Y con este artículo, cerramos el ciclo de recomendaciones del Atlántida Film Fest, que acaba ya. Tiempo han tenido para meterle bien a las joyazas, rarezas y curiosidades en este ciclo de ciclos sobre nuestra querida Europa. Esta edición viene ordenada, para un mejor chequeo y visionado ante el aluvión de títulos, por secciones. Y, vistas ya la sección Política, la llamada Memoria Histórica, y el apartado Fronteras, el programa se cierra con Generación, definida por el catálogo de Filmin con las precisas frases: entre el hedonismo y el activismo, los dilemas de la nueva generación de europeos”. Como el resto, esta sección viene cargadita de buenas ficciones e interesantes documentales.

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Póster de presentación de la danesa Bridgend (Jeppe Rønde, 2015) premios a la Mejor Actriz, Fotografía y Montaje en el último Festival de Tribeca © Blenkov, Schønnemann Pictures, Four Sons Pictures

Frente a este marrón que supone siempre el relevo generacional, la sección Generación puede dividirse, a su vez, en más apartados. Esto, ateniéndonos a al ángulo de tratamiento, a la perspectiva desde la que se trata el contenido común a todos los filmes: la juventud.

Y según esto, nos encontramos dos bandos: el bando de la desesperanza, y el de la fe en el futuro (es que no quería poner “esperanza”). La desesperanza, o más bien desesperación es la vía que cualquiera puede entender, la de “¿estos dónde van/qué se piensan/qué se creen?”. Ensayos alrededor del apocalíptico futuro que nos presagiamos ante una detenida observación de las nuevas estirpes –sobre todo, las que viven bien– aburridas hasta llegar a automutilarse, anodinas, hedonistas, egoístas… Ya hablamos la semana pasada del duro documental producido por VICE Chemsex (William Fairman, Max Gogarty, 2015), así que no me alargaré con el título. Si les gustó el asunto, y desean otra obra –esta vez de ficción– donde el hedonismo extremo campa a sus anchas, quizá puedan acercarse a la generacionalmente rigurosa y estéticamente poderosa Bang Gang (A Modern Love Story) (Bang Gang (une histoire d’amour moderne). Eva Husson, 2015), a la que ya comparan con aquella de Kids (Larry Clark, 1995), pero con niños pijos.

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La actriz Marilyn Lima, en un fotograma de Bang Gang (Eva Husson, 2015), drama sobre jóvenes burgueses franceses desnortados (buen cocktail) © Full House, Canal+, Orange Cinéma Séries

Producción francesa rodada en Biarritz y en los Pirineos Atlánticos, Bang Gang nos muestra una historia de amores, desamores, celos, escándalos y autodestrucción. George, Alex, Nikita, Laetitia y Gabriel son una pandilla de teenagers burgueses, de esos tan vacuos que se mueren de aburrimiento, que prueban a ver cuánto da de sí su escala de valores entre orgías filmadas en vídeo, banquetes de drogas variadas y probaturas generalizadas en las que terminará participando todo el instituto, en plan apocalipsis adolescente.

No tanto por la vía del hedonismo, pero sí cargadita de pura desesperanza, podemos encontrar la producción danesa Bridgend (Jeppe Rønde, 2015), una desasosegante visión de una juventud completamente perdida, protagonizada por Hannah Murray –a la que podemos ver haciendo de Gilly en Juego de Tronos–. Una aterradora aventura, entre el noire y el drama romántico, basada en hechos reales: los setenta y nueve suicidios ocurridos entre 2007 y 2012 en la provincia Bridgend County. Dave y Sara, padre e hija, recién llegados a la localidad, se enfrentan como pueden a la epidemia de suicidios. Dave, policía municipal, pretende hacer algo para parar esa situación; mientras su hija se sumerge, poco a poco, en un viaje fascinante que la conduce al límite de su cordura. Dolorosísimo drama, de más que recomendable visionado.

Y en esta perspectiva de la juventud de negro futuro, pero por la línea del humor, tocando un tema eterno y siempre actual: la estupidez. Concretamente, la que emana del machistorrerío y varonilismo del tres al cuarto de los protagonistas de Chevalier (Athina Rachel Tsangari, 2015), un manifiesto cargado de humor contra lo irreflexivo de lo patriarcal y la competitividad del neoliberalismo. Pura ambrosía, una de esas películas que no dejan indiferente.

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¡Claro que también hay desnudos masculinos! ¡No se vayan a pensar! Fotograma de la testosterónica y machirula Chevalier (Athina Rachel Tsangari, 2015) © Faliro House Productions, Greek Film Center, Haos Film

El asilvestramiento al que llega el comportamiento masculino reunido en piara, sirve como metáfora perfecta de los grandes problemas que asolan a Grecia. En medio del mar Egeo a bordo de un lujoso yate, estos caballeros se medirán hasta las pollas en una absurda competición machirula que les hará sonrojar hasta la fiebre. Una historia ágil y hábil, ficción contada a vista de documental, presentada como un trabajo audiovisual de medición científica.

Y abandonaríamos aquí, el panteón del negro futuro y el mal rollo, para trasladarnos a los campos del bien, de la esperanza y de la fuerza. Comedias amables, dramas de superación e incluso cine de género –al tiempo que de autor–. Sin abandonar Grecia, tenemos A Blast (Syllas Tzoumerkas, 2014), un potente drama social protagonizado por Angeliki Papoulia (la protagonista habitual de las pelis de Yorgos Lanthimos), en el que interpreta a una madre todoterreno, con tracción en las cuatro extremidades, superviviente en la Atenas de hoy.

España trae tres ficciones como tres soles, todas llenas de buen rollo. De menor a mayor (buen rollo): Berserker (Pablo Hernando, 2015), que ya les desarrollamos en Albedo Media; el cachondísima lisergia La extranjera (M.A. Blanca, 2015), collage de la Barna más loca, que muestra la mera realidad como un relato de enfermiza ciencia-ficción; y el luminosísimo debut de la directora mallorquina Marga Meliá, Bittersweet days (Marga Melià, 2016), una optimista comedia romántica ambientada en Barcelona donde una oriunda se ve forzada a compartir piso con Luuk, un alegre y dicharachero fotógrafo holandés. Trabajos distintos, en pro de las nuevas generaciones como motor de creación.

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Bittersweet days (Marga Melià, 2016) © Nuu Films

Cabe hasta el cine de género en este Atlántida Film Fest, y no sólo lo digo por Berserker, sino también por la asombrosa opera prima, coproducción Polonia-Francia-Suecia, The Here After (Magnus von Horn, 2015). Puro thriller, cargado de nervio, que juega con el tiempo y el suspense con enmarcable maestría y auténticos recursos absolutamente clásicos. The Here After nos plantea un diorama social donde los personajes han de aceptar y acoger a su protagonista, un adolescente condenado por asesinato que regresa al régimen de libertad. Sobresaliente.

Y, por supuesto, este festival no gozaría de su carácter variado y completista si no incluyera su buena dosis de documental. Y en este género, encontramos auténticos manjares para la cinefilia más exigente.

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La sobrecogedora y claustrofóbica The Here After (Magnus von Horn, 2015), otro debut que celebrar © Cinémadefacto, Lava Films, Zentropa International Sweden

Espectacular, muchísimo más que su –forzosamente– compara Boyhood (Momentos de una vida) (Boyhood. Richard Linklater, 2014), es la producción noruega Brothers (Aslaug Holm, 2015), rodada a lo largo de ocho años. Brothers muestra, en todo este lapso de tiempo, el cambio que ha sufrido Europa a través de la mirada de dos jóvenes hermanos, hijos de la documentalista Aslaug Holm, que dedicó esos ocho años de su vida a capturar la fraternidad y el despertar a la vida mientras revisa el pasado de su propia vida familiar.

En 10 años de amistad (Über die Jahre (Over the years). Nikolaus Geyrhalter, 2015), de Austria, I Gran Premio del Jurado en BAFICI 2015, se hace también un seguimiento de esos largos. Esta vez son 10, los años durante los que el espectador acompaña a unos trabajadores desde los días antes de cerrar la fábrica textil donde muchos llevaban toda su vida, hasta nuestros días. El cineasta Nikolaus Geyrhalter –que además de dirigir, firma la fotografía del filme– hace acopio de paciencia, dejando actuar al tiempo y obteniendo conmovedores y emocionantes resultados. Over the years es un documental de lengua y narrativa soberbias, de obligado visionado y revisión; que pasa del retrato de costumbres al drama social en una elipsis –real, evidentemente– estremecedora. Es cine en estado bruto, donde la imagen tiene más peso que las palabras.

Tan cercana y tierna como la rumana Toto y sus hermanas (Toto si surorile lui. Alexander Nanau, 2015), producida por HBO Europa. Toto y sus hermanas parte del siguiente planteamiento: ¿Qué ocurre cuando descubrimos que podemos obtener de la vida más de lo que nuestros padres nos pueden ofrecer?.

Así, en este segundo largometraje del documentalista Alexander Nanau –que ya tenía en su haber el filme The World According to Ion B. (Lumea vazuta de Ion B., 2009)– se nos narra una historia que les dejará ojipláticos perdidos: Toto es un niño de diez años al que, mientras su madre cumple condena en un penal, le da por aprender a leer, escribir, bailar… todo con plena ilusión y desparpajo, al tiempo que sus –ya crujidas por la vida– hermanas tratan de mantener unida a la familia en un mundo que olvidó hace ya mucho lo que era jugar, aprender y cultivarse como los buenos seres humanos.

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Fotograma del documental austriaco Over the years (Über die Jahre. Nikolaus Geyrhalter, 2015) © Nikolaus Geyrhalter Filmproduktion

Pues nada, ya se acaban. Se acaba esta serie de artículos, y se acaba el Atlántida Film Fest. Recuerden que puede remirar el catálogo entero pinchando aquí. Espero que hayan aprovechado este tiempo de festival. Volverá el año que viene, queremos suponer, pero los títulos –evidentemente– serán otros. Es lo que tiene el cine.

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