La masacre silenciosa de Myanmar

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Rara es la vez que la expatriación no trae problemas consigo. La deslocalización geográfica, la falta de recursos y la inexistencia de organismos de estado que mantengan cubiertas las necesidades básicas de quienes se ven obligados a pasar por estas situaciones, se suman a las realidades de hambruna, pobreza y desafección. Y si en algo puede ayudar la fotografía es en dar visibilidad a estos problemas y en servir de apoyo mediático para su denuncia.

Muchos rohingya han conseguido huir a la vecina Bangladesh, aunque siguen hacinados en campamentos. © Lynsey Addario
Muchos rohingya han conseguido huir a la vecina Bangladesh, aunque siguen hacinados en campamentos. © Lynsey Addario

En el caso de la República de la Unión de Myanmar, este apoyo mediático se antoja más complicado de lo habitual. Más de un millón de rohingyas –la minoría musulmana del país– apátridas han sido despojados de su ciudadanía en Myanmar y obligados a vivir en campos de concentración a las afueras del país. Vigilados por el ejército, estos asentamientos resultan ineficaces en la trata de enfermedades básicas, así como en el mantenimiento de la salubridad de las instalaciones. Las personas que allí residen se ven obligadas a permanecer en el campamento debido a la prohibición de trabajar fuera del mismo.

Las condiciones de insalubridad del campamento y la falta de recursos médicos provoca numerosas muertes y enfermedades de la población rohingya © Lynsey Addario
Las condiciones de insalubridad del campamento y la falta de recursos médicos provoca numerosas muertes y enfermedades de la población rohingya © Lynsey Addario

La fotógrafa americana Lynsey Addario ha sido testigo de la situación actual del país birmano, y ha podido comprobar cómo la indiferencia del gobierno hacia esa parte de su población se traduce en una gran cantidad de muertes que podrían haber sido evitadas con sólo voluntad política. El trabajo no ha sido fácil, ya que apenas está permitida la entrada al campamento de periodistas, intentando hacer opaca la progresiva desaparición de una población como los rohingya. Además, después de trabajar allí durante seis días, Addario recibió una llamada de la inteligencia militar de Bangladesh que le prohibía continuar documentando la situación.

Lynsey Addario confiesa ser testigo de la muerte de muchos de los habitantes del campamento en los sólo seis días que pasó allí. © Lynsey Addario
Lynsey Addario confiesa ser testigo de la muerte de muchos de los habitantes del campamento en los sólo seis días que pasó allí. © Lynsey Addario

Recientemente, Lynsey Addario ha expuesto su trabajo en el Newseum, Washington. Enmarcada dentro del proyecto “Annenberg Space for Photography’s Refugee” del museo, la exposición que recoge su trabajo en Myanmar estará disponible para ser visitada hasta el 12 de marzo de 2017. En su web oficial podemos encontrar todos sus trabajos.

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