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El próximo 26 de abril se cumplirán 31 años de la catástrofe nuclear de Chernobyl, uno de los mayores desastres medioambientales de la historia que desencadenó a su vez una grave crisis humanitaria en Ucrania, de la que una parte país aún no se ha podido recuperar.

En la llamada zona de exclusión, que describe un radio de 30 km alrededor de la central nuclear está restringida la entrada, sólo los trabajadores de la central pueden estar allí durante periodos de tiempo limitados. Sin embargo, si extendemos el radio a 50 km, existen poblaciones cuyos habitantes viven su día a día expuestos a la contaminación nuclear, en condiciones de pobreza y exclusión social. A pesar de que estas zonas fueron evacuadas en 1991, cuando las autoridades tomaron conciencia del peligro que suponía habitar estos territorios, muchas familias no tuvieron más remedio que quedarse, huyendo de la guerra, o fueron abandonadas por los organismos políticos.

La fotoperiodista española afincada en Londres Quintina Valero dedica su última serie, Life After Chernobyl a documentar como transcurre la vida los habitantes de la zona este de Chernobyl, y como los peligrosos niveles de radiación han comprometido su calidad de vida y su desarrollo, en un trabajo crudo, durísimo pero necesario para tomar conciencia de la situación 30 años después del accidente.

Entrevistamos a Quintina para conocer su experiencia en Ucrania y las motivaciones que le han llevado a contar la historia olvidada de estas víctimas tardías del accidente de Chernobyl.

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Quintina Valero junto a su obra © Nerea de Cos

AM- Tu carrera como fotógrafa se ha centrado en documentar diferentes crisis humanitarias ¿Qué es lo que te ha motivado a enfocar en esta dirección tu fotografía?

QV– Empecé en la fotografía después de un viaje a India y Tailandia en el 2004 donde por primera vez viaje sola y con una cámara que no sabía ni cómo utilizar. Visité zonas muy pobres, pero a su vez llenas de vida y de historias. Después de este viaje decidí estudiar fotoperiodismo en Londres y tuve claro desde el principio que quería documentar temas sociales. Para mí la fotografía ha sido una herramienta que me ha acercado a la vida de mucha gente y a través de la que he aprendido. Me interesa documentar la situación de grupos marginados por la sociedad y contar sus historias desde el punto de vista más humano.

AM- ¿Por qué elegiste la Ucrania de Chernobyl para este proyecto? ¿Cómo te documentaste previamente?

QV- En el 2014 hice un trabajo sobre la migración en Italia y conocí el trabajo de Soleterre, una ONG italiana que ayuda a niños con cáncer en Ucrania. Empecé a cuestionarme cual era la situación en este país después del accidente de Chernobyl, 29 años atrás y si había una correlación directa con el cáncer en los niños. Soleterre me puso en contacto con su ONG en Kiev, Zaporuka que ofrece alojamiento y ayuda a niños que sufren de cáncer.

En abril del 2015 visité por primera vez Kiev para saber de las implicaciones del accidente de Chernobyl. Para documentarme entrevisté a doctores del Instituto Nacional de Cáncer, científicos, representantes de organizaciones de víctimas de Chernobyl y familias afectadas. El libro Voces de Chernobyl de la autora Svetlana Aleksievich recoge testimonios y entrevistas durísimas de sobrevivientes de Chernobyl y me impactó muchísimo. Comencé a interesarme en zonas más remotas donde miles de personas viven en tierras altamente contaminadas. En noviembre del mismo año volví a visitar Ucrania con el colectivo al que pertenezco Food Of War para colaborar con artistas ucranianos en un proyecto sobre el impacto del accidente de Chernobyl en el medio ambiente y en la población. Después realicé dos viajes más en el 2016.

Life After Chernobyl
Food at the Table © Quintina Valero

AM- ¿Cómo resultó la experiencia de tratar con los afectados por la contaminación nuclear?

QV- Life after Chernobyl ha sido el proyecto más duro que he hecho hasta ahora. Las zonas que he visitado son de pobreza y abandono absoluto, no solo causado por el accidente de Chernobyl sino también por la desaparición de las granjas colectivas con la caída de la Unión Soviética. El impacto tanto económico como social y psicológico es tremendo. En la zona de Narodichi visité 34 familias y 14 pueblos afectados por el accidente. La mayoría viven en comunidades que fueron evacuados en el 1991 cuando altas dosis de radiación fueron detectadas. Tras la evacuación, muchos de ellos retornaron a sus hogares por no tener donde ir, otros por el arraigo que le tenían a la tierra, más potente que el miedo a una radiación invisible. Ahora muchos de ellos lloran cuando te cuentan sus historias y las enfermedades de sus hijos y se siente culpables de ello. El gobierno les ofreció ayuda que nunca llegó, los salarios son bajos y no tienen ni para pagar las medicinas. Un 60% de los niños padecen problemas cardiovasculares, de respiración y malnutrición, pero el gobierno no considera a estos niños como víctimas de Chernobyl. Al principio se utilizaban dosímetros para medir la radiación, pero hace años que desaparecieron. Psicológicamente fue bastante duro asumir el riesgo al que me exponía visitando estas zonas, así como vivir de primera mano la incertidumbre de un peligro “invisible” con el que han convivido estas familias durante 30 años.

Life After Chernobyl
Mischa and the legacy of Chernobyl © Quintina Valero

AM- Uno de los principales problemas para estas poblaciones es el abandono por parte de las instituciones ¿crees que tu trabajo puede ayudar a mejorar la situación en Narodichi?

QV- El problema principal es que Ucrania es unos de los países más corruptos de Europa. En el 2007 había ayudas de recuperación para la agricultura de estas zonas que nunca llegaron a su destino. Son zonas remotas, de limitado acceso a hospitales y centros de atención médica. Asimismo, el Gobierno está reduciendo y eliminando ayudas a víctimas de Chernobyl, especialmente en los dos últimos años, como consecuencia de la guerra en el este del país. Como fotoperiodista, mi trabajo es el de dar voz a estas familias. Considero que fue muy importante la exposición realizada en Kiev en abril del 2016 para conmemorar el 30 aniversario del accidente. Muchísima gente desconocía que esta zona fuera una de las más afectadas. La gente en Ucrania no quiere hablar de Chernobyl pero es importante que no se olvide, no solo allí sino en todo el mundo. Este proyecto ha ganado varios premios que confío ayuden a su difusión; entre ellos el LensCulture Emerging Talents 2016 o la beca del Seminario de Periodismo y Fotografia Albarracin 2016.

Life After Chernobyl
Iana at Home © Quintina Valero

Life after Chernobyl forma parte del proyecto Clouded Lands, Chernobyl 30 Years Later que Quintina Valero lleva a cabo junto con el colectivo Food of War, en el que profundizan sobre la relación que se establece entre la comida y la guerra. Este proyecto se expone en una muestra itinerante presentada por primera vez en Kiev, en el 30 aniversario del accidente, y que tras su paso por Berlín se expondrá en el CAB de Burgos del 3 de marzo al 28 de mayo bajo el título Tierras Nubladas. Como anticipo de esta exposición se puede ver parte del proyecto en JustMAD 2017.

Para conocer más sobre el trabajo de Quintina Valero se puede consultar su página web.

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Nerea de Cos
Analógica y orgánica. Desde su aterrizaje en Madrid flotará entre los mundos de la música y el cine, para encontrar tierra firme en el campo de la imagen, donde desempeña su práctica artística y analítica. Actualmente ejerce como fotógrafa y diseñadora freelance, compaginando su trabajo con el desarrollo de su obra personal, expuesta en diversos espacios artísticos nacionales.

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