El Museo Reina Sofía acoge en su sede del Palacio de Velázquez la exposición Txomin Badiola: Otro Family Plot, una antología del escultor y artista visual comisariada en la parte teórica por João Fernandes, subdirector artístico del museo, pero organizada en la práctica por el propio autor junto con otros artistas vascos.

Txomin Badiola
Imagen de sala © Nerea de Cos

Txomin Badiola nació en Bilbao en 1957. Su nombre viene íntimamente ligado al de la Nueva Escultura Vasca, ese movimiento surgido a principios de los 90 que agrupó a diversos escultores y artistas movidos por el deseo común de reflejar en sus obras la riqueza de la tradición y la cultura vasca. Creadores como Pello Irazu, Ricardo Catania, María Luisa Fernández o J. L. Moraza pertenecieron a esta corriente que constituyó el relevo generacional de los escultores de la vanguardista Escuela Vasca de los sesenta como los míticos Jorge Oteiza y Eduardo Chillida, compartiendo con ellos un estilo mayoritariamente constructivista, sobrio y rural. En en caso de Badiola, la influencia de Oteiza está más que patente, tan ligada está su carrera a la del escultor que ha sido el responsable de comisarias varias de sus retrospectivas y a día de hoy es el encargado de gestionar su catálogo. Sin embargo no podemos considerarle como un mero escultor, ya que en su obra ha integrado en la escultura otras  formas de creación.

Txomin Badiola
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Badiola se licenció en Bellas Artes por la Universidad de País Vasco y ejerció como profesor en esta institución entre 1892 y 1988. Posteriormente se trasladó a Londres y después a Nueva York, desarrollando su carrera artística en estas ciudades aunque siempre muy ligado a sus raíces vascas. Fue sobre todo durante su estancia en Estados Unidos cuando su obra evolucionó de una forma más radical, pasando de la escultura minimalista de sus primeros años a experimentar con otros lenguajes mediante el uso de diferentes soportes como la fotografía, el dibujo y la instalación multimedia.

Txomin Badiola
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En su producción artística Badiola siempre ha buscado huir de imposiciones y estereotipos, planteándose un debate constante entre la forma y el contenido, estableciendo una crítica a la posmodernidad que busca en última instancia destruirla. Sus creaciones reflejan un permanente conflicto entre construcción y deconstrucción, tradición y modernidad, estética y significado. Sus obras están vivas, constituidas por diferentes soportes y materiales, una amalgama de estímulos que buscan la participación del espectador, que este se meta en la obra, que participe en ella. En contraste con otros artistas de su entorno encontramos en su obra un contenido más pop, con constantes referencias al cine, la música y la literatura, siendo frecuentes las referencias a Godard, Fassbinder o Pasolini e incluso a grupos de rock como los Barbarians o los Rolling Stones.

Txomin Badiola
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Otro Family Plot es la primera gran retrospectiva de Badiola, y todo un reto para un creador de sus características, multidisciplinar y combativo, en cuya carrera ha buscado siempre rebelarse contra la institución artística tradicional. La exposición recorre 35 años de carrera del artista a través de unas 60 obras seleccionadas por el propio Txomin Badiola junto con siete artistas de su entorno, con los que ha querido establecer un dialogo real sobre su arte, buscando así reflejar en la muestra su descentramiento hacia los demás, un aspecto que considera parte fundamental de su vida y de su trabajo. El título Otro Family Plot hace referencia a la familia que se elige, en este caso la familia que ha elegido Badiola para crear su retrospectiva y que está compuesta por Ana Laura Aláez, Ángel Bados, Jon Mikel Euba, Pello Irazu, Asier Mendizabal, Itziar Okariz y Sergio Prego.  Con ellos establece una serie de entrevistas en los que se expone el porqué de la elección de estas obras. La peculiaridad es que en estas entrevistas el papel de Badiola no lo desempeña él mismo, sino otros artistas más jóvenes como Lorea Alfaro, Zigor Barayazarra, Leo Burge o Jon Otamendi, descentralizando así el proceso de su figura y estableciendo un nexo con una nueva generación de creadores vascos.

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Ideada específicamente para el espacio que la alberga, el espectacular Palacio de Velázquez, la muestra se divide en ocho secciones. Esta división es puramente conceptual, ya que las obras se distribuyen de forma discontinua sin seguir una línea cronológica sino planteando constantes saltos temporales que obedecen a la idea de Badiola de que en su obra no existe una evolución, sino que los temas y las preocupaciones que lo asaltan han sido recurrentes en todos estos años de trabajo, y por ello no tiene sentido establecer una separación temporal o conceptual entre sus obras.

Txomin Badiola
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La primera sección de la exposición es Formas deseantes, bastardas e insatisfechas es una respuesta al dicotomía surgida en los 80 entre la escultura minimalista tradicional y los nuevos movimientos transvanguardistas. Sobrevivir entre signos, ser signo cuestiona la posmodernidad. Un Yo-imagen. Alteridad ineludible. Todo es vanidad plantea el conflicto entre lo real y lo simbólico. Necesidades públicas/Pasiones privadas refleja la lucha entre el deseo y la obligación, a lo que el artista decidió responder con lo que él llamó “la mala forma”, la obra abierta en contraposición con “la buena forma” del arte tradicional, la ora cerrada. El grupo, la banda, el comando revisa la idea de familia, la necesidad de pertencia a un colectivo. Avatares de la forma indaga en la relación entre la forma y la vida. Espacio, cuerpo y lenguaje es una reflexión sobre las relaciones entre estos tres conceptos. Por último Frase-imagen-cosa recorre la instalación de forma transversal y está compuesto por la serie Lo que el signo esconde, una combinación entre imagen y texto que establece un diálogo entre las demás obras de la exposición.

Txomin Badiola
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Txomin Badiola: Otro Family Plot es una exposición compleja, caótica y subversiva como el propio artista, enmarcada en un espacio espectacularmente diáfano que permite disfrutar de las obras tanto desde el exterior como desde el interior, en una composición que juega con el espectador y le invita a abrazar la libertad, olvidar sus convicciones y perderse en el caos. Puede verse en el Palacio de Velázquez del Parque del Retiro hasta el 26 de febrero de 2017.

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