Se conservan dos versiones de distinto título. Gracias a los esfuerzos de conservación y restauración de la Cineteca de Bolonia, la Film Foundation de Martin Scorsese y diversos organismos armenios y rusos, pudimos asistir a la proyección, presentada por el crítico de cine Jordi Costa en Madrid, de la última versión sin censurar del largometraje Sayat Nova, de Sergei Parajanov.

Cuando las luces se encendieron tras el visionado de la versión fidedigna del segundo largometraje del director de ascendencia armenia Sergei Parajanov, la sala quedó inmóvil, aturdida, como si, ante tanta información tragada de golpe, como habiendo acabado de una sentada con la pila de apuntes de toda una carrera universitaria, hubiesen olvidado absolutamente todo, quedando impedidos hasta para vislumbrar un esbozo de aplauso (o de bostezo), y declarar, oficialmente, abandonada toda función motriz básica. Es una sensación de impacto, de superación (en belleza y comprensión), de calma y reposo, de digestión ante el empacho, donde no hay lugar para nada más.

Fotograma de Sayat Nova. Incluida también en la traducción al español con su primer título, El color de la granada
Fotograma de Sayat Nova (El color de la granada)

¿De qué manera afrontamos como espectadores una obra que adolece de toda norma asimilada hasta entonces en el lenguaje cinematográfico? Parajanov detestaba encontrarse, de forma involuntaria, bajo el influjo de las categorías y géneros cinematográficos ya existentes, que no harían más por él que empequeñecer su creatividad. Se abría él a otros métodos de percepción, de entender la vida y el arte, mediante reflexiones novedosas. Posiblemente, su respuesta artística vanguardista venía dada por preguntas que nadie osaba formular.

El título de la obra fue concebido originalmente como Sayat Nova, para finalmente ser sustituido por la censura soviética. Se argumentó que nada tenía aquel largometraje de verídico en relación a la vida del poeta-trovador armenio. En su lugar, los censores consideraron razonable renombrar la obra como El color de la granada, pues según su juicio se desmarcaba ampliamente, en forma y fondo, de la obligada corriente de realismo soviético impuesta por Stalin, imperante hasta la desaparición de la URSS. Bajo estas exigencias el largometraje fue exhibido internacionalmente, siendo ensalzado por críticos y colegas de profesión como la obra maestra absoluta de un artista único.

Sergei Parajanov pasó seis años y medio preso en un gulag siberiano.
Sergei Parajanov pasó seis años y medio preso en un gulag siberiano.

Sayat Nova se construye como un poema visual, repleto de alegorías, simbolismo y color. Según la opinión de Jordi Costa, compartida, a mi entender, por todos los asistentes al pase, cada plano que escenifica la vida de Sayat Nova se muestra como un verso único y libre. Sin embargo, no encontramos en ella textos explicativos a pie de página, como los poemarios que necesariamente definen palabras o expresiones ya olvidadas. «Esta película no intenta contar la vida de un poeta. En su lugar, el cineasta ha intentado recrear su mundo interior, sus estados de ánimo, sus pasiones y sus tormentos, utilizando ampliamente el simbolismo y las alegorías propias de la tradición de poetas-trovadores de la Armenia medieval». De esta manera da comienzo la proyección. Una declaración de estilo que dista mucho del engaño.

Parajanov sentía verdadera devoción por Tarkosky, al que consideraba su mentor. A la postre, íntimos amigos. Si Tarkosky esculpía el tiempo, Parajanov lo paralizaba. En Sayat Nova la acción de los personajes es estática, como si esperasen ser retratados en un momento concreto de sus vidas, teniendo la sensación de que alguien los observa para captarlos e inmortalizarlos. Para ello, posan ante el artista. La historia, su narración, no es mostrada a modo de carrusel de diapositivas, en la que los actores componen la escena como modelos ante la mirada analítica del autor. Tableau Vivant, he descubierto que lo llaman los franceses. Muy parecida a aquella escena de Viridiana de Luis Buñuel donde los mendigos representan La Última Cena de Leonardo Da Vinci.

Tarkovsky y Parajanov. Autor sin acreditar.
Tarkovsky y Parajanov. Autor sin acreditar.

En la expresión artística representada mediante simbología, ocultada en Sayat Nova, a su vez, por un sayo intrínseco de cultura medieval armenia, sería necesario un erudito en la materia para descifrar cada verso visual. En una entrevista concedida en 1964 por Andrei Tarkovsky a la revista Cine Cubano: “me preocupa mucho la cuestión de la nacionalidad en el arte. A mi juicio, el arte debe ser siempre nacional, no puede pertenecer a todo el mundo por igual.”

La reflexión venía dada al ser preguntado por el cine de Luis Buñuel. Entonces, ¿es el arte cosmopolita? Como expresión de belleza nos alcanza, nos golpea, suscita emociones y remueve nuestras entrañas, aún sin llegar a comprender lo expuesto, pues no es el objetivo primordial. La capacidad del artista viene irremediablemente moldeada por las tradiciones típicas de su región. La mayor parte de la filmografía de Buñuel fue llevada a cabo fuera de su país natal, pero eran reconocibles sus historias como puramente españolas. Así como Sayat Nova de Parajanov es puramente armenia. Una obra que al completarse es ofrecida al mundo, pudiendo ser disfrutada universalmente, sin sesudos análisis simbólicos.

Sergei Parajanov © M. Vartanov
Sergei Parajanov © M. Vartanov

 

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