EXIT dedica su número 75 a la carretera y lo hace desde una aproximación múltiple, dinámica, en un momento en que las carreteras, especialmente en Europa, son más que nunca el molesto trámite necesario para llegar al destino. Las autovías no sólo transformaron el paisaje, sino que también convirtieron el viaje pausado a través de los pueblos en una línea recta, aburrida. En la autovía sólo nos queda matar el tiempo. O capturarlo mediante la fotografía.  

Resulta difícil, por no decir imposible, hablar de la carretera sin citar a Kerouac. A aquella generación beatnik que convirtió el movimiento en su bandera revolucionaria. Una generación que, a pesar de sus intenciones anticapitalistas, daría paso también a un capitalismo exacerbado. A un consumo de drogas y sexo que les envolvía en el desenfreno. Dice Kerouac: “No sabía a dónde ir, excepto a todas partes”. Y es que ese deseo de omnipresencia, de continuo dinamismo, es también el deseo que mejor resume nuestra concepción liberalista de la economía y, en general, de la vida. No hay que pararse. Hay que seguir caminando, aunque sea sin destino. Pararse, como en las road movies, significa la muerte. 

© Paul Gaffney, Untitled #10, We make the path by walking series, 2012.

De ahí que pararse en la carretera, hoy en día, sea también transgredir la norma del ir siempre hacia delante. Nuestra norma occidental de tener siempre un horizonte, un objetivo, porque así mantenemos también la ilusión de futuro. Cuando uno se detiene en la carretera es siempre a causa de un accidente, algo que interrumpe el devenir continuo del movimiento. Por ello la carretera es también el lugar de los marginados, de los apartados en el juego de lo social. Txema Salvans en su The Waiting Game fotografía la carretera como un espacio de transacción entre la prostitución y los clientes. Las chicas, paradas en la carretera, esperando a que se las incorpore, aunque sea un momento, al juego. Como accidentes del patriarcado que las visita fugazmente y las deja allí, varadas, mientras sus individuos se reincorporan al fluir de lo correcto. Lo marginal permanece entonces como cuerpo visible de lo muerto, de lo rechazado, y ellos continúan, impolutos, insertos de nuevo en las normas sociales. Vivos. 

© Pablo López Luz, Carretera México- Cuernavaca, 2007.

La carretera conecta, globaliza, pero también separa. Varios son los autores que en este número de EXIT se dedican a hablar de esa desconexión, de esa frontera ficticia que se establece entre dos lugares. Carreteras que unen pero que también separan identidades. Es el caso de Pablo López Luz y su trabajo Frontera. La estética bella, pulcra, de sus fotografías acrecienta el absurdo de la frontera entre Estados Unidos y México. Como si la belleza adormeciera nuestra conciencia. Como si en lo bello no pudiera existir la diferencia, la maldad. El esteticismo y quietud de sus imágenes se presenta como una metáfora de lo que es nuestro día a día. Un olvidarnos de los marginados. Como se decía en Cartas a Nora, el corto documental de Isabel Coixet sobre la inmigración: “No es que no nos vean, es que no quieren vernos”.  

La carretera ligada a la masculinidad tiene su presencia en Tractor Boys de Martin Bogren; serie que documenta cómo los jóvenes de un pueblo sueco utilizan las carreras de coches como ritual para demostrar su virilidad. Ya profetizó Roland Barthes que el coche iba a ser una de las mitologías del siglo XX. Una mitología tan ligada a lo masculino como también lo está a la juventud. Y es que sólo la juventud puede utilizar de una forma tan literal la convicción de que la carretera es la vida. En las fotografías late la sensación de inmortalidad. De pulso a la muerte que es también el pulso con los padres, con una generación que permanece ya anclada en lo seguro. Que, por lo tanto, no se mueve. 

© Alejandro Cartagena, Carpoolers 02, Carpoolers series, 2011- 2012.

La vertiente más estética de la carretera viene en este número de la mano de Tatsuki Masaru y su serie Decotora. En ella recoge la transformación a la que los camioneros japoneses someten sus vehículos, decorándolos casi como si fueran una extensión de ellos mismos. O más bien, como un avatar idealizado que se opone a la sobriedad de la cultura japonesa. Que crea una identidad propia. No es, pues, casual que en todas las geografías del mundo los camioneros decoren sus camiones. Que los consideren como espacios libres de la heteronormatividad que se le asume a la profesión y que hagan de su instrumento de trabajo un orgullo identitario. Un carnaval en la monotonía de la carretera.

Las carreteras han sido siempre lugares no vigilados, lugares que escapaban a la mirada de los curiosos. Como en Twin Peaks, la carretera suponía un lugar de reposo. Un territorio libre de voyeurismoantes de la llegada al pueblo, donde se establecía rápidamente la lógica del ver y del ser visto. Jon Rafman en su proyecto postfotográfico The Nine Eyes of Google Street View revela cómo las cámaras de google han acabado con esa separación. Y lo han hecho además con el beneplácito de los sujetos. Pillados por el Gran Hermano. Orgullosos de aparecer en los mecanismos de vigilancia. Se trata, una vez más, de vencer a la muerte mediante la permanencia a través de la imagen. Las capturas de pantalla de Google Street View seleccionadas por Rafman recogen escenas bizarras que parecen escenificadas y que nos enseñan que la realidad resulta mucho más inverosímil que la ficción. Enseñanza que a estas alturas de postverdad conviene recordar con frecuencia. 

Y sobre esa dicotomía realidad / ficción nos hablan Taiyo Onorato y Nico Krebs en la serie The Great Unreal en la que realizan intervenciones sobre el paisaje americano. Tan fotografiado. Tan recorrido que permite que las modificaciones se presenten como disrupciones de los recuerdos guardados en nuestro imaginario. Y por ello resulten tan potentes.

Asegura Bernard Plossu en la entrevista que recoge este número: “La única proeza sobre el viajar es tomar la decisión de partir. Viajar no es cruzar fronteras, sino cambiar de olor… Caminar, o la mejor manera de ir de ningún sitio a alguna otra parte”. La fotografía en la carretera es el momento de pausar ese transitar, de recordar que esa alguna otra parte puede ser precisamente un momento del camino. Esto supone el nuevo número de EXIT. Un momento de pausa en nuestra visión occidental. En definitiva, una reflexión sobre nuestro concepto de temporalidad. 

1 Comentario

  1. Magnífico artículo, Rosa. Es agradable saber que alguien es capaz de pararse y reflexionar en la inercia constante que nos imprime la vida actual, a pesar del vértigo que supone pararse, a pesar del esfuerzo de la reflexión. Mil gracias.

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