Nunca he sido de visitar colecciones. Me recuerdan a mis años universitarios cuando el profesor de producción audiovisual nos explicaba que las películas se vendían a las televisiones por paquetes. Una buena rodeada de cinco malas. Un blockbuster para compensar cinco telefilmes –o películas de lloros y lamentos, como las llamaba un amigo mío– en los que el asesino siempre es el marido de la protagonista o el vecino. Esa idea de la venta por paquetes me ha perseguido desde entonces. Un par de calcetines bonitos rodeados de tres pares de dudoso gusto. Cinco bolígrafos azules por cada rojo y negro.

Las colecciones me producen sospecha. Por eso me acerqué con cautela a ver Del archivo a la Historia. Howard Greenberg Gallery en la sala San Benito del Museo Patio Herreriano de Valladolid. La sala ha acogido el nombre del espacio que cerró hace unos meses y cuya pérdida los vallisoletanos habían lamentado profundamente. El Patio Herreriano nunca decepciona, me repetí varias veces antes de entrar. Y, efectivamente, no decepcionó

Caminar por la exposición es hacerlo por la historia de la fotografía del siglo XX –con algún atisbo del XIX–. No hay ni un nombre desconocido. Ni un telefilme. Ni un bolígrafo azul. Eugène Atget, Inge Morath, Garry Winogrand, Paul Strand, Stieglitz, Georgia O´Keeffe, Edward Weston, Bruce Davidson. La lista es infinita en un espacio reducido. Si antes de entrar se retara al visitante a decir tres nombres fundamentales de la fotografía, al menos dos de ellos los podría encontrar dentro.

© Martin Munkacsi
© Martin Munkacsi

Lo segundo que le llama la atención al visitante, después de acostumbrarse a ese sinfín de nombres conocidos, es la cartografía de la exposición. No parece tener un orden aparente. No existen guías para visitarla ni temáticas que aúnen a los diferentes artistas. No hay ninguna etiqueta categórica a la que aferrarse. Sorprende en una época en la que cómo se ven las obras importa tanto como las obras mismas.

La función de un archivo, de un atlas, es precisamente crear afinidades electivas entre obras que en un principio carecen de dicha afinidad. En la sala San Benito despliegan las fotografías y con eso les basta. Quizá por eso la comisaria, Anne Morin, explica que se ha configurado como si se tratara de un cadáver exquisito. El cadáver exquisito fue una de esas técnicas que los surrealistas, empeñados en derrotar las construcciones convencionales, desarrollaron para que fluyera el inconsciente. Una palabra seguía a la otra, sin pensar, sin meditar sobre las relaciones que pudieran establecerse entre ellas. El cadáver exquisito beberá el vino nuevo fue el primer poema escrito con esta técnica. Lo importante era jugar, volver al estado infantil que aún no estaba mediado por la cultura. Me parece relevante citar la técnica porque la exposición te hace sentir precisamente como un niño. Se presenta como un juego de reconocimiento de los autores. Quizá sea un juego pedante, sí, pero un juego al fin y al cabo, y sería deshonesto no decir que se disfruta mucho cuando uno acierta.

El cerebro establece conexiones que la razón no entiende. Esto lo sabían los surrealistas y probablemente sea también la intención de la comisaria. A esto en cine se le llama efecto Kuleshov. Y así Berenice Abbot dialoga con Helmut Newton. Y, lo más sorprendente, Araki con Horst. La interpretación de esa asociación queda a la imaginación del visitante.

© Horst P. Horst
© Horst P. Horst

Una de estas conexiones curiosas se crea entre el retrato que Horst P. Horst realizó de Edith Sitwell y el que Arnold Newman le hizo a Robert Doisneau. En 1948 Horst retrató para Vogue a la poetisa Edith Sitwell. Ella aparece escultórica, digna, con ese perfil aguileño que tanto la caracterizó. Como hizo durante toda su vida a pesar de los innumerables contratiempos que sufrió, se muestra entera.

Doisneau, sin embargo, posa de forma infantil. Su intención de esconderse se rompe con la mirada a cámara. No se esconde, por lo tanto. Juega a esconderse. Colocadas una fotografía junto a la otra, Sitwell parece despreciar a Doisneau. Él se asoma y ella mira hacia otro lado. Sitwell fue una mujer excéntrica, repudiada por muchos debido a sus excentricidades. Doisneau fue el gran fotógrafo francés de las calles parisinas, el que mejor representó la mitología de la capital francesa como topografía del romanticismo. Unos triunfan y otros son olvidados. Dos fotografías, dos épocas diferentes y una verdad imperecedera.

© Arnold Newman
© Arnold Newman

Howard Greenberg es un coleccionista astuto, apasionado. Galerista de renombre, sorprendió a todos hace unos años cuando sacó a la luz su colección propia. La astucia de Greenberg se revela en los autores consagrados, pero especialmente en aquellos que no cuentan aún con el aura de los clásicos. Es el caso de Vivian Maier, cuya existencia se dio a conocer al público en el excelente documental Buscando a Vivian Maier. Maier, niñera durante toda su vida, fue también una fotógrafa incansable. Sus fotografías fueron rescatadas de un mercadillo por el historiador John Maloof. A partir de ahí comenzó la búsqueda de una autora obsesionada por la fotografía. El paralelismo entre su vida y la de Rodríguez –el famoso Sugar Man del documental Searching for Sugar Man– es indudable.

© Vivian Maier
© Vivian Maier

Recupero una de las frases que pueblan las paredes de la sala, ya que al atlas iconográfico le sigue igualmente un atlas de citas. Las imágenes hablan, los autores también. Dice Berenice Abbot: “El fotógrafo es el ser contemporáneo por excelencia: a través de su mirada todo se vuelve pasado“. Por eso en la exposición, como en un juego borgiano, no se recorre el archivo en busca de la Historia: el archivo es la Historia.

Del archivo a la Historia. Howard Greenberg Gallery estará en la sala San Benito del Museo Patio Herreriano hasta el 1 de abril.

Dejar una respuesta

¡Por favor, introduce tu comentario!
Por favor, introduce aquí tu nombre

Los comentarios en esta página pueden ser moderados; en tal caso no aparecerán inmediatamente al ser enviados. Las descalificaciones personales y los comentarios inapropiados que no tengan que ver con el tema a tratar serán eliminados.