Suele ser bastante injusto que a un director que le comparen consigo mismo. Le pasa a Woody Allen, le pasa a los Coen y le pasa, así en general, a todo aquel que demuestra estilo personal en su hacer, o que viene repitiendo determinada estética o narrativa. Y es injusto porque, muchas veces, las peores películas de estos creadores, siguen siendo películas igualmente cojonudas.

A Nanni Moretti, al que precisamente se le ha etiquetado como “el Woody Allen italiano” le viene pasando mucho esto. Y yo no se si Mia Madre es su mejor película desde La habitación del hijo (La stanza del figlio. Nanni Moretti, 2001), como pone en el póster. Pero, desde luego, es una buena película.

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Póster de la película. © Sacher Film, Fandango, Le Pacte

Y, si nos tenemos que poner a comparar esta peli con otras de su hacedor, no sólo es buena, si no que es formalmente mejor. Ya que toda la técnica y plástica que a Moretti parecía no interesarle, ha terminado por calar hondo en su manera de rodar, simplemente gracias al paso del tiempo, y a hacer y hacer nuevos filmes. Rodando se aprende a rodar, y el proceso es más rápido de lo que parece cuando la cabeza que ha de asimilarlo es una tan brillante como la de Moretti.

La bellísima, certera y prolífica Margherita Buy, que mira como los dioses, interpreta a un personaje llamado igual que ella: Margherita. Una directora de cine social que goza de la bonanza y el éxito, que en estos momentos rueda un filme sobre la crisis económica, con sus resonancias en un grupo de trabajadores de una fábrica. Margherita tiene salud, dinero y la admiración de los demás (todo lo que se puede desear tener en occidente); sin embargo, es un personaje atribulado e, intelectualmente hablando, a la deriva.

Su pareja, un actor que trabaja con ella en el filme, no le llena del todo. Su hija, la debutante Beatrice Mancini, fruto de su primer matrimonio, no termina de ir bien con sus estudios, y se encuentra en esa edad difícil –aunque con un pavo mucho menor del que tendría alguien de una escala cultural inferior-. Y su madre, interpretada soberbiamente por la veterana del Piccolo Teatro de Strehler, y desconocida en nuestro país, Giulia Lazzarini, está ingresada en el hospital, gravemente enferma. ¿Estará Margherita a la altura en su trabajo y en su familia?

02.MIA MADRE
Giulia Lazzarini y Margherita Buy, madre e hija en la ficción, en un fotograma del filme © Sacher Film, Fandango, Le Pacte

Nanni Moretti es su hermano Giovanni en la ficción. Un hombre bueno, calmo, reflexivo y de todo punto intachable. De esas personas que lo hacen todo bien. Tan bien que cabrean a uno, y más cuando no se les puede reprochar nada. Y Turturro, principal reclamo internacional, es el secundario de oro, el personaje que dinamita cada una de sus apariciones.

Cargado de histrionismo y seguridad, John Turturro interpreta al actor Barry Huggins, un secundario de Hollywood, italoamericano infantiloide y vanidoso, que llega a la película de Margherita para interpretar al empresario facineroso que explota a sus obreros. Turturro llega al filme para componer un catálogo de malas praxis y manías inútiles que suelen abundar en el mundo de la interpretación, haciendo un finísimo retrato que toca cada cliché y tópico atribuido al actor.

Un personaje caprichoso, que es capaz de mandarlo todo a la mierda en cuanto su ego se ve mínimamente herido. Un actor que no deja de llamar la atención, pensando que su mera presencia es suficiente para que todo el mundo esté feliz y orgulloso. Un yankee lleno de prejuicios, al que, después de rodar mil basuras hollywoodienses y de ser rechazado por Kubrick en sus tiempos, se le hace el culo pepsi-cola por rodar en la tierra de Fellini.

Brutal es su presentación, como brutal es esa secuencia en la que, venido arriba y borracho perdido, Huggins canta aquello de Bevete più latte / Il latte fa bene, que Nino Rota compusiera para la maravillosa Boccaccio 70 (Vittorio De Sica, Federico Fellini, Mario Monicelli, Luchino Visconti, 1962), asomado a la ventanilla del coche de Margherita. Gritando el nombre de Peppino De Filippo, el actor que protagonizara aquel segmento del filme; pero también el de Fellini… todo, lo grita todo, exaltadísimo, mientras sus acompañantes, italianos de verdad, se aguantan la risa. Nadie duda ya que John Turturro es uno de los mejores actores de su generación. Y aquí, es el elemento «molón» del filme. Y está a la altura de sobra.

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John Turturro, eligiendo bigote para su personaje. © Sacher Film, Fandango, Le Pacte

“Nunca he conseguido entender el término «autoficción». En cuanto a la autobiografía… Cualquier historia es autobiográfica. Hablaba de mí mismo cuando me refería a la sensación de ineptitud del papa, al que da vida Michel Piccoli, en Habemus Papam, o también cuando escenifiqué las historias personales y el trabajo de Silvio Orlando en Il caimano. Más que intentar medir el nivel autobiográfico, se trata de dar un enfoque personal a cualquier historia.”

Nanni Moretti.

Para Moretti es importante contar una historia de un modo no académico; que la narración no se limite, como él dice “a hacer los deberes”. Se deben conocer las reglas de la narrativa, y Moretti las ha ido aprendiendo; pero, para este tipo de historias, donde la “calidez” es tan importante –o más- que la “calidad” también es bueno tener armas de improvisación, que se dejen conducir por la propuestas y, ¿por qué no?, por conceptos como la inspiración. Según palabras del propio director, nunca debe mantenerse una relación banal con el material que quiere representarse.

Al mismo tiempo, un cómodo empleo de los recursos, al gusto, posibilita en este film el deseo de Moretti de no obviar, ni dar por masticado nada. Durante el transcurso de la cinta, el espectador no se da cuenta inmediatamente de si una escena es un flash-back, un sueño o la realidad. Ya que todo cohabita con la misma inmediatez en el personaje de Margherita: lo que piensa, lo que siente, lo que recuerda, el miedo que tiene por la condición de su madre, la sensación de no dar la talla…

Todo se mezcla magistralmente, jugando (mejor dicho «contando») con la cultura visual del espectador, para trazar esta historia donde las preocupaciones de una mujer asaltan el plano ficcional de la película que está rodando.

Shots from "Mia Madre"
Nanni Moretti interpreta a Giovanni, el hermano de Margherita. © Sacher Film, Fandango, Le Pacte

“Solo en una ocasión, mientras escribíamos el guión, decidí releer las páginas que había escrito durante la enfermedad de mi madre. Lo hice porque pensé que los diálogos, las réplicas, podían añadir peso y realismo a las escenas entre Margherita y su madre. Reconozco que me dolió releer esa parte del diario.”

Nanni Moretti.

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Margherita Buy, interpretando a una directora que da indicaciones a una actriz, interpretada por Anna Bellato. © Sacher Film, Fandango, Le Pacte

En definitiva: no se si es mejor ésta que La habitación del hijo, Il Caimano (2006) o qué se yo… Caro Diario (1993). No sé si Moretti ha podido superarse a sí mismo, o si ha calado hondo la sesudez esa de “quiero ver al actor al lado del personaje» que les dice a sus actores, y de la que se hace eco en este filme, poniendo la frase en boca de su directora protagonista, al igual que hiciera José Luis Garci con su “tómate la acción” en boca del Marsillach de Sesión Continua (1984). Son cosas que a Moretti le gusta dejar ahí, para que la peli sea transformada una vez se estrene, y que sea también un poco del público.

Lo que sí que creo es que, el espectador ávido de humanidad y de reflexiones de andar por casa, que esté cansado de muñecos, cosas hechas por ordenador y tramas para críos… no puede dejar pasar la ocasión de degustar la embriagadora calidez del ingenio de Don Nanni. Estamos ante un Moretti de los buenos, incluso comparándolo consigo mismo.

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