Charles Piazzi Smyth

En nuestros continuos viajes por el tiempo nos retrotraeremos al año 1843 para aterrizar en la Sudáfrica colonial donde un pequeño grupo de astrónomos británicos contemplaron algo que seguramente cambió sus vidas. El gran cometa C/1843 D1.

Charles Piazzi Smyth, Christie's ©
Charles Piazzi Smyth, Christie’s ©

Uno de los más jóvenes observadores era Charles Piazzi Smyth (de tan solo 24 años de edad) el cual quedó tan impresionado por el paso de aquel cuerpo celeste que terminó pintando un cuadro en el que plasmarlo. Comenzaba así a arder la mecha de una disciplina que dura hasta nuestros días haciendo que la fotografía avance a pasos agigantados, la astrofotografía.

De las muchas aplicaciones que tuvo la fotografía, la captura de los astros siempre ha sido de las más agradables, frente a la fotografía de enfermos y cadáveres (para la medicina) o las de asesinos y prófugos (para temas policiales).

No obstante  en aquel entonces, capturar una fotografía de las estrellas era casi tan difícil como viajar hasta ellas. La escasez de luz del firmamento y la prolongada exposición de las primeras fotografías…  hacían todo un reto el mero hecho de captar la Luna, pues  se afirma ni siquiera el mismísimo Daguerre logró detener en sus metálicas planchas a nuestro satélite vecino. 

Sin embargo cometas como el Halley (también divisado por Piazzi Smyth en Ciudad del Cabo) podrían ser estudiados si se fotografiaban, de lo contrario… habría que esperar casi ochenta años para poderles seguir la pista.

Éste, como otros detalles, sirvieron de acicate para que astrónomos como Piazzi no solo se lanzasen a la compra de rudimentarias cámaras, sino que además las mejoraran, mejorando así su oficio.

Algo que hoy día siguen haciendo las grandes compañías en colaboración con los servicios espaciales más punteros, pero que en aquel entonces se personificaban en inquietos astrónomos como John Herschel que además de poner nombre a siete lunas de Saturno inventó un nuevo fijativo basado en el hiposulfito sódico frente al nitrato de plata empleado hasta entonces.

John Frederick William Herschel
John Frederick William Herschel

De hecho, es muy probable que el joven Piazzi conociese a Herschel pues ambos eran amigos de Thomas Maclear, pero lo que también conocían ambos, era el peor de sus enemigos… el cielo británico. Populosas ciudades como Londres o Edimburgo hacían impracticable cualquier observación astronómica pues cuando no eran las lluvias eran las densas nubes de humo industrial, lo que les impedía ver cualquier cuerpo celeste.

Facsímil de la cuarta edición (1730) de «Opticks». © Dover Publications INC. ISBN 0-486-60205-2

El infatigable Piazzi tampoco se conformó entonces y quizás imbuido por la lectura del libro Opticks escrito en 1704 por Newton encontró una solución a sus problemas, viajar a la cumbre más alta y despejada a la que tuviese acceso. El objetivo estuvo claro, el Teide.

Sagaz como vemos, Piazzi no solo consiguió la financiación suficiente sino que supo colocar su boda a una distancia tan precisa del viaje que este se convirtió en algo así como una emocionante luna de miel en la que su esposa Jessie Duncam se convirtió en su más leal ayudante.

De aquel modo, en 1856, el feliz matrimonio, acompañado de un potente equipo de  la Royal Society, arribó a las costas de Tenerife, donde no tardaron en instalarse en una cumbre próxima al Teide, el alto de Guájara desde donde contemplaron un impresionante firmamento ideal para sus observaciones.

Una vez allí, no solo sentaron los precedentes de los observatorios de alta montaña como el actual del Roque de los Muchachos (la Palma) sino que durante toda la expedición Piazzi tomo veinte fotografías con las que ilustrar su libro Teneriffe, an astronomer’s experiment.

Un libro que en cierto modo fue pionero en su época ya que  las fotografías eran estereoscópicas es decir que conseguían un efecto tridimensional, siendo por tanto el primer libro de la historia ilustrado de este modo.

El ingenio de Piazzi, no terminó aquí, solo tenía treinta y nueve años y muchas más ideas por desarrollar. Una nueva cámara de fotos, un viaje a Egipto… en definitiva, tantas historias como para otro artículo.

       

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