A Trailer Park Boys, la exitosa serie canadiense que revolucionó el mercado norteamericano en este nuevo milenio, ya le podemos echar manos los españoles en la sacrosanta Netflix. En su almacén podemos encontrar sus diez temporadas completas –a la espera de una undécima–, sus especiales, telefilmes y películas. Por supuesto, no puedo dejar de recomendársela a cualquiera de mis compatriotas. Este tipo de humor, soez y de todo punto impudibúndico, no lo veremos jamás en nuestro país, donde nuestra mala baba eclipsa nuestro sentido del humor, confundiéndose con las ganas de cachondeo –que no es lo mismo–.

Trailer Park Boys (Mike Clattenburg, 2001-2017)
La gran comunidad cani protagonista de Trailer Park Boys (Mike Clattenburg. 2001-2016) © Showcase Television, Topsail Entertainment, Trailer Park Productions

Es en un país como Canadá, donde este tipo de personajes, situaciones y exabruptos tienen una mayor cabida. En Canadá, y en cualquier país sofisticado, pacífico, honrado y de buena fe. Por eso es completamente normal que el otro país donde se pueden encontrar títulos referenciales a éste, u obras comparables, es Holanda. En los países del Benelux, donde la policía no lleva pistola y uno –sobre todo si es español– se puede colar bien a gusto en cualquier sitio donde haya que pagar para entrar, es donde este humor, consistente en la contravención de normas de convivencia, tanto éticas como legales, tiene su mayor aceptación. A la gente le hace gracia que un personaje de ficción haga lo que no está permitido, lo que “nadie” hace.

De Holanda nos llegaron aquellas dos maravillas: la saga de la cochambrosa familia Flodder, cuya trilogía de filmes se conoció aquí como Una familia tronada (Flodder. Dick Maas, 1986), Una familia tronada 2. Los Flodder en Amérika (Flodder in Amerika! (Flodder 2). Dick Maas, 1992) y Los Flodder vuelven a casa (Flodder 3. Dick Maas, 1995), y que incluso contó con su serie de televisión y todo Los Flodder (Flodder. Dick Maas, 1993–1998). Y la de los bakalas bigotudos –que estos eran hasta violentos– New Kids, que llenaron de malos modos y escupitajos un serial de internet, otro de televisión, y dos largometrajes que aquí sólo se han podido catar en el Festival de Sitges: New Kids Turbo (Steffen Haars, Flip Van der Kuil. 2010) y New Kids Nitro (Steffen Haars, Flip Van der Kuil. 2011).

Y ahora voy a hacer un alto, para todos aquellos que tanto nombre y tanta cosa les aturulle y no sepa de qué estamos hablando. Les resumiré que todo este tren de aventuras audiovisuales se basa en lo mismo: un ejercicio de incorrección política constante, cuyo tronco humorístico se vertebra en el rebase de todo nivel de tolerancia hacia ejercicio de vecindad alguno. Para ello, parte de la satirización de los estratos sociales más depauperados y de las clases obreras menos trabajadoras, dando vida y color al obsoleto término de “lumpen proletario” sin piedad ninguna, para deleite del espectador más desprejuiciado que se deje llevar por la crueldad más aleatoria, olvidando todo axioma de solidaridad y respeto.

 John Paul Tremblay, Robb Wells, Mike Smith
De izq. a dcha.: Ricky (Robb Wells), Bubbles (Mike Smith) y Julian (John Paul Tremblay)… ¡Los Trailer Park Boys! © Showcase Television, Topsail Entertainment, Trailer Park Productions, Netflix

No se piensen que me estoy refiriendo a manidos chistes sobre drogas y alcohol –que, por supuesto, siempre están presentes–, ni a resobados recursos fundamentados en la escatología –que también–, ni a presentar a los personajes como gente con serias taras culturales y alguna que otra dependencia intelectual –eso no puede faltar–; sino a generar humor a costa de asuntos tan serios e “intocables” como la muerte, la soledad, la pornografía, el paro de larga duración, el ostracismo de la senectud, la esclavitud sexual, los desahucios y realojos, la acidez estomacal, el mobbing, el Síndrome de Down, la politoxicomanía, el clasismo, el maltrato animal, la inmigración, la maternidad no deseada, el abandono parental, la reinserción social, la explotación infantil, el escepticismo político, o la obesidad mórbida, siendo “la brocha gorda” tan sólo el aliño de la cosa.

A modo de falso documental, como todas estas de The Office, Modern Family y demás, las distintas piezas (series y películas, que ya verán) de Trailer Park Boys giran en torno a las aventuras de dos ex convictos, Julian y Ricky, en el parque de caravanas Sunnyvale Trailer Park, donde viven entre un sinfín de grotescos personajes. La trama transcurre en Nueva Escocia, en una localidad ficticia cerca de Halifax.

 Trailer Park Boys (Mike Clattenburg. 2001-2016)
El ayudante de seguridad Randy (Patrick Roach) y su jefe, Jim Lahey (John Dunsworth), siempre velando por la paz y el orden del parque de caravanas Sunnyvale © Showcase Television, Topsail Entertainment, Trailer Park Productions, Netflix

Todo el cotarro comenzó como Trailer Park Boys (Mike Clattenburg, 1999), un mediometraje escrito y dirigido por Mike Clattenburg, producido por Showcase Television, donde Julian y Ricky, siempre interpretados por John Paul Tremblay y Robb Wells, todavía eran menores de edad y nos hacían un recorrido de presentación por el parque de caravanas, justo antes de dar con sus huesos en la cárcel. El éxito a nivel nacional fue tal, que la broma hubo de retomarse exactamente pocos años después de donde se dejó. Y así, la serie Trailer Park Boys (Mike Clattenburg. 2001-2016) comenzaba con Julian y Ricky saliendo de prisión y regresando a Sunnyvale. Volvía a producir Showcase Television, pero esta vez con Topsail Entertainment, y Trailer Park Productions –la empresa de Clattenburg–. Tuvo un conato de final en su séptima temporada en 2008, pero en 2014 regresó para una octava, producida enteramente por Netflix y actualmente en emisión –en 2017 se estrenará la undécima temporada–. Por lo visto, Netflix acaba de llevar a cabo el mismo rescate con nuestra excelentísima El Ministerio del Tiempo. Gran labor.

El caso es que el parque de caravanas Sunnyvale éste del que estamos tratando, es una comunidad obrera, donde las rivalidades y los delitos están al orden del día, pero en la que también es posible construir una familia, tener amigos y encontrar el amor. Uno de Sunnyvale, lo mismo puede recibir un botellazo arrojado por un escuadrón de niños en bici, los llamados “Bottle Kids”, y volverse a su casa-camión con la cara llena de cristales, que comprar el mejor hachís de todo Canadá. Pero también puede enamorarse de una choni y pasar a formar la larga lista de padres que le ha llenado la caravana de niños distintos, o salir alegremente del armario disfrazado de cualquier cosa. El sexo prematrimonial, el consumo de estupefacientes o la sodomía son tratados en este parque con modernismo y sin tabús, pero tampoco están vetadas la esclavitud, la urofilia o el tabaquismo entre los niños.

Trailer Park Boys (Mike Clattenburg. 2001-2016), Trailer Park Boys: Don't Legalize It
La serie da rienda suelta a todo tipo de excesos sin corrección política ninguna, ni medias tintas. A cualquiera le pueden pillar con el invernadero sin podar o en pleno ensayo de una obra de teatro © Showcase Television, Topsail Entertainment, Trailer Park Productions, Netflix, eOne Media

Y en este alternativo y autogestionado panorama, el orondo Ricky, siempre con su tupé y su pantalón de chándal, y el fornido Julian, siempre de negro y con un cubata en la mano, vendrán a meterse en los mayores berenjenales, terminando cada temporada con sus huesos en chirona. Una pareja clásica, de payasos listo y tonto, donde Julian trata de ir por el buen camino y hacer dinero de manera discreta y –siempre que se pueda– legal, y Ricky no deja de meter a ambos –y a terceros– en marrones de lo más imbricado e imposible. Mención especial merece, el tercero en discordia: el adorable Bubbles, un pacífico vecino con muchas dioptrías de miopía, malhumorado y amante de los gatos, único consciente y responsable del trío de “apandadores”.

Aunque lleva apareciendo desde la primera pieza, Bubbles ya existía, en modo underground, antes de salir en pantalla. Su intérprete, Mike Smith, músico superdotado desde niño, hacía de Bubbles para que se descojonaran sus compañeros de trabajo cuando era mezclador de sonido en la televisión. El creador del fenómeno, Mike Clattenburg, lo vio un día de casualidad, y lo fichó para Trailer Park Boys. La interpretación de Smith, que jamás antes fue actor, dejó boquiabierta a Canadá entera, y pronto Bubbles se convirtió en el tercer mosquetero, tan importante como Julian y Ricky, y mucho más famoso. Su rostro ha causado controversia hasta en Ok Diario, donde, con su habitual ausencia de contraste, le han confundido con un joven con síndrome de Down en más de una ocasión.

Ricky, Julian y Bubbles, serán pues los protagonistas a través de los cuales asistamos al falso documental que recoge sus vidas, siempre intermitentemente dentro y fuera de la prisión. Llevando a cabo los planes más absurdos posibles, como robar carros de la compra para venderlos como chatarra, chantajear a un presentador famoso en su despedida de soltero o transportar marihuana a Estados Unidos en un tren eléctrico.

Trailer Park Boys (Mike Clattenburg, 2001-2017)
Delincuencia sofisticada, grandes ideas y planes. Sólo en Trailer Park Boys © Showcase Television, Topsail Entertainment, Trailer Park Productions, Netflix

No se hizo esperar demasiado la demanda de un capítulo especial de Navidad, y así, los 43 minutos de The Trailer Park Boys Christmas Special (Mike Clattenburg, 2004) recogían una historia a modo de precuela de los personajes, antes del “shittycar” de los chicos perdiera la característica puerta que le falta. Dos años más tarde, llegaba a las salas de cine Trailer Park Boys: La película (Trailer Park Boys: The Movie. Mike Clattenburg, 2006), que adaptaba la serie como si todo comenzase desde el principio, y que contaría con una secuela ocho años más tarde Trailer Park Boys: Don’t Legalize It (Mike Clattenburg, 2014).

Trailer Park Boys: Drunk, High & Unemployed (Gary Howsam, Mike Smith, John Paul Tremblay, Robb Wells. 2015)
Los muchachos, en su «mierdamóvil», el vehículo de reglamento para todo buen Trailer Park Boy, en el telefilme Trailer Park Boys: Drunk, High & Unemployed (Gary Howsam, Mike Smith, John Paul Tremblay, Robb Wells. 2015) © DSGFY Films

Say Goodnight to the Bad Guys: A Trailer Park Boys Special (Mike Clattenburg, 2008) fue el siguiente “Especial” para televisión, de una hora de duración, al que siguió Trailer Park Boys: Live at the North Pole (2014), donde los chicos hacen un show navideño en vivo en el State Theatre de Minnesota. También hay una aventura europea, en formato telefilm, donde los chavales son detenidos en Irlanda por inmigración y deben desempeñar una función de títeres servicio a la comunidad: Trailer Park Boys: Live in F**kin’ Dublin (Jeremy Chipper, Mike Smith, John Paul Tremblay, Robb Wells. 2014).

El éxito de esta última cinta provocó que se pusiera en marcha una nueva serie, paralela a la regular, titulada Trailer Park Boys. Out of the Park: Europe (Gary Howsam, Mike Smith, John Paul Tremblay, Robb Wells. 2016), que de momento cuenta con una única temporada –¡aunque se anuncia ya otra!–.

Mike Smith
Bubbles, puro candor © Showcase Television, Topsail Entertainment, Trailer Park Productions, Netflix

Y existe una “tivimuvi” más: Trailer Park Boys: Drunk, High & Unemployed (Gary Howsam, Mike Smith, John Paul Tremblay, Robb Wells. 2015) que, sinceramente, ya no se ni de qué va, porque uno no se lo puede ver todo. Si usted quiere ser selectivo, por aquello del tener vida y demás, creo que tiene descacharre de sobra tan sólo con la serie regular, aunque puede encontrarlo todo-todito en Netflix. No sé de dónde sacará el terceto protagonista el tiempo para rodar tanto, pero desde luego no parecen padecer el mismo nivel de haraganería que sus personajes.

Servidor espera que sigan así muchos años… sin envejecer, en todos los sentidos de la palabra.

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