Pocos fotógrafos españoles son tan inabarcables como Alfonso Sánchez García. Su ingente archivo fotográfico, con más de 400.000 imágenes, nos permite catalogarlo como un maestro del reporterismo, del retrato, del costumbrismo, de los tipos populares… en definitiva un espectro tan amplio que nos ha hecho decantarnos por un aspecto menos conocido pero igualmente fascinante. El protagonismo de la muerte en su trayectoria profesional.

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Alfonso Sánchez García retratado por su hijo Alfonso Sánchez Portela

Alfonso Sánchez García (1880-1953) padre del también fotógrafo Alfonso Sánchez Portela, estuvo marcado por la muerte desde su más tierna infancia. Así, por ejemplo, el temprano fallecimiento de su padre, cuando él apenas era un niño, le abocó a un humildísimo estatus del que terminó saliendo gracias a la fotografía. Alfonso Sánchez García comenzó a trabajar en el estudio de Amador Cuesta (1863-1939), uno de los fotógrafos de mayor éxito del momento gracias en parte a su sagacidad.
Más allá del aspecto artístico Cuesta aportó una visión empresarial a la fotografía, nuevos campos como por ejemplo el mundo piadoso. Una aventura en la que al parecer le acompañó su discípulo Alfonso.
Desde hacía siglos se veneraba en Madrid el cadáver incorrupto de San Isidro Labrador, siendo contadas las ocasiones en las que esta reliquia se exhibía en público, fue entonces cuando Amador decidió tomar una fotografía del amojamado cuerpo, propiciando gran éxito entre la feligresía  madrileña que no dudó en adquirirla como estampa.

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IMAGEN 2 El culto a San Isidro fue inspiración para las distintas generaciones de Alfonsos. Desde su cuerpo incorrupto (arriba) hasta la tradicional fuente (abajo) captada por Alfonso Sánchez Portela

Iniciada ya su carrera en solitario con estudio propio y pericia suficiente como para vender sus fotografías y reportajes, Alfonso comenzó a colaborar con la prensa en periódicos tales como  La Libertad, El Sol y El Gráfico, donde presentó interesantísimos reportajes entre los que destacan dos, que como no podía ser de otra manera estaban vinculados con la muerte.
El magnicidio contra Canalejas en 1912 y el famoso crimen del capitán Sánchez un año después.
La muerte de José Canalejas conmocionó el país y el céntrico lugar del atentado (la Puerta del Sol) provocó que el cuerpo se trasladase al Salón Principal del ministerio de la Gobernación, donde numerosos fotógrafos acudieron, y entre ellos como no podía ser de otro modo, Alfonso, quien captó a las celebridades asistentes rodeando el cuerpo del que había sido presidente del gobierno.

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El cuerpo de José Canalejas terminó dando nombre al salón principal del ministerio de la Gobernación, hoy sede de la Comunidad de Madrid en la Puerta del Sol. 1912 gelatinobromuro de plata sobre papel

Por su parte, el crimen del Capitán Sánchez tuvo menos de político y más de sanguinario, pues según averiguaron las autoridades, se trataba de uno de los asesinatos más truculentos de la historia de Madrid. Aconteció en la Escuela Superior de Guerra y más concretamente en las dependencias que habitaba el capitán en la reserva Manuel Sánchez López.
Según  las pesquisas, la víctima, Rodrigo García Jalón, había sido embaucado por la hija del capitán para terminar asesinado a martillazos en las míseras habitaciones donde residía la familia del militar. Las indagaciones terminaron por sacar a la luz los restos emparedados y los arrojados a la cloaca. Para más inri una vez conocido el crimen unos ordenanzas de la Escuela afirmaron recordar cómo el Capitán Sánchez les había ofrecido un sospechoso rancho de garbanzos con carne sin condimentar.

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Alfonso Sánchez García realizó todo un seguimiento del crimen del Capitán Sánchez incluido el entierro de los escondidos restos mortales de la víctima, el desafortunado Rodrigo García León. Fotografía realizada en 1913 en gelatina de plata sobre papel

Pero no todas las fotografías en las que la muerte muestra su efigie han de ser necesariamente dramáticas. Una de las instantáneas más conocida de Alfonso Sánchez García fue precisamente una clase del ya por entonces premio Nobel  Santiago Ramón y Cajal. En ella se aprecia la disección de un cadáver con una composición realmente parecida al cuadro de Rembrandt, un detalle que dada la escasa formación artística de Sánchez García hace pensar que o bien adquirió todo un bagaje cultural sobre la marcha y de manera autodidacta o bien que en esa instantánea siguiese las instrucciones compositivas de otro excelente fotógrafo presente. El propio Ramón y Cajal.

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Ramón y Cajal en 1915 durante una disección con sus alumnos

No obstante también conviene señalar un detalle importante que quizás aclare la facultad que frecuentemente se le ha atribuido a Alfonso Sánchez García, y esa es su capacidad de ubicuidad pudiendo estar en infinidad de sitios a la vez.
Algo así sucede con otra fotografía con un muerto como protagonista, concretamente el cadáver de Calvo Sotelo fotografiado en el Cementerio del Este (hoy Cementerio de la Almudena) cuya autoría parece corresponder a su hijo Alfonso Sánchez Portela, que al igual que otros veinte operarios trabajaban para el estudio de su padre.

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No todas las fotografías selladas en el estudio Alfonso corresponden a Alfonso Sánchez García, y así su hijo Alfonso Sánchez Portela parece ser el autor de esta fotografía del cadáver de Calvo Sotelo; se rumorea incluso que el intrépido Alfonsito se hizo pasar por médico para poder captar la instantánea.

Sea como fuere la muerte de Calvo Sotelo al igual que otra serie de incidentes violentos profetizaban la desgracia por llegar, la infausta Guerra Civil donde la crudeza de algunas imágenes han helado el corazón a generaciones, entre ellas y como no podía ser de otra manera, las instantáneas de Alfonso. Un fotógrafo al que aunque el posterior gobierno franquista intentó difuminar, se mantuvo siempre visible gracias a haber captado con maestría momentos impresionantes de nuestra historia para la humanidad.

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