El ensayo del escritor Junichiro Tanizaki, Elogio de la sombra, publicado en el año 1933, es un libro breve pero esencial para un acercamiento a la estética tradicional japonesa. En él podemos leer que así como, en Occidente, la Belleza y la Verdad han ido ligadas a la idea de la luz, contrariamente, en el pensamiento y en el arte japonés lo esencial es alcanzar el enigma de la sombra.

Es curioso que mientras el matemático y astrónomo inglés del siglo XIX John Herschel acuñó el definitivo término de «fotografía» –imágenes escritas con luz– en Japón una de las denominaciones para la fotografía fue Ryu-ei-kyo, «el espejo que fija las sombras». En la actualidad «sacar fotografías» en japonés se diría satsuei, literalmente, «sacar sombras».

En Setting Sun. Writings by japanese photographers se nos explica que, dentro de la cosmovisión japonesa de la existencia, la forma con la que las personas aparecen y se perciben en este mundo no es real, tan sólo una mera sombra. Esto implica que, en su esencia, la vida sea una ilusión transitoria. Atendiendo a esta idea, no es de extrañar que el término que se usa para retrato signifique también sombra –“kage”–.

©Hiroshi Sugimoto

La fotografía japonesa es un vasto océano. Daido Moriyama, Hiroshi Sugimoto, Masahisa Fukase, Nobuyoshi Araki, Seiji Kurata, Hara Yoshiichi, Masao Yamamoto, Rinko Kawauchi… Cada uno de estos nombres ha instaurado una forma singular de acercarse al acto fotográfico y ha mantenido una influencia particular en varias generaciones de fotógrafos japoneses y occidentales, creando así escuelas o tradiciones fácilmente identificables.

Este influjo entre Oriente y Occidente, históricamente, ha sido un camino de ida y vuelta, pero nuestro mundo globalizado e hipercomunicado ha acelerado los tiempos de transmisión.

El libro New York de Willian Klein, el trabajo de Andy Warhol y la novela On the road de Jack Kerouac fueron decisivos para el colectivo fotográfico que se reunió alrededor de la revista japonesa Provoke. Un estilo visual conocido como ‘are-bure-boke’, –granulado, movido, desenfocado– y que continúa fascinando a jóvenes fotógrafos de todo el mundo.

Daisuke Yokota es uno de los nuevos fotógrafos japoneses que ha entrado con fuerza en el panorama internacional. Nacido en el año 1983 en Saitama, ciudad al norte de Tokio, se graduó en 2003 en el Nippon Photography Institute.

Sus propuestas se mueven dentro de un marco más o menos conceptual y se caracteriza por unos peculiares procesos en el revelado que llevan al límite las posibilidades de la película y el positivado analógico. Un nuevo interés por la materialidad de la fotografía que busca las imperfecciones y el ruido visual para crear distintas capas de significado. Y también para yuxtaponer distintos tiempos de la imagen.

Daisuke Yokota

Yokota ha ideado un método subversivo de creación de imágenes basado en una constante experimentación. Sus inquietantes imágenes en blanco y negro se inscriben en esta tradición, anteriormente apuntada, del legendario grupo Provoke, aunque su metodología es completamente moderna al incorporar nuevas técnicas como la fotocopia, Photoshop, el escaneo y la refotografía analógica.

Léase en japonés como Purovoku, Provoke, fue una revista experimental de fotografía creada en el año 1968 por los fotógrafos y críticos Koji Taki, Takuma Nakahira, Yukata Takanashi y el escritor Takahiko Okada. Daido Moriyama se unió muy pronto en el segundo número. La revista tenía como subtítulo «materiales provocativos para el pensamiento” y además de fotografía incluía poesía, crítica y teoría fotográfica.

La publicación era una plataforma para la expresión de una nueva fotografía que quería liberar las imágenes fotográficas de su tradicional subordinación al lenguaje de las palabras. Su principal postulado era que las fotografías no pueden representar una idea con la misma precisión del lenguaje escrito pero éstas, igualmente, pueden generar lenguaje e ideas.

Aunque solo duró tres números, la revista Provoke cambió para siempre el panorama de la fotografía y causó unos profundos efectos aún perdurables en nuestros días.

Uno de los trabajos más icónicos de este colectivo fue el libro de Daido Moriyama Bye Bye Photography (Sashin yo Sayonara, 1972). Un intento de acabar para siempre con la fotografía subvirtiendo el medio y llevando el lenguaje fotográfico más allá de sus límites. Los resultados estéticos de esta premisa fueron fotografías de alto contraste inclinadas, movidas, con duros encuadres y unos positivados que dejaban a la vista las perforaciones del negativo, pero sobre todo una superficie dañada por arañazos, fugas de luz y polvo. Una práctica autorreferencial del medio que se sostenía sobre la constante presencia de la imperfección para evidenciar la fisicalidad del material fotográfico.

©Daido Moriyama
©Daido Moriyama

Huelga decir que este adiós a la fotografía no tuvo un éxito efectivo, el mismo Daido Moriyama no ha dejado nunca de hacer fotos. En la actualidad, con la implantación de la fotografía digital y el advenimiento de internet y las redes sociales vivimos otro momento de despedida de la fotografía. Libros como Después de la fotografía de Fred Ritchin o La furia de las imágenes de Joan Fontcuberta evidencian un cambio de paradigma en el significado de la imagen y su relación con la realidad que según estos autores ha llevado a la muerte de la fotografía y al nacimiento de la postfotografía.

No es el cometido de este artículo profundizar las dudas que plantea este interesante debate, pero es evidente que las nuevas tecnologías están transformando nuestro mundo y la percepción que tenemos de él.

También es innegable la desmaterialización de la imagen fotográfica digital y su nuevo don de la ubicuidad a través de las pantallas. Una nueva naturaleza de las imágenes que en términos del sociólogo Zygmunt Bauman podríamos denominar imágenes líquidas frente a las tradicionales imágenes sólidas o fotografías-objeto.

©Daisuke Yokota
©Daisuke Yokota

Volviendo a la obra de Daisuke Yokota podríamos presentar a este fotógrafo como ejemplo de una articulación contemporánea a este debate dentro del ámbito de la imagen sólida. Yokota está a la vanguardia de un nuevo movimiento de fotógrafos experimentales japoneses que se centra en un recuperado interés por la materialidad de la fotografía.

Su proceso de creación de imágenes se podría denominar como impuro o subversivo ya que mezcla estrategias de las tecnologías analógicas y de las nuevas tecnologías digitales

Para una de sus primeras series de 2012, Back Yard empezó a disparar con una cámara digital compacta Canon G9 en formato JPEG y tras imprimir la imagen con una impresora láser con la peor calidad posible, a veces a través de fotocopias, refotografiaba el resultado con una cámara de formato medio Pentax 645N SLR. Aunque la imagen final era en blanco y negro utilizaba película de color para así conseguir un negativo que maltrataba a través de revelados con agua hirviendo. La alta temperatura hace que la emulsión se derrita, las platas se oxiden y surjan nuevos colores. A veces, también añadía velados de luz o caprichosos cambios en el tiempo del revelado y en la agitación de la película para continuar con esta técnica del daño sobre los materiales.

©Daisuke Yokota
©Daisuke Yokota

Como resultado obtenía unos negativos imposibles de positivar y que debía escanear para imprimir y retomar el proceso de nuevo. Como parte final de este ciclo, los positivados también eran alterados mediante ácido acético o quemaduras por fuego.

Para obtener una copia final puede repetir esta fase hasta unas diez veces. El resultado es una serie de fotografías en blanco y negro granuladas, ralladas y llenas de manchas que muestran figuras fantasmales y etéreas que se alzan sobre un paisaje gris y borroso, dominado por la bruma.

Esta degradación constante de la imagen busca emular los efectos de reverberación, eco y delay tan utilizados en la música electrónica. Como una de sus máximas influencias Daisuke Yokata cita al músico Aphex Twin:

«Escuchando su música pensé en cómo aplicar este tipo de efectos a la fotografía. Por supuesto que no hay tiempo en una imagen fotográfica y soy consciente que la fotografía no funciona de la misma manera que el cine o la música, pero me pregunto si no es posible crear una forma de fotografía que lleve el tiempo dentro».

Con esta técnica Yokota busca alterar el proceso fotográfico de la misma manera que la música altera el tiempo y lo repliega.

La música electrónica ya ha influido anteriormente en otros lenguajes creativos como la película Requiem por un sueño de Darren Aronofsky cuyo montaje se basa en la técnica del scracht o en la novela La aguja en el surco de Jeff Noon.

Al intentar traducir en términos fotográficos los efectos de reverb, echo y delay e inspirándose en ciertos compases de la música electrónica, Daisuke Yokota juega con la manera en la que percibimos el tiempo. A través de la generación de ruido visual acumulado en las distintas etapas del proceso se yuxtaponen de alguna forma los distintos tiempos de la imagen y se crean distintas capas de significado que alteran de forma visual la sensación de tiempo.

Una acumulación de tiempo que se basa en uso de la experimentación como vehículo para alterar y deformar la imagen para así eliminar toda información y todo elemento narrativo. Al considerar la fotografía estrictamente en su naturaleza material se elimina cualquier sensación de registro de la realidad.

©Daisuke Yokota
©Daisuke Yokota

Daisuke Yokota tiene la capacidad de llevar la fotografía hacia direcciones cada vez más originales con un enfoque meticuloso de la experimentación que combina estas singulares fotografías y su presentación a través de la publicación de fanzines, fotolibros, libros de artista o instalaciones de un extraño carácter escultórico.

También realiza actuaciones de carácter performativo donde crea sus imágenes en directo. Junto a Hiroshi Takizawa realizó una actuación especial en vivo como parte del Offprint London en el Turbine Hall de Tate Modern. En este proyecto colaborativo ambos artistas mostraban sus procesos experimentales de impresión utilizando polvo de hierro y cemento.

La fotografía de Yokota se ha vuelto cada vez menos figurativa y se cada vez se acerca a propuestas relacionadas con la más pura abstracción. De forma radical evidencia la falsa creencia de la fotografía como registro o índice de la realidad que hasta hace poco ha sido el fundamento ontológico del medio fotográfico.

En Color Photographs incorpora el color a sus imágenes y parece que ello redunda en su obsesión por el lado material de la fotografía que la tecnología digital ignora. En este trabajo continua con su característico y reconocible procesamiento múltiple en busca del accidente como parte integral de su práctica.

En una entrevista Daisuke Yokota desvelaba los motivos de su búsqueda:

“Mis fotografías funcionan como algún tipo de registro, pero no hay acuerdo entre las fotografías y mi propio recuerdo de lo que sucedió. Rememoramos una experiencia del pasado una y otra vez, pero nunca de la misma manera. Los recuerdos se experimentan en relación con el presente”

Nosotros cambiamos y nuestro pasado cambia con nosotros. Nunca somos quienes fuimos porqué siempre somos distintos. Daisuke Yokota dispara a las sombras en un intento vano de fijarlas en sus fotografías. Un ejercicio inútil lleno de belleza y verdad.

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