La realidad de una sociedad que tiene visos de caer en de forma continuada en el machismo y la carencia de empatía resulta especialmente compleja cuando la situamos en países con un contexto de dificultades añadido, como es el caso de Afganistán. El fotógrafo Gervasio Sánchez y la periodista Mónica Bernabé han decidido acercar esa realidad al Centro Cultural Conde Duque de Madrid en la muestra “Afganistán. Mujeres” que permanecerá hasta el 27 de noviembre en el centro expositivo madrileño.

Tras pasar por Barcelona y Zaragoza, es el turno ahora de la capital española de recoger el trabajo de estos dos autores que se han mostrado continuadamente muy relacionados y sensibilizados con el tema que nos ocupa. El proyecto se presenta con la ayuda de dos herramientas, un libro y una exposición de gran formato, que son el resultado de un arduo trabajo de producción comprendido entre 2009 y 2014, y que ha sido impulsado por la plataforma “ASDHA”, Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán.

Tras pasar por Barcelona y Zaragoza, la muestra Afganistán: Mujeres llega a la ciudad de Madrid. ©José Luis Valdivia, Barcelona 2014
Tras pasar por Barcelona y Zaragoza, la muestra Afganistán: Mujeres llega a la ciudad de Madrid. ©José Luis Valdivia, Barcelona 2014

La exposición está compuesta por 150 imágenes que, divididas en seis arcos argumentales, exploran la dificultad de nacer mujer en un país como Afganistán, donde los talibanes campan a sus anchas y la discriminación sexual está más que normalizada. El hecho de dar voz a un problema como este ya es destacable, sobre todo si es a través de imágenes, lo que nos ayuda a poner en valor los problemas cotidianos de estas mujeres y a sensibilizarnos aún más con el conflicto. Los textos que acompañan a las imágenes son muy acertados y aprovechan la familiaridad que Mónica Bernabé, la autora, consiguió con las mujeres fotografiadas tras una experiencia de 7 años en los que viajó y vivió temporalmente en país. Su condición femenina le permitió acceder a lugares e historias que, de otro modo, no hubiera sido posible narrar. Las seis temáticas utilizadas en la exposición muestran diferentes realidades que, lejos de reflejar el morbo de la vejación física o la crudeza de la situación, se centran en historias personales que ayudarán al espectador a familiarizarse con el problema machista en Afganistán.

Afganistán: Mujeres. ©Gervasio Sánchez
Afganistán: Mujeres. ©Gervasio Sánchez

Así, la primera de estas temáticas se centra en el matrimonio infantil y su falta de consentimiento. En un país en el que son las familias quienes deciden quién contrae matrimonio con quién, la capacidad de decisión personal en la mujer es inexistente. El casamiento se convierte en una decisión entre familias, sin importar la edad de los contrayentes, y no en la unión de dos personas que se aman. Estableciendo la endogamia como algo usual, las parejas se unen teniendo en cuenta aspectos como el estatus social, el poder económico o la etnia. Es tradición que el hombre pague dinero a la familia de la mujer como compensación por desprenderse de ella, ya que la novia se marcha a vivir a casa de su familia política tras la boda. Estos negocios mueven mucho dinero, llegando incluso a los 5000 €. En un país en el que el sueldo medio de un funcionario ronda los 160 €, la consecución de estas sumas de dinero supone el endeudamiento de por vida del hombre, pero una vez casado, se considera que la mujer es de su propiedad, y dado que ha pagado por ella, puede hacer lo que le plazca con su mujer, como si de un objeto se tratara. Eso sí, las ceremonias se celebran por todo lo alto, vistiendo a los novios con sus mejores galas y ofreciendo copiosos banquetes a los invitados. En la mayoría de los casos es la familia del novio quien pone todo el dinero para sufragar la boda.

Un espectador contempla imágenes pertenecientes a la serie que habla sobre el matrimonio en Afganistán. ©Mario Sánchez
Un espectador contempla imágenes pertenecientes a la serie que habla sobre el matrimonio en Afganistán. ©Mario Sánchez

En segundo lugar, hay que hablar de la huida y la drogodependencia. En muchos de los casos, las mujeres que enferman tras un parto –desconocen en su mayoría la utilización de métodos anticonceptivos– no son llevadas a hospitales ni a médicos que revisen su estado de salud. Por tanto, la automedicación está a la orden del día. El boca a boca y las experiencias entre mujeres son las que ayudan a establecer tratamientos contra enfermedades o dolores constantes. Pero esto no hace más que aumentar el número de drogodependientes en la población femenina, ya que es el opio la “medicina” que se utiliza para calmar estos dolores. Se tiene constancia de la existencia de hasta un millón de drogadictos en Afganistán, el país que más opio produce del globo. Las adicciones son cada vez más severas, con las consecuencias respecto a la salud que conllevan para ellas y sus hijos. También el opio se utiliza para evadirse de sus vidas, dado que a las mujeres no se les permite valerse por sí mismas y no se dedican a otras tareas que a las del mantenimiento familiar y de la casa. Así, los niños son testigos del consumo de drogas por parte de sus madres, que en algunos casos no tienen reparo en consumir delante de ellos, con la posibilidad de adicción y el trauma que eso supone.

Algunas madres afganas sostienen en brazos a sus hijos enfermos, sin acudir a hospitales. ©Mario Sánchez
Algunas madres afganas sostienen en brazos a sus hijos enfermos. ©Mario Sánchez

Como última salida a unas vidas que a nadie le gustaría llevar, la exposición muestra una de las realidades más dolorosas y crueles del país afgano; el suicidio. Y es que muchas de estas mujeres, hastiadas por su día a día y por la infelicidad que produce la situación actual de la sociedad afgana, un matrimonio no deseado o los malos tratos en el seno familiar, recurren al suicidio como vía de escape. Afganistán es el único país del mundo en el que la cifra de suicidios es superior en las mujeres que en los hombres. En el año 2013, unas 2.500 mujeres se quitaron la vida, y una de las formas más recurrentes para hacerlo es quemándose a lo bonzo. En muchos casos se rocían con gasolina, a veces sin intención de suicidarse sino con la de alertar sobre su situación, pero el fuego pasa a ser incontrolable y acaban envueltas en llamas y muriendo por las quemaduras. Las familias, que consideran el suicidio como una deshonra, tratan de ocultar los hechos alegando que la afectada se quemó mientras cocinaba.

La agonía de Fatima y su posterior fallecimiento en imágenes. ©Mario Sánchez
La agonía de Fatima y su posterior fallecimiento en imágenes. ©Mario Sánchez

El papel de la mujer en la sociedad afgana es minoritario, pero la muestra da ejemplos sobre personas que intervienen en la política del país. Tras la caída del régimen talibán, las afganas recuperaron su derecho a participar en la vida política, produciéndose así importantes avances legales a favor de sus derechos, tales como la creación del Ministerio de Asuntos de la Mujer en 2002 o la nueva Constitución aprobada en 2004 que certificaba que la mujer y el hombre son iguales ante la ley. En 2009, el Gobierno aprobó la Ley sobre la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, que tipifica como delitos diferentes situaciones de violencia machista. Pero a día de hoy, pocos son los jueces que aplican esta ley. Quizá por desconocimiento, quizá por omisión de la misma, al final la legislación se convierte en papel mojado. La muestra recoge testimonios e imágenes de éstas mujeres partícipes de la vida política, que conforman un 28% del electorado. Deben cambiar de coche varias veces al día por miedo a los atentados, vestir burka o ser objeto de burla en su familia por no haber tenido nunca un hijo varón. En el caso de Azita Rafaat, se vio obligada debido a la incesante presión a vestir como un niño a su hija, una práctica que se conoce como bacha posh.

La sala es amplia y bien iluminada, lo que permite una magnífica visualización del contenido de la muestra. ©Mario Sánchez
La sala es amplia y bien iluminada, lo que permite una magnífica visualización del contenido de la muestra. ©Mario Sánchez

Pero no todo es pesadumbre y malas noticias en la exposición. De hecho, es la nota positiva de la misma la que deja una puerta abierta a la esperanza y no cae en la normalización de los problemas femeninos en el país. La muestra recoge dos apartados que dan voz a personas e iniciativas que han decidido tomar las riendas de su vida y nadar a contracorriente de la sociedad afgana. En primer lugar, encontramos imágenes y textos sobre tres mujeres afganas que son ejemplos a seguir y que no tienen miedo a vivir sus vidas tal como les place, en la medida de lo posible. Shakila Ibrahim, Shamsia Hassani y Rangina Hamidi se han erigido como ejemplos de tesón y lucha por los derechos femeninos.

La primera, periodista de profesión, trata de dar a conocer el problema de la mujer en Afganistán a través de los medios de comunicación. Shamsia Hassani, artista callejera, estudió Bellas Artes y utiliza el graffiti como forma de expresión que ayude a la libertad de la mujer afgana. Ragina Hamidi en cambio dio la vuelta a su exilio a EEUU para ayudar a sus compatriotas creando una cooperativa de mujeres llamada Kandahar Treasure. Por otro lado, dos de las series más impactantes de la exposición, ya no tanto por la crudeza de las imágenes sino por lo que significan, retratan a multitud de mujeres que dedican su tiempo libre a entrenarse en deportes cuya práctica es atribuida a los hombres: el fútbol y el boxeo. Dado que la situación es tan complicada, buscar refugio en el deporte o en la superación personal supone una enorme evolución en la sociedad femenina afgana y sirve de ejemplo para muchas más mujeres que quieran seguir sus pasos.

Algunos espectadores admiran las imágenes que presentan a la artista callejera Shamsia Hassani. ©Mario Sánchez
Algunos espectadores admiran las imágenes que presentan a la artista callejera Shamsia Hassani y a la periodista Shakila Ibrahim. ©Mario Sánchez

En un tema tan peliagudo, la exposición se muestra positiva y no deja de mirar hacia el futuro de la sociedad afgana, confiando en que haya un rayo de luz esperanzador que cambie toda esta situación tan difícil que el pueblo femenino afgano debe superar diariamente. Estará disponible para ser visitada en la Sala Sur del Centro Cultural Conde Duque de Madrid hasta el próximo 27 de noviembre.

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