En el siglo XX, la sociedad japonesa sufrió una profunda transformación marcada por la pérdida de valores tradicionales a favor de otros influenciados por el materialismo y el capitalismo. Un país básicamente agrario y feudal, se convirtió de la noche a la mañana en una sociedad altamente industrializada. Una nueva realidad, que grandes cineastas japoneses como Ozu y Naruse, quisieron reflejar en sus películas.

Durante los años sesenta, surgiría en Japón, un nuevo movimiento cinematográfico al amparo de la Nouvelle Vague francesa, donde autores como Nagisha Oshima, Masahiro Shinoda y Shohei Imamura, desafiaron las convenciones temáticas y formales del cine clásico japonés. Aunque a diferencia del movimiento francés, más centrado en nuevos tipos de teorías fílmicas, la corriente nipona se dedicó a cuestionar, analizar y criticar las convenciones de la estructura social japonesa.

Doble ganador de la Palma de Oro en Cannes, Shohei Imamura fue una de las grandes figuras de este movimiento. Ayudante de dirección de Ozu en los filmes Principio de verano, Sabor del té verde con arroz y Cuentos de Tokio, estaba en profundo desacuerdo con la forma de plasmar la realidad del citado cineasta japonés. Al contrario que Ozu, que se decanta por mostrar una sociedad idealizada que poco a poco se va descomponiendo, Imamura se sumerge de lleno en un mundo gris, donde mezcla el tradicional estatismo de la sociedad nipona con el duro materialismo que marca la realidad del Japón moderno.

Tras fichar por la productora Nikkatsu, antes de dirigir su primera película, Imamura sería el guionista y asistente de Kawashima en The sun legend of the end of the Tokugawa era, comedia protagonizada por Sachiko Hidari.

Imamura debutaría en la dirección con Deseo Insatisfecho, título que no fue del agrado de su nueva productora, que le confinaría a proyectos más livianos y comerciales. En 1961 estrenó Cerdos y acorazados, lo que marcaría el inicio de una década donde sus películas reflejan su preferencia por las clases más bajas y desfavorecidas de la sociedad.

Cerdos y acorazados, tachada de antiamericana, muestra la convivencia de los soldados norteamericanos con las prostitutas japonesas durante la ocupación del país.

Tras dos años sin ningún proyecto, pues estaba vetado laboralmente por Nikkatsu por su anterior trabajo, logró estrenar La mujer insecto en 1963. Metáfora sobre la condición femenina, donde nos ofrece una disección de la vida diaria de una mujer japonesa, que lucha por sobrevivir en una sociedad dominada por los hombres, una sociedad que ha cambiado la tradición por el consumismo. Imamura sigue los pasos de su heroína Tome desde su nacimiento en la pobreza en una zona rural de Tokio, pasando de ser una pobre campesina, hasta convertirse en una dura mujer de negocios, que dirige su burdel con mano férrea, en la capital.

Sachiko Hidari recibió el Oso de Plata en Berlín por su interpretación de Tome en La mujer insecto.

Tome se enfrenta continuamente a situaciones desesperadas, donde no tiene más remedio que reinventarse una y otra vez a sí misma para adaptarse a cualquier circunstancia. Maltratada, violada, engañada, humillada, embarazada, prostituída…, el film no llega a la media hora y la protagonista ya ha vivido diversas situaciones suficientes como para llenar cualquier vida de desesperanza y privación.

Kazuo Kitamura, amigo de la infancia de Imamura, interpreta al padre de Tome, con el que mantiene una incestuosa relación.

Con estilo documental, y una estructura llena de repeticiones y paralelismos, Imamura observa a Tome desde la distancia, exponiendo su vida, el director evita el tono de autosacrificio y de victima pasiva, que suelen ser característicos en los personajes femeninos del cine japonés. Imamura crea una mujer fuerte, que es autosuficiente por necesidad, movida siempre por su propio interés, que intenta aprovechar las oportunidades que se le presentan. Su mirada evita juzgar el comportamiento de Tome, aunque este busque conseguir la satisfacción de sus necesidades más primarias.

Imamura estudia a Tome durante más de cincuenta años, donde acontecimientos como la rendición de Japón, la nueva reforma agraria introducida por el general Mc Arthur, o la retransmisión de la boda real marcan el paso del tiempo en la película.

Obsesionado por lo japonés, su acercamiento desde el realismo crea una película oscura y complicada, pero también elegante, con una enérgica narrativa que entrelaza los problemas personales de Tome con los de su propio país, acortando la distancia entre el Japón feudal y el moderno, creando un film expresivo donde cada fotograma se llena con la sensación de su protagonista, ofreciendo así  una visión única de Japón.

 

       

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