Hace calor. En el subsuelo siempre hace calor. Recorre alguien con pasos inseguros lo que seguidamente desanda. Por fin, pregunta; aunque tampoco le convence la explicación. Comienza la cuenta atrás en cinco minutos. “Quiero ir al cine”. Creo pensarlo, pero en vez de eso lo digo. Una alarma preventiva en forma de pito. Dejen salir antes de entrar. Se abre la puerta. Un letrero: asiento reservado. Aun así, me siento. Veo por primera vez la pantalla y una película a medio terminar. Es indiscutiblemente pequeña. El aforo es moderado. Los asistentes murmullan y gritan y tocan y cantan y recitan y solicitan y besan y duermen y se muerden las uñas; y también leen y se hurgan la nariz y sacan piedras de sus zapatos y comen hamburguesas  un tanto pequeñas, hamburguesitas, y beben: uno Red-Bull y otro cerveza. Intentan, en definitiva, espolearse. A mi lado, el único que atiende a la pantalla. No la comparte. Pero me las arreglo. Me basta. Es una sala del S. XXI.

Oporto_Ibiza_Buenos_Aires_1
Fernando Rey en The French Connection. 1971. William Friedkin

Huele a esmalte de uñas y a laca y a patio de recreo y a fragancia francesa y a güisqui. Es un lugar de prohibición. Prohibido fumar. Prohibido asomarse al exterior. Prohibido su uso salvo caso de emergencia. Pares le coup de sifflet. No entrar. Do not enter. Ne pas entrer. Ni salir. Prohibido el paso. Queda prohibido terminantemente…más de mil cámaras de T.V. velan por tu seguridad. Te recuerdan una y otra vez. Te advierten allá donde mires.

Ya he visto la película. Venas marcadas sobre negro, venas marcadas sobre verde. Una línea azul y otras dos más: verde y morada. Oporto. Ibiza. Buenos Aires. Para hablar: gritan; y la intimidad se transmite a los presentes. Secretos a viva voz. Esa infinitesimal porción de ciudad lo olvidará. Se atiende, aunque importe más bien nada. Un punteo de guitarra. Una camiseta del Atlético de Madrid. Aparcamiento disuasorio gratuito. Otro: esta vez de pago. Consejo de Gobierno y real decreto del Ministerio de la Presidencia.

Oporto_Ibiza_Buenos_Aires_2
Tom Schilling en Oh Boy. Jan Ole Gerster. 2012

Necesito ver de nuevo la película. No tengo sonido. Pongo voz a los actores. Recuerdo cada línea de dialogo. Tras el pitido, se abre la puerta. Sale mi allegado y con él la película. Le sigo. La sala de cine del S. XXI se queda sin su pantalla de cine del S. XXI. Es un cine itinerante; un cine de bolsillo. ¿En cuantas ocasiones habré quedado atrapado en líneas de lecturas ajenas? Es abrir una página e inmiscuirme. Ahora me ocurre con el cine. Mantengo la mirada creando una visera con la mano. Eso suelo hacer. Por el momento sigo sus pasos. Miro por encima de su hombro. ¡Atención! Caídas a distinto nivel.

Pausa la película sin necesitar un marcador. Recorremos pasillos sin andar y subimos hasta dar con cielo abierto. No necesitamos escalar para ello. Se apoya en la pared. Me apoyo en la pared. Se enciende un cigarro. Lo imito. Vuelven las imágenes. Necesito ver un final que me sé de memoria. Necesito sentirlo como si fuera la primera vez. Entonces la película vibra. Y lo que era una pantalla de cine se convierte en una llamada telefónica. Lo veo alejarse.

Oporto_Ibiza_Buenos_Aires_3
Alain Delon en Le Samouraï. Jean-Pierre Melville.1967

Miro a mi alrededor. Veo el letrero sobre el socavón que lleva de nuevo al subsuelo. Estoy en Buenos Aires. Línea azul maya. Me adentro en su interior. Vuelvo a casa para ver terminar la película. Mientras tanto saco la libreta y apunto y apunto. Cada detalle de esta sala del S.XXI, donde lo más importante es llevar cada uno su pantalla de cine. Esto debe ser lo más parecido a un final.

Dejar una respuesta

¡Por favor, introduce tu comentario!
Por favor, introduce aquí tu nombre

       

Los comentarios en esta página pueden ser moderados; en tal caso no aparecerán inmediatamente al ser enviados. Las descalificaciones personales, los comentarios inapropiados, de extensión desmesurada o con demasiados errores ortográficos podrán ser eliminados. Asimismo, en caso de errores considerados tipográficos, el editor se reserva el derecho de corregirlos antes de su publicación con el fin de mejorar la comprensión de los mismos. Recordamos a los lectores que el propósito final de este medio es informar. Para recibir soporte sobre dispositivos o problemas particulares les invitamos a contactar con el correspondiente servicio de atención al cliente.