Charles Piazzi Smyth – El fotógrafo piramidólogo

Allá por el mes de marzo, cuando dedicamos un artículo al fotógrafo Charles Piazzi Smyth le dejamos disfrutando de una espléndida luna de miel en las islas Canarias (*) pero en esta ocasión le traemos de nuevo a la palestra para viajar con él, a las desérticas tierras de Egipto.

Unos cuantos años antes de 1864, año en el que Piazzi arribó las orillas del Nilo, había caído en sus manos un libro fascinante titulado “Our Israelitish Origin”  (Nuestro origen israelita) firmado por el matemático John Wilson.
Aunque el libro tenía una apariencia seria, el contenido era un auténtico disparate. Terriblemente influenciado por las teorías de Richard Brothers, John Wilson sostenía que los anglosajones eran una de las tribus perdidas de Israel, y aunque hay teorías históricas de lo más enrevesadas, ésta tenía una pequeña gran objeción, y es que su principal valedor Richard Brothers, terminó siendo internado en un centro psiquiátrico al descubrirse que estaba completamente chiflado.

Sin embargo como pasa con otras teorías pseudo-históricas, lo que Brothers y Wilson proponían era tan deslumbrante que no pocos británicos cayeron en el hechizo que les convertía por arte de birlibirloque en el pueblo elegido por Dios. Y uno de los embelesados no fue otro que Charles Piazzi.
Para sostener dicha teoría se buscaron pruebas de lo más extravagante, entre ellas un presunto origen bíblico de la pulgada británica. Y ya que estaban… una relación entre las medidas británicas y la pirámide de Keops.

   

                                     
Nacía así una especie de ciencia (muy sui géneris) a la que se bautizó como Piramidología, en la que se planteaba que las medidas de la gran pirámide ocultaban todo tipo de profecías  incluida la segunda venida del Mesías.
No es por tanto de extrañar que con semejante panorama el entusiasta Charles Piazzi hiciese de inmediato las maletas para poner rumbo a Egipto con el ánimo de comprobar in situ aquellas fascinantes medidas, pues no en vano él era astrónomo y no le faltaba aparataje técnico con el que comprobar dicha teoría y sobre todo poderlo plasmar en las albuminas en las que como fotógrafo era experto.

De este modo en 1864 con cuarenta y cinco años puso rumbo el Cairo cuyas pirámides inmortalizó en una época bien distinta a la actual, con la esfinge por ejemplo sepultada hasta el cuello, y las pirámides ajenas al turismo de nuestros días.
Los bloques de piedra, los pasadizos, la cámara funeraria… todo fue medido por el aventurero escocés, forzando en ocasiones las cuentas para que las teorías piramidológicas no se fuesen al traste en una etapa tan incipiente de ésta “ciencia”.

De hecho Piazzi estaba tan convencido de que el sistema métrico británico provenía del egipcio que ese mismo año lo dejó plasmado en su libro “Nuestra Herencia en la Gran Pirámide”. Un título que por supuesto le consagró como piramidólogo aunque de sus afirmaciones se desprende el verdadero amor de los británicos profesaban por lo egipcio.
Más allá de todos los movimientos esotéricos que surgieron en aquel siglo XIX, la filosofía Thelema de Alister Crowley o la Teosofía de Madame Blavatsky… la piramidología y en concreto su vertiente matemática guardaba un sentido histórico de lo más curioso.

Unas décadas antes (en el siglo XVII) los franceses habían decidido homogeneizar el sistema de medidas, tanto en distancias como en peso, pues fruto de las desigualdades en las mediciones había errores que terminaban afectando a la economía, las comunicaciones y otras tantas cuestiones de vital importancia para cualquier gobierno que se preste.
Finalmente y tras un concienzudo estudio, descubrieron el sistema métrico decimal, que por pura lógica era sencillo y realmente eficaz. Sin embargo dicho sistema no se asentó hasta bien entrada la Revolución francesa, lo cual hizo que el resto de países (monarquías a la sazón) no lo aceptasen por puro recelo de un país que acababa de ventilarse a sus propios reyes.

También los franceses tuvieron sus cuitas, dado que para medir la fuerza de la gravedad, es decir el peso, inventó el término  “grave” sin embargo éste se parecía demasiado a “margrave” o como dicen los alemanes “Markgraf” lo que es lo mismo, señor de una comarca es decir, marqués. Y claro… para un país que estaba pasando por la guillotina a todo aristócrata viviente no parecía muy agradable tener que estar escuchado el término marqués cada vez que hiciesen la compra. De ahí que se cambiase por el término “gramo”.

El sepulcro de la Gran Pirámide
El sepulcro de la Gran Pirámide

Al final cuando los franceses se peleaban por no llamar “grave” al gramo y los ingleses se oponían tajantemente a admitir un sistema métrico salido de su enemiguísima Francia, apareció  el ya citado Richard Brothers, el cual afirmaba que era descendiente directo del mismísimo rey David y que cuando menos lo esperasen se proclamaría rey del mundo.

Las chaladuras de Richard Brothers eran bastante evidentes, pero solo hizo falta que se vinculasen con el sistema métrico británico, para que numerosos habitantes del Reino Unido las abrazasen de mil amores. Que fuesen o no descendientes de las tribus de Israel ya era más difícil de entender, pero si eso implicaba ser el pueblo elegido por Dios ¿Por qué no aceptarlo? ¿O es que a lo largo de la historia a alguna nación le ha amargado un dulce?

Charles Piazzi Smyth
Charles Piazzi Smyth

Y a decir verdad, si semejante cabriola histórica facilitó que Charles Piazzi viajase con su cámara a Egipto quizás ya mereció solo por ello la pena, pues fruto de aquel entusiasmo desmedido ha llegado a nuestros días uno de los primeros y más bellos reportajes de la fotografía arqueológica.

(*) Ver: Charles Piazzi Smyth y el cometa C71843 D1

       

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