Los huesos, aparte de restos de segundo plato, son esas cosas que sabemos que tenemos dentro y que dan mal rollo. Y de entre ellos, la calavera, el cráneo del individuo que reconocemos esté en el estado que esté como propio de nuestra especie; nosotros, y los chimpancés y otros simios más o menos erguidos. Porque las calaveras dan tan mal rollo, que son símbolo universal de muerte, peligro, veneno o la desgracia que se le pueda ocurrir a usted. Y de entre los señores del mal, que venimos repasando en la entrega anterior, han de resaltarse en entrega propia estos villanos vestidos como de Halloween, ya que han sido más que abundantes y su historia es todo un intricado laberinto de esos donde evitando una letra se crea un personaje de pijama parecido y en la traducción se retoma el original plagiado. Un auténtico disloque, vamos.

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Rick Genest, una persona-esqueleto de la vida real. Genest es un artista y modelo canadiense que ha participado en películas, shows de t.v. y videoclips, más conocido con el pseudónimo de Zombie Boy por tener tatuado la mayor parte de su cuerpo como un esqueleto © Getty Images

Por eso, sin movernos de las tiempos en los que nos encontrábamos en el anterior capítulo, en pleno fulgor de Diabolik, ese Fantômas moderno —moderno en los 60, claro—, mucho antes de que Skeletor se enganchara contra He-Man en nuestros parqués, los italianos —que aparecen más por estos lares, que la propia palabra “superhéroe”— crearon al megavillano-esqueleto. Un rey de estos del crimen que roba y asesina sin miramientos llamado Kriminal, así con una sugerente “K”.

Con respecto a Diabolik, este señor era algo más excesivo. No sólo su atuendo era más macabro, sino que, alejado incluso del concepto de antihéroe, Kriminal era un absoluto villano. Si Diabolik se vendía como “el rey del delito”, Kriminal tenía forzosamente que ser “el rey del crimen”; un hijoputa con todas las de la ley. Y así fue ofertado al editor Andrea Corno, como un Diabolik “más Diabolik todavía”, cuando el guionista Max Bunker y el dibujante Magnus, creadores también de Satanik, intentaron colocar ambos personajes en la Editorial.

Finalmente el cómic de fumetto nero vio la luz, al igual que el de doña Satanik, y ambos se convirtieron en un éxito. El “malinquente” disfrazado con un elástico amarillo y negro con motivos de huesos y una máscara de cráneo de lo más creepy para vengarse del hombre que llevó al suicidio a su padre, acababa de arrancar una moda imparable dentro del mundo editorial para adultos. Kriminal se vendía como el pan en toda Europa, y pronto llegarían sus novelas en tocho, su versión cinematográfica, y sus hijos bastardos. Kriminal saltaría fronteras, llegando incluso a nuestro atrasadísimo país y triunfando más allá del océano (México, Uruguay, Brasil…). En Argentina se publicó, sin perder la “K”, con el nombre de Kadalso.

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A la izqda.: el escritor Max Bunker (Luciano Secchi) y el dibujante Magnus (Roberto Raviola), pioneros del fumetto nero y creadores de Kriminal y Satanik. A la dcha.: Kriminal y Satanik compartiendo viñeta en uno de los cómics © morenoburattini.blogspot.it, mbp comics

El primer número de Kriminal salió en Italia en agosto de 1964. Sin embargo, apenas dos meses antes, la editorial Cofedit sacaba a la luz a Fantax, el verdadero primer hombre-esqueleto del superheroísmo europeo. Señor empijamado que, si bien no tenía nada que ver, tuvo que cambiarse el nombre porque se llamaba igual que un superhéroe mítico del comic francés —un superhéroe con su capa y su antifaz, y con un pitillo encendido colgando de la boca—, creado en 1946. Así pues, tras 23 números publicados, y supongamos que algún que otro juicio, Fantax pasó a llamarse Fantasm, y con él, la colección también. Anthony Logan, que así se llamaba Kriminal cuando no hacía el calavera, se había criado en un orfanato antes de ser gente esqueleto dedicada a la perfidia. Sin embargo, el Detective John Marquall, nombre real de Fantax/Fantasm, se ponía el disfraz para seguir caneando, al lado de los buenos, a los delincuentes con más profundidad y entusiasmo. Con unas maneras de un taxativo de todo punto prohibido por ley, pero contra los malos. Amén de que la colección de Fantasm tuvo tan sólo tres años de vida; muy lejos de los trece que duró la de Kriminal. Así que a esta suerte de Punisher-esqueleto lo vamos a dejar de lado para continuar con la monserga kriminalística.

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Cuando acaba su turno, el detective John Marquall se enfunda en su traje siniestro para combartir a la delincuencia ¡Entonces se convierte en… Fantax! Digooo… ¡Fantasm! © Cofedit

En agosto de 1964, decíamos, comienzan los tebeos de Kriminal; en diciembre del mismo año, comienza la colección Satanik. En tan sólo un par de años, la productora Copercines, Cooperativa Cinematográfica que, efectivamente, era una cooperativa entre empresarios italianos y españoles para llevar a cabo coproducciones rodadas en y con equipo técnico y artístico de ambos países, y a ser posible alguna estrella sajona de cierto renombre, adquieren los derechos de ambos personajes para llevar a cabo una especie de sueño cinematográfico con un plantel de “crosóveres” que ríase usted de lo de Marvel de ahora.

Evidentemente, no tenía la misma dosis de erotismo pueril ni de violencia explícita, por medios y por mercados, pero La máscara de Kriminal (Kriminal. Umberto Lenzi, 1966), la primera de las aventuras llevada al cine por la cooperativa italo-española, resultó una adaptación más que digna. Algo más de 90 minutos de aventura, misterio, romance y terror en una cinta encomiable perpetrada por un Umberto Lenzi en plena forma, que además escribió el guión, retocado después por el español David Moreno, al alimón con el propio Luciano Secchi (Max Bunker), papá intelectual de la criatura.

El robo de unos diamantes, supone el único hilo a seguir en esta trama, sucesión de paseos por los tejados, allanamientos de morada, agresiones sexuales sin coito, disturbios vandálicos y demás putadas con alevosía, nocturnidad y el agravante de ocultación de identidad y tenencia ilícita de arma blanca. No obstante, fue un discreto éxito que, debido a lo escueto de la producción, supuso un gran beneficio. Lenzi y Bunker seguían funcionando.

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El actor y ocasional productor Glenn Saxson (un suizo-holandés bautizado en realidad Roel Bos) vistió el esquijama de Kriminal en los dos filmes de su saga cinematográfica © Filmes Cinematografica, Estela Films, Copercines

Tan sólo dos años más tarde, se estrenaría justo después de Satanik (Piero Vivarelli, 1968), una suerte de secuela titulada Los cuatro budas de Kriminal (Il marchio di Kriminal. Fernando Cerchio, Nando Cicero, 1968). Eso sí, no sabemos si por mal rollo, o por ahorrarse sueldos, pero los servicios del maestro Lenzi y parte del equipo técnico italiano, no fueron requeridos para esta secuela, siendo sustituidos por mano de obra italiana, incluso por algunos artistas de la crew de Satanik, como los ya referidos Manuel Parada y Eduardo Manzanos Brochero, músico y guionista respectivamente de ambas cintas.

En esta segunda parte, Kriminal escapa de la cárcel para pergeñar el plan perfecto y llevar a cabo un golpe de esos de frotarse las manos: robar la estatua de un Buda, en cuyo interior se haya la mitad del mapa de un misterioso y enorme tesoro. A pesar de que el argumento destapaba un trama más grande que quedaba sin continuarse –jamás nadie encontraría la otra mitad del mapa del tesoro–, todo este conato de universo cinemático europeo murió con Satanik y Los cuatro budas de Kriminal. No me pidan datos de taquilla, que para tanto no doy.

Un atroz seguimiento por parte de la Iglesia Católica italiana, cortes cuando no prohibiciones de la censura propia de cada país —en Inglaterra, hábitat del personaje, ni siquiera se estrenaron—… pero la cosa es que no coló. Exactamente igual que ocurre ahora mismo, los retrógrados y aburridos de hace más de cuarenta años aguaron la fiesta. Sin embargo, los tebeos y las novelas —para censurar algo “de leer” se requiere un poco más de esfuerzo— siguieron vendiéndose como churros hasta bien entrados los 70. Quedarán para siempre, alguna que otra copia o “remáster” por ahí, porque el cine, como los buenos villanos, nunca muere del todo. Ambas películas son artefactos de entretenimiento bien trabajados y de aplicada atención, que merecen, desde luego, su reivindicación; y que, al menos en este ranking que están presenciando hoy, son de lo mejorcito.

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Fotocromo de la secuela Los cuatro budas de Kriminal (Il marchio di Kriminal. Fernando Cerchio, Nando Cicero, 1968) © Copercines, Cooperativa Cinematográfica, Filmes Cinematografica

Su estética pop linda con lo demandado en el momento, arraiga con el concepto de tebeo y sitúa a la perfección a ambas cintas, no sólo dentro de su propio universo justo al lado del Satanik de Vivarelli, sino incluso con producciones de otro engrose y otra nacionalidad como la ya desarrollada Modesty Blaise, superagente femenino (Modesty Blaise. Joseph Losey, 1966) creando un tufo, que es más bien hedentina, que para quienes amamos el tebeo y el superheroismo atroz, nos embriaga vivas.

No es extrañar pues, que en aquellos lisérgicos 60, aquí en la Sur-europa, privado Occidente de toda la pornografía radical, completamente gratuita, que nos inunda ahora, las clases medias y bajas aletargadas y llenas de represiones y sentimientos de culpa tiraran de folletín, novela pulp, cómic de quiosco o fotonovela con la que echar la tarde, ponerse picante, desbarrar y enloquecer. Tampoco es de extrañar entonces que los imitadores de Kriminal comenzaran a surgir de las profundidades para acabar hasta en la sopa.

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A la izqda.: Kriminal (que estamos seguro de que es Glenn Saxon porque no lleva máscara) no se fia ni un pelo de lo que le cuenta una afectadísima Helga Liné. A la dcha.: Lady Gold (Esmeralda Ruspoli) se casca una siesta, ignorante de la presencia de Kriminal (bien puede no ser Glenn Saxon), que permanece en silencio para seguir mirando © Filmes Cinematografica, Estela Films, Copercines

Dos años después de la creación de Kriminal, nacería Killing que, como era de esperar, iba veinte pueblos más allá que su plagiado. A éste le seguiría Kiling (con una “L” menos) y Kilink, copias de la copia. Y, si cuando acaben de leer todo este desaguisado quieren seguir ampliando información, pueden meterle al minucioso documental The Diabolikal Super-Kriminal (Ss-Sunda, 2007), donde le dejarán a usted clara toda esta chanza con reconstrucciones y material de archivo de rebuscado nivel. Aquí, vayámos por partes, que la gente-esqueleto es mucha y ya empieza a aturullar tanto nombre.

Killing, así, como “matando” en inglés, surgió exclusivamente para el mercado de la fotonovela, de la mente de Rosario Borrelli, tratando de fusionar el furor existente en este campo, con el del fumetto. Su primer número Brivido che uccide data del 15 de marzo de 1966, y poco podrían imaginar sus editores cuando años más tarde cerraban la colección con la friolera de 62 números publicados. El “alto grado de contenido erótico” que alertaba al personal en la portada hoy día no llegaría a ser considerado ni siquiera pornografía, pero entonces escandalizó a todo el patio. A su éxito internacional, tan sólo se interponía una incesante persecución, con denuncias, censuras y arengas en cada país donde irrumpía la publicación.

Donde sí que se le iba mucho más la mano, era con el tema del gore. Lo gráfico de unas torturas perversas, casi siempre contra víctimas femeninas, esculturales y semidesnudas, y de mentalidad sádica, no tuvieron, sin embargo, demasiados problemas con la censura (al menos, en nuestro país). El personaje era más tétrico, más oscuro —literalmente hablando—, menos superhéroe y más monster mask como los clásicos. Era una cosa retorcidamente lúgubre, estúpidamente simple y puerilmente ingenua, así que, consciente de su condición, también era generosamente socarrona y muy ligera, casi una parodia del propio género.

Killing no tenía personalidad secreta como Kriminal. Posaba para las fotos con el disfraz el actor Aldo Agliata, pero el personaje era siempre un señor con cabeza de esqueleto, vistiera de disfraz de huesos luciendo la “K” a modo de hebilla, de “espor” o de comunión. Tan sólo adoptaba otras identidades enfundándose, encima de la máscara de cráneo, una inverosímil careta de goma de quien tocara. En ningún momento se explicó nada acerca de ningún otro tipo de actividad en su vida, que no fuera de naturaleza criminal y disfrazado del Día de todos los santos. Tenía novia, eso sí —nadie fuera a pensar mal—, llamada Dana e interpretada por la modelo reubenesca Luciana Paoli, convertida en merecida sex symbol absoluta en Italia entera tras la publicación de la fotonovela. Killing y Dana vivieron en las viñetas aventuras de toda índole, en páginas plagadas de acción, monstruos, zombis, ciencia-ficción, sadismo, tiroteos, peleas… siempre con su desnudo femenino de reglamento y su buen surtido de casquería imposible. De nuevo la casquivanería y el aburrimiento acabó por forzar a la colección a cerrar, pero el éxito de Killing ya se había extendido por barberías de todo el mundo.

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Pornografía sadomasoquista mal entendida en las fotonovelas de Killing (Rosario Borrelli, 1966). A cualquier caballero de hoy se le puede escapar la risa, pero eran los mediterráneos 60 y “había teta” © Ponzoni Editori

En Francia (donde se llamaba Satanik, y Satanik se llamaba Demonik) ya la había liado hasta ser censurada su colección, en los USA funcionó a las mil maravillas una vez fue rebautizado como Sadistik, en países como Brasil, Chile y Colombia lo consumía como si fuera suyo, y los turcos flipaban tanto con el personaje que incluso lo copiaron ignominiosamente —como ahora verán—. Tal fue el éxito que, una vez que la colección de Killing fue clausurada en Italia víctima del acoso de la gente ésta senil perdida que les comentaba, en Argentina, donde era llamado Kiling (con una sola “L”), sus aventuras siguieron como si nada.

“Aterra con sus acciones… obsesiona con su genio diabólico. Kiling está en todas partes, dispuesto a golpear… toma lo que quiere y a cambio deja la MUERTE. Por sus mil transformaciones nadie sabe quién es… Nadie conoce su rostro. Kiling: EL GENIO DE LA MUERTE Y EL TERROR.”

Alvaro Zerboni, introducción de las fotonovelas de Kiling.

El argentino Roberto Tarsitani sustituía a Aldo Agliata tras la máscara, y Berenise Soto —que guardaba un parecido francamente razonable con su predecesora Luciana Paoli— interpretaba a la nueva Dana. El éxito de esta colección de tebeos contados con fotos fue tal, que permitió a sus directores editoriales, los hermanos Beccaglia, generar toda una serie de personajes pertenecientes al mismo universo (la citada Namur, Yorga el hombre-lagarto, Ultratumba, Crisex, Araña Negra…) con los que sacar pesos. Pero, sin acritud ni xenofobia, vamos a dejar a los argentinos aparte, que esto va de Europa la vieja.

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Basta quitar una “L” y… ¡magia! Ya no es el mismo personaje y por tanto está libre de derechos. Sutilezas empresariales © Ponzoni Editori, Ediciones Records S.C.A
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Las cosas claras, que no hay ningún tipo de confusión ni nada suene a repetido © Mort Todd / Comic Fix, Ponzoni Editori

Y en todo este tratado de birlibirloque y locura, donde se cruzan nombres y conceptos, viene a complicarse aún más la cosa. Fenecida pues la colección de Killing en Italia, la editorial se quedaba sin uno de sus productos estrella. ¿Plan para salir del atolladero? La creación de Fatalik, un nuevo señor del mal rodeado de sangre de mentira y tetas enhiestas. Su ridículo ya es indescriptible porque, a toda esta confusión, le añade más estopa creando a un personaje de idénticos quehaceres pero con ¡ojo! el aspecto del Fantômas de las películas de André Hunebelle —recuerde aquí, si quiere—, pero muchísimo peor conseguido, con una máscara que, lejos de inquietar, provoca un especie de lástima hipocondríaca.

Les hablaba antes de Turquía, y de cómo los turcos le sacaron jugo a Killing, lo que viene siendo, por la puta cara. Tampoco me extenderé porque contarán con su artículo exclusivo pero, para que se hagan a la idea, cuenten con que los turcos, en esto de las licencias abstractas, la traslación literaria y la “libreadaptación”, son más cracks aún que los italianos. Son como italianos, pero fronterizos con Oriente, y por tanto su cine tiene el mismo flow con otro folclore y mucho menos dinero —que ya es decir—.

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¡Choque de dioses! ¡Duelo de titanes! ¡Crossover definitivo! El universo de la fotonovela no volverá a ser el mismo © Ediciones Records S.C.A

Y, si el morro de los argentinos ya es sonoro, sólo por quitarle una letra al nombre del personaje para continuar con sus entregas una vez que la colección de origen ha muerto, el de los turcos ya es para aplaudir. Prohibido el material italiano seminal, crean ellos su propio Killing, cuyas aventuras comienzan a publicar así, a las bravas; sin cambiar el nombre en absoluto, tan solo poniendo un uniforme de esqueleto de muy inferior calidad a un nuevo actor. Las historias son más extrañas, pero el éxito es igual. Tanto, que el empresario gamberro —como casi todos los cineastas en ese país— Yilmaz Atadeniz poco tarda en llevar el Killing turco al cine.

Con estas nuevas ínfulas, y temeroso del riesgo que puede suponer la distribución cinematográfica del personaje, por definición mayor que la de la fotonovela, que sólo se vendía en Turquía, Atadeniz decide renombrar al villano óseo y llamarlo Kilink, que suena parecidísimo y es más turco, más “de la tierra”. Además, las cosas como son, el traje es como varias escalas más cutre que el italiano, un “quiero y no puedo” del genial diseño original que casi recuerda a las máscaras de los luchadores de catch mexicanos.

Así llegaba al mundo de la psicotronía el hombre-esqueleto turco que llegó a contar con su trilogía de reglamento, estrenada toda de golpe en 1967, y voy a poner los títulos USA —que tomaremos como internacionales, aunque no distinguieran del italiano y lo llamaran también “Killing”, con las dos “L”— ya que títulos España, evidentemente, no hay, porque jamás asomaron la pata por nuestras praderas en aquellos tiempos de locura: Killing in Istanbul (Kilink Istanbul’da. Yilmaz Atadeniz,1967), Kilink: Strip and Kill (Kilink soy ve öldür. Yilmaz Atadeniz, 1967) y Killing vs. the Flying Man (Kilink uçan adama karsi. Yilmaz Atadeniz,1967). Todas dirigidas y producidas por Yilmaz Atadeniz, con el pobre de Yildirim Gencer —jamás apareció en créditos en ninguna de las cintas, por mor de mantener el misterio en torno al personaje— haciendo del villano ‘enpijamado’.

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Kilink (Yildirim Gencer), el Killing turco, secuestrando ricachones inocentes con su señora (Suzan Avci) en Kilink soy ve öldür (Yilmaz Atadeniz, 1967) © Atadeniz Film

Lo de Turquía es de una exquisitez tal, que da para mucho más que este simpático plagio. Las propias películas de Kilink están llenas de copias de otros héroes —ya contaran con su propia entrega, no teman—, dando vueltas por ahí y/o enfrentándose al villano huesudo. Pero es que además hay más tracas, como la versión femenina del personaje, una gracia de “She-Kilink”, vestida exactamente igual que él, pero que se marcaba obligada escena con bikini-máscara para dejar claro su género y sorprender en Kilink soy ve öldür (Yilmaz Atadeniz, 1967) que en el mercado USA hizo bien en llamarse Kilink: Strip and Kill.

Personaje que repetiría, interpretado por otra actriz, en Disi Killing (Disi Kilin’k. Aram Gülyüz, 1967), una “versión” plagiada meticulosamente de Kilink: Strip and Kill que, si se fijan en el interior de los paréntesis, se llega a estrenar el mismo año. Atracón de Kilink en 1967, con remake no oficial incluído. Plagios de plagios, que a su vez copiaban de otro, al mismo tiempo influido por los originales… ¡Sólo en Turquía!

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Póster y fotograma de Disi Killing (Disi Kilin’k. Aram Gülyüz, 1967), con la versión femenina del personaje, toda una mujer-esqueleto © Metro Film

Y hasta aquí creo que vamos bien surtidos de gente esqueleto, ¿no? Sean buenos.

2 Comentarios

  1. Prezado Sr Narcea,

    Perdoa-me por escrever em português , devido à minha ignorância dos idiomas latinos-hispânicos .

    Apreciei muitíssimo vosso artigo, cujo conteúdo enciclopédico merece destaque e registro histórico-literário.

    Eu procurava há algum tempo registros que confirmassem minha memória destes personagens. Foi necessário esperar até 2016 pelo vosso artigo.

    Parabéns.

    Grato pelo vosso trabalho, envio
    Cordiais Saudações.
    Atenciosamente,
    Sergio Bordalo.

    • Muito Obrigado, Sergio!

      Gracias por leernos y por tus palabras. Es cierto que hay multitud de personajes que, debido al paso del tiempo y del peso de los creados por los norteamericanos, van desapareciendo de nuestra memoria.

      Un abrazo enorme, y muchísimas gracias de nuevo.

      Un salud!

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