patricio Guzmán, en el rodaje de alguna de las tres películas que componen la trilogía La batalla de Chile: La lucha de un pueblo sin armas © Icarus Films Home Video Release

Trajo la cosa siete años de trabajo para Guzmán y su reducido equipo, el operador Jorge Müller Silva y el ingeniero de sonido Bernardo Menz, desde 1972, cuando el filme empezó a ser filmado con película virgen donada en gran parte por el mítico Chris Marker –el de ¡Cuba Sí! y La jetée–. Y tras el golpe de estado, los rollos filmados hubieron de ser sacados de Chile clandestinamente, escondidos por el propio Guzmán y su señora, que se refugiaron en Francia, donde pudo terminarse el montaje. El resultado es un compendio de tres obras maestras, consideradas como el mejor documental en la historia del cine chileno, referente internacional del formato, que aúna en sus fotogramas los sentimientos enfrentados de los dos Chiles, pueblo que desde entonces nunca ha vuelto a ser el mismo. Un pueblo privado de historia, reescrita y “olvidada” adrede.

“Un país sin cine documental es como una familia sin álbum de fotografías”

Y desde el documento historiográfico que supone La batalla de Chile: La lucha de un pueblo sin armas, hasta Botón de Nácar que es, en el momento de filmación del filme que nos ocupa -2014-, un proyecto bastante avanzado en cuanto a la cantidad de brutos, pero que todavía Patricio Guzmán considera que ha de ser perfilado. Un proyecto que podrán ver dentro del DOCMA (o donde puedan) desde este viernes, que nos habla del botón que supuso la prueba inicial de que el régimen de Pinochet lanzó a más de 1.200 personas vivas desde aviones en marcha. Un botón erosionado, incrustado en uno de los rieles de vía de tren a los que ataban a las víctimas de esta sinrazón para que hicieran masa y se hundieran. Toda esta historia se contrapone en el filme con la de un indio patagónico que murió aferrado al imposible regalo que le hizo el hombre blanco a principios del siglo XX: un botón de nácar, símbolo de un futuro inimaginable, de una civilización de todo punto ficticia desde el punto de vista del aborigen.

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Fotograma de El Botón de Nácar (Patricio Guzmán, 2015) © Atacama Productions, Valdivia Film, Mediapro

Pasando por otros trabajos del genial documentalista como Nostalgia de Luz (Patricio Guzmán, 2010) que describe el trabajo de los astrónomos en el desierto de Atacama; el mismo desierto cuya salinidad preserva los restos humanos momificados de desaparecidos de la misma dictadura, cuyos restos aún buscan un grupo de mujeres. Siempre contraponiendo la cara más bella de la vida, a la más horrenda. Siempre encontrando motivos de poesía y poder visual, para censurar una de las más horrendas barrabasadas de la historia reciente de Chile. Patricio es un maestro abnegado que cuida el detalle, y cuya vocación trasciende a cualquier idea política. Guzmán es un hombre enfrascado en describirle al mundo los acontecimientos acaecidos en su país, ese que, se nota, ama profundamente.

“Puedo contar Nostalgia de la luz en cuatro frases. Pero la película dura 90 minutos. Hay momentos largos en los que es necesario describir, y describir es hacer surgir algo a partir de nada. Extraerlo de la realidad. A veces es extraer de una realidad sin belleza algo interesante, algo que esté vivo. Es lo más difícil. Desde siempre estoy tratando de encontrar la fórmula, de tomar conciencia de lo que es describir”

Y Boris Nicot dirige un filme –su segundo largometraje tras Un étrange équipage (2010)– en el que el maestro nos muestra su forma de pensar y de trabajar, al tiempo que vamos conociendo, a modo de making off narrado, los pormenores de los rodajes de las películas que componen su filmografía. Presentado en Marsella hace ya dos años, y recipendiario de premios en festivales de más de diez países, Filmer Obstinément: Rencontre avec Patricio Guzmán saca a la luz la (valga la redundancia) obstinación por hacer de lo sucedido en 1973, la constante en su obra, y su preocupación por la rapidez en el olvido. En un momento del filme, Guzmán llega a referirse a Chile como un pueblo donde el tiempo pasa más deprisa, y donde parece que lo acontecido en los 70 hubiera pasado hace 100 años, aunque para él hayan transcurrido apenas un par de meses.

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Patricio Guzmán y su equipo en el desierto de Atacama (Chile), siguiendo a una de las mujeres que busca restos de su marido desaparecido en Nostalgia de Luz (Patricio Guzmán, 2015) © Atacama Productions, Blinker Filmproduktion, Westdeutscher Rundfunk (WDR)

Patricio Guzmán dice que, de no haber vivido aquel golpe de estado, se había dedicado al cine de ficción, y habría hecho cine corriente y moliente, popular, películas ligeras. Debe de existir algo parecido al destino porque, si tuvo que suceder ese malogrado alzamiento, tuvo que suceder también el Patricio Guzmán documentalista. Y gracias a este último suceso, en ese futuro que tanto le preocupa, habrá ganado Chile.

 

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