Bibendum, el muñeco de Michelin

Pocos logotipos son tan conocidos como el muñeco de Michellin. Su nombre real es Bibendum pero lo de Michelin lo llevamos tan dentro que hasta se ha convertido en una parte del cuerpo humano. Gracias a la fotografía comprobaremos que su aspecto no era tan entrañable entonces como lo es ahora.

Bibendum: una mascota a medio camino entre la original y lo pavoroso
Bibendum: una mascota a medio camino entre la original y lo pavoroso

Bibendum vino a nacer gracias a los inesperados giros que da la vida. En 1886 cuando la fábrica de maquinaria agrícola que Aristide Barbier y Edouard Daubre habían creado en el pueblecito francés de Clermont-Ferrand pasaba por su peor momento, la directiva pensó en que quizás los nietos de Arístide Barbier, dos jóvenes de 27 y 33 años, pudieran sacar la empresa adelante.

La idea era bastante arriesgada ya que André era arquitecto y Édouard se estaba preparando para ser un afamado pintor, vivían en París y sería difícil que ninguno de los dos tuviese interés en volver a Clermont-Ferrand  pero ¿qué otra solución había? Solo podían recurrir a  aquellos jóvenes, los hermanos Michelin.

Los hermanos Michelin cuando ya no eran tan jovenes
Los hermanos Michelin cuando ya no eran tan jovenes

La juventud de ambos resultó clave ya que vieron la empresa con nuevos ojos  y sacando provecho a algo en lo que los fundadores habían relegado a un segundo plano, el caucho.

Curiosamente la fábrica además de máquinas agrícolas producía balones de caucho para niños, un objeto que los hermanos Michelin no tardaron en acoplar a los vehículos en forma de llantas para las ruedas.

En 1891 el diseño de Édouard era tan bueno que lo aplicaron a la bicicleta de Charles Terront y al convertirse éste en la primera estrella del ciclismo la fama de los neumáticos Michelin comenzó a correr literalmente por toda Europa.

El campeón difundió el nuevo producto pero no menor fue el favor que los hermanos Michelin le hicieron a él, pues anteriormente la reparación de un pinchazo suponía una media de tres horas de espera.

Charles Terront y su entrenador en la ruta S. Petersburgo-Paris
Charles Terront y su entrenador en la ruta S. Petersburgo-Paris

Era por tanto lógico pensar que tres años más tarde en la Exposición internacional y colonial de Lyon (precedente a nuestra Expo actual) los hermanos Michelin tuvieran de un puesto en el que mostrar su invento.

Dicen que durante en aquellos días hubo un momento en el que André miró los neumáticos apilados y le dijo a su hermano: “si tuviese brazos sería un hombre”.  Un año antes en una conferencia Édouard dijo que los neumáticos Michelin se tragaban los golpes, refiriéndose a la capacidad que tenían de absorber los obstáculos.

Esa idea sumada a la imagen antropomorfa que imaginó André hicieron que cuatro años después (en 1898) el dibujante Marius Rossillon (O´Galop) creara la mascota de Michelin.

Este caricaturista (compañero de Nadar en la revista Le Charivari) había diseñado un cartel para una cervecería bávara en la cual el eslogan principal era una oda de Oracio “Nunc  est bibendum” que traducido del latín es algo así como “Es la hora de beber”.


Cartel Michelin

A decir verdad el emblema era ideal, O´Galop tan solo tenía que transformar al bebedor de cerveza en un bebedor de obstáculos representados con clavos y cristales, pero ¿quién sería capaz de tragarse eso? El hombre-neumático imaginado por André en la exposición de Lyon.

Nació así Bibendum acompañado de una frase que decía a otros hombres-neumáticos deshinchados “¡A vuestra salud! los neumáticos Michelín se tragan los obstáculos”.

El aspecto del muñeco era irremediablemente el de un hombre orondo, algo que desde el punto de vista comercial no era del todo malo ya que orondos eran los hombres que a finales del siglo XX podían adquirir un coche. Con lo cual solo hizo falta añadirle un puro habano y un anillo de oro para convertir a Bibendum en un reflejo de los adinerados compradores de los neumáticos Michelin.

Traje de Bibendum reflejo de los compradores de neumáticos Michelin
Traje de Bibendum reflejo de los compradores de neumáticos Michelin

La fama de Bibendum fue tan grande que se convirtió en todo un emblema del turismo, del transporte incluso de cosas tan peregrinas como el chocolate o las galletas, pero todo ello gracias a haberse sabido adaptar. Por ejemplo, la escena de alguien bebiendo vinculado con el tema de la conducción fue desapareciendo a los pocos años, el puro y el sobrepeso se esfumaron en la década de los 60 del pasado siglo XX y elementos eventuales como el cuchillo con el que alguna vez apareció apuñalando a sus contrincantes no llegaron a penas a fructificar.

Bibendum por tanto se adaptó no solo a los golpes si no también a los tiempos que le han tocado vivir, siendo su aspecto cada vez más benévolo y entrañable, quedando atrás las pintas casi de extraterrestre que tenían los primeros Bibendum. En este sentido es interesante mencionar que precisamente en los años 60 aparecen descripciones de presuntos extraterrestres sospechosamente parecidos al ya por entonces obsoleto traje de Bibendum.

Bibendum era en el fondo otra muestra más del adelanto empresarial de los hermanos Michelin, quienes desarrollaron las primeras viviendas para trabajadores, e la famosa guía Michelín en la que André puso todos sus conocimientos de diseño a la hora de hacer un libro desplegable, que además del prestigio con el que cuenta hoy día, fue guía de carreteras incluso durante la segunda guerra mundial, ya que ningún ejército tenía mapas de carreteras tan actualizados como los de la guía Michelin.

       

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