Nicolás Muller – Una ventana abierta a la modernidad

Curiosa coincidencia para los que estamos al margen de los entresijos de los circuitos oficiales. Nicolás Muller y Francesc Catalá- Roca comparten otoño madrileño en sendas exposiciones comisariadas por Chema Conesa. Ambas excelentes, nos permiten a algunos congraciarnos con el trabajo de estos dos maestros y a los más jóvenes, descubrirlos. Hoy hablamos de Nicolás Muller y de la exposición recién inaugurada en la Sala Canal de Isabel II que celebra el centenario de su nacimiento.

De origen húngaro y español de adopción, Nicolás Muller (Orosháza, 1913-Andrín, Llanes, Asturias, 2000) forma parte de una brillante generación de fotógrafos húngaros como Capa, Brasaï o Kertész, que emigró a Europa Occidental en el período de entreguerras, huyendo del nazismo*. Muller llega a París en 1938, pero el estallido de la guerra le lleva a Portugal y de ahí a Tánger. En 1947 y por intermediación de Fernando García Vela, el periodista asturiano cercano a Ortega, la Revista de Occidente le invita a organizar una exposición en España y a partir de esa fecha abre estudio en la madrileña calle de Serrano.

Fiesta del Mulud II, Tánger, 1942 © Nicolás Muller

A este hecho se refiere Publio López Mondéjar en 150 años de fotografía en España de la siguiente forma:

En un panorama culturalmente deprimido, marcado por la obsolescencia de una fotografía estéticamente agotada, Muller supuso una de las escasas ventanas abiertas a la modernidad.  Y continúa: fue uno de los fotógrafos que mejor supo reflejar la España de la postguerra, a través de miles de fotografías publicadas en libros como España clara (1966), y en media docena de guías regionales ilustradas (1967-1968). Pese a las servidumbres editoriales, Muller realizó siempre un trabajo lleno de dignidad, evitando el tópico pintoresquista, tan explotado por muchos de los fotógrafos españoles, empeñados en mostrar una España idealizada que sólo existía en la extraviada retórica oficial.

Comisariada por Chema Conesa, esta exposición se realiza en conmemoración del centenario del nacimiento de Nicolás Muller en Orosháza en 1913. El proyecto recupera la figura y el trabajo de este excepcional fotógrafo del siglo XX partiendo del estudio de los más de 14.000 negativos que constituyen el Archivo Muller, de los que se han seleccionado 125 fotografías para la exposición. Buen momento para revisar con nuevos ojos la obra de un artista cuya última gran retrospectiva en Madrid se remonta a 1994 en la sede de Museo Antropológico (antiguo MEAC, hoy Museo del Traje), en la ciudad universitaria.

Empezando por el último piso del extraordinario edificio industrial construido entre los años 1907-1911 por el ingeniero Diego Martín Montalvo y el arquitecto Ramón de Aguinaga, y restaurado y acondicionado como sala de exposiciones por los arquitectos Javier Alau y Antonio Lopera en 1986, la exposición sigue un orden cronológico.

En la planta superior, las primeras fotografías realizadas en su Hungría natal, seguidas de las realizadas en Francia en los primeros años de su exilio. A continuación, Marruecos y Portugal, las dos etapas siguientes de ese viaje forzoso que la amenaza del nazismo supuso para todo judío europeo.

En la segunda planta, España, el recorrido por las diferentes provincias españolas que dieron lugar a los siete libros (con textos de Azorín, Ridruejo, Julio Caro Baroja, Quiñones y Arce) editados a mediados de los años 60, en su mayor parte por Clave, colección Imagen de España, y acompañados de un disco de folklore popular**. Todas ellas perfectos exponentes de una nueva dialéctica del reportaje fotográfico, dotadas de una mirada moderna y al mismo tiempo extremadamente amable y tierna hacia el paisanaje y el paisaje, alejada tanto del rancio costumbrismo como del negro tenebrismo habituales en la época.

Bajo vitrina parte del equipo de trabajo de Nicolás Muller (Nota)

En la planta baja, recibiendo al visitante, entre otras, una selección de retratos de aquel círculo de intelectuales, tertulianos célebres, que se reunían en su estudio y a los que en ocasiones logró sacar de él para realizar no menos célebres retratos -como los de Azorín (1947) o Pío Baroja (1950)***-, complementada con diversos objetos relacionados con el fotógrafo -cámaras, fotos familiares, libros…, generosamente puestos a disposición de la Comunidad de Madrid por su hija, la también fotógrafa, Ana Muller- y un vídeo en el que se recogen una serie de fotografías y una entrevista con el fotógrafo, que permitirán al público conocer mejor el trabajo del artista.

En cuanto a los aspectos técnicos, casi siempre utilizó el formato 6×6 cm, con excepción de las primeras realizadas en Francia y Hungría, en las que dispuso, al parecer, de una cámara 4×4 cm, formato menos habitual.

La Fábrica, siempre atenta a la actividad expositiva madrileña, combina la publicación de la tercera edición del libro de bolsillo dedicada al artista en su Biblioteca de Fotógrafos Españoles (las anteriores proceden de 1998 y 2005, respectivamente) con la edición de un nuevo -el sexto- ejemplar de la colección Obras Maestras -en la que figuran ya otros nombres como Chema Madoz, Catalá-Roca, Isabel Muñoz, Alfonso y Ricard Terré- coordinada por el propio Chema Conesa, siguiendo un criterio que se me figura  aleatorio.

* Si le interesa el tema, consulte el catálogo de la exposición Fotógrafos.  Made in Hungary: los que se fueron, los que se quedaron, presentada en el Museo Colecciones ICO entre enero y marzo de 2003
** Años más tarde, a finales de los 80, la desaparecida editorial Incafo recuperó la idea, sin mención alguna a los pioneros, que yo sepa, con fotografías de Juan Antonio Fernández y otros.
*** En algunas ocasiones no estamos de acuerdo con la selección de imágenes realizada por los gabinetes de prensa de las diferentes instituciones. En esta echamos de menos algún ejemplo de los excelentes retratos realizados por el artista.

Nota: Hemos examinado el equipo expuesto, y hasta donde podemos ver, se encuentra contenido en un maletín de cuero original de la firma Hasselblad. El cuerpo es una 500 C en cromo, dotado de un chasis A12 y de un visor de prisma a nivel del ojo. Nos parece interesante que el único objetivo mostrado es un Carl Zeiss Sonnar 250 mm f/5,6 –equivalente aproximadamente a lo que seria un 150 mm para formato 24 x 36 mm– y parece evidente que Nicolás Muller lo utilizaba liberalmente para retratos, pues en el maletín –entre otros filtros– hay dos lentes de aproximación Carl Zeiss Proxar (1,00 m y 0,5 m) para ser empleadas sobre el Sonnar y compensar su pobre distancia mínima de enfoque de 2,5 metros.
Una empuñadura de pistola y un anillo de enfoque rápido dejan entrever que Nicolás Muller empleaba este conjunto para tomas de una cierta acción.
Un exposímetro de selenio Weston Master IV completa el equipo de toma, que en la vitrina está acompañado por carpetillas para negativos y contactos.
Tomas tales como «Antequera, Málaga» (abajo, a la derecha) parecen estar claramente tomadas con ese Sonnar de 250 mm, pero otras muchas imágenes se corresponden más con la perspectiva del 80 mm estándar para la Hasselblad, que no aparece en ese maletín. La pregunta sería: ¿trabajaba Nicolás Muller con dos maletines distintos? ¿O quizá las marcas en la tapa de la parte superior derecha se corresponden con la presencia «fantasma» de ese 80 mm en el alveolo de la parte inferior?

Chema Conesa, comisario de la exposición,
acompaña a la viceconsejera de Turismo y Cultura de la Comunidad de Madrid, Carmen González.
Afilando la guadaña. Hungría, 1935 © Nicolás Muller
Tatuaje, Burdeos, Francia, 1938 © Nicolás Muller
Tres hombres, Marsella, Francia, 1938 © Nicolás Muller
Descargando sal, Oporto, Portugal, 1939 © Nicolás Muller
Bajo la lluvia. Portugal, 1939 © Nicolás Muller
Xauen, Marruecos, 1942 © Nicolás Muller
Semana Santa, Cuenca, 1950 © Nicolás Muller
Chinchón II,  Madrid, años 50 © Nicolás Muller
Casa de Campo, Madrid, 1950 © Nicolás Muller
Arcos de la Frontera, Cádiz, 1957 © Nicolás Muller
Castro Urdiales, Santander, 1968 © Nicolás Muller
La luz domesticada, título que alude a la frase que Ortega utilizó para definir a Muller, 
publicación sobre el trabajo del artista, editada en su día por la caja de Asturias y la Universidad de Oviedo,
que destaca frente al cuasimonopolio de La Fábrica.
Quince años separan estas dos portadas; a la izda., la primera edición de la monografía en bolsillo;
a la dcha., la más reciente en la colección Obras maestras.
Y algunos más, en torno a la veintena, estas dos;
a la izda., País Vasco, de editorial clave, con fotografías de Nicolas Muller y textos de Julio Caro Baroja;
a la dcha., País Vasco, de Incafo, con textos de Pío Baroja y fotografías de Juan Antonio Fernández, sin ninguna mención al anterior.
Nicolás Müller. Obras maestras
Sala Canal de Isabel II
C/ Santa Engracia, 125
28003 Madrid
Metro: Ríos Rosas (Línea 1)
De martes a sábado de 11:00 a 14:00 h. y de 17:00 a 20:30 h.
Domingos y festivos de 11:00 a 14:00 h.
Lunes cerrado
Hasta el 23 de febrero
Entrada gratuita
       

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