Siempre me ha llamado la atención el concepto de pereza social. Cómo el individuo se esfuerza menos y delega la responsabilidad cuando trabaja en grupo. Tanto es así que se ha demostrado que dos personas tirando de una cuerda juntas lo hacen con menos fuerza que si cada una de ellas lo hiciera por separado. Es decir, cada una de ellas considera que su deficiencia va a ser suplida por el otro. Fascinante, ¿verdad?

Me preguntaba leyendo, pero sobre todo viendo, el  número #73 de la revista EXIT dedicado al retrato en grupo si ese concepto se podría aplicar a la fotografía de retrato. Si, diluyéndonos en el grupo, relajaríamos la pose que hubiéramos mantenido si no estuviéramos rodeados de otros. O si, amparados en el conjunto, construiríamos una escenificación a la que no nos atreveríamos con la cámara puesta sólo sobre uno de nosotros. La vergüenza surge siempre ante la mirada del otro, pero también se diluye cuando el foco de atención es múltiple. Y algo de orgullo, de que “tiren otros de la foto” parece desprenderse de cada uno de los retratos en los que los sujetos son conscientes de ser retratados. No sucede así, por supuesto, en las instantáneas callejeras de Helen Levitt, donde el grupo es creado por la propia fotógrafa cuando decide incluirlos en el encuadre.

Portada de EXIT #73
Portada de EXIT #73

Se trata de un deshacerse de uno mismo para fundirse en el grupo y que está plenamente presente en las fotografías de Francesco Jodice en su proyecto Ritratti di Classe. En sus fotografías, como símil de las orlas de final de clase, se muestran las camaraderías entre algunos de ellos. También los conflictos internos. Muchos de los retratados construyen la fotografía como una hipérbole de su situación social en clase. Cada uno de ellos con un rol determinado; un rol que se opone al de los otros y que crea un mapa de los arquetipos de la infancia que más tarde se perpetuarán –de forma usualmente menos hiperbólica– en la edad adulta. Difícil no enlazar las fotografías de Jodice con las de Rineke Dijkstra, con esos adolescentes cuyo cuerpo parece tener una identidad propia que pretenden ocultar. Adolescentes en bañador, expuestos. Adolescentes que, como su nombre indica, adolecen. Les duele situarse en la frontera entre la edad infantil y la adulta, moviéndose en un limbo que sus cuerpos se empeñan en señalar explícitamente.

Carmen Calvo, por su parte, realiza de forma evidente lo que nuestra percepción ya realiza de forma voluntaria ante un retrato de grupo: quitar la identidad, dejar que los elementos se fundan unos con otros y nos devuelvan un todo. Al trazar esas máscaras sobre los rostros –el rostro es el único detalle que diferencia la individualidad; allí donde las emociones horadan su paso por el cuerpo– hace que los individuos acaben de amalgamarse con el todo. Sus fotografías –o postfotografías para hablar con propiedad– me recuerdan a ese plano frontal de la película Persépolis una vez los Hermanos Musulmanes han subido al poder y han desligado a la mujer de toda característica individual que pudiera constituirla. Sin identidad propia, uno divisa la nada. El uniforme, uniformiza, homogeniza, hace que nadie pueda destacar con las implicaciones que en una sociedad dictatorial pueda tener el subrayarse a uno mismo. El grupo une, pero el grupo también aliena.

'Prosa de vacaciones', 2000, Carmen Calvo © EXIT
‘Prosa de vacaciones’, 2000, Carmen Calvo. Cortesía de la artista.

El retrato ha sido siempre un símbolo de poder, de legitimación. De ahí que Clegg & Guttman, al igual que Rembrandt en su época, retrate los grupos sociales que ejercen el poder hoy en día. Eso sí, escenificados. Para hablar de cómo la fotografía construye, pero también falsea. La fotografía se convierte en un juego de reconstrucción de la realidad donde lo importante no es el retratado sino la interpretación de las imágenes, la comunicación no verbal que se ha introducido en ellas.

¿Y qué sucede cuando el propio individuo no tiene acceso al retrato? No me refiero a los estratos económicos más bajos –afortunadamente salvables hoy en día gracias a la tecnología–, sino a aquellos grupos sociales que no forman parte de lo hegemónico. La imagen implica la existencia. Germán Gómez retrata a estos grupos sociales en su proyecto “Yo, tú, él, ella, nosotros, nosotras, vosotros, vosotras, ellos y ellas”, en el que capta con su cámara a niños con síndrome de Down. Y es una labor sumamente importante porque el retrato dignifica, sí. Pero, como el lenguaje, también visibiliza.

La fotografía como temporalidad está representada en este número por Nicholas Nixon y su proyecto sobre las hermanas Brown, a las que ha fotografiado durante décadas. Parece inevitable sentir el temor de que, al pasar una hoja, aparezca el vacío en una de las fotografías. El retrato de familia tiene un final predecible. El hombre es un ser para la muerte, decía Heidegger. Y, como lo es, sólo puede vivir olvidándose a cada momento de su naturaleza mortal. La fotografía de retrato en grupo es un pulso a la muerte; mucho más fuerte que los retratos individuales. Es el resultado de una cohesión más allá de los límites de lo humano.

'The Brown Sisters', 1978-1984, Nicolas Nixon © EXIT
‘The Brown Sisters’, 1978-1984, Nicolas Nixon. Cortesía de la Fundación MAPFRE, Madrid.

Los retratos de Nixon guardan una relación estrecha con las fotografías de Masahisa Fukase, cuyos retratos de familia giran alrededor de la idea de muerte y cómo enfrentarse a ella con humor. Gente de espaldas, algunos desnudos, en una burla del retrato y, por lo tanto, de la inmortalidad. Es inevitable que conecte con este proyecto. En el único retrato oficial que tiene mi familia aparece mi padre con el ceño fruncido porque ni mis hermanos ni mi madre ni yo éramos capaces de aguantar la risa. Los cinco allí juntos mirando hacia el fotógrafo. Riéndonos de esa posteridad construida que nos iba a convertir en inmortales.

La semana pasada afirmaba una alumna mía en clase que las personas somos lo que somos en soledad. En la oscuridad de nuestra habitación se nos revela nuestro Yo, en mayúsculas. No puedo estar más en desacuerdo. Como animal social que somos sólo en el grupo podemos ser nosotros mismos. Es en la interacción con los otros, en el rol que adoptamos, en cómo queremos ser vistos por la sociedad, en el ruido más que en el silencio, donde nos encontramos como seres humanos. Por eso resulta imprescindible este número de EXIT. Para conocernos a nosotros mismos. Nada más y nada menos.

Del 27 de febrero al 3 de marzo de 2019 la editorial EXIT estará presente en la nueva edición de ARCO en el Pabellón 9 (sección de publicaciones- stand 9R11). La revista, que afronta este año su 20 aniversario, ha recibido a lo largo de su historia premios como el Kraszna-Krausz Foundation a la Mejor publicación de Fotografía entre 2000 y 2003 y el Lucie Awards en 2015 a la Mejor revista de Fotografía del año.

El Centro Andaluz de la Fotografía (CAF) ha querido hacerse eco de su aniversario organizando la exposición «EXIT. REVISTA DE IMAGEN Y CULTURA«, que podrá verse en la Biblioteca del centro entre el 25 de enero y el 3 de marzo.

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