El término atonal surgió, a finales del siglo XIX, en el ámbito de la música clásica para designar aquellas composiciones que hacían un empleo tan amplio del cromatismo que la tonalidad, en algunos momentos, parecía perderse por completo. Tristán e Isolda (1859) de Richard Wagner fue una importantísima muestra de esta nueva sensibilidad.

Sin embargo, fue el teórico musical y compositor Arnold Schoenberg quien llevó al extremo la composición atonal mediante la creación de la técnica del dodecafonismo basada en series de doce notas. En nuestra querida Wikipedia podemos leer que el cromatismo es «un término musical que hace referencia al uso de las notas intermedias de la escala o semitonos, que en la música diatónica permanecen ‘fijos’ en su posición: mi-fa, si-do. El cromatismo afecta a la estructura melódica y da lugar a las llamadas notas alteradas (bemol, sostenido), que tienen importancia como efectos expresivos».

©Lily Zoumpouli
© Lily Zoumpouli

Parece que el cromatismo musical y la atonalidad han llegado a la fotografía. El colectivo fotográfico ATONAL se define simplemente así: «Somos un grupo de fotógrafos«. Esta agrupación fundada en mayo del 2014 está compuesta por seis miembros de distinto origen: Suecia, Dinamarca, Polonia, Noruega y Grecia. Sus nombres son Cato Lein, Alexander Arnild Peitersen, Jannis Tordheim, David Neman y Lily Zoumpouli.

En octubre del año 2016 se expuso de forma conjunta el trabajo de este colectivo en la galería de Roma Interzone, bajo el comisariado de Michele Corleone. De entrada, el cromatismo del colectivo ATONAL se palpa en el abandono de uno de los anatemas más temidos de la fotografía, la mezcla de fotografía en color y blanco y negro. Una práctica común en nuestros días, pero denostada hasta hace poco.

En esta exposición, la mirada individual de los fotógrafos se diluía para formar una especie de coro de tragedia griega. Un corifeo de múltiples voces que grita y aúlla a la vez. Su muestra era una imagen colectiva que no perdía la sensación de intimidad y de diario visual. Un conjunto de 180 fotografías que buscaban la reacción del público; de un espectador que debe debatirse entre la atracción del abismo y la repulsión de la herida.

El trabajo del colectivo ATONAL, tanto de forma individual como de grupo, busca una narrativa que focaliza en lo poético; siempre un relato más connotativo que descriptivo. Ellos mismos definen su mirada como «arrítmica, nada conceptual. Un poco como la música atonal. Abierta a distintas interpretaciones«.

©Lily Zoumpouli
© Lily Zoumpouli

La joven fotógrafa Lily Zoumpouli, uno de los miembros más jóvenes del colectivo ATONAL, nació en el año 1994 en la ciudad griega de Tesalónica. Tras asistir a los talleres de Anders Petersen y Jacob Aue Sobol, emprendió un trabajo que sigue la estela de estos maestros europeos y el linaje de los norteamericanos Larry Clark y Nan Goldin.

También reivindica el trabajo de otros fotógrafos como Francesca Woodman, Sally Mann, Michael Ackerman o Antoine d’Agata. El diario visual personal y la auto-documentación es el hilo conductor de sus fotografías. Su vida a caballo entre Grecia e Inglaterra queda reflejada en el cuerpo de su obra. La búsqueda y la experimentación de su propia identidad, los momentos de alegría y los momentos de tristeza, la certeza y la incertidumbre, el amor y la amistad. Zoumpouli fotografía su entorno con una mirada íntima, también sexual y provocativa.

En sus imágenes todo cabe porque todo puede ser fotografiado. La documentación de su círculo íntimo de amigos es crucial, tal como hizo anteriormente la mencionada Nan Goldin en su libro Balada de la dependencia sexual.

El título de esta mítica obra recogía el nombre de una de las piezas de la Ópera de los tres peniques de Bertolt Brecht y Kurt Weill. La canción Ballad of sexual dependency funciona como un epígrafe que tiñe de una fuerte connotación y significación el conjunto de la obra. Goldin hacía público un diario visual íntimo y privado. Una suerte de álbum familiar de una tribu nómada que desfilaba por la bohemia del Nueva York de los años 80.

©Lily Zoumpouli
© Lily Zoumpouli

Imágenes de niños, de parejas, de amigos reunidos en fiestas salvajes o en perezosas tardes de resaca. Gente manteniendo relaciones sexuales o drogándose, celebrando la vida y llorando la muerte. Un desafío a las convenciones que retrataba sin tapujos sus experiencias vitales y que evidenciaba las relaciones de dependencia sexual y emocional que vamos construyendo a lo largo de nuestras vidas.

Sus fotos decían nos amamos y nos dañamos. Golpeamos y somos golpeados. La impronta universal de unas escenas que a nadie parecían interesar salvo a sus propios protagonistas ha servido de una fuerte inspiración para generaciones de fotógrafos y poetas.

Me gustaría recordar que el novelista español Julián Rodríguez dedicó un poema de su libro Nevada al trabajo de Nan Goldin. Recientemente acaba de ser publicado el poemario del reconocido escritor Carlos Zanón titulado Banco de sangre y que se basa en Balada de la dependencia sexual. El poema de Zanón que se transcribe a continuación se titula igual que una de las imágenes del libro de fotografías: Brian with his head in his hands (Mérida, Mexico, 1982).

Llegaste tarde
llegaste borracha
llegaste caliente y yo
un osario donde antes hubo un nido.
A medio vestir
compongo una estampa
para la foto,
para que marches corriendo
hacia tu otra madriguera
porque ésta ya apesta a animal despellejado,
a mierda a medio limpiar,
a huevos de dinosaurio,
al sudor ebrio de alguien que llega tarde.

Estas palabras podrían ser también la letra de la balada atonal de la joven y prometedora Lily Zoumpouli. Parte de su trabajo ha sido publicado en formato libro por la editorial griega AGRA intitulado simplemente como Lily, fotografías. Podemos colegir que como escribió Montaigne en sus Ensayos, Lily Zoumpouli hace una declaración de intenciones que afirma: «Yo soy el objeto de mi libro«. En todas sus series hay un auto-documentación insistente, el registro de su yo en relación con la vida y el encuentro con los demás.

©Lily Zoumpouli
©Lily Zoumpouli

Discolouration/Selenophilia es un trabajo que empezó con 15 años y que ha ido desarrollando hasta ahora. Como es habitual en los fotógrafos de su generación utiliza y mezcla materiales fotográficos de distinto pelaje: Polaroids, negativo color y negativo en blanco y negro, incluidas nuevas tecnologías como el vídeo o el diaporama.

Destaca un original y sensible uso del color que combina saturación y desaturación. Los escaneados de sus fotografías mantienen las manchitas blancas de las motas de polvo. El gusto por lo imperfecto y el error otorga fuerza y veracidad a sus series. También las pequeñas ralladuras y velados en el negativo aportan una viveza y una autenticidad que rehuyen del artificio de la perfección y del control técnico.

La fotógrafa controla el lenguaje visual heredado de sus maestros y domina con fluidez los aciertos de esta tradición. La fragmentación del cuerpo, el desenfoque, el grano abultado, el golpe frontal del flash, la trepidación y las fotos movidas. Lo que algunos críticos han venido a definir como «lo específico fotográfico».

Su obra va creciendo la secuenciación de fotos de una gran sinceridad. En ellas muestra retratos, autorretratos, sencillos bodegones, habitaciones desordenadas y paisajes exteriores que aparecen encapsulados en su propia desolación. Sin embargo, la emoción conjunta del flujo de sus imágenes desprende, a pesar de ese aire de caos y convulsión, una pura alegría de estar vivo y el placer de disfrutar sin inhibiciones ni cortapisas el hecho de ser joven. Hay mucho fuego y pureza en Lily Zoupouli. Podemos apreciar en su conjunto un canto a la vida y a la celebración del cuerpo desnudo.

©Lily Zoumpouli
© Lily Zoumpouli

Es importante remarcar el uso político y reivindicativo del cuerpo femenino. Vemos imágenes orgullosas de la menstruación llenas de belleza. Unas piernas manchadas de sangre de una joven sentada en la cocina y los restos de una toallita en un inodoro; rojo sobre blanco. Como remarca la propia autora:

«El intenso elemento del desnudo representa el regreso a la comodidad inocente de estar desnudo, pero principalmente la pureza hacia uno mismo y hacia el observador, mostrando un ser y sus sombras«.

Los momentos vibrantes de alegría que no excluyen el dolor de la herida. La experimentación con la identidad y con el propio cuerpo también lleva a momentos de incertidumbre y cuestionamiento.

©Lily Zoumpouli
© Lily Zoumpouli

Sigue la misma Lily Zoumpouli: «La necesidad de conectarme a través de la fotografía con mi entorno y con mis propios sentimientos se convirtió en el catalizador de mi obra. Cada fotografía tiene una historia de fondo que carga sobre sus hombros el motivo de su memoria. La distancia que nos separa del tema que fotografiamos debe ser diluida para reflejar nuestro yo interior y el de los demás. Combinados en una imagen, forman una mezcla de yoes«. Una detenida y obsesiva documentación autobiográfica donde aparecen: «personas, espacios y objetos con los que comparto una conexión».

La emoción es elemento muy importante en su fotografía, más allá de todo elemento descriptivo, narrativo o documental, la metáfora y el aliento poético explican mejor su búsqueda y su deriva.
Un recorrido visceral y a veces brutal que no excluye la belleza y el esteticismo del resultado final.

Las imágenes de Lily Zoumpouli son terriblemente preciosas como bella y terrible debe ser toda vida que merezca ser vivida. Todos somos el objeto principal del libro de nuestra vida. Todos deberíamos componer la música atonal de la banda sonora de nuestra existencia.

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