Con el paso de los años he ido afinando mi gusto cinematográfico hasta marcar un mínimo exigible. Esto únicamente se consigue no habiéndolo sido jamás. Eso: exigente. Habiéndose uno visto lo que sea con anterioridad. De esta manera se aprende también a ver cine; y a renunciar a verlo. Se crea algo parecido a una intuición: hacía cierto contenido, cierta estética, ciertos temas a tratar. No sé si ver mucho cine me ha convertido en mejor persona y si mi cultura es más extensa en consecuencia. Al menos de cultura cinematográfica podría presumir en algún lugar, como en una barra de bar o en la parada de algún autobús, quizás, a lo sumo. Se dice lo mismo de la literatura. Hay mucho cabrón suelto que lee muchísimo. Sin ir más lejos, el otro día una muchacha subió al autobús y tuvo una discusión con el conductor. Zanjó la polémica con las siguientes palabras y un respingo de superioridad: “Inculto de mierda”. No parecía por sus gritos que la conversación tratase ámbito cultural alguno. Lo mismo la muchacha venía de leer una magnifica novela o ver la mejor película del mundo.

Cuando la Academia de cine americana fue fundada, el director D.W. Griffith tuvo algo que decir al respecto. “¿Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas? ¿Qué arte? ¿Qué ciencia?” Imagino que la vocación por el cine le llegaría a D.W. Griffith cuando aún no se había inventado; en el mismo instante en el que su padre lo llevó por primera vez a ver un espectáculo de linterna mágica. En esta frase pasada se encuentra una de las palabras a tratar: espectáculo. La otra: arte.

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Los fundadores de la productora United Artists - Mary Pickford, D. W. Griffith, Charles Chaplin y Douglas Fairbanks.
Los fundadores de la productora United Artists – Mary Pickford, D. W. Griffith, Charles Chaplin y Douglas Fairbanks.

na vez superada la presentación, en consonancia con Cine de mierda y En relieve y en sombra interior, en un intento de formar una entidad propia, sería oportuno acercarse a la forma de abordar por parte del espectador la cinematografía. Se tiene la sensación de que el cine se hace y luego el público y la crítica lo ordena como le viene en gana. Aquí no hay una ciencia incuestionable. Llega una persona, con su correspondiente saco de filias y fobias, y puede convertir una película en una pieza artística con la misma facilidad que puede disfrutarla como mero espectáculo. Se puede encontrar fácilmente esta diferencia de percepción en una misma disciplina, como es el caso del cine, ofreciendo dimensiones de peso muy distantes entre ellas.

Al cine como espectáculo, la categoría de películas que podría hacer referencia D.W. Griffith sin llegar a nombrarla, pero dejando la duda flotando por el aire, y que la industria de Hollywood explota hasta la saciedad, sabedora de su más que probable éxito, lo definió perfectamente Francois Truffaut cuando escribió que el secreto del éxito de algunos realizadores veteranos consiste en ofrecer al mismo público cada año la misma película cambiando solamente el nombre de las estrellas. En este caso, la veteranía estaría representada por la industria. Para ser más específicos: la americana.

André Bazin fue uno de los fundadores de la prestigiosa publicación cinematográfica Cahíers du Cinéma.
André Bazin fue uno de los fundadores de la prestigiosa publicación cinematográfica Cahíers du Cinéma.

Remontándonos a sus albores, el cine debe su nacimiento a la obstinación por atrapar y reproducir la realidad. Una búsqueda que mediante sus técnicas adheridas a su disciplina obedece a la captación con restricciones por parte del artista, que aparca su libertad para no influir sobre la realidad a filmar. De ahí que las primeras grabaciones sean elementales visiones documentales. No llega a ser el cine total, al que hacia referencia André Bazin, todo aquello que ya hemos podido ver, pues el destino del cine, su meta de futuro que un día fue su comienzo, no es otro que llegar a imitar en su totalidad la realidad que nos rodea. “El cine, realmente, no se ha inventado todavía” dejó escrito André Bazin. Y me pregunto: ¿Quién llegará antes al objetivo, la innovación artística o la innovación tecnológica?

Será mediante el cine como arte, desde su amplio trasfondo psicológico, aquel que remueve nuestras consciencias, el mecanismo más optimo para alcanzar el mito del cine total, en tanto que la innovación tecnológica sirva como apoyo paralelo hacia su conquista. Sin embargo, al pensar en este futuro del cine, siempre me viene a la cabeza una escena de la segunda temporada de la serie americana Entourage. Me deja helado cada vez que reparo en ella. James Cameron, que hace de sí mismo, rueda una de las escenas de su próxima película junto a sus dos actores protagonistas. El set de rodaje, emplazado en un enorme estudio, consta únicamente de un croma verde. Dentro de un habitáculo y tras una mampara da explicaciones a sus actores, que cuelgan del techo con unos arneses durante horas. En un descanso, el director explica a su actor protagonista el mundo de fantasía que creará en esas paredes de color verde, en las que él intuye el azul del mar y sus profundidades. Con la ilusión de un niño relata su visión, su realidad a crear, para darse cuenta poco después de la inutilidad de tales aclaraciones. “En el futuro no se necesitarán actores. Ellos también serán creados por ordenador” concluye con una sonrisa ladina. Después de esto al que escribe no le queda otra que tragar saliva acojonado.

 

 

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