Ayn Rand siempre dijo que había nacido en el único país donde una mujer como ella, amante del individualismo, no iba a poder sentirse jamás cómoda. Su imagen tiene cierta heroicidad, no dudó en ser duramente crítica con cualquier postulado político que anulara su individualidad y cuestionara su objetividad. Además, ha salido últimamente a la palestra como parte iconográfica que repele el capitalismo interino y al individuo de a pie que puja por la ausencia de sus propios valores. Y para el director Zack Snyder, ella es parte de su filmografía superheroica.

Vale, quizá tildarla de superheroína y meterla en el paquete filmográfico del Snyder sea exagerar. Pero el director de Man of Steel, Batman v Superman: Dawn of Justice y Watchmen quiere llevar al cine una de las obras cumbres de la escritora rusa, El manantial, según ha afirmado en una entrevista. La realidad es que cuando nos atrevemos a mirar con ojos menos dispersos la obra del cineasta, hay más de Rand de lo que imaginábamos en ella. Y no nos escuece tanto elucubrar sobre una adaptación de un director tan poco convencional, a pesar de que el grueso de su obra esté –aparentemente– ausente del peso al que podría suponerse una adaptación moderna de este libro.

Batman, Superman y Zack Snyder Snyder
Snyder en el set de «Batman vs Superman» con los actores protagonistas. Warner Bros

Ya existe una adaptación previa a la novela, con Gary Cooper dirigida por King Vidor (1949) y que la propia Rand guionizó en su exilio americano –viajó a ver a sus tíos a EEUU y no volvió a su amada y odiada Rusia hasta mucho tiempo después–. Un Cooper protagonista que tenía sus más y sus menos con sus diálogos, quizá porque no comprendiera la luminosidad objetivista que pretendía trasmitir Rand. O eso o que no estaba de acuerdo con lo que le obligaban a decir. Fuera como fuese, la primera película pone en la pista de lo que podríamos esperar de una adaptación de Snyder.

Pero es que realmente hay algo de Rand en el cine de superhéroes de Snyder. ¿No es acaso Superman un objetivista nato, un hombre plegado a su idiosincrasia única y letal? ¿No es Batman v Superman una lucha contra la anulación del individuo, su poder y el beneficio de los pocos ante los muchos? Batman trata de detener a Superman con su cerebro como último y único recurso –y su multimillonario bolsillo–. Rand apuntaba que el cerebro es el único arma con el que el hombre es escupido al mundo y será la única con la que podrá contar en todos los momentos de su vida con la confianza de que nadie va a poder robársela. El que la premisa desigual de esa batalla entre ambos parta con la certeza de que Batman solo tiene su astucia para combatir al ser más poderoso del universo. Y ha de pararle los pies, desoyendo toda advertencia y ante la publicidad negativa y el consejo amistoso. Como el protagonista de El manantial.

Ayn Rand en Nueva York, 1964
Ayn Rand en Nueva York, 1964. Revista Time.

En realidad es una premisa simplista, pero una premisa acertada al fin y al cabo. Que la obra de Snyder esté empapada de Rand no acaba aquí. Watchmen contiene personajes parejos que recuerdan al pensamiento de la escritora. El Dr Manhattan es un adusto y estático protagonista que trata de eximirse de ayudar a la raza humana por no encontrar una razón que lo justifique. Es el ser más poderoso del universo y sin embargo necesita una razón para utilizar sus poderes en favor los seres con los que antes compartía especie. El pesimismo y la unicidad del Dr Manhattan incidían en su individualismo, en cierto giro al nihilismo y una incapacidad –ni necesidad– de decisión que la autora rusa reflejaba cuando decía «si no hay razones para moverse, no me moveré«.

Rand sostenía que el único capitalismo posible era el que permitiera a los demás practicarlo. Es decir, la laissez-faire, el «permitir hacer«, la no intrusión en los asuntos económicos de los demás. Pero esto incluía también la confianza en que el otro haga uso de la razón para poner en práctica una serie de acciones que le hagan respetar ese sistema. Algo que Christian Felber ve reflejada en las premisas de su Economía del bien común, una suerte de ideario económico sustentado en la confianza en el ser humano para mantener un sistema de no excesos y control mutuo.

El doctor Manhattan
Un solitario Dr Manhattan sopesa en soledad si ayudar al ser humano es beneficioso para él mismo. Alan Moore y Dave Gibbons,

Quizá el que Watchmen hable del pesimismo y de la confianza tengan más que ver con Rand de lo que pensamos. La incapacidad –infinitamente demostrada– del ser humano en no poder confiar en sí mismo nos remite al individualismo de Rand, al no poder confiar más que en el cerebro propio, en el razonamiento unitario del individuo. Y es que otro de los postulados de Rand es el egoísmo, la necesidad de serlo y la única y verdadera herramienta de supervivencia que tiene el hombre. Esa unicidad del Dr Manhattan a veces nos lleva a ver el egoísmo en él, implícito y sin matices, y cuando es así ese egoísmo no deja que resida en él nada negativo. El objetivismo de Rand estipula como máxima que el hombre tiene derecho a vivir para sí mismo, sin sacrificarse por los demás ni sacrificando a los demás por él. El egoísmo que aquí resuena lo hace desde las vísceras, más cercano al ñu que abandona a su manada para correr y no ser cazado por cocodrilos que al que piensa en sí mismo con análisis en un caso que pondría en mal lugar a los suyos. Sin embargo, no olvidemos la razón como último arma del hombre para afrontar los cambios del mundo. En ello, Rand insiste tanto como puede.

La rebelión de Atlas, su obra más reconocida (y según varios estudios la segunda obra más influyente en el pensamiento crítico americano de este siglo después de la Biblia) es una novela que retrata el colapso del sistema tal como está establecido. El personaje principal trata de mantener a flote su empresa mientras que todos los que apoyan y refuerzan sus estrategias empresariales y sus postulados desaparecen sin causa aparente llevando poco a poco a la tragedia en forma de colapso financieros. Hay quien dice que Rand anticipó la crisis de 2008 –que aunque no lo parezca, sí que ha terminado: nuestra actualidad es nuestra nueva normalidad postcrisis– en esta novela. No andan muy desencaminados. La catarsis financiera es una amalgama catalizadora de todo el pensamiento «randiano», un fin último y justificado, un egoísmo mal entendido y la vergonzosa incapacidad del hombre de no ser racionalmente útil. Hay algo bastante de esa catarsis última en las películas de Snyder.

300 de Frank Miller
Los futuros suicidas de ‘300’. Frank Miller.

Todas llevan a desembocar a una serie de acontecimientos que se van hilvanando y rumiando durante el desarrollo de la película. Las consecuencias son aún más terribles y dolorosas porque hablamos de seres con superpoderes, con una fuerza descomunal o con unos recursos enormes. Es como si pequeños acontecimientos señalaran que algo no va bien, que el asunto se está torciendo, que no están haciendo bien las cosas. Batman es incapaz de explicar a Superman como es debido el problema que supone la existencia del extraterrestre, y éste no puede dar a entender a los demás la necesidad y las consecuencias de no estar o de no haber estado en la Tierra. La ausencia de un razonamiento sosegado, el egoísmo no entendido, todo va tomando forma y adentrándose en terrenos peligrosos que posiblemente podríamos habernos ahorrado –algunos piensan que incluso podríamos habernos ahorrado la entrada del cine–. Todo se encamina, así pues, a un clímax cuyo camino está repleto de miguitas de pan quemado.

300 es el paradigma de lo que está mal desde el principio y que mal acabará. Sabemos que todo acto está destinado a terminar con los trescientos hombres muertos en el desfiladero ante las tropas de Jerjes en el desfiladero de las Termópilas. Aquellos hombres están muertos antes de empezar la película. Lo que se presupone un acto de valentía y de sacrificio al espectador se le antoja de primeras como un suicidio temporizado, se sienta en la butaca sabiendo el final, y exime a su conciencia de las dolencias derivadas de meterse en la piel de quienes van a morir dentro de una hora y media. O no, que a veces estos ejercicios funcionan. Quizá por eso Snyder, por lo que pudiera pasar, se atrevió a meterle un «twist» visual a su cinta, un paso a la izquierda en el mundo de la diversión visual, como hicieran las hermanas Wachowski con Matrix. Un arrojo de nata montada en un pastel cuyo sabor ya conocemos. La sombra de Rand es alargada, como pueden comprobar. Pero, además, los 300 son un tapón para la economía destructora y capitalista que representa el todopoderoso Jerjes, que bien podría ser la cabeza invisible de una mega-corporación que pretende ampliar sus dominios por todo el mundo.

Gary Cooper protagonizó la cinta de «El manantial» en 1949. Este extracto ilustra todo de lo que estamos hablando:

La inocencia parece ser algo que los detractores de Rand lanzan contra ella de manera sentenciosa. Por ello es posible que en muchas ocasiones se le haya tachado de «filosofía para adolescentes». Posiblemente por su idealismo que accede a sentimentalizar algo cuya premisa es una ausencia de sentimientos en favor de la razón, y que sin embargo no puede ser materializada como realidad sustancial si no se basa en la confianza plena en el individuo. Puede que sea de las pocas personas que escribió su obra y definió su pensamiento siendo egoísta y generosa al mismo tiempo.

Y, a todo esto, Snyder quiere adaptar El manantial de Rand. Esta viene a ser la historia de un hombre que quiere hacer las cosas a su manera, sin viciarse ni contaminarse de lo establecido. El protagonista es Howard Roark, un arquitecto que tiene ideas modernistas y que lucha por mantener su estilo y su genuinidad ante los que pretenden alcanzar el éxito con formas más ortodoxas, desacreditando lo distinto y lo más novedoso. Rand se reflejó totalmente en su protagonista. Snyder parece también hacerlo. A veces recuerda al protagonista de la gloriosa novela El filo de la navaja de Somerset Maugham en su intento por no supeditarse a lo establecido, pero, a diferencia de Roark, pasando por un sendero espiritual. Porque Rand, como ya hemos reiterado, solo se tiene a sí misma para salir adelante, y no puede confiar ni en Dios, ni en Superman, ni en el Dr Manhattan.

Sawyer en LOST
¿Recuerdan al personaje de Sawyer en la serie «Lost»? Egoísta, irónico, objetivista, inteligente y poco solidario. Fíjense en lo que está leyendo. Lostpedia. © ABC Series

Quizá valga la pena traer aquí parte del epílogo que dedicó Leonard Peikoff a la novela en su edición estadounidense en 1992: «Esto puede sonar inocente. Pero ¿nuestra vida tendrá realidad alguna vez? ¿Vamos a vivir alguna vez a nuestro nivel, o la vida siempre va a ser algo más, algo diferente de lo que debería ser? Una vida real, simple y sincera, e incluso inocente, es la única vida donde realmente puede encontrase toda la grandeza potencial y la belleza de la existencia humana. ¿existen razones reales para aceptar la alternativa que tenemos hoy en día? Nadie a demostrado realmente la vida (de hoy), como realmente es, con su verdadero sentido y sus razones. Si no es un bello cuadro ¿cuál es el sustituto?»

¿Les extraña ahora que Snyder quiera adaptar la obra de Ayn Rand?

2 Comentarios

  1. Francamente, las novelas Ayn Rand son bastante medianas (por no decir algo peor), sea cual sea el punto de vista con que se las analice. Literariamente, valen poco. Rutinariamente escritas y no muy bien concebidas o estructuradas. Y, además, son tirando a aburridas, con personajes que te sueltan un sermonazo a poco que te escantilles. Añadamos que (por motivos un poquito esotéricos) los utraliberales de EEUU la tienen como su gran referente. Ciertamente, no encuentro (ni de lejos) las razones por las que algunos sienten tanta fascinación por sus plomizas novelas

    • Hola, Elicio:

      Efectivamente, coincido contigo en lo árido de sus novelas. Sí que vemos razones por lo que la fascinación por ella está en auge hoy en día, y ciertamente, más en norteamérica, donde ha sido tomada por grupos como una gurú irrebatible. Las razones son bastante obvias en nuestra opinión, pero principalmente destacaría la singularidad del individuo ante la «entidad económica» y su rechazo por gobiernos no afines al norteamericano, como el comunista.

      Gracias por tu comentario.
      Un saludo.

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