Carlos Saura viajó tanto por España que parte de su trabajo fotográfico podría considerarse un ejercicio de imagen sociológica. Ahora, La Fábrica edita un libro en el que se recogen sus fotografías durante la década de los años 50.

Y se llama España años 50 y no hay mejor título para definir este ejercicio documental que Carlos Saura realizaría durante su periplo por España en esa época. El libro, un volumen grueso repleto de imágenes primerizas extraídas de los ojos jóvenes del autor de La Caza, se presenta con la entidad y calidad que los libros de La Fábrica acostumbran a lucir, es decir, excelente.

fotograma de La Caza
Fotograma de La Caza. Mitología cinematográfica en estado puro. © Elías Querejeta Producciones Cinematográficas S.L.

Presentar a Carlos Saura a estas alturas nos resulta un ejercicio baladí, sobre todo teniendo en cuenta los lectores para los que escribimos. Así que, si les parece, dejamos aparte esta Y por si alguien no lo conoce, les diremos que mentarle significa decir el nombre de uno de los directores y fotógrafos españoles vivos con mayor prestigio del mundo.

En aquella época, la que ocupa el libro, Saura tenia entre veinte y treinta años, estaba metido en una etapa de autodidactismo práctico que le hacía disparar con ánimo de aprender. Todo a su alrededor podría descontextualizarse y obligarle a buscar lo no ordinario y sus particularidades en medio de lo aparentemente ausente de magia. Pero ahí estaba, la belleza, reflejada en las gentes, sus costumbres, sus fiestas y su cultura. Solo había que acercarse a ellos y mirar con nuevos ojos para que emanasen efluvios poco saboreados hasta el momento.

De la serie 'Tarde de domingo" © Carlos Saura
De la serie ‘Tarde de domingo» © Carlos Saura

El resultado, que tiene un innegable valor documental, refleja por una parte, una lejanía real, casi azuzando el sentimiento de ausencia física, de una España de miseria, en las que el asfalto no había llegado a las calles y los hogares de los españoles se levantaban sobre adobe y piedra. Ganaderos, campesinos, gente de campo

Y el negro. El negro en los trajes, sobre todo en las mujeres. El blanco y negro de las fotografías es el color de la vida en nuestros recuerdos de la época. Lo que afiliamos sin despeinarnos a ese negro pasa por los estados vitales de sus poseedores, la metáfora resurge como siempre en la España acaudillada, repleta de oscurantismo y, valga la redundancia, de lugares demasiado negros donde no llegaba la luz.

 

De la serie 'Castilla' © Carlos Saura
De la serie ‘Castilla’ © Carlos Saura

Y acude a nosotros la idea del hambre y el frío. Los hombres, mujeres y niños de sus fotografías pasaron hambre y frío, los monstruos de aparición constante en la vida de las familias de los cincuenta y los sesenta. El hambre y el frío son entidades propias, casi con historia propia en nuestro país, al rededor de ellas se ha configurado parte de geografía social de nuestra historia reciente —y no tanto—como españoles.

Pero en las fotografías estos mismos protagonistas se nos presentan como gentes de maneras sencillas, que no simples, nada herméticas, con fácil sonrisa. Se les presenta hogareños, cálidos, divertidos en sus fiestas y celebraciones, como la de las vaquillas, o la matanza, todo un acontecimiento social y económico en los pequeños pueblos.

Vale aquí recordar la insistencia del trabajo de Saura durante la época franquista y sus constantes metáforas de queja y crítica que eludían al censura con brillantez. Su cine reverbera puesta en práctica del arte del tirar y esconder la piedra, y mucha mala baba cuando ha de mostrarse con más o menos velos sobre ella. El germen de parte de esta pretensión vital por la inconformidad de la realidad de la época pasa por aquí, por los recorridos que realizó cámara en mano y que dan resultado en este libro.

© Carlos Saura
Los párrocos, el negro de sus sotanas… estampas de nuestra historia totalmente «saurenses» © Carlos Saura

No es una España desconocida para quienes nos relacionamos con la fotografía de época. Saura tiene un componente de realismo que se mezcla sin complejos con la fabulación de los que se encargan de narrarlas, en este caso, los que cuentan películas. No nos es complicado, pues, elaborar ficciones a través de estas fotografías, y quizá ese sea uno de los componentes diferenciadores en estas series de imágenes.

Y no nos resulta dificil, tampoco, encontrar semejanzas con la verdad intrínseca que la gente, esperanzada y con voluntad de mejora, y con las propias películas. Con el cine, en sí mismo. Con el hecho de narrar una historia. La narración, como tal, se confiere a sí misma un volumen de esperanza lo suficientemente grande como para atenazarse y bloquearse si no la hay. Ha de esperarse algo de un relato. De la fotografía, también. Y estas gentes mantienen la misma esperanza que los protagonistas de las películas. Saura saca de sus retratados la misma animosidad por continuar caminando. Por ello, en ocasiones podríamos afirmar que las fotografías que nos muestra pertenecen a capturas de sus películas.

© Carlos Saura
Luces al final del tunel. La narración transitoria siempre presente en Saura © Carlos Saura

Son algunas de las primeras creaciones fotógraficas de Carlos Saura las que se recogen en este libro, en el que también podemos encontrar una España de gentes abiertas, sencillas y trabajadoras. Una España que refleja la vida y costumbres de sus lugareños, con sus matanzas, sus vaquillas y novilladas, sus corridas de toros, sus fiestas y sus ritos.

El libro es el resultado de una muestra veraz de nuestra cultura, aplastada en ocasiones por la pobreza, que ha bebido de diferentes lugares, influenciada por diversidad de factores y que Carlos Saura recogió como un punto de encuentro al que acudir en busca de la memoria visual de un pedazo de nuestra historia.

 

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