En junio de 2015 se estrenaba en el canal de tele por cable básico USA Network la serie en boga: Mr. Robot. Un producto autoproducido por la propia compañía y desarrollado por el promotor de proyectos —showrunner que dicen ahora en Malasaña— Sam Esmail, un señor que lo acaba de crujir con tan sólo un filme como guionista, Mockingbird (Bryan Bertino, 2014), y otro como “autor total” –director y guionista–, la romanticonada sci-fi Comet (Sam Esmail, 2014), nada de esto estrenado en nuestro país. Aquí no ha llegado hasta mayo, y lo acaba de hacer de la mano de Movistar+, así que se puede ver con su descodificador de turno, doblada o en pitinglis subtitulado, en Yomvi.

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En la década de los 80, Mr. Robot era el nombre de un comercio especializado en videojuegos y electrónica. En la actualidad, es la base de operaciones secreta de la F Society, una sociedad clandestina de hackers que pretenden derrocar la tiranía capitalista © Universal Cable Productions

Mr. Robot es una serie incendiaria. Todo lo incendiaria que se puede ser hoy día, en estos tiempos de cinismo absoluto y aburrimiento perpetuo donde, para que algo arda, tiene antes que darse por aludido –que ya es difícil–. Pero no es discursiva ni expositiva; es puro género. Es un noire, pero también un thriller de acción informática, un drama y una pieza de puro terror psicológico. Pero es digno en su discurso, serio en su planteamiento, riguroso en su arco argumental. No hace cháchara política, ni tampoco aspavientos de artes marciales que no existen, como en aquella deshonrosa adaptación de V de Vendetta (V for Vendetta. James McTeigue, 2005) con la que Alan Moore terminó de cambiar el alicatado del cuarto de baño pequeño. Mr. Robot es una serie que huye de la ingenuidad a toda costa –tan rápido como su protagonista–, trocando cualquier posible sentimentalismo de confitería en acido humorismo, o cualquier arenga proletaria en puro desconcierto para con la diégesis.

Cuando uno se presenta frente a una obra que reconoce beber del cine de Stanley Kubrick, David Lynch y David Fincher, ya llega uno peina’o y con la camisa metida por dentro. No son autores estos muy a tener en cuenta en lo mainstream, lo popular y, en resultas, lo televisivo. Pero, aaaah, las series están de moda y ahora cualquiera puede hacerse el esfuerzo de esforzarse. Ahora mola ser de los que ven series. Y si la serie cuenta con personajes Millenials, más.

Esta moda es, precisamente, el impulso para que proyectos como éste lleguen a existir. Cuando además se comprueba que el paquete resultante de tanto bombo y monserga no es un fláccido cúmulo de referencialidades explícitas para enterados en la materia, si no que ahí la cosa fluye con chicha y ritmo –tocino y velocidad– y nos encontramos ante un thriller trabajadísimo sobre espionaje informático, con distopía mundial, conspiranoia política, economía, delincuencia, gamberrismo, violencia y drogadicción… pues entonces ya está: sí, Mr. Robot es la serie “de culto”, venga –aunque sólo cuente con una temporada recién explotada–. Ya pueden ir por ahí presumiendo si la ha visto, o mearse en las redes fuera del tiesto haciendo comparaciones extravagantes, del tipo “Mr. Robot es el nuevo Breaking Bad” o “Juego de Tronos es para críos y Mr. Robot para adultos consecuentes” y otras cosas que se leen en las internés de Dios. Aunque sea usted un gilipollas, el rigor le dará la razón: Mr. Robot mola. Y mola además sin caer en ningún tipo de discurso de calicatas flojas, y sin fardar ni hacer el hortera.

MR. ROBOT -- "d3bug.mkv" Episode 103 -- Pictured: (l-r) Rami Malek as Elliot, Christian Slater as Mr. Robot -- (Photo by: Virginia Sherwood/USA Network)
Fotografías de rodaje. A la izq.: Rami Malek interpreta al protagonista de la serie, Elliot Alderson; mientras que Christian Slater es Mr. Robot en persona, el alma máter del proyecto. A la Dcha., de izq. a dcha.: Sunita Mani, Carly Chaikin y Azhar Khan interpretan a otros integrantes de la F Society © Virginia Sherwood, USA Network

Y lo mejor de todo –lo mejor, para alguien como yo, que no tiene lo que viene siendo ni puta idea de informática–: no hace falta ser joven, ni saber de FTP’s d’esas, ni de proxys, ni saber lo que es un malware, ni nada de todas esas zarandajas de los señoritos de ciudad y los orientales pudientes. Con que sea usted un pelín más sagaz que la mona Chita, podrá seguir la trama hilando cada rebaba. Es posible que incluso la mona Chita pueda hilar el argumento sin problemas. El thriller es thriller y, cuando está bien escrito, al que atiende le da igual oír “honeypot” que “interocitor” o “condensador de fluzo”: eso es para el que sabe y, si no existe, me da muy igual because the show must go on. De hecho, incluso me atrevo a añadir que, para la gente ágrafa en ceros y unos, como éste que escribe, todo adquirirá ciertas dimensiones de ciencia-ficción muy gratas de echarse p’al cuerpo.

En el campo de la ficción, reírse de esta nueva juventud, que se pasa las horas muertas frente a la maquinita, que tienen pocos amigos o ninguno, que lo odian todo y no se les quita la cara de susto, es tan fácil como hacerlo en la vida real. Ponderar a este mismo personaje, hasta de convertir sus carencias afectivas y taras mentales en material de hamartía para el superheroísmo, también es algo manido y repetido y, aunque menos, cruel, es aún más ridículo que la vía del escarnio. En cambio, tratar con absoluto rigor a ese personaje-tipo que ya existe en el plano real y, sin desproveerlo de sus tópicos y clichés, pero intentando de entender su visión del mundo desde una perspectiva práctica, compatible con la vida, y al tiempo acercarse a sus devaneos psíquicos en su dimensión más social, no es algo que se suela hacer. Pero en Mr. Robot se hace.

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El líder de F Society, entre la careta de Guy Fawkes de V, de Vendetta, y el señor del Monopoly © Universal Cable Productions

En Mr. Robot, la historia transcurre a través de Elliot Alderson, personaje que el actor Rami Malek –que lleva currando desde Las chicas Gilmore (Gilmore girls. Amy Sherman-Palladino, 2000-2007)– parece haber nacido para interpretar. Un brillante programador, tipo parco y escueto, lleno de problemas para relacionarse con la humanidad en general y de tendencias obsesivo-compulsivas. Una suerte voyeur que reparte las horas del día entre su curro como técnico de ciberseguridad de la empresa informática Allsafe, y su labor como vigilante hacker nocturno. Toda su vida dará un vuelco cuando se vea inmiscuido en los planes de la F Society, una organización clandestinísima de hackers, que encabeza un señor muy extraño al que sólo se le conoce como Mr. Robot, y al que da vida el “rasgado” –pasen los años que pasen– y aspaventoso Christian Slater. Estos Anonymous de la F Society pretenden darle un patadón en la cara al sistema económico mundial, atentando contra la multinacional Evil Corp, y condonando cuanta deuda exista en el sistema bancario que sea. ¿Que suena muy a chufla rollo 007? Pues piensen en ceros y unos, en informática, en virtualidad. En Mr. Robot la acción consiste en torcer pasillos y bajarse de coches, pero tiene cabida a raudales.

El frescor de la realización (en la que, al propio Esmail, acompañan nombres como Jim McKay, Tricia Brock, Deborah Chow o Niels Arden Oplev) sólo choca, y en muy contadas ocasiones, con una producción insuficiente para determinadas pretensiones, que se dan por mor de la recreación de salvajes distopías que no les pienso describir por aquello del spoiler. El resto es aceite. De oliva. De ese del verde.

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Tanto el trabajo de los distintos realizadores, como el de los directores de fotografía Tod Campbell y Tim Iveses impecable. Y la utilización de la óptica para la narrativa y la composición de las percepciones atropelladas del protagonista, digna de mención y estudio © Universal Cable Productions

La mucilaginosa partitura electrónica de Mac Quayle nos sumerge en una oscura trama bañada en un trabajo de fotografía impresionante, deudor de aquella impronta que dejara el maestro Darius Khondji para siempre, para seguir los pasos de un protagonista que se mueve en lo fronterizo de lo legal, lo ético, lo moral y lo necesario. Una epopeya gambitera que, al tiempo que sirve de manual sociopolítico de andar por casa, supone un ensayo de lapidario pesimismo, un catálogo generacional donde los títulos de los capítulos ya vienen expresados en códigos de lenguaje propio del universo de la descarga ilegal, y un apasionante folletín de la era del psicoanálisis. Un serie tan desafiante e incordiona como los propios hackers, tan “mirona” como su propio protagonista, como todos nosotros con la insondable cantidad de porno de internet —el de folleteo, y todos los demás—, donde se vuelve a amortizar —¡qué bien quedó en Los Soprano!— el World Destruction de John Lydon y Afrika Bambaataa para anunciar un nuevo orden mundial en un proyecto que ya consiguió firmar segunda temporada con tan sólo la emisión de su piloto. Si Chuck Palahniuk era la necesaria reinvención de un Buckowski o un Kerouac para la nueva cultura popular, y hubo de ser intervenido por los excesos del cine para que su El club de la lucha (Fight Club. David Fincher, 1999) se diera a extender, el señor Sam Esmail es el paso a 4K del cuento de estos señores. Su discurso es más atroz, por lo consciente, y el anhelo generado en el espectador más acuciante, por lo posible.

Globo de Oro a la Mejor serie dramática y actor secundario (Christian Slater, que también trincó el mismo galardón en los Satellite Awards), Serie de t.v. Revelación en los Premios Gotham 2015 e inamovible del Top 10 de los mejores programas de t.v. del año según la catedralicia American Film Institute (AFI)… lo cierto es que Mr. Robot ha empezado con el mejor pie y ya se están filtrando algunos cotilleos acerca de la segunda temporada, que se está rodando en estos momentos.

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«Vale, vale, me voy… ¡Pero porque yo quiero, eh! ¡Que a mí no me echa nadie!» © Universal Cable Productions

Hay personajes que en esta han sido secundarios —como Phillip Price, el CEO de Evil Corp, o la flemática Joanna Wellick, la esposa de Tyrell— y que en la nueva tendrán mucha más relevancia, llegando a hacérselas pasar putas al pobre tarado de Elliot. También se sumarán nuevas caras al reparto, como el actor Chris Conroy o el rapero Joey Bada$$. Y el FBI aparecerá por fin y pintará algo en todo esto, en una unidad dirigida por la agente Dom Dipierno, que interpretará Grace Gummer. Pero vamos, todo esto según la Variety, eh.

Pásenlo bien. Y consuman… Y obedezcan.

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